Author Archives: OllieBriggs

10.10.20 — Diario

Llega la segunda cuarentena

Ya que mi última entrada de blog trató del interior de mi piso, esta va a explorar los ratos que he pasado en las calles y rincones de Madrid. Es algo que he intentado aprovechar ahora que la posibilidad de una segunda cuarentena ya se ha hecho realidad. Estas nuevas medidas son – afortunadamente – menos restrictivas que las últimas, ya que suponen más restricciones perimetrales, y no nos dejan encerradas en casa.

Sin retraso, vamos allá para ver las escapadas de la semana pasada, cuando me monté en bici para bajar desde el terminal norte de mi línea de metro local. Empecé en Moncloa y bajé por las cuestas del Parque del Oeste, y luego tomé un desvío que me hizo descubrir una sena ciclable por las orillas salvajes del Río Manzanares.

Nunca conocía este paraíso de verde en pleno centro de Madrid.

Desde allí tuve que dar la vuelta antes de acabar muy lejos de la civilización, y de allí retrocedí hasta encontrarme en la ruta que suelo tomar por el río y de vuelta a casa. No sabía si debería haber estado en unos tramos de dicha ruta, ya que quedan muy cerca de unos barrios que llevan en cuarentena selectiva desde hace unas semanas, pero nadie me detuvo así que seguía a toda leche por las orillas del río.

Otra tarde la pasé en la casa de una compañera, que tuve que pasar por su casa para recoger unas muestras de envases para un proyecto de embalaje que tenemos en marcha en la oficina. Al llegar me quedé muy feliz al ser invitado a cenar con su familia, que consintió en una tortilla, jamón, una crema casera de calabaza y zanahoria y muchas cositas más.

Después de pasar el resto de la noche conversando con su familia, volví a casa hinchado de comida y contentito después de unas sidras – ¡como debe de ser!

La tarde siguiente salí con Jhosef para celebrar su oferta de trabajo en una empresa aquí en Madrid, una noche que consistió en subir a la azotea de El Corte Inglés para tomar unas cañas y unos pinchos. Pasamos un rato corto pero divertido conversando, pero no tuve que esperar mucho para la próxima reunión, sin embargo, ya que había quedado con Sara ¡que se ha mudado a Madrid desde Gijón!

La última vez que vi a Sara fue ya hace más que dos años cuando visité Oviedo justo antes de que se fue Kevin a los EEUU, así que te puedes imaginar la emoción que me hizo recibir su mensaje diciéndome que ya andaba por Madrid. Quedamos en vernos en pleno centro de Madrid, en la Puerta del Sol, debajo de la estatua emblemática del oso y el madroño.

Desde allí caminamos y hablamos sin parar durante unas horas, pasando por la catedral, que lucía preciosa en la luz del atardecer. En el camino paramos para tomar unas cañas y tapas en la calle, donde nos pusimos al día con todas las novedades y cotilleo de los últimos dos años.

La zona alrededor del palacio y la catedral se ve siempre precioso a estas horas.

Siempre he sido fan d e los atardeceres rosas que disfruta Madrid.

Desde el centro, bajamos por Lavapiés y a mi barrio, donde nos pusimos finos con unas relaciones de mi bar local favorito. Luego subimos a mi piso, donde nos tomamos un vermú para acabar bien la noche y jugamos un poco con las luces de color.

Unos días después, me saqué de la casa para dar una vuelta por la cuidad. Subí a Chueca en bici y luego caminé a Malasaña, donde pasé un rato por las calles bonitas antes de comer una pita en un local bonito que me había recomendado una amiga.

Después de esta comida rica, fui a buscar unos de los mejores donuts veganos de la cuidad. Al llegar, sin embargo, el sitio había quedado sin donuts, pero no me mosqueé ya que había disfrutado de un camino por un barrio de la cuidad que no suelo visitar.

Para acabar una semana loca de trabajo y escapadas, visité la tienda británica para pillarme unas botellas de Vimto, una bebida británica que nos tiene enganchados tanto a mí como a Jhosef. Disfruto de estas visitas al norte de la cuidad, que siempre aprovecho de la oportunidad de ponerme a leer en el autobús antes de bajar a casa en bici por las calles bonitas del centro.

Y así concluyo esta ronda de actualizaciones de las últimas dos semanas aquí en Madrid, donde ya estamos de nuevo en un estado de alarma. Saldré a visitar unos amigos durante este puente, pero vamos a utilizar mascarilla, mantener la distancia y ser poca gente – ¡juntos paramos este virus!

Hasta la próxima, ¡chau!

04.10.20 — Diario

Un ejercicio en iluminar mi apartamento

Este año muchos hemos pasado bastante tiempo en casa. Por la llegada de la cuarentena que nos cogió a todos de sorpresa en Madrid a principios de este año, he visto más del interior de mi piso que quizás quisiera, por lo cual he intentado hacer que el sitio sea lo más acogedor y confortable posible.

Si llevas tiempo siguiendo mi blog, sabrás que soy muy fan de la iluminación. Cada vez que me mudo a un nuevo espacio, retoco un poco la configuración de la iluminación, ya que me resulta difícil descansar y relajarme en el lugar si no está bien iluminado.

Por eso instalé el sistema actual de iluminación en mi casa. Durante un buen tiempo han estado conectadas todas las lámparas de la casa – incluida la bombilla de la campana de cocina – a mi móvil a través de una combinación de un router de IKEA y el HomeKit de Apple. Este sistema me permite ajustar el brillo de la mayoría de las luces de mi casa desde mi móvil, y he configurado una serie de “ambientes” que uso dependiendo de la hora y mi estado de ánimo.

Naturalmente no podría estar contento con solo eso, así que me compré unas luces LED del IKEA para sumar a unas que me llevé de Inglaterra que antes se encontraban instaladas en mi habitación en la universidad. Durante la cuarentena, me puse a diseñar e instalar una configuración comprehensiva de estas luces, para que pudiera cambiar el color de mi casa entera con tan solo darle a un botón en mi móvil.

Una consideración importante de este sistema, sin embargo, fue que las luces de LED solo deberían verse al estar encendidas. Me encanta la idea de poder activar una serie de luces coloridas para crear ambientes variados en casa, pero no quisiera que la inclusión de dicho sistema comprometiera el aspecto limpio y minimalista que he intentado crear dentro del piso.

Por eso diseñé un sistema que es totalmente discreto cuando se encuentre apagado. Consiste en una serie de luces LED escondidas que, a pesar de no verse, pueden iluminar la casa entera una vez activadas. Bien instaladas detrás de los muebles, montadas en rincones discretos de la casa o hasta insertadas entre los tallos de una planta, la activación de estas luces coloridas es tanto inesperada como es bonita.

Todo esto nos lleva a una serie de fotos que documentan unos de los rincones del piso que más me gustan. Las imágenes que se encuentran a continuación enseñan como luce la casa en tonos de rojo, rosa, morado y azul. Los colores se pueden cambiar, y seguro que sacaré unas fotos más en algún momento para explorar esto, pero por ahora disfrutad de esta paleta que llevo unas semanas utilizando mucho…

Ahora toca ver si puedo encontrar espacio para añadir aún más, ya que ahora estoy configurando un nuevo escritorio en mi salón puesto que el teletrabajo se está convirtiendo en una parte clave de esta nueva normalidad. Para ver eso, y para ver mi piso iluminado en muchos colores más, ¡seguid echando un vistazo a mi blog!

27.09.20 — Diario

Los finales del verano

Hace tiempo que no publico nada sobre mi vida cotidiana aquí en Madrid, de hecho, ya llevo un mes sin publicar noticias de la capital española. Por supuesto que he estado quedando con amigos, montándome en bici por las noches y cocinando un poco de todo en casa (la creación de hoy ha sido un montón de galletas), pero la verdad es que no he hecho mucho que vale la pena publicarlo aquí en mi blog.

No pasa nada, sin embargo, ya que estoy aquí hoy para rectificar justo eso. Arrancamos con un brunch delicioso que preparó mi compañera Blanca cuando pasé a visitarle en su nueva casa. Después de unas cañas y un plato enorme de comida (incluyendo un huevo escalfado excelente, mis habilidades no tienen nada que ver), pasamos la tarde hablando de la vida y ¡monté una clase de caligrafía espontánea para su hija!

The facade of the famous "Bodegas Lo Máximo" bar in Madrid.
A delicious brunch.

El día siguiente decidí pasar el día por la cuidad a solos, así que subí a una tienda británica que se encuentra en el barrio de Salamanca. Allí aproveché un código de descuento que tenía y me pillé el chollo del sigo cuando encontré una funda para el iPad oficial de Apple ¡por tan solo 6€! Luego monté mi bolsa llena de chocolate británico en la cesta de una bici y pasé un rato admirando las calles de Madrid mientras pasaba por ellas de camino a casa.

The Puerta de Alcalá in Madrid in the sunlight.

La puerta de Alcalá es muy bonita y emblemática pero difícil de navegar en bici.

Entre semana he estado bastante ocupado, pero siempre hay tiempo para andar por el río con Jhosef o para dar una vuelta por el centro de la cuidad en bici – ¡hay que aprovechar de nuestra libertad mientras todavía la tenemos! Ahora que hay varios barrios de Madrid que se encuentran en cuarentena, ya sospecho que dentro de nada vamos a entrar en una nueva ronda de restricciones que se aplicarían a la cuidad entera, así que es muy bienvenida cualquier excusa u oportunidad para salir de casa.

A door surrounded by a checkerboard design with broken glass and covered in posters.

Este finde he estado por las calles madrileñas de nuevo, pasando por el centro a la hora perfecta para encontrarme con los rincones de Lavapiés bañados en una luz dorada justo antes del atardecer. También pasé por un hotel recién reformado y abierto, que está dentro de un edificio que ha estado en obras desde la primera vez que visité Madrid hace ya cinco años.

Multicoloured flags span a street with colourful facades in the south of Madrid.
The evening sunlight casts long shadows on the facades of a street in Madrid.
A spire of a church is seen on a street illuminated by evening sun and lined by trees.
Flags are seen trailing off a yellow facade against a blue sky.
The street leading to Sol in Madrid in the evening sun.

Esta vuelta por la noche acabó con una cena rica en Ramen Shifu, donde estuvo mi amigo Hugo trabajando el turno. Mientras nos poníamos al día me comí un bol de ramen de ternera delicioso y un mochi, todo acompañado por una cerveza japonesa deliciosa.

El ambiente y la comida en Ramen Shifu eran muy espléndidos.

The interior of Ramen Shifu in Madrid, covered in red Japanese lanterns.

Justo anoche me volví a reunir con Jhosef y los dos bajamos al Matadero, donde han montado una terraza y bar al aire libre para aprovechar al máximo las noches veraniegas después de tantos meses de cuarentena.Nos sentamos a tomarnos un tinto de verano, y pasamos la noche hablando de la vida mientras escuchábamos un cantador y su rendición española de “Another One Bites the Dust” de Queen. Una vez cansados de esta nueva letra española, los dos volvimos a mi piso y pasamos lo que quedaba de la noche viendo Salt, una película que nunca había visto y que me tendía loco con tantas giras en el argumento.

A wall of lights reading "Madrid".
Me and Jhosef.

Esta actualización rápida más o menos resume mis últimas semanas de escapadas y exploraciones en la cuidad, pero seguro que habrán más por venir ahora que vamos entrando en un otoño muy repentino – digo eso ya que su llegada ha sido muy brusca, denotada por unos días tormentosos y una bajada de temperatura de unos 10°C que ¡nos pilló a todos de sorpresa!

Pues aquí os dejo, mientras me preparo para cambiar la ropa de mi armario de mi collection de verano a la de invierno – ¡preparaos para ver la vuelta de mi abrigo amarillo en las próximas entradas de blog!

20.09.20 — Diario

Más fotografía de Caudete

A modo de una continuación bastante tarde a una entrada de blog publicada hace casi un año en la cual compartí una serie de fotos de película de 35mm, hoy os traigo unas fotos más de mi viaje a Caudete de las Fuentes en 2019. Había olvidado que existían estas fotos del pueblo valenciano de la familia de mi amigo Roberto, así que supuso una sorpresa bonita encontrarlas con unas fotos de Tenerife después de dejar un carrete para que se revelase.

A series of pots, wicker jars, and glass bottles covered in dust in the corner of the loft of an old house.
An old chest of drawers is littered with empty glass bottled, boxes, and an old alarm clock, all covered in dust and perched below an old wooden roof.

Las fotos documentan unas escenas de la casa familiar antigua, y se sacaron en una cámara vieja de Samsung entre nuestras exploraciones del pueblo y la creación de un espectáculo de bombillas en su patio trasero. La calidez y imperfección de las fotos combinada con la naturaleza antigua de la ubicación han producido una serie especial de fotos: una que parece que podría provenir de otro siglo.

A series of old string lights hang from a series of bamboo rods in the worn old loft of an old house.
Chorizo sausages cook in a pan on an old gas stove.
Chorizo and fried potatoes on a plate.
Roberto sets up a series of coloured fairy lights in the corner of an old patio.
A series of coloured lights adorn the old entrance to an outdoor bathroom.
A series of fairy lights hang on an old wall behind a table covered in empty bottles and plates.

Como siempre, no he retocado ninguna de estas fotos, ya que creo fuertemente en dejar este tipo de fotos de película tan íntimas y misteriosas tal cual como salen. Esta segunda mitad concluye mi serie de fotos de este pueblo pequeño valenciano, y representa una contradicción que me llevé al finalizar la visita: hubo un aire melancólico en un pueblo en declive y que sufre tanto de la despoblación, pero el rato que pasé allí con Roberto fue relajante, y pasar las noches jugando con luces con otra persona que comparte mi pasión por la iluminación supuso mucha diversión.

Asegúrate de echar un vistazo a las otras tres entradas de blog de mi vista del año pasado: explorando el pueblo, montando las luces, y la primera mitad de fotos que salieron de otro carrete.

27.08.20 — Diario

De Madrid al cielo

Hace ya casi dos semanas que volví de vacaciones en Tenerife y Murcia, así que decidí que ya tocaba pasar por aquí y actualizaros sobre lo que he hecho desde entonces. Aparte del trabajo que sigo realizando desde mi piso, he aprovechado de las noches más frescas de este mes para visitar unos sitios interesantes por la cuidad y sacar unas fotos.

Una noche, Jhosef y sus amigos me invitaron a subir a la sierra para escapar de las luces de la cuidad, ver la lluvia de asteroides y sacar unas fotos de larga exposición del cielo nocturno. Decidí que era una oportunidad que no surgiría todos los días, así que me subí al coche y cruzamos la cuidad. Más que nada, yo esperaba ver mi primera estrella fugaz.

A group of friends lying on a rock in the dark.

Tras un viaje largo y bastante agitado por un camino de barro, llegamos en el centro de la nada a medianoche, y buscamos una roca donde echar unas mantas y sentarnos. Pasamos un rato picoteando y hablando, y luego unos decidimos tumbarnos mientras los demás sacaban fotos.

No me llevé la cámara, cosa que puede que fuese una mala decisión ahora que lo pienso, pero ya había sufriendo unas excursiones por la sierra en el pasado y no quería volver a tener que llevar la cámara pesada por sendas empinadas. Jhosef y sus amigos sacaron unas fotos preciosas del cielo, sin embargo, y hasta conseguí ver la forma de la Vía Láctea y conté un gran total de seis estrellas fugaces. ¡Era mágico!

I stand on a rock in the darkness.

No creo que haya visto nunca un fondo tan oscuro.

Después de llegar a casa sobre las cuatro de la mañana, luego tuve que pasar el resto del finde intentando reajustar mi reloj interno. Entre semana, sin embargo, descansé después de trabajar con unos viajes al Centro Cultural Matadero, sentándome en un banco en la sombra y escribiendo un poco de mi blog al aire libre.

The water tower at the Matadero, seen in the sunset.

Una noche cogí un bici y subí hasta el centro de la cuidad, donde me senté en una terraza en plena Madrid de los Austrias, el casco viejo de la capital. Después de escribir un poco más y tomarme una caña, decidí volver a casa andando ya que es todo cuesta abajo, y porque a esa hora la luz del atardecer ilumina todo espectacularmente.

The facade of a red brick building in the evening light.
A street in the ancient part of Madrid, lit in the warm sun of an evening.

Una vez que vi el cielo precioso sobre la cuidad, resolví que volvería a salir para sacar más fotos de los atardeceres madrileños tan maravillosos. Para eso, volví a bajar al Parque de las Delicias, un parque local que descubrí durante la desescalada.

Abandoned trains in an abandoned station, with a cat in the foreground.
A tree in the foreground with the Madrid skyline in the background.

Pasé por la estación de tren abandonada en la punta norteña del parque, que queda tapada por una red negra para que la gente no vea que lleva dentro, pero que no consigue frenarme a mí. Después de hacer que la gente me mirase raro por insertar mi móvil en cualquier hueco que encontraba en dicha red, bajé hacia el sur del parque, sacando más fotos al pasar sobre un puente ferroviario en el camino.

A sunset with orange clouds behind a large concrete structure over Madrid.

Este puente me dejó en un camino que sigue hasta el centro del parque, pero me puse curioso al ver que unas personas habían escalado las escaleras del planetario que se encuentra justo al lado del puente. Me acerqué para investigar si las plataformas de concreto de la estructura brutalista se podían subir por el público en general, y al final resulta que sí.

The concrete levels of the planetarium in Madrid.
A blue, pink and orange sunset behind concrete columns.
An evening sky with pink clouds over a black silhouette of trees.

Una vez encima del planetario, saqué estas fotos de la puesta de sol magnífica, y luego me perdí al buscar una bici pública para volverme a casa. Al final tuve que rendirme y pillar un bus de vuelta a casa, pero ya se hacía tarde y iba a trabajar el día siguiente, así que al final creo que fue buena idea.

The sunset over the south of Madrid, with a canopy of trees below in the foreground.
A pink sunset behind the dome of the planetarium in Madrid.

El finde pasado hacía bastante calor y tenía algunas tareas que quisiera hacer y unas cositas que quería comprarme, así que decidí que lo mejor sería aprovechar del aire acondicionado gratis de un centro comercial. En vez de bajar a los de siempre como Parquesur o La Gavia, elegí subir a uno en el norte que llevo queriendo visitar desde hace ya bastante tiempo.

El viaje a dicho sitio me acabó llevando mucho más que lo pensado, porque me perdí cada conexión sea tren o bus en todo el camino. Luego me perdí por completo en una urbanización enorme, pero al final logré encontrar el centro comercial.

A baseball court in between blocks of flats.

Otra actividad que nunca falla es un viajecito en bici por el parque del Río Manzanares al lado de mi casa, así que he pasado un par de noches esta semana haciendo justo eso. Los numerosos puentes que se encuentran por el camino son los sitios perfectos desde los que sacar unas fotos del cielo de Madrid, ¡y los atardeceres de esta semana no han decepcionado nada!

A pink sunset over the Madrid River.
A vivid orange sunset reflected in the water of the Madrid river.

También llevo un rato poniéndome al día con unos amigos desde mi vuelta de vacaciones. Esto ha incluido una noche de peli en casa, una cena rica de hamburguesas veganas con un amigo que llevaba tiempo sin verle y luego una noche de picnic en Retiro con Bogar y Hugo. Los tres, junto con el novio de Hugo, nos vimos en el parque emblemático y nos tomamos unas birras y algo de picoteo mientras que el sol se ponía a nuestro alrededor.

A blue and orange sunset behind the silhouette of trees in Retiro park, Madrid.
A blue sky between the canopies of trees in Retiro park, Madrid.

Y así concluyo este repaso de los eventos de las últimas pasadas, con todas las fotos de los atardeceres de esta cuidad que ya es mi hogar. El coronavirus sigue liando nuestros planes y sueños de viajar en este año terrible que es el 2020, pero cuando ya volvamos a tener la libertad para viajar, insisto que visitéis todos Madrid para ver el por qué los madrileños siempre dicen que “de Madrid al clielo”….

20.08.20 — Diario

En Murcia otra vez

Mi última entrada de blog acabó cuando cogí un avión después de unos días en Tenerife, pero tal avión no me llevó a Madrid, sino a Alicante. No iba a pasar mis días en Valencia como el año pasado, sin embargo, porque me recogieron mis tíos y me llevaron a Murcia para pasar le segunda semana de mis vacaciones en su casa.

Al llegar hacía mucho mejor tiempo que la última vez que visité, pero el sol ya se ponía cuando llegamos a su piso. No íbamos a desaprovechar de la noche, no obstante, porque mi tía había organizado una quedada con sus amigos en un restaurante local.

Después de comerme unas croquetas de bacalao y aprovechar de los descuentos en las bebidas antes de las diez, volvimos a casa para seguir conversando y descansar para el día siguiente.

A pool surrounded by palm trees.

Ya que había quedado en hacer una tarta de zanahoria para mi tía como regalo de cumpleaños, y porque quería coger unas cosas del supermercado, empezamos el día siguiente con una visita al Mercadona. También pasamos por el supermercado británico para comprar cordial (una bebida de Inglaterra que se mezcla con agua), y luego pasamos el resto del día bañándonos en la piscina.

En la tarde, bajamos a un pueblo costero y un restaurante que habían recomendado mis tíos, donde cenamos rico mientras vimos el atardecer sobre l mar. Después de un caos relacionado con la configuración de la mesa y la confusión de mis tíos al ver que había pedido un entrante de gulas, disfruté un plato delicioso de solomillo y luego un postre casero.

Madrugamos (más o menos) el día siguiente porque teníamos planeado un viaje a un convento en las montañas. Mis tíos habían hablado bastante de este sitio en el pasado, pero nunca había llegado a subir, así que tenía ganas de ver de que tanto hablaban.

An arch with a view over the city of Murcia in the background, flanked by trees.

Resulta que el conjunto de edificios en las montañas es absolutamente pintoresco, contando con vistas panorámicas sobre la cuidad de Murcia. Estas vistas se nos revelaron al pasar por el callejón entre dos edificios y por debajo de un arco, pero me habían hablado de una parroquia bonita que valía la pena visitar antes de explorar más. El interior del sitio está pintado de oro y con frescos, pero nos despidió el apagado de las luces ya que la misa iba a empezar.

A heavily gold-gilded church interior.

Luego paramos en la cafetería del convento para tomar unas cervezas y probar sus empanadas caseras, lo cual nos dejó con suficiente energía para escalar unas de las sendas que nos trajeron a las vistas sobre el convento, las montañas y los barrios de la cuidad debajo.

A view over the covenant on a green hillside.
An old lamppost in between a bunch of pink flowers.
An old house atop a hill.
A bush with pink flowers on the side of an old building.

Las vistas desde el convento eran tanto variadas como espectaculares.

Una vez cansados del calor, volvimos a subirnos al coche y nos pusimos a buscar un restaurante recomendado por los amigos de mis tíos. Nos dijeron que era un sitio modesto, al lado de una gasolinera, pero al entrar se hizo evidente que era muy popular entre los locales. Vi que un plato de cordero en la carta había ganado un premio, así que opté por él a pesar de no ser gran fan del cordero, pero menos mal que lo hice – ¡era delicioso!

El día siguiente decidimos pasar el rato relajando en el apartamento y la piscina, y decidí preparar dicha tarta de zanahoria ya que había mi tía invitado a sus amigos que pasasen a tomar algo con nosotros. Al final hice una tarta de dos capas, cosa no suelo hacer, pero quedó bastante rica al final.

A carrot cake with candles.

Pasamos la noche en un bar local tranquilo, donde compartimos una selección de raciones en la terraza, hablando de muchas cosas mientras el sol se ponía a nuestro alrededor. Dentro de nada ya había llegado mi tercer noche en Murcia, pero aún no había decidido cuál día iba a volver a Madrid, ya que aún estas esperando saber de mi hermana y si al final tuvo que cancelar su visita por la situación del coronavirus.

Caminar por las calles tranquilas de la España rural siempre supone una experience relajante.

The pale yellow walls of a house in rural Spain.

La mañana siguiente mi tía y yo nos subimos al coche juntos y bajamos a un restaurante en la cosa que solemos visitar. Cantamos unas canciones en el coche de camino, y luego disfrutamos un desayuno típico español y después un par de cañas con vistas sobre el Mar Menor.

A woman looking at the notice board of a church.
A selfie of me.

Después de esto vino otro día de relax por la piscina, y al final me avisó mi hermana que por desgracia no podría viajar a Madrid a visitarme, así que pillé el tren para el jueves para descansar unos días en mi piso antes de volver a trabajar.

Ahora que supimos exactamente cuanto tiempo me quedaba, hicimos un plan para el día siguiente, que consistió en coger un tren de un pueblo local a Cartagena. Esta fue otra experiencia de la que habían hablado mucho más tíos, pero que no había experimentado yo, así que me subí al vagón único del pequeño tren con ganas.

An old hand-painted sign.
Animated image of a car heading down a road.
A cliff with a house behind it.

Al llegar en Cartagena, andamos un rato por la muralla y hacia el centro, donde paramos para tomarnos una bebida y escapar del bochorno veraniego. Después de esto pegamos una visita a un bar local, donde volví a ponerme a hablar cone el dueño Ramón y disfrutamos una especialidad local, el café asiático.

Para comer, buscamos un restaurante que conocen mis tíos, y nos sentamos en una terraza para lo que no supimos que sería una experiencia loca de dos horas. Después de pedir nos dejaron una ración de bravas como “regalo por el retraso” y por eso empezamos a pensar que algo iba mal detrás de las escenas, ¡y resulto que acertamos!

Los entrantes salían a intervalos, y pronto se hizo evidente que un caos exponencial se había creado por el sistema de numeración de las mesas, que se había liado al meter más mesas en la terraza sin saber qué números tenían. Llegada la hora de pedir el postre, el camarero evidentemente estaba hasta las narices, y optó ponerse entre todas las mesas y gritar el listado de postres disponibles, pidiendo que la gente levantase la mano. ¡Que risa!

Una vez finalizada la comida, volvimos al puerto, pasando por el paseo marítimo y de vuelta a la estación de tren. Después de nuestra excursión, pasé la noche descansando en la piscina yo solo, llamando a mis amigos por todo el mundo y viendo el atardecer.

A panorama of the see seen from Cartagena, Murcia, Spain.
A sunset seen from a pool.

Demasiado pronto había llegado mi último día en Murcia, y después de una mañana en la piscina, mi tía y yo fuimos a vomer en un bar local mientras mi tío salía con sus amigos. El tío del bar nos puso una selección de platos locales que estuvieron todos muy ricos y luego volvimos a la piscina para descansar un rato más.

Quedaba una cosa que quisiera hacer antes de irme, sin embargo, así que aprovechamos de la última noche para hacerlo antes de mi vuelta a Madrid. Esto fue una visita a los baños de lodo de Lo Pagán, cosa que he hecho varias veces en el pasado pero que mi tía nunca ha experimentado. Consta en bañarse en una piscina poco honda, cubrirse del lodo muy sulfúrico, dejando que se seque al sol y luego volver a bañarse para quitárselo.

Palm trees line a pier in Lo Pagán.
A selfie of me at the mud baths.
The mud baths.
A streetlight and palm trees.
A first-aid building jutting out into the sea.
A bicycle tied to a wooden pier in the mud baths.
The sun set over the sea.

Después de ver la puesta del sol y cenar un kebab (me resulta muy difícil encontrar un buen kebab en Madrid, así que tuve que aprovechar), volvimos a casa y tomamos una última ronda de cervezas. La mañana siguiente se pasó por la piscina, antes de salir a comer en un restaurante que solemos visitar justo antes de coger yo el tren de vuelta a Madrid.

Esta vez, sin embargo, hubo un bus de sustitución para la primera media hora del viaje, así que tuvimos que despedir de mis tíos en el parking antes de un viaje algo aburrido de vuelta a la gran cuidad. A pesar de estar triste por tener que dejar a mis tíos y resignado al hecho que mis vacaciones veraniegas ya llegaban a su final, dio gusto volver a mi piso y encontrar mis plantas en buen estado gracias a un amigo que había pasado para regarlas durante mi ausencia.

Tal y como con Cami, Sam y familia, tengo que dar las gracias a mis tíos por recibirme en su casa y aguantarme durante una semana entera, que se alargó de cinco días a siete por la cancelación de la visita de mi hermana. Creo que tener la oportunidad de viajar ahora mismo supone un gran lujo, así que estoy muy agredecido por haber podido visitar Tenerife y Murcia.

Por ahora me toca volver a trabajar, pero bien sé que Ellie (mi hermana) y Johann (su novio) ¡estarán de vuelta a Madrid en cuanto puedan!

18.08.20 — Diario

Una escapada a Tenerife

Como revelé al final de una de mis últimas entradas de blog, ¡arranqué mis vacaciones veraniegas con un viaje a Tenerife! Después de pasarlo fenomenal la última vez que visité a mis amigos Cami y Sam el año pasado, y al decidir quedarme en España este año por el caos del coronavirus, pillé un vuelo a la isla con muchas ganas.

Una vez más me quedé con Cami, Sam y la familia de Cami, cosa que me apetecía mucho ya que el año pasado fueron los mejores anfitriones. Lo extraño de este año sería la experiencia de viajar bajo las nuevas restricciones y medidas implementadas por el coronavirus, ya que este vuelo representó la primera vez que había viajado después de la cuarentena.

El viaje empezó como la mayoría de mis vacaciones, con una vuelta frenética por el piso para asegurar que había regado las plantas, que estaba apagado todo y que las ventanas estaban cerradas. Luego subí al aeropuerto en un tren vacío, llegando al T4 con mucho tiempo extra por si había que esperar más por movidas con la distancia de seguridad. Aparte de una abundancia de gel hidroalcohólico y señales de distancia – de los que ya estamos acostumbrados – la experiencia fue más o menos normal. Pasé por el control de seguridad como siempre, me acerqué a la puerta y me puse a buscar algo de comer antes de mi vuelo a las 3pm.

En este momento logré cagarlo todo. Había visto que la oferta típica de restauración y tiendas estaba cerrada, y por eso había ido a la puerta con la esperanza de encontrar un puesto que me vendiese un sándwich. Resulta que esto implicaba coger un metro, porque el T4 está partido en el edificio principal y un “terminal satélite”.

Bueno, al llegar en dicho “terminal satélite” se me hizo evidente que no había ningún tipo de establecimiento así. No me preocupaba, sin embargo, ya que tenía bastante tiempo antes del comienzo del embarque, así que simplemente volvería al terminal principal para buscar otro sitio allí: estaba convencido que por lo menos podría encontrar un McDonalds. Por eso volví a subirme al metro de vuelta y llegó en el otro edificio para que me parasen dos guardias de seguridad.

Estas dos guardias empezaron a preguntarme de donde había volado, y respondí que solo había vuelto al terminal principal del otro edifico para buscar algo de comer. Eran muy comprensivos, pero me dijeron que tenía que volver a pasar por el control de seguridad que usualmente solo se utiliza para conexiones. Eso hice, pero al llegar al otro lado del control me encontré con dos guardias de seguridad más.

Estos dos me preguntaron de dónde había volado, así que les expliqué que no había volado de ningún lado, que era de aquí, de Madrid, y que todavía me quedaba pisar un avión. Mi historia se recibió con unas miradas sospechosas y un termómetro enfocado en mi frente, y una de las guardias me preguntaba sin parar si había volado de Marraquech. Les conté la historia de cómo había acabado atrapado en la zona de conexiones del aeropuerto solo porque quería un puñetero sándwich, y eventualmente me dejaron pasar, cuando decidí que nunca volvería a dar la vuelta en el aeropuerto nunca jamás.

Me quedé atrapado en una parte equivocada del aeropuerto solo por querer un sándwich.

Esta historia tiene final feliz, sin embargo, porque eventualmente encontré un quiosco y fui a la puerta. Allí me confundí con el nuevo proceso de embarque, que ahora se realiza fila por fila para mantener la distancia de seguridad. El sonido metálico del altavoz del aeropuerto me dejó entre la gente perdida que no sabía qué pasaba…

Bueno, corriendo el riesgo de transformar este blog en un cuento de mis desventuras en el aeropuerto, salto a la parte cuando llego en Tenerife, salgo del aeropuerto para tomar algo de sol, me encuentro con un viento frío inaguantable e intento volver a entrar en el terminal para que me dijesen que no podía entrar sin una tarjeta de embarque válida.

En breves me salvaron de este caos Cami y Sam, que llegaron en su coche para un reencuentro de abrazos y el viaje de media hora al sur de la isla. Después de enseñarme la habitación donde me iba a quedar (con baño propio y una azotea, ni tan mal), los tres salimos a pillar picoteo de la tienda británica y luego para cenar en un mercado de comida. Cenamos una mezcla de platos españoles, árabes y chinos – ¡todo muy rico!

El día siguiente me desperté a la notica que los padres de Cami iban a preparar una barbacoa, cosa que me emocionó bastante después de mi experiencia deliciosa la última vez que visité. Antes de comer, sin embargo, sus padres me llevaron a un mercado de segunda mano mientras Cami y Sam sacaban a sus perros, Luke y Nas.

Si lo que andabas buscando no se encontró en este mercado, simplemente no existe.

A selection of goods on the floor of a car boot sale.

Después de explorar los puestos infinitos de chismes, volvimos a casa y nos pusimos a preparar la barbacoa. Una vez más me llevé mi cámara de carrete, así que saqué muchas fotos con ella que tendré que esperar a ver dentro de unas semanas, ¡pero andaba demasiado ocupado en comer las carnes ricas y la ensalada fresca con salsas caseras como para detenerme y sacar ninguna foto de la comida!

A table is set and a BBQ is lit.

Una vez llenos de comida deliciosa y vino chileno, nos quedamos en casa para dejar que pasase el calor de la tarde, antes de volver a agruparnos y bajar a una playa al lado de La Montaña Roja, una roca interesante cuyo nombre viene de su matiz rojo. Nos bañamos un rato ene l mar antes de pasar por la arena para secarnos, pero luego nos volvimos a meter en el agua para experimentar la fuera de unas de las olas más grandes que he visto jamás.

The red mountain in Tenerife, a rock formation.

La Montaña Roja no es una montaña ni es tan roja.

Una ola en particular me dejó con la boca llena de agua y mis gafas de sol tiradas por la marea, así que lo tomé como señal de que debería volver a la tierra firme. Al volver a casa, los tres acabamos el día con unas copas y un juego de Scrabble en la casa de Cami y Sam – ¡todos andabamos demasiados llenos como para cenar!

A lifeguard's car and flags on a beach with fog in the background.

Los planes del día siguiente incluían un viaje a unas piscinas naturales, pero los planes tuvieron que cambiar por las olas enormes que obligaron que se cerrasen las piscinas. Menos mal que Cami conocía otro sitio, así que nos fuimos a otra piscina natural un poco más al sur.

A white wall, with leafy plants behind and mountains in the background.

No sabía que esperarme cuando me dijeron que íbamos a visitar unas piscinas naturales, pero al final el sitio consistió en una depresión en la base de un acantilado que se había llenado por el agua del mar por las olas. Dejamos nuestras cosas en una roca y bajamos a la piscina, descansando un rato en sus aguas tranquilas antes de acercarnos al borde donde chocaban las olas. Aquí podíamos sentarnos tranquilamente unos minutos hasta que una ola ocasional chocaba con la fuerza suficiente como para generar una columna enorme de agua que nos echaba de vuelta a la piscina.

A natural pool blends into the sea in Tenerife.

Las rocas negras volcanicas de Tenerife hace crean un contraste bonito con el mar azul.

The sea breaks over black volcanic rocks in Tenerife.

Una vez cansados de bañarnos en la piscina y después de quemarme el hombro (cosa que descubrí después), subimos a una pizzería donde Cami y Sam insistían que probase una pizza que llevaba patata. Estuve dudoso, pero después de probar la pizza de patata, salchicha, mozzarella y romero, digo con confianza que ¡es una receta ganadora! Estoy sentado ahora mismo aquí en Madrid escribiendo esto, y al pensar en aquella pizza, me está entrando bastante hambre.

Bueno, en estos momentos se hacía tarde, así que decidimos pasar otra noche tranquila en la casa de Sam y Cami, donde Cami preparó unos nuggets de pollo caseros y los tres llamamos a nuestro amigo Kevin en los EEUU. Fue Kevin que me presentó a Cami y Sam cuando los tres vivían en Asturias, y nos echamos unas cuentas risas en FaceTime, hablando de viejos tiempos y riéndonos de Kevin que había comprado un cobertizo para herramientas pensando que era un armario.

El día siguiente los tres, junto con la madre de Cami y un amigo de la familia, fuimos al norte de la isla. Visitamos uno de los pueblos más antiguos, La Orotrava, donde naturalmente pasé el rato sacándole fotos a todo.

A pink house in front of a manicured garden.
Two old wooden windows on a yellow plaster wall.
The spire of a church behind an old townhouse.
The sea and clouds between two old houses with wooden balconies.
Black and white photo of a house on wooden supports with the sea in the background.
Multiple layers of old houses with a church spire in the background, Tenerife.
A plant pot with red flowers in the foreground, with houses, the sea and sky in the background.

Una vez cansados de andar por las calles empinadas fuimos a un sitio especial para comer. En Tenerife, tienen una cultura de restaurantes independientes llamados “guachinches” qué son especiales porque nacen de una persona que vende comida y vinos caseros desde su casa. Si la comida está buena, y la gente habla bien del sitio, empiezan a expandir su operación, metiendo más mesas en garajes, jardines, sótanos y donde quepan.

El guachinche en el que comimos parecía una casa cualquiera desde fuera, pero una vez que nos dirigieron a nuestra mesa, el tamaño del sitio se hizo evidente. Dejé a Cami y su familia que eligiesen qué pedir, y en breves me encontré compartiendo raciones de champiñones al ajo, pulpo frito, carnes y un postre delicioso que llevaba meringue.

Una vez más estuve demasiado metido en conversación como para sacarle fotos a la comida, pero la cámara sí que la volví a sacar cuando fuimos a la segunda cuidad del día, La Laguna. Allí pasamos por las calles pintorescas del casco histórico, deteniéndonos para tomarnos una caña y recuperar de un día largo.

A blue house next to a white church.
A plant grows out of the crack in a yellow plaster wall.
Palm trees seen from below against a blue sky.
Brightly coloured facades line the street of La Laguna, Tenerife.

Después de volver a casa y recuperarnos de las aventuras del día, decidimos cenar en una hamburguesería local, donde me sirvieron una hamburguesa enorme y una montaña de patatas – ¡todo después de una comida enorme en el guachinche! No sé cómo pero logré acabar la cosa, y luego volvimos a casa a descansar antes de mi último día entero en la isla. ¡Como vuela el tiempo!

El último día se pasó de vagueo. Subí al piso de Cami y Sam para desayunar y luego bajamos todos a una piscina a la que tienen acceso en una urbanización cerca de su casa. Hubiéramos entrado en la piscina de su casa pero me dijeron que ésta sería mucho más tranquila, y se acertaron. Durante la mayoría de la tarde compartíamos la piscina solo con otra pareja, que no se les veía interesados en bañarse, así que nos sentimos que teníamos el sitio entero para nosotros solo.

A swimming pool with apartments in the background.

Después de nadar un rato, volvimos a subir a casa, donde paramos un rato para comer. Pasé un par de horas preparando una tarta de zanahoria para los padres de Cami como regalo de gracias, después de lo que nos preparamos para escalar La Montaña Roja que habíamos visto unos días antes.

The view over colourful facades and a tower, with an evening sky in the background.

Sam aparcó el coche cerca de la base de la “montaña” y empezamos a andar junto con Luke y Nas, sus dos perros. Una vez empezó la subida a ponerse difícil y me empecé a cansar (la cuarentena me ha dejado muy fuera de forma), Sam me dijo que cogiese la correa de Nas, el perro más grande, ¡que tenía suficiente fuerza como para tirarme por la cuesta!

The Montaña Roja (red mountain) in Tenerife.
Cami and Sam walk towards the Montaña Rusa in Tenerife.

Mientras escalábamos la roca el sol se ponía y las colinas y el volcán en el fondo se convirtieron en una silueta oscura. En el punto intermedio paramos un rato para recuperarnos, disfrutando las vistas y viendo un avión despegar del aeropuerto Tenerife Sur, que está al lado de la roca.

A panorama of Tenerife in the dark as seen from the top of the Montaña Roja.

Una vez ya recuperados hicimos el último esfuerzo para llegar a la cima de la “montaña”, donde descubrimos una jaula misteriosa cubierta por unas luces rojas que contenía nada más que un panel solar para alimentar dichas luces rojas. Pensé que sería algún tipo de faro, pero las luces eran demasiado apagadas como para servir para eso, pero nosotros nos centramos en aprovechar de la iluminación interesante y el sitio único para sacar unas fotos.

Cami is illuminated in red atop the red mountain in Tenerife.

La luz roja me queda bien porque oculta mucho del detalle horroroso.

A selfie taken with Tenerife by night in the background. I am illuminated in red.

Por supuesto no podía pasar de la oportunidad de subir hasta el punto más alto de la roca, así que dejé mi cámara con Cami y Sam mientras subía encima de la base de hormigón de un palo de metal que marca la cima absoluta. Agarrando para mi vida en el viento nocturno, me quedé impresionado por las vistas panorámicas del mar y la isla, y también por la sensación de estar completamente expuesto a los elementos en la oscuridad.

I stand atop the peak of the red mountain in Tenerife.

Tras sacar mis últimas fotos del viaje encima de la montaña, los tres bajamos al nivel del mar, casi cayéndonos al pisar las rocas sueltas de la cuesta y perdiéndonos en la oscuridad. Llegamos vivos a casa, sin embargo, y nos pusimos a descansar con unas cervezas antes de mi última mañana en Tenerife.

Dicha última mañana no consistió en mucho al final, porque me levanté de la cama bastante tarde, lo que me dejó con poco tiempo para hacer nada que no fuera hacer mi mochila, desayunar algo rápido y despedirme y dar las gracias a los padres de Cami que habían vuelto a ser los anfintriones más fantásticos. Luego bajé a la casa de Cami y Sam, donde me despedí de sus perros no nos subimos al coche para ir al aeropuerto.

En el camino nos dio tiempo parar una última vez en un bar bien conocido entre los vecinos por vender los mejores bocadillos. Cogí dos, uno para comer y otro por si me entrase hambre en el vuelo, y seguimos al aeropuerto.

Despedirse de alguien en el aeropuerto nunca supone una experiencia alegre, pero la despedida con Cami y Sam se hizo algo más fácil por el saber que mis vacaciones no terminaban allí, porque mi vuelo no tenía como destino Madrid sino Alicante. Allí me iban a recoger mis tíos para que pasase unos días más en la costa de Murcia, pero eso ya es otra historia para otro día…

Puedo decir con toda confianza que una ves más me la pase fenomenal en Tenerife con Cami, Sam y familia, que encontraron el equilibrio perfecto entre el descanso que tanto necesitaba y unos viajes a sitios interesantes que sabían que me gustarían. No puedo darles suficientes gracias por recibirme en casa, conducirme por la isla y generalmente hacerme sentir como miembro de su familia durante los días que estaba allí. Si tuviera que quejarme de algo, sería que el viaje era demasiado corto – ¡la próxima visita tendrá que ser de una semana como mínimo!

¡Hasta la próxima, Tenerife!

16.08.20 — Diario

El irlandés: un nuevo viaje

Entre mis entradas de blog típicas que cuentan mis viajes y aventuras cotidianas, a veces subo otras historias y observaciones. Estas entradas pueden incluir una exploración el proceso de diseño de mi nueva web o incluso unos cuentos tontos de experiencias que he vivido. Esta entrada habla de algo mucho menos visual, pero algo que espero que os sea interesante: un nuevo viaje en aprender un idioma.

Mi relación con idiomas que no sean el inglés (a pesar de mi fuerte acento nativo que cuesta entenderse, pero eso es otro cuento para otro momento) empezó hace mucho, cuando empecé a aprender algo de vocabulario francés a los 10 años antes de entrar en la secundaria. Esto fue como una especia de iniciativa que había implementado mi escuela, en la que una profesora externa nos visitaba una vez a la semana para enseñarnos unas palabras como ananas (piña), chat (gato), and garçon (chico).

Quizás hayas notado por mi tono apático que no me convencían estas clases, y no recuerdo que me acordase ninguna palabra ni frase al pasar de la primaria a la secundaria y las clases bisemanales de francés que tuve que aguantar: y digo “aguantar” por dos razones principales:

En primer lugar, realmente no creo que la manera en la que nos introdujeron al aprendizaje de idiomas fuera la mejor, con sus pruebas semanales de vocabulario y los casetes de una francesa monótona que repetía una serie de frases inútiles que ni nos obligaron a repetirlas.

En segundo lugar, y me tendréis que perdonar los francófonos, pero es que no me interesaba ni Francia ni el idioma francés. Hoy en día ya le tiene aprecio al idioma y sus facetas, pero mi manera de pensar a mis once años fue así: si nos van a obligar a aprender un idioma, y si mi familia y yo siempre vamos de vacaciones a España, ¿por qué no podemos aprender español? Por lo menos sería de alguna utilidad*.

* Fueron muchos años después que descubrí que el idioma principal de Mallorca, donde solíamos ir, es el catalán/mallorquín. Ups.

Durante un rato hasta me apunté a unas clases extracurriculares para aprender algo de alemán los jueves por la tarde, pero dentro de nada ya las dejé. La pronunciación me parecía dificilísima, la estructura una pesadilla y los tres géneros gramáticos un coñazo como una catedral. No estuve nada celoso de la mitad de mi escuela que tuvo que aprender alemán en vez de francés.

Una vez llegada la hora de hacer mis GCSEs (que son como el ESO), y después de estafar a mi profesora de francés durante muchas de las pruebas de vocabulario (mi amiga aprendía las palabras 1 a 10 y yo las 11 a 20, y luego nos copiábamos), por fin revelaron que iban a empezar a ofrecer el español como una asignatura siempre que hubiese una cantidad suficiente de estudiantes interesados. Supongo que la mayoría de la gente pensaba igual que yo, y que después de ser presionados a seguir estudiando un idioma, que decidieron que por lo menos fuera un idioma útil a la hora de pedir copas durante sus vacaciones.

Y así empezó mi experiencia de aprender el español. Después de dos años de aprender frases hechas y construir oraciones súper básicas en la secundario vinieron dos años de colegio en los que aprendimos la estructura y la fonología del idioma. Empecé a utilizar este conocimiento en 2016 al empezar trabajando en prácticas en Erretres, que consistió de seis meses de ser constantemente corregido todos los días, cosa que al final mejoró mucho mi fluidez y confianza. Desde graduarme y volver a España, he avanzado mi conocimiento más aún, hasta el día de hoy en el que ya creo que hablo el idioma con bastante fluidez. Por supuesto que se me nota el acento y el error puntual, pero ya no me cuesta entender de hacerme entender.

Durante estos años de vivir entre España e Inglaterra, también he pasado un par de veces por la cuidad preciosa de Lisboa. También fui de vacaciones un par de veces a un pueblo que se llama Lagos en el sur de Portugal con mi familia, pero fue en Lisboa y Madrid donde conocí a mucha gente de Brasil, y así empezó otra aventura en aprender un idioma: el portugués.

El portugués es parecido a idiomas como el español, rumano, italiano y francés (entre muchos otros más) en que forma parte de las lenguas romance, derivadas del latín vulgar, el idioma que se habló en el imperio romano. Por eso, estos idiomas comparten muchos elementos comunes y mucho vocabulario parecido, y naturalmente el español y el portugués son muy parecidos por la proximidad geográfica de los dos países. Con la ayuda de Duolingo y consejos de mis amigos lusofónos, aprendí rápidamente un nivel suficiente como para conversar, construyendo frases sobre una base de español y aplicando unas reglas generales y el vocabulario más importante (se dice que los dos idiomas comparten un 90% de su vocabulario, así que solo me toco aprender el otro 10%).

Todo esto me lleva a mi última aventura en el aprendizaje de idiomas, con un idioma que muchos no saben que existe: el irlandés.

Bueno, si yo pensaba que el alemán era una pesadilla con sus géneros y estructuras y orden léxico raro, es facilísimo comparado con el irlandés. Esta lengua anciana tiene la forma más extraña de expresar los conceptos más básicos (“tengo una bebida” se dice como “hay una bebida hacia mí”), su falta total de las palabras “sí” y “no” y su manera complejísima de escribir las palabras que incluso me da miedo (“beochaoineadh” suena “bei-o-kin-yu”). Luego hay las “mutaciones” que pueden afectar tanto el principio como el final de las palabras, y cambian completamente su pronunciación y significado. A veces las palabras se mutan solo para que suene mejor, (“pláta” se convierte en “bpláta”, que suena “blatə”), a veces cambian la relación entre una palabra y otro (se llaman “casos” pero es otro tema muy complejo que no voy a explorar ahora mismo) y a veces se mutan para conjugar los verbos (pero eso también pasa mucho en español así que eso lo aguanto).

Acabo de llevar un párrafo entero quejándome del idioma, así que puede que os estéis preguntando el por qué estoy dedicando mis ratos libres a aprenderlo.

Para empezar, hay la razón más básica, que es que me gusta un proyecto personal en el que mojarme en mi ocio. No creo que exista nada en este mundo que sea tan complejo ni interesante e como un idioma entero (incluyo los lenguajes de programación) y sé que siempre habrá más que aprender y mejorar con el paso de tiempo. También, como bien he explicado, ¡la complejidad del irlandés supone un reto bastante grande!

Luego existe la razón más personal, que son mis raíces irlandesas. Mi abuela nació y creció en un pueblo muy pequeño en Irlanda donde se enseña el irlandés en las escuelas, y ella me enseño unas frases cuando era pequeño. Siempre me ha interesado saber más del sitio, y creo que una de las mejores maneras de descubrir una cultura es a través de su idioma.

Por eso aquí estoy arrancando mi viaje en aprender la lengua irlandesa, utilizando Duolingo todos los días para empezar a construir una base. En mis ratos libres también estoy investigando las cosas que no entiendo, explorando las estructuras complejas y la gramática extraña, y también a veces me pongo a escuchar las noticias o algo de música en irlandés. Esto va a ser un viaje bastante largo y bien sé que no voy a estar ni cerca de dominar el idioma durante mucho tiempo, probablemente hasta estar en Irlanda e inmerso en él, pero creo que es un reto que vale la pena. Ya me tiene preguntando sobre como son las distintas maneras en las que funcionan los idiomas, y como es que existen tantas maneras de expresarnos – el irlandés es de los idiomas vivos más antiguos ¡y se nota mucho!

Mientras sigo en mi viaje, estoy esperando lanzar mi nueva web con la opción de leer todo en irlandés cuando ya la tenga más o menos diseñada (mi web actual solo está s disponible en español, inglés y portugués), pero hasta entonces os dejo con una canción irlandesa super bonita que he encontrado.

Slán!

01.08.20 — Diario

Noches de descanso

Antes de las vacaciones veraniegas de agosto, el mes de julio siempre se vuelve algo complicado. Todas las empresas quieren ir cerrando proyectos antes de irse de vacaciones, así que llevamos un rato trabajando a tope para poder descansar tranquilamente durante el verano.

Eso ha implicado muchos días largos de trabajo, que hace que uno busque aprovechar al máximo los ratos que tenga libre aunque sea muy poco tiempo. Con el fin de descansar y desconectar un rato, hace dos semanas Hugo, Jhosef y yo subimos a mi oficina ¡para aprovechar de la piscina en el calor cada vez más insoportable!

The swimming pool of my office with trees in the background.

Se estaba muy a gusto en los espacios bonitos de la oficina.

Jhosef sits on a chair in my office.

Los tres nos subimos a un bus en el centro, llevándonos unas bolsas llenas de picoteo y bebidas para la noche. Llegando en la oficina en Pozuelo, dimos una vuelta por la oficina y luego nos pusimos los bañadores y así empezó una noche de picar, nadar y compartir cuentos y chismes.

A pesar de estar más interesado en los gintonics y las patatas, es verdad que me gusta bastante nadar, así que dije a Hugo que me sacase unas fotos mientras me bañaba. De eso se produjo un accidente feliz, porque dio al botón en el momento exacto en el que subía emergiendo del agua y la tensión superficial del mismo no había cedido. Es una foto horrorosa de mí, ¡pero la veo muy graciosa e interesante!

Surface tension of the water above my head.
An up-close shot of vegetation.
The sun shines through an ivy covered tree and house.

Una vez empezó a ponerse el sol, el aire se enfrió y decidimos pasar el resto de la noche en la terraza de la planta superior. Allí nos tomamos las últimas cervezas, vimos el atardecer y compartimos una tarrina enorme de helado. Los tres somos inmigrantes de distintos países, así que era interesante escuchar otras perspectivas y comparar experiencias compartidas.

Una vez de vuelta a casa, me quedó otra semana ocupada, así que dediqué mis horas libres a echar la siesta, cocinar y montar mi propio spa allí en casa. Estas noches de spa consisten en encender las nuevas luces de color, tomar un vasito de vino, ponerme una mascarilla y tumbarme en el sofá escuchando música relajante. A veces me hace sentir que he llegado a una crisis de la edad madura, ¡pero es un mimo que me permito para descansar después de un día atareado!

My house is illuminated in blue.
My house is illuminated in blue.
My house is illuminated in blue.

Fuera del piso, sigue muy en vigor mi obsesión de las bicicletas de la ciudad (las Bicimad, si eres de aquí), y he estado explorando más rincones del parque de Madrid Río que pasa por mi barrio. Hace unas noches salí a explorar sobre las 10pm, cuando el calor ya ha bajado a un nivel algo soportable, y descubrí unas escenas bonitas en el camino, entre ellas la estación de Príncipe Pío y unos árboles que lucían iluminados por unos focos de color.

A tree lit in a purple and yellow light.
The arch next to a train station in Madrid lit up at night.

EL finde pasado, Jhosef y yo quedamos en el centro, ya que él tenía ganas de sacar unas fotos de exposición prolongada de la Catedral de la Almudena y las carreteras al lado de las cuatro torres. Tal y como siempre, subí a la catedral en bici, y mientras estábamos allí saqué unas fotos casuales en mi móvil.

A skyscraper is seen illuminated by the evening sun, with the Royal Palace and a line of trees in the foreground.
Madrid's cathedral is seen in the evening light of the sunset.

Tuvimos la suerte de ver un atardecer naranja espectacular sobre el palacio y la catedral.

A panorama of a sunset over the royal palace and cathedral of Madrid.

Mientras el sol se ponía, Jhosef sacó muchas fotos bonitas (echad un vistazo a su Instagram), pero yo me fijaba más en las vistas y la bolsa de algas crujientes que llevaba. Habíamos subido a una calle encima de una cuesta pequeña al lado del palacio, un sitio que ofrece unas vistas fantásticas (como bien veis en las fotos) sobre la catedral. Todo esto me recordaba de la primera vez que visité Madrid hace cinco años, y es flipante pensar que ahora vivo a unos diez minutos del monumento en bici.

I look over the sunset by the royal palace.
Madrid Cathedral lit up in the latter stages of a sunset.

Una vez se puso el sol, subimos al norte de la ciudad, pero en el camino decidimos espontáneamente pasar por el restaurante peruano para cenar corazón de vaca – lo cual, después de mis dudas iniciales, estuvo muy rico. Por coincidencia, aquel día fue el 28 de julio, que son las fiestas patrias del Perú, así que deseo a todos los peruanos ¡unas felices fiestas patrias!

El viaje que pegamos al norte para sacar las fotos de exposición prolongada al final no sirvió para nada, llegamos muy tarde y a esas horas ya no circulaban muchos coches. Aprovechamos de la noche, sin embargo, y caminamos por el centro de vuelta a casa después de encontrarnos con un grupo de conspiracionistas en el metro. Andaban proclamando a todo el mundo que el coronavirus ha sido una idea del gobierno y se negaban a ponerse la mascarilla. Mirad, podéis creer en cualquiera teoría como te dé la gana, pero por dios ponte la mascarilla. No es tan difícil.

Podéis divagar sobre las conspiraciones como os salga de las narices, solo que os pongáis una mascarilla mientras lo hacéis

Ahora que he soltado esa frustración, llegamos a la semana actual y ¡mis últimos días en Madrid antes de pasar una semana en Tenerife y Murcia! Hace unas noches bajé al parque para tomar unas cervezas y despedirme de mis amigos, y por supuesto una cerveza se volvió en tres, y por eso llegué a casa algo contento y con hambre. Al llegar a mi piso eché unas tostadas al horno, y me quedé contento y admirando los calentadores que brillaban en la oscuridad…

The sunset over the park in Madrid.
The red-hot heating elements of my oven in the dark.

Como ya he mencionado, ya toca que deje esta entrada de blog, que cierre mi portátil y que me desconecto lo más posible durante esta próxima semana mientras visito a mis amigos Cami y Sam en el sur de Tenerife. Naturalmente me llevo la cámara, así que habrá muchas fotos y historias que contar a la vuelta. ¡Solo espero que sobreviva el calor!

¡Felices vacaciones a todos!

22.07.20 — Diario

Un verano despacio

Hace ya más que dos semanas que publiqué mi última entrada de blog, pero sigo intentando salir de mi piso lo más posible. O sea para recoger más luces coloridas de IKEA o para quedar con amigos a comer, poco a poco he ido reclamando las calles mientras llegamos a las alturas del verano español.

Como te puedes imaginar, sin embargo, este calor a veces se vuelve insoportable, así que he pasado la mayoría de mis tardes en mi casa durmiendo la siesta, preparando comida o limpiando en el confort del aire acondicionado. Parece que mis vecinos están haciendo lo mismo durante el finde, ya que un sábado me desperté para encontrar mi piso bañado en el resplandor de una luz cálida reflejada de una toalla rosa que habían colgado en el patio.

My kitchen is bathed in a pink glow.

Hasta la planta que había dejado fuera creaba un resplandor rosa y verde.

A pink glow and a green light from a leaf are shown through the frosted glass of my bathroom window.

Ese mismo finde quedé con mi amigo Jhosef y su hermana para visitar IKEA, porque los tres necesitábamos pillar unas cosillas que habíamos echado en falta durante la larga cuarentena. Yo principalmente quise ir por las albondigas ricas, pero también decidí que iba a darme el gusto de comprarme unas nuevas luces ya que se pasa mucho tiempo en casa hoy en esta nueva normalidad.

Después de un viaje agotador en el metro al centro comercial, nos guiaron por los pasos de preparación para entrar en las tiendas: lecturas de temperatura corporal, gel hidroalcohólico y un aviso que no debíamos ni sentarnos en los bancos ni acercarnos a los demás. Aparte de las zonas restringidas, las colas para entrar en unas tiendas y la vuelta enorme que tuvimos que dar en el color inaguantable del exterior para entrar en el IKEA, todo me parecía bastante normal.

Me outside of the IKEA sign.

Se puede sentir el calor en esta foto que sacó Jhosef de mi en el parking.

La compra en IKEA fue bastante normal, excepto el sistema de única vía que habían implementado junto con las señales que nos pedían que solo tocásemos lo que íbamos a comprar. Por el otro lado, la experiencia en la cafetería fue muy extraña, ya que tuvimos que esperar a ser sentados, que nos sirviera las bebidas el personal y ni nos pudieron facilitar servilletas.

Tras llegar en casa muy tarde esa noche, pegajoso y exhausto después de tanto viajar en el calor del día, estuve bastante molesto al descubrir que una de las bombillas que había pillado era el modelo equivocado. No sabía que hacer, pero al final decidí volver a hacer el viaje de una hora el día siguiente para que me la sustituyeran – yo me conozco, y sé que si no hago algo al instante, ¡lo más probable es que nunca se haga!

Ese domingo por la noche se dedicó a la instalación de estas nuevas luces que me había comprado junto con otras que llevaban un rato en mi armario sin utilizarse. Jhosef pasó por mi casa esa misma tarde para echar un vistazo a lo que había creado con todas las luces que me vio comprar y sacamos unas fotos por la casa. Más luego realizaré otro shooting nocturno en el piso para compartiros como se ve (como hice al mudarme a este piso), pero por ahora os dejo con un par de fotos iniciales…

A plant is bathed in the glow of both a red and blue light.
Jhosef stands in a doorway, bathed in the glow of both a red and blue light.

Algo que he estado trabajando (y algo que casi nunca dejo de trabajar) es el diseño de mi nueva web. Siempre tengo cuidado con mencionar el tema, ya que me conocen por cambiar el diseño mil veces antes de lanzar, pero creo que no hará daño compartir una vista previa…

My laptop screen shows my new website design.

Como bien digo, sin embargo, tómate esto con precaución, ya que la última vez que compartí el diseño de mi nueva web (la que estás usando ahora, de hecho) escribí una entrada de blog para compartirlo – y luego acabé cambiando la tipografía, la composición y muchos otros detalles antes de lanzar la cosa. ¡No mienten mis amigos al decir que mi web es un proyecto eterno!

En fin, cuando no estoy en casa, he intentando visitar las zonas más verdes de la cuidad, ya que suelo echar de menos el campo y la naturaleza en la que crecí. Tales sitios incluyen el río al lado de mi casa, otra zona verde donde los ferrocarriles de Delicias y hasta un viaje al oeste de la ciudad y el Templo de Debod.

Pasé por allí con Jhosef después de que me sacó a comer una comida peruana en un sitio autentico, donde comimos pollo asado, ceviche, papa rellena y mejillones (que ahora me matará porque me explicó que estos platos tienen nombre distinto en Perú, pero se me han olvidado los nombres). Todo esto lo tomamos con chicha, una bebida deliciosa hecha a base de maíz moreno y especias. Era todo riquísimo, ¡y la verdad es que hacía falta el paseo por el templo y el parque para bajar la comida!

Stairs lead up through a blanket of trees at the Parque del Oeste in Madrid, Spain.
The "Building of Spain" hotel seen through one of the arches of the Debod Temple in Madrid, Spain.

La falta de gente por allí me permitió sacar esta foto de lo antiguo y lo nuevo.

Otra tarde me fui un poco menos lejos de casa, eligiendo bajar al río un par de horas para llamar a unos amigos de Inglaterra. Se sentó bastante bien esta pequeña excursión, y pasé unas horas viendo el mundo pasar y descansando en la sombra de unos árboles.

A canopy of trees seen from below.
A selfie of me in the evening sunlight.

Un problema que siempre se me presenta en este mundo de la nueva normalidad es la lucha mental de desear escapar e irme lo más lejos del piso que sea posible contrastado con la aversión de usar el transporte público menos que sea absolutamente necesario. Creo que ya tengo la solución, que consiste en alquilar una bicicleta de BiciMad e irme lo más lejos posible antes de tener que dar la vuelta para volver a casa.

A view over the centre of Madrid, with the royal palace and cathedral on the skyline, illuminated by the evening sun.

Esta aventura me llevó a la zona de Moncloa, que llegué alcanzar al cruzar un puente antes de llegar al fin del parque de Madrid Río. Este desvío me dejó en una serie de calles estrechas y tranquilas que luego me llevaran por una urbanización donde vivía un rato durante mis prácticas en Erretres hace más de cuatro años.

A red railway overpass is lit in the warm glow of the evening sun in Madrid, Spain.

Después de una noche bonita montada en bici, el finde siguiente salimos Jhosef y yo para celebrar el fin de su curso universitario. Subimos a Chueca, donde nos tomamos unos cócteles en la azotea de un mercado, antes de bajar a un restaurante local donde acabamos saliendo rodando después de unas raciones enromes de croquetas y calamares. Fue una noche preciosa, ¡y los cócteles sentaron muy bien después de muchas semanas de trabajo duro!

The streets of Chueca in Madrid, Spain.

Eso no lo es todo, sin embargo, pero hasta aquí he llegado con la organización de mis fotos para subirlas al blog. Jhosef, Hugo y yo pasamos unas horas este finde pasado de relax en la piscina de mi oficina, y por supuesto sacamos muchas fotos, ¡pero eso para la próxima!

Por ahora, puedo contar que he pillado unos vuelos para pasar unos días en Tenerife y luego Murcia durante mis vacaciones, así que crucemos los dedos que se mantenga bajo control la situación del coronavirus aquí en España para que pueda visitar mis amigos en la isla y mis tíos en el sur de la peninsula. Seguro que todo irá bien, y claro que luego volveré con muchas fotos más y unos cuentos graciosos. ¡Hasta entonces!