26.11.20 — Diario

La Navidad se acerca

Nos quedan unos pocos días para estar ya en diciembre, y ya he empezado a organizar mi viaje de vuelta a Inglaterra para pasar las navidades, así intentando mantener una ilusión de normalidad y repetir mis vacaciones del año pasado. Queda claro que ahora nos encontramos en las últimas semanas de otoño por aquí, con un cielo gris constante y lluvias molestosas suponiendo un contraste brutal con las alturas de calor insufrible del verano madrileño.

Este año los reyes magos me han visitado un mes y pico temprano, sin embargo, porque me permití el lujo de comprarme un nuevo móvil que llegó hace quince días. Pagué un poco más para pillar uno con una cámara potente, así que esta entrada de blog será salpicada por una serie de fotos que he ido sacando estos días. A ver si esta cámara supone un cambio drástico como cuando llegó mi iPhone X hace tres años…

Entre los días de trabajo, durante los cuales he sacado unas cuantas fotos desde las ventanas de la oficina, Jhosef me visitó en casa para ver mi nuevo juguete y obligarme a mover mis datos al mismo. Tras una tarde de beber té, montar un spa en casa y pasar por la oficina para recoger una cosa, por fin realicé el cambio al nuevo dispositivo, y me fui para disfrutar de las actividades del finde con las tres nuevas cámaras en el bolsillo.

La semana siguiente fue tan ajetreada como siempre, trabajando duro y jugando duro. Con la incorporación de un nuevo perfil en el equipo de Erretres, aprovechamos de la oportunidad de montar una comida de equipo, y en casa me aseguraba de relajarme tras unos días largos en la oficina. Esta relajación se hace más zen todavía por las luces coloridas, a las que he añadido aún más estos días.

No hay nada más relajante que una noche en casa con la música de Lorde.

Estas tardes en la oficina conllevan sus ventajas, sin embargo, ya que en nuevo espacio se llena de una luz bonita por la tarde y ofrece unas vistas de pájaro preciosas sobre el bulevar debajo. La nueva ubicación está muy bien también para hacer planes espontáneos después del curro, cosa que me vino perfecto cuando Jhosef y yo decidimos vernos a tomar algo un viernes después del trabajo.

El otoño tiene que ser la mejor época para estar empezando con una nueva cámara.

Saliendo de la oficina aquel día, baje a la estación de bicis que se encuentra justo al lado del Parque del Oeste, que lucía magníficamente en la luz de la tarde como se ve arriba. En vez de coger una bici e ir directo para casa, llamé a Jhosef a ver si le apetecía subir a una azotea a tomarnos unas cañas y picar algo, y así se hizo el plan.

Comimos con esta vista preciosa de la Gran Vía antes de salir a la terraza exterior para sacarnos unas fotos mientras mirábamos el atardecer sobre el oeste de la cuidad. Desde aquí, convencí a Jhosef que se montase en bici conmigo de vuelta a casa, así que los dos bajamos a toda leche por las calles del sur del centro mientras el día se volvió en noche.

Arranqué el finde con una mañana de decorar el piso para las navidades. Alineado con mi filosofía minimalista, opté intentar decorar el piso entero con lo mínimo, decorando las plantas existentes con luces y decoraciones que compré el año pasado.

Estoy bastante contento con mis árboles de navidad, aunque no son pinos como deberían de ser.

Para aprovechar de este nuevo ambiente en casa, dije a Sara y Jhosef que se acercasen para pasar la tarde, y al final llamamos a Kevin para ponernos todos al día. Sara, Kevin y yo solíamos salir juntos en mi año final de estudios en la Universidad de Leeds, donde los dos estudiaban su Erasmus. Desde entonces he pasado muchas noches con los dos en Asturias, eso antes de la salida de Kevin de España para los Estados Unidos hace unos dos años ya.

El día después – y aprovechando de haber convertido a Jhosef en un fan de las bicis – insistí que diéramos una vuelta en bici por las sendas ciclables de las orillas del río, una actividad que ayudó a mantenerme cuerdo durante la época inmediatamente después de la cuarentena. Una vez conseguidas dos bicicletas que no hacían ruidos extraños ni agitaban al ir algo rápido, pasamos la tarde pasando por el parque Madrid Río, acabando el viaje en un restaurante peruano que nos gusta mucho a los dos.

Una vez devorado medio pollo asado y un montón de patatas, los dos subimos por la Gran Vía para cogernos otra bici y volver a casa. Al llegar en mi piso cogí mi portátil y me puse a hacer unas cosillas que había olvidado hacer durante el resto del finde – tomar con Sara y salir con Jhosef me había distraído mucho – antes de acostarme temprano para prepararme por la semana por venir.

Ahora mismo ando disfrutando de un par de días que he cogido de vacaciones para convertir este finde en unas mini vacaciones de cuatro días, pero a pesar de eso los tres días que he trabajado han sido tan llenos de acción como siempre. Esto se hizo más leve por una noche bonita que pasamos en la casa de Hugo, donde nos preparó un plato delicioso de enchiladas suizas a mí y a unos amigos más. ¡Las tomamos acompañadas por un licor ruso muy fuerte que había llevado su novio!

Así se concluye esta vista general de estas últimas semanas de quedadas y salidas por Madrid. Como comenté, espero pasar tanto la Navidad como Nochevieja en Inglaterra con mi familia, pero en estos tiempos raros vamos a tener que ver que tal. Pase lo que pase, mi idea es publicar otra entrada aquí en mi blog antes de finales de Diciembre, así que volveré en breves…

10.11.20 — Diario

Paseos y festines

Otros quince días han pasado y mucho ha acontecido, tanto en mi vida personal como en todo el mundo. Desde la mudanza a la nueva oficina al final esperado de la era de Trump, han sido un par de semanas ajetreadas que han pasado volando otra vez, ¡así que me toca poneros al día!

Como mencioné, la mudanza ha marcado los primeros días en la nueva oficina de Erretres, que ha supuesto una mezcla de trabajo manteniendo la distancia social, videollamadas desde todos los rincones de cada sala y bastante tiempo pasado intentando localizar los platos grandes en la nueva cocina. Con dos nuevas incorporaciones en el equipo, también he tenido la oportunidad para socializar, comiendo en la oficina y también en los restaurantes que la rodean.

Además de estos nuevos restaurantes, la nueva ubicación también ofrece unos cuantos beneficios más, uno de mis favoritos siendo la posibilidad de coger una bici de BiciMad (la red de bicis de Madrid) de la estación que se encuentra al lado. El paseo a la estación también me lleva a la entrada del Parque del Oeste, que ofrece vistas preciosas sobre el oeste de la cuidad.

El finde pasado consistió en un puente de tres días gracias a la celebración del Día de todos los Santos que luego dio paso a Halloween. Para celebrar esta fiesta estadounidense este año nos tuvimos que poner creativos, así que Danni, Abi y yo revivimos un concepto que creamos durante la cuarentena: ¡un quiz de disfraces virtual! Una vez más nos conectamos a la videollamada totalmente disfrazados, ¡y el resultado fue tan gracioso como la última vez!

Después de acabar en último lugar en el quiz, pasé el domingo siguiente pasando por el centro de la cuidad en bici. Mi ruta me llevó al norte de la cuidad y a la tienda británica para comprar más Vimto, una bebida de frutas que casi se me había gastado. ¡Desastre evitado!

Como comenté, el lunes siguiente fue festivo así que pensé descansar, pero Sara no me iba a dejar, y me sacó de la casa y a un barrio en el norte para comer. Tras reunirme con ella fuera de la sede enorme de las fuerzas áreas, vagamos por las calles de un barrio que nunca había visitado, y acabamos tomándonos un vermú con unos rollitos de primavera y unos huevos rotos con pollo y cebolla caramelizada en una terraza por allí.

Me hubiera acercado más si no fuera por los avisos pegados por toda la reja.

Tras unos vermús con Sara, que naturalmente se convirtieron en una tarde entera de picar y beber, empezó la semana laboral. Fue una semana ajetreada para el equipo, pero hizo que el viernes sentase mucho mejor y nos llevó a otro finde de tres días.

Arranqué el puente con una cena con Jhosef, su hermana y el novio de ella el viernes por la noche. Los cuatro acabamos en un restaurante en Chueca que habíamos visitado Jhosef y yo hace unos meses, y allí nos hinchamos de una tortilla de patatas llena de gambas al ajillo y un plato de morcilla con pimientos y huevos de codorniz.

Daba gusto ver que el neón de Schweppes de la Gran Vía había vuelto.

El sábado siguiente fue un día bastante tranquilo, y aproveché para hacer la compra semanal y realizar una limpieza profunda del piso – un par de tareas mundanas que en realidad me gustan bastante. Una vuelta por mi Mercadona local siempre da gusto ¡y no me importa nada pasar un rato limpiando mi ducha si lo puedo hacer mientras escucho Lorde a todo volumen!

El domingo fue un día mucho más animado, sin embargo, ya que había quedado en poner una comida en mi casa. Al principio solo había invitado a Sara, que dijo que llevaría una botella de vermú, pero al ver la cantidad de comida que había preparado ¡decidí que mejor invitar a Jhosef también!

El problema del exceso de comida no se resolvió al final, ya que Jhosef llevó una lasaña deliciosa que compartimos entre los tres junto con toda la comida que sale en la foto de arriba. Después de un buen rato hablando y picando en el festín, el vermú empezó a tener su efecto, y acabamos cantando una lista de Spotify mía de temazos españoles de los 70 y 80.

Cuando Jhosef se tuvo que ir, Sara y yo encendimos las luces de color y pasamos un rato gastando nuestra energía al bailar las canciones míticas de los Vengaboys, lo que nos recordaba de las noches que pasamos en Leeds bailando semejantes temazos con nuestro amigo Kevin. Al acabar mi playlist de canciones de mi infancia, los dos acabamos tumbados en el sofa, zampando las sobras de comida y viendo un par de capítulos de Derry Girls.

Luego había pensado en pasar el lunes avanzando el diseño de mi nueva web y escribiendo (y traduciendo) esta entrada de blog, pero al final me vi obligado a pasar por IKEA para comprarme una lámpara de escritorio y gastar cada vez más pasta en llenar mi piso de plantas. Dicha travesura se logró, así que ahora mi escritorio se ve completo ¡y he dado la bienvenida a ocho nuevas adiciones a mi familia de plantas!

Así concluyo una vez más otra actualización sobre las tonterías de los últimos quince días, y estoy seguro que habrá muchas más ahora que vamos contando los días hasta Navidad. Sigo esperando volver a Inglaterra para pasar las fechas con mi familia, pero con la entrada de Inglaterra en una segunda cuarentena, tengo que ir mirando la situación de un día al otro.

No poder asistir a ninguna celebración de Bonfire Night (una celebración británica en la que montamos hogueras enormes y lanzamos fuegos artificiales por todos lados) me dejó un poco de bajón, ya que tengo buenos recuerdos de acercarme a multiples hogueras tanto con mi familia como con mis amigos en Leeds. También la veo como la única fiesta cien por cien británica que se celebra que no tiene nada que ver con las fechas claves de la monarquía actual. Pero bueno, como bien dijo mi padre: ¡tendremos que duplicar el tamaño de las hogueras el año que viene!

Para concluir: Halloween se acabó, Bonfire Night se pasó sin celebrarse y Trump se va de nuestras vidas. Con su salida de la Casa Blanca y lo poco que queda para Navidades, las cosas al parecer ya van mejorando poco a poco. Aunque tengo que reconocer que he tenido bastante suerte comparada con muchos, ¡creo que ya andamos deseando todos que este año llegue a su fin ya!

25.10.20 — Diario

El otoño madrileño

Me niego a aceptar que la última vez que publiqué en este blog fue hace solo dos semanas, ya que parece que he hecho tanto en los últimos quince días ¡que podría ser ya el final del año! Sea una visita rápida a la oficina o un paseo por el centro, he aprovechado al máximo de estos últimos días de buen tiempo antes de la llegada del frío invernal.

Un evento que ha dominado mi tiempo recientemente ha sida la mudanza que estamos realizando en Erretres a nuestro nuevo espacio. Esta vez volvemos al centro, con una nueva oficina que se encuentra en Argüelles en el norte de la cuidad.

Para prepararme para la mudanza, fui por última vez a la oficina anterior para recoger mis cosas y organizar mi escritorio, y también para llevar mi iMac a casa. Eso lo hice porque quisiera comprarme un monitor pero no sabía qué tamaño pillar, así que me fui con el iMac de 27 pulgadas guardado en una bolsa de IKEA que había encontrado en un armario, con la intención de ver cómo quedaría una pantalla de ese tamaño en mi casa. Debe haber parecido super extraño cuando salí con un ordenador enrome – enrollado en una toalla y guardado en una bolsa de plástico – y lo subí a un taxi al salir de un chalet grande en las afueras de Madrid.

Después de elegir el tamaño de pantalla que quería y pedir un monitor de LG, tocaba celebrar la incorporación de Jhosef en su nuevo trabajo. Subimos al centro para que se comprase un nuevo traje y luego fuimos a Takos para compartir un plato enorme de tacos con horchata.

La próxima salida fue con Sara, que me llevó a un italiano fabuloso cerca de su casa – que se encuentra también en Argüelles – donde cenamos una pizza deliciosa preparada en un horno de leña. Luego pasamos por su casa para conocer a sus compañeros de piso y tomar una buena cantidad de vermú, lo cual me dejó con la cabeza un poco pesada el día después…

Dicha resaca no podía detenerme, sin embargo, ya que tenía que preparar un poste. Había quedado con un par de compañeras para comer en la casa de una de ellas, que había preparado una comida enorme de cocido. A mí me tocó traer el postre, ¡así que preparé una cantidad bestial de torrijas!

Una vez hechas las torrijas, salí para disfrutar de una cocida riquísima acompañada por unas copas de vino tinto. Pasamos un buen rato hablando, pasando la tarde picando una selección de quesos y tomándonos un gintonic.

Una vez de vuelta a mi piso, e instalada la nueva pantalla, empecé la siguiente semana laboral con mi nuevo escritorio configurado. ¡Me ha dejado con el cuello mejor y ha facilitado mucho mi trabajo!

Después de pasar un sábado jugando con este nuevo sistema, decidí salir de mi piso y caminar por la cuidad para explorar antes de la llegada del invierno. Este paseo me llevó al barrio de las letras, donde tomé un café y un trocito de tarta antes de explorar una serie de tiendas independientes que se encuentran por allí.

Después de mi vuelta solitaria, volví al centro y al barrio de Chueca para tomar un cóctel con Hugo y Sergei. Mientras buscaba unas bombillas antiguas para empezar una colección personal aquí en España (es una obsesión mía), encontré unas tiendas de interiorismo que nunca había visto, y al final logré encontrar unas incandescentes coloridas.

Pasear por la zona norte de Chueca me llevó a unas tiendas interesantes.

El finde terminó con una noche dominguera pasada en Retiro, el parque más mítico de Madrid. Jhosef y yo subimos al sitio idílico en autobús, y al llegar dimos una vuelta por el lago, pasamos por el Palacio de Cristal y caminamos por sus otras zonas bonitas. Después del atardecer, salimos para casa, pasando por una churrería para merendar unas porras frescas con chocolate – ¡riquísimas!

Jhosef el churrero.

La seguinte semana empezó con una visita a Argüelles para mi primer día trabajando en la nueva oficina. El nuevo espacio es muy agradable, con sus balcones sobre la calle debajo y una plétora de salas espaciosas para trabajar. A pesar de estar solo en una sala debido al aforo limitado, me gustó estar en otro entorno, y salir a comer con mis compañeros supuso una vuelta a algún tipo de normalidad.

No volvemos a la oficina al 100% todavía, sin embargo, así que seguiré trabajando desde casa durante un buen rato todavía. Para no perder el gusto que da salir de la casa, he pasado las mañanas y tardes dando vueltas por mi barrio, sacando unas fotos en la luz mañanera o del atardecer.

Este finde se ha arrancado con un sábado ajetreado. Subí al mercado de Chamberí con Jhosef, Sara y mi compañera Blanca. Allí habíamos quedado con otro compañero, Jesús, que es dueño de una hamburguesería en el mercado. Sara y yo habíamos oído hablar del sitio, El Toril Gourmet, y no nos decepcionó nada – ¡disfrutamos unos de los mejores tequeños y hamburguesas en Madrid!

Sara, Jhosef y yo bajamos luego por las calles de Madrid, tomando unas copas en una terraza en Madrid. Luego llevé a los dos a una tienda por que me quería comprar una bata, y después nos fuimos todos a casa para pasar una noche tranquila en casa.

Ahora ando en casa en mi bata esponjosa y es hora de concluir esta entrada de blog. Espero tener noticias durante estas siguientes semanas, ¡ahora que tenemos dos puentes bien merecidos en noviembre!

10.10.20 — Diario

Llega la segunda cuarentena

Ya que mi última entrada de blog trató del interior de mi piso, esta va a explorar los ratos que he pasado en las calles y rincones de Madrid. Es algo que he intentado aprovechar ahora que la posibilidad de una segunda cuarentena ya se ha hecho realidad. Estas nuevas medidas son – afortunadamente – menos restrictivas que las últimas, ya que suponen más restricciones perimetrales, y no nos dejan encerradas en casa.

Sin retraso, vamos allá para ver las escapadas de la semana pasada, cuando me monté en bici para bajar desde el terminal norte de mi línea de metro local. Empecé en Moncloa y bajé por las cuestas del Parque del Oeste, y luego tomé un desvío que me hizo descubrir una sena ciclable por las orillas salvajes del Río Manzanares.

Nunca conocía este paraíso de verde en pleno centro de Madrid.

Desde allí tuve que dar la vuelta antes de acabar muy lejos de la civilización, y de allí retrocedí hasta encontrarme en la ruta que suelo tomar por el río y de vuelta a casa. No sabía si debería haber estado en unos tramos de dicha ruta, ya que quedan muy cerca de unos barrios que llevan en cuarentena selectiva desde hace unas semanas, pero nadie me detuvo así que seguía a toda leche por las orillas del río.

Otra tarde la pasé en la casa de una compañera, que tuve que pasar por su casa para recoger unas muestras de envases para un proyecto de embalaje que tenemos en marcha en la oficina. Al llegar me quedé muy feliz al ser invitado a cenar con su familia, que consintió en una tortilla, jamón, una crema casera de calabaza y zanahoria y muchas cositas más.

Después de pasar el resto de la noche conversando con su familia, volví a casa hinchado de comida y contentito después de unas sidras – ¡como debe de ser!

La tarde siguiente salí con Jhosef para celebrar su oferta de trabajo en una empresa aquí en Madrid, una noche que consistió en subir a la azotea de El Corte Inglés para tomar unas cañas y unos pinchos. Pasamos un rato corto pero divertido conversando, pero no tuve que esperar mucho para la próxima reunión, sin embargo, ya que había quedado con Sara ¡que se ha mudado a Madrid desde Gijón!

La última vez que vi a Sara fue ya hace más que dos años cuando visité Oviedo justo antes de que se fue Kevin a los EEUU, así que te puedes imaginar la emoción que me hizo recibir su mensaje diciéndome que ya andaba por Madrid. Quedamos en vernos en pleno centro de Madrid, en la Puerta del Sol, debajo de la estatua emblemática del oso y el madroño.

Desde allí caminamos y hablamos sin parar durante unas horas, pasando por la catedral, que lucía preciosa en la luz del atardecer. En el camino paramos para tomar unas cañas y tapas en la calle, donde nos pusimos al día con todas las novedades y cotilleo de los últimos dos años.

La zona alrededor del palacio y la catedral se ve siempre precioso a estas horas.

Siempre he sido fan d e los atardeceres rosas que disfruta Madrid.

Desde el centro, bajamos por Lavapiés y a mi barrio, donde nos pusimos finos con unas relaciones de mi bar local favorito. Luego subimos a mi piso, donde nos tomamos un vermú para acabar bien la noche y jugamos un poco con las luces de color.

Unos días después, me saqué de la casa para dar una vuelta por la cuidad. Subí a Chueca en bici y luego caminé a Malasaña, donde pasé un rato por las calles bonitas antes de comer una pita en un local bonito que me había recomendado una amiga.

Después de esta comida rica, fui a buscar unos de los mejores donuts veganos de la cuidad. Al llegar, sin embargo, el sitio había quedado sin donuts, pero no me mosqueé ya que había disfrutado de un camino por un barrio de la cuidad que no suelo visitar.

Para acabar una semana loca de trabajo y escapadas, visité la tienda británica para pillarme unas botellas de Vimto, una bebida británica que nos tiene enganchados tanto a mí como a Jhosef. Disfruto de estas visitas al norte de la cuidad, que siempre aprovecho de la oportunidad de ponerme a leer en el autobús antes de bajar a casa en bici por las calles bonitas del centro.

Y así concluyo esta ronda de actualizaciones de las últimas dos semanas aquí en Madrid, donde ya estamos de nuevo en un estado de alarma. Saldré a visitar unos amigos durante este puente, pero vamos a utilizar mascarilla, mantener la distancia y ser poca gente – ¡juntos paramos este virus!

Hasta la próxima, ¡chau!

04.10.20 — Diario

Un ejercicio en iluminar mi apartamento

Este año muchos hemos pasado bastante tiempo en casa. Por la llegada de la cuarentena que nos cogió a todos de sorpresa en Madrid a principios de este año, he visto más del interior de mi piso que quizás quisiera, por lo cual he intentado hacer que el sitio sea lo más acogedor y confortable posible.

Si llevas tiempo siguiendo mi blog, sabrás que soy muy fan de la iluminación. Cada vez que me mudo a un nuevo espacio, retoco un poco la configuración de la iluminación, ya que me resulta difícil descansar y relajarme en el lugar si no está bien iluminado.

Por eso instalé el sistema actual de iluminación en mi casa. Durante un buen tiempo han estado conectadas todas las lámparas de la casa – incluida la bombilla de la campana de cocina – a mi móvil a través de una combinación de un router de IKEA y el HomeKit de Apple. Este sistema me permite ajustar el brillo de la mayoría de las luces de mi casa desde mi móvil, y he configurado una serie de “ambientes” que uso dependiendo de la hora y mi estado de ánimo.

Naturalmente no podría estar contento con solo eso, así que me compré unas luces LED del IKEA para sumar a unas que me llevé de Inglaterra que antes se encontraban instaladas en mi habitación en la universidad. Durante la cuarentena, me puse a diseñar e instalar una configuración comprehensiva de estas luces, para que pudiera cambiar el color de mi casa entera con tan solo darle a un botón en mi móvil.

Una consideración importante de este sistema, sin embargo, fue que las luces de LED solo deberían verse al estar encendidas. Me encanta la idea de poder activar una serie de luces coloridas para crear ambientes variados en casa, pero no quisiera que la inclusión de dicho sistema comprometiera el aspecto limpio y minimalista que he intentado crear dentro del piso.

Por eso diseñé un sistema que es totalmente discreto cuando se encuentre apagado. Consiste en una serie de luces LED escondidas que, a pesar de no verse, pueden iluminar la casa entera una vez activadas. Bien instaladas detrás de los muebles, montadas en rincones discretos de la casa o hasta insertadas entre los tallos de una planta, la activación de estas luces coloridas es tanto inesperada como es bonita.

Todo esto nos lleva a una serie de fotos que documentan unos de los rincones del piso que más me gustan. Las imágenes que se encuentran a continuación enseñan como luce la casa en tonos de rojo, rosa, morado y azul. Los colores se pueden cambiar, y seguro que sacaré unas fotos más en algún momento para explorar esto, pero por ahora disfrutad de esta paleta que llevo unas semanas utilizando mucho…

Ahora toca ver si puedo encontrar espacio para añadir aún más, ya que ahora estoy configurando un nuevo escritorio en mi salón puesto que el teletrabajo se está convirtiendo en una parte clave de esta nueva normalidad. Para ver eso, y para ver mi piso iluminado en muchos colores más, ¡seguid echando un vistazo a mi blog!

27.09.20 — Diario

Los finales del verano

Hace tiempo que no publico nada sobre mi vida cotidiana aquí en Madrid, de hecho, ya llevo un mes sin publicar noticias de la capital española. Por supuesto que he estado quedando con amigos, montándome en bici por las noches y cocinando un poco de todo en casa (la creación de hoy ha sido un montón de galletas), pero la verdad es que no he hecho mucho que vale la pena publicarlo aquí en mi blog.

No pasa nada, sin embargo, ya que estoy aquí hoy para rectificar justo eso. Arrancamos con un brunch delicioso que preparó mi compañera Blanca cuando pasé a visitarle en su nueva casa. Después de unas cañas y un plato enorme de comida (incluyendo un huevo escalfado excelente, mis habilidades no tienen nada que ver), pasamos la tarde hablando de la vida y ¡monté una clase de caligrafía espontánea para su hija!

The facade of the famous "Bodegas Lo Máximo" bar in Madrid.
A delicious brunch.

El día siguiente decidí pasar el día por la cuidad a solos, así que subí a una tienda británica que se encuentra en el barrio de Salamanca. Allí aproveché un código de descuento que tenía y me pillé el chollo del sigo cuando encontré una funda para el iPad oficial de Apple ¡por tan solo 6€! Luego monté mi bolsa llena de chocolate británico en la cesta de una bici y pasé un rato admirando las calles de Madrid mientras pasaba por ellas de camino a casa.

The Puerta de Alcalá in Madrid in the sunlight.

La puerta de Alcalá es muy bonita y emblemática pero difícil de navegar en bici.

Entre semana he estado bastante ocupado, pero siempre hay tiempo para andar por el río con Jhosef o para dar una vuelta por el centro de la cuidad en bici – ¡hay que aprovechar de nuestra libertad mientras todavía la tenemos! Ahora que hay varios barrios de Madrid que se encuentran en cuarentena, ya sospecho que dentro de nada vamos a entrar en una nueva ronda de restricciones que se aplicarían a la cuidad entera, así que es muy bienvenida cualquier excusa u oportunidad para salir de casa.

A door surrounded by a checkerboard design with broken glass and covered in posters.

Este finde he estado por las calles madrileñas de nuevo, pasando por el centro a la hora perfecta para encontrarme con los rincones de Lavapiés bañados en una luz dorada justo antes del atardecer. También pasé por un hotel recién reformado y abierto, que está dentro de un edificio que ha estado en obras desde la primera vez que visité Madrid hace ya cinco años.

Multicoloured flags span a street with colourful facades in the south of Madrid.
The evening sunlight casts long shadows on the facades of a street in Madrid.
A spire of a church is seen on a street illuminated by evening sun and lined by trees.
Flags are seen trailing off a yellow facade against a blue sky.
The street leading to Sol in Madrid in the evening sun.

Esta vuelta por la noche acabó con una cena rica en Ramen Shifu, donde estuvo mi amigo Hugo trabajando el turno. Mientras nos poníamos al día me comí un bol de ramen de ternera delicioso y un mochi, todo acompañado por una cerveza japonesa deliciosa.

El ambiente y la comida en Ramen Shifu eran muy espléndidos.

The interior of Ramen Shifu in Madrid, covered in red Japanese lanterns.

Justo anoche me volví a reunir con Jhosef y los dos bajamos al Matadero, donde han montado una terraza y bar al aire libre para aprovechar al máximo las noches veraniegas después de tantos meses de cuarentena.Nos sentamos a tomarnos un tinto de verano, y pasamos la noche hablando de la vida mientras escuchábamos un cantador y su rendición española de “Another One Bites the Dust” de Queen. Una vez cansados de esta nueva letra española, los dos volvimos a mi piso y pasamos lo que quedaba de la noche viendo Salt, una película que nunca había visto y que me tendía loco con tantas giras en el argumento.

A wall of lights reading "Madrid".
Me and Jhosef.

Esta actualización rápida más o menos resume mis últimas semanas de escapadas y exploraciones en la cuidad, pero seguro que habrán más por venir ahora que vamos entrando en un otoño muy repentino – digo eso ya que su llegada ha sido muy brusca, denotada por unos días tormentosos y una bajada de temperatura de unos 10°C que ¡nos pilló a todos de sorpresa!

Pues aquí os dejo, mientras me preparo para cambiar la ropa de mi armario de mi collection de verano a la de invierno – ¡preparaos para ver la vuelta de mi abrigo amarillo en las próximas entradas de blog!

20.09.20 — Diario

Más fotografía de Caudete

A modo de una continuación bastante tarde a una entrada de blog publicada hace casi un año en la cual compartí una serie de fotos de película de 35mm, hoy os traigo unas fotos más de mi viaje a Caudete de las Fuentes en 2019. Había olvidado que existían estas fotos del pueblo valenciano de la familia de mi amigo Roberto, así que supuso una sorpresa bonita encontrarlas con unas fotos de Tenerife después de dejar un carrete para que se revelase.

A series of pots, wicker jars, and glass bottles covered in dust in the corner of the loft of an old house.
An old chest of drawers is littered with empty glass bottled, boxes, and an old alarm clock, all covered in dust and perched below an old wooden roof.

Las fotos documentan unas escenas de la casa familiar antigua, y se sacaron en una cámara vieja de Samsung entre nuestras exploraciones del pueblo y la creación de un espectáculo de bombillas en su patio trasero. La calidez y imperfección de las fotos combinada con la naturaleza antigua de la ubicación han producido una serie especial de fotos: una que parece que podría provenir de otro siglo.

A series of old string lights hang from a series of bamboo rods in the worn old loft of an old house.
Chorizo sausages cook in a pan on an old gas stove.
Chorizo and fried potatoes on a plate.
Roberto sets up a series of coloured fairy lights in the corner of an old patio.
A series of coloured lights adorn the old entrance to an outdoor bathroom.
A series of fairy lights hang on an old wall behind a table covered in empty bottles and plates.

Como siempre, no he retocado ninguna de estas fotos, ya que creo fuertemente en dejar este tipo de fotos de película tan íntimas y misteriosas tal cual como salen. Esta segunda mitad concluye mi serie de fotos de este pueblo pequeño valenciano, y representa una contradicción que me llevé al finalizar la visita: hubo un aire melancólico en un pueblo en declive y que sufre tanto de la despoblación, pero el rato que pasé allí con Roberto fue relajante, y pasar las noches jugando con luces con otra persona que comparte mi pasión por la iluminación supuso mucha diversión.

Asegúrate de echar un vistazo a las otras tres entradas de blog de mi vista del año pasado: explorando el pueblo, montando las luces, y la primera mitad de fotos que salieron de otro carrete.

27.08.20 — Diario

De Madrid al cielo

Hace ya casi dos semanas que volví de vacaciones en Tenerife y Murcia, así que decidí que ya tocaba pasar por aquí y actualizaros sobre lo que he hecho desde entonces. Aparte del trabajo que sigo realizando desde mi piso, he aprovechado de las noches más frescas de este mes para visitar unos sitios interesantes por la cuidad y sacar unas fotos.

Una noche, Jhosef y sus amigos me invitaron a subir a la sierra para escapar de las luces de la cuidad, ver la lluvia de asteroides y sacar unas fotos de larga exposición del cielo nocturno. Decidí que era una oportunidad que no surgiría todos los días, así que me subí al coche y cruzamos la cuidad. Más que nada, yo esperaba ver mi primera estrella fugaz.

A group of friends lying on a rock in the dark.

Tras un viaje largo y bastante agitado por un camino de barro, llegamos en el centro de la nada a medianoche, y buscamos una roca donde echar unas mantas y sentarnos. Pasamos un rato picoteando y hablando, y luego unos decidimos tumbarnos mientras los demás sacaban fotos.

No me llevé la cámara, cosa que puede que fuese una mala decisión ahora que lo pienso, pero ya había sufriendo unas excursiones por la sierra en el pasado y no quería volver a tener que llevar la cámara pesada por sendas empinadas. Jhosef y sus amigos sacaron unas fotos preciosas del cielo, sin embargo, y hasta conseguí ver la forma de la Vía Láctea y conté un gran total de seis estrellas fugaces. ¡Era mágico!

I stand on a rock in the darkness.

No creo que haya visto nunca un fondo tan oscuro.

Después de llegar a casa sobre las cuatro de la mañana, luego tuve que pasar el resto del finde intentando reajustar mi reloj interno. Entre semana, sin embargo, descansé después de trabajar con unos viajes al Centro Cultural Matadero, sentándome en un banco en la sombra y escribiendo un poco de mi blog al aire libre.

The water tower at the Matadero, seen in the sunset.

Una noche cogí un bici y subí hasta el centro de la cuidad, donde me senté en una terraza en plena Madrid de los Austrias, el casco viejo de la capital. Después de escribir un poco más y tomarme una caña, decidí volver a casa andando ya que es todo cuesta abajo, y porque a esa hora la luz del atardecer ilumina todo espectacularmente.

The facade of a red brick building in the evening light.
A street in the ancient part of Madrid, lit in the warm sun of an evening.

Una vez que vi el cielo precioso sobre la cuidad, resolví que volvería a salir para sacar más fotos de los atardeceres madrileños tan maravillosos. Para eso, volví a bajar al Parque de las Delicias, un parque local que descubrí durante la desescalada.

Abandoned trains in an abandoned station, with a cat in the foreground.
A tree in the foreground with the Madrid skyline in the background.

Pasé por la estación de tren abandonada en la punta norteña del parque, que queda tapada por una red negra para que la gente no vea que lleva dentro, pero que no consigue frenarme a mí. Después de hacer que la gente me mirase raro por insertar mi móvil en cualquier hueco que encontraba en dicha red, bajé hacia el sur del parque, sacando más fotos al pasar sobre un puente ferroviario en el camino.

A sunset with orange clouds behind a large concrete structure over Madrid.

Este puente me dejó en un camino que sigue hasta el centro del parque, pero me puse curioso al ver que unas personas habían escalado las escaleras del planetario que se encuentra justo al lado del puente. Me acerqué para investigar si las plataformas de concreto de la estructura brutalista se podían subir por el público en general, y al final resulta que sí.

The concrete levels of the planetarium in Madrid.
A blue, pink and orange sunset behind concrete columns.
An evening sky with pink clouds over a black silhouette of trees.

Una vez encima del planetario, saqué estas fotos de la puesta de sol magnífica, y luego me perdí al buscar una bici pública para volverme a casa. Al final tuve que rendirme y pillar un bus de vuelta a casa, pero ya se hacía tarde y iba a trabajar el día siguiente, así que al final creo que fue buena idea.

The sunset over the south of Madrid, with a canopy of trees below in the foreground.
A pink sunset behind the dome of the planetarium in Madrid.

El finde pasado hacía bastante calor y tenía algunas tareas que quisiera hacer y unas cositas que quería comprarme, así que decidí que lo mejor sería aprovechar del aire acondicionado gratis de un centro comercial. En vez de bajar a los de siempre como Parquesur o La Gavia, elegí subir a uno en el norte que llevo queriendo visitar desde hace ya bastante tiempo.

El viaje a dicho sitio me acabó llevando mucho más que lo pensado, porque me perdí cada conexión sea tren o bus en todo el camino. Luego me perdí por completo en una urbanización enorme, pero al final logré encontrar el centro comercial.

A baseball court in between blocks of flats.

Otra actividad que nunca falla es un viajecito en bici por el parque del Río Manzanares al lado de mi casa, así que he pasado un par de noches esta semana haciendo justo eso. Los numerosos puentes que se encuentran por el camino son los sitios perfectos desde los que sacar unas fotos del cielo de Madrid, ¡y los atardeceres de esta semana no han decepcionado nada!

A pink sunset over the Madrid River.
A vivid orange sunset reflected in the water of the Madrid river.

También llevo un rato poniéndome al día con unos amigos desde mi vuelta de vacaciones. Esto ha incluido una noche de peli en casa, una cena rica de hamburguesas veganas con un amigo que llevaba tiempo sin verle y luego una noche de picnic en Retiro con Bogar y Hugo. Los tres, junto con el novio de Hugo, nos vimos en el parque emblemático y nos tomamos unas birras y algo de picoteo mientras que el sol se ponía a nuestro alrededor.

A blue and orange sunset behind the silhouette of trees in Retiro park, Madrid.
A blue sky between the canopies of trees in Retiro park, Madrid.

Y así concluyo este repaso de los eventos de las últimas pasadas, con todas las fotos de los atardeceres de esta cuidad que ya es mi hogar. El coronavirus sigue liando nuestros planes y sueños de viajar en este año terrible que es el 2020, pero cuando ya volvamos a tener la libertad para viajar, insisto que visitéis todos Madrid para ver el por qué los madrileños siempre dicen que “de Madrid al clielo”….

20.08.20 — Diario

En Murcia otra vez

Mi última entrada de blog acabó cuando cogí un avión después de unos días en Tenerife, pero tal avión no me llevó a Madrid, sino a Alicante. No iba a pasar mis días en Valencia como el año pasado, sin embargo, porque me recogieron mis tíos y me llevaron a Murcia para pasar le segunda semana de mis vacaciones en su casa.

Al llegar hacía mucho mejor tiempo que la última vez que visité, pero el sol ya se ponía cuando llegamos a su piso. No íbamos a desaprovechar de la noche, no obstante, porque mi tía había organizado una quedada con sus amigos en un restaurante local.

Después de comerme unas croquetas de bacalao y aprovechar de los descuentos en las bebidas antes de las diez, volvimos a casa para seguir conversando y descansar para el día siguiente.

A pool surrounded by palm trees.

Ya que había quedado en hacer una tarta de zanahoria para mi tía como regalo de cumpleaños, y porque quería coger unas cosas del supermercado, empezamos el día siguiente con una visita al Mercadona. También pasamos por el supermercado británico para comprar cordial (una bebida de Inglaterra que se mezcla con agua), y luego pasamos el resto del día bañándonos en la piscina.

En la tarde, bajamos a un pueblo costero y un restaurante que habían recomendado mis tíos, donde cenamos rico mientras vimos el atardecer sobre l mar. Después de un caos relacionado con la configuración de la mesa y la confusión de mis tíos al ver que había pedido un entrante de gulas, disfruté un plato delicioso de solomillo y luego un postre casero.

Madrugamos (más o menos) el día siguiente porque teníamos planeado un viaje a un convento en las montañas. Mis tíos habían hablado bastante de este sitio en el pasado, pero nunca había llegado a subir, así que tenía ganas de ver de que tanto hablaban.

An arch with a view over the city of Murcia in the background, flanked by trees.

Resulta que el conjunto de edificios en las montañas es absolutamente pintoresco, contando con vistas panorámicas sobre la cuidad de Murcia. Estas vistas se nos revelaron al pasar por el callejón entre dos edificios y por debajo de un arco, pero me habían hablado de una parroquia bonita que valía la pena visitar antes de explorar más. El interior del sitio está pintado de oro y con frescos, pero nos despidió el apagado de las luces ya que la misa iba a empezar.

A heavily gold-gilded church interior.

Luego paramos en la cafetería del convento para tomar unas cervezas y probar sus empanadas caseras, lo cual nos dejó con suficiente energía para escalar unas de las sendas que nos trajeron a las vistas sobre el convento, las montañas y los barrios de la cuidad debajo.

A view over the covenant on a green hillside.
An old lamppost in between a bunch of pink flowers.
An old house atop a hill.
A bush with pink flowers on the side of an old building.

Las vistas desde el convento eran tanto variadas como espectaculares.

Una vez cansados del calor, volvimos a subirnos al coche y nos pusimos a buscar un restaurante recomendado por los amigos de mis tíos. Nos dijeron que era un sitio modesto, al lado de una gasolinera, pero al entrar se hizo evidente que era muy popular entre los locales. Vi que un plato de cordero en la carta había ganado un premio, así que opté por él a pesar de no ser gran fan del cordero, pero menos mal que lo hice – ¡era delicioso!

El día siguiente decidimos pasar el rato relajando en el apartamento y la piscina, y decidí preparar dicha tarta de zanahoria ya que había mi tía invitado a sus amigos que pasasen a tomar algo con nosotros. Al final hice una tarta de dos capas, cosa no suelo hacer, pero quedó bastante rica al final.

A carrot cake with candles.

Pasamos la noche en un bar local tranquilo, donde compartimos una selección de raciones en la terraza, hablando de muchas cosas mientras el sol se ponía a nuestro alrededor. Dentro de nada ya había llegado mi tercer noche en Murcia, pero aún no había decidido cuál día iba a volver a Madrid, ya que aún estas esperando saber de mi hermana y si al final tuvo que cancelar su visita por la situación del coronavirus.

Caminar por las calles tranquilas de la España rural siempre supone una experience relajante.

The pale yellow walls of a house in rural Spain.

La mañana siguiente mi tía y yo nos subimos al coche juntos y bajamos a un restaurante en la cosa que solemos visitar. Cantamos unas canciones en el coche de camino, y luego disfrutamos un desayuno típico español y después un par de cañas con vistas sobre el Mar Menor.

A woman looking at the notice board of a church.
A selfie of me.

Después de esto vino otro día de relax por la piscina, y al final me avisó mi hermana que por desgracia no podría viajar a Madrid a visitarme, así que pillé el tren para el jueves para descansar unos días en mi piso antes de volver a trabajar.

Ahora que supimos exactamente cuanto tiempo me quedaba, hicimos un plan para el día siguiente, que consistió en coger un tren de un pueblo local a Cartagena. Esta fue otra experiencia de la que habían hablado mucho más tíos, pero que no había experimentado yo, así que me subí al vagón único del pequeño tren con ganas.

An old hand-painted sign.
Animated image of a car heading down a road.
A cliff with a house behind it.

Al llegar en Cartagena, andamos un rato por la muralla y hacia el centro, donde paramos para tomarnos una bebida y escapar del bochorno veraniego. Después de esto pegamos una visita a un bar local, donde volví a ponerme a hablar cone el dueño Ramón y disfrutamos una especialidad local, el café asiático.

Para comer, buscamos un restaurante que conocen mis tíos, y nos sentamos en una terraza para lo que no supimos que sería una experiencia loca de dos horas. Después de pedir nos dejaron una ración de bravas como “regalo por el retraso” y por eso empezamos a pensar que algo iba mal detrás de las escenas, ¡y resulto que acertamos!

Los entrantes salían a intervalos, y pronto se hizo evidente que un caos exponencial se había creado por el sistema de numeración de las mesas, que se había liado al meter más mesas en la terraza sin saber qué números tenían. Llegada la hora de pedir el postre, el camarero evidentemente estaba hasta las narices, y optó ponerse entre todas las mesas y gritar el listado de postres disponibles, pidiendo que la gente levantase la mano. ¡Que risa!

Una vez finalizada la comida, volvimos al puerto, pasando por el paseo marítimo y de vuelta a la estación de tren. Después de nuestra excursión, pasé la noche descansando en la piscina yo solo, llamando a mis amigos por todo el mundo y viendo el atardecer.

A panorama of the see seen from Cartagena, Murcia, Spain.
A sunset seen from a pool.

Demasiado pronto había llegado mi último día en Murcia, y después de una mañana en la piscina, mi tía y yo fuimos a vomer en un bar local mientras mi tío salía con sus amigos. El tío del bar nos puso una selección de platos locales que estuvieron todos muy ricos y luego volvimos a la piscina para descansar un rato más.

Quedaba una cosa que quisiera hacer antes de irme, sin embargo, así que aprovechamos de la última noche para hacerlo antes de mi vuelta a Madrid. Esto fue una visita a los baños de lodo de Lo Pagán, cosa que he hecho varias veces en el pasado pero que mi tía nunca ha experimentado. Consta en bañarse en una piscina poco honda, cubrirse del lodo muy sulfúrico, dejando que se seque al sol y luego volver a bañarse para quitárselo.

Palm trees line a pier in Lo Pagán.
A selfie of me at the mud baths.
The mud baths.
A streetlight and palm trees.
A first-aid building jutting out into the sea.
A bicycle tied to a wooden pier in the mud baths.
The sun set over the sea.

Después de ver la puesta del sol y cenar un kebab (me resulta muy difícil encontrar un buen kebab en Madrid, así que tuve que aprovechar), volvimos a casa y tomamos una última ronda de cervezas. La mañana siguiente se pasó por la piscina, antes de salir a comer en un restaurante que solemos visitar justo antes de coger yo el tren de vuelta a Madrid.

Esta vez, sin embargo, hubo un bus de sustitución para la primera media hora del viaje, así que tuvimos que despedir de mis tíos en el parking antes de un viaje algo aburrido de vuelta a la gran cuidad. A pesar de estar triste por tener que dejar a mis tíos y resignado al hecho que mis vacaciones veraniegas ya llegaban a su final, dio gusto volver a mi piso y encontrar mis plantas en buen estado gracias a un amigo que había pasado para regarlas durante mi ausencia.

Tal y como con Cami, Sam y familia, tengo que dar las gracias a mis tíos por recibirme en su casa y aguantarme durante una semana entera, que se alargó de cinco días a siete por la cancelación de la visita de mi hermana. Creo que tener la oportunidad de viajar ahora mismo supone un gran lujo, así que estoy muy agredecido por haber podido visitar Tenerife y Murcia.

Por ahora me toca volver a trabajar, pero bien sé que Ellie (mi hermana) y Johann (su novio) ¡estarán de vuelta a Madrid en cuanto puedan!

18.08.20 — Diario

Una escapada a Tenerife

Como revelé al final de una de mis últimas entradas de blog, ¡arranqué mis vacaciones veraniegas con un viaje a Tenerife! Después de pasarlo fenomenal la última vez que visité a mis amigos Cami y Sam el año pasado, y al decidir quedarme en España este año por el caos del coronavirus, pillé un vuelo a la isla con muchas ganas.

Una vez más me quedé con Cami, Sam y la familia de Cami, cosa que me apetecía mucho ya que el año pasado fueron los mejores anfitriones. Lo extraño de este año sería la experiencia de viajar bajo las nuevas restricciones y medidas implementadas por el coronavirus, ya que este vuelo representó la primera vez que había viajado después de la cuarentena.

El viaje empezó como la mayoría de mis vacaciones, con una vuelta frenética por el piso para asegurar que había regado las plantas, que estaba apagado todo y que las ventanas estaban cerradas. Luego subí al aeropuerto en un tren vacío, llegando al T4 con mucho tiempo extra por si había que esperar más por movidas con la distancia de seguridad. Aparte de una abundancia de gel hidroalcohólico y señales de distancia – de los que ya estamos acostumbrados – la experiencia fue más o menos normal. Pasé por el control de seguridad como siempre, me acerqué a la puerta y me puse a buscar algo de comer antes de mi vuelo a las 3pm.

En este momento logré cagarlo todo. Había visto que la oferta típica de restauración y tiendas estaba cerrada, y por eso había ido a la puerta con la esperanza de encontrar un puesto que me vendiese un sándwich. Resulta que esto implicaba coger un metro, porque el T4 está partido en el edificio principal y un “terminal satélite”.

Bueno, al llegar en dicho “terminal satélite” se me hizo evidente que no había ningún tipo de establecimiento así. No me preocupaba, sin embargo, ya que tenía bastante tiempo antes del comienzo del embarque, así que simplemente volvería al terminal principal para buscar otro sitio allí: estaba convencido que por lo menos podría encontrar un McDonalds. Por eso volví a subirme al metro de vuelta y llegó en el otro edificio para que me parasen dos guardias de seguridad.

Estas dos guardias empezaron a preguntarme de donde había volado, y respondí que solo había vuelto al terminal principal del otro edifico para buscar algo de comer. Eran muy comprensivos, pero me dijeron que tenía que volver a pasar por el control de seguridad que usualmente solo se utiliza para conexiones. Eso hice, pero al llegar al otro lado del control me encontré con dos guardias de seguridad más.

Estos dos me preguntaron de dónde había volado, así que les expliqué que no había volado de ningún lado, que era de aquí, de Madrid, y que todavía me quedaba pisar un avión. Mi historia se recibió con unas miradas sospechosas y un termómetro enfocado en mi frente, y una de las guardias me preguntaba sin parar si había volado de Marraquech. Les conté la historia de cómo había acabado atrapado en la zona de conexiones del aeropuerto solo porque quería un puñetero sándwich, y eventualmente me dejaron pasar, cuando decidí que nunca volvería a dar la vuelta en el aeropuerto nunca jamás.

Me quedé atrapado en una parte equivocada del aeropuerto solo por querer un sándwich.

Esta historia tiene final feliz, sin embargo, porque eventualmente encontré un quiosco y fui a la puerta. Allí me confundí con el nuevo proceso de embarque, que ahora se realiza fila por fila para mantener la distancia de seguridad. El sonido metálico del altavoz del aeropuerto me dejó entre la gente perdida que no sabía qué pasaba…

Bueno, corriendo el riesgo de transformar este blog en un cuento de mis desventuras en el aeropuerto, salto a la parte cuando llego en Tenerife, salgo del aeropuerto para tomar algo de sol, me encuentro con un viento frío inaguantable e intento volver a entrar en el terminal para que me dijesen que no podía entrar sin una tarjeta de embarque válida.

En breves me salvaron de este caos Cami y Sam, que llegaron en su coche para un reencuentro de abrazos y el viaje de media hora al sur de la isla. Después de enseñarme la habitación donde me iba a quedar (con baño propio y una azotea, ni tan mal), los tres salimos a pillar picoteo de la tienda británica y luego para cenar en un mercado de comida. Cenamos una mezcla de platos españoles, árabes y chinos – ¡todo muy rico!

El día siguiente me desperté a la notica que los padres de Cami iban a preparar una barbacoa, cosa que me emocionó bastante después de mi experiencia deliciosa la última vez que visité. Antes de comer, sin embargo, sus padres me llevaron a un mercado de segunda mano mientras Cami y Sam sacaban a sus perros, Luke y Nas.

Si lo que andabas buscando no se encontró en este mercado, simplemente no existe.

A selection of goods on the floor of a car boot sale.

Después de explorar los puestos infinitos de chismes, volvimos a casa y nos pusimos a preparar la barbacoa. Una vez más me llevé mi cámara de carrete, así que saqué muchas fotos con ella que tendré que esperar a ver dentro de unas semanas, ¡pero andaba demasiado ocupado en comer las carnes ricas y la ensalada fresca con salsas caseras como para detenerme y sacar ninguna foto de la comida!

A table is set and a BBQ is lit.

Una vez llenos de comida deliciosa y vino chileno, nos quedamos en casa para dejar que pasase el calor de la tarde, antes de volver a agruparnos y bajar a una playa al lado de La Montaña Roja, una roca interesante cuyo nombre viene de su matiz rojo. Nos bañamos un rato ene l mar antes de pasar por la arena para secarnos, pero luego nos volvimos a meter en el agua para experimentar la fuera de unas de las olas más grandes que he visto jamás.

The red mountain in Tenerife, a rock formation.

La Montaña Roja no es una montaña ni es tan roja.

Una ola en particular me dejó con la boca llena de agua y mis gafas de sol tiradas por la marea, así que lo tomé como señal de que debería volver a la tierra firme. Al volver a casa, los tres acabamos el día con unas copas y un juego de Scrabble en la casa de Cami y Sam – ¡todos andabamos demasiados llenos como para cenar!

A lifeguard's car and flags on a beach with fog in the background.

Los planes del día siguiente incluían un viaje a unas piscinas naturales, pero los planes tuvieron que cambiar por las olas enormes que obligaron que se cerrasen las piscinas. Menos mal que Cami conocía otro sitio, así que nos fuimos a otra piscina natural un poco más al sur.

A white wall, with leafy plants behind and mountains in the background.

No sabía que esperarme cuando me dijeron que íbamos a visitar unas piscinas naturales, pero al final el sitio consistió en una depresión en la base de un acantilado que se había llenado por el agua del mar por las olas. Dejamos nuestras cosas en una roca y bajamos a la piscina, descansando un rato en sus aguas tranquilas antes de acercarnos al borde donde chocaban las olas. Aquí podíamos sentarnos tranquilamente unos minutos hasta que una ola ocasional chocaba con la fuerza suficiente como para generar una columna enorme de agua que nos echaba de vuelta a la piscina.

A natural pool blends into the sea in Tenerife.

Las rocas negras volcanicas de Tenerife hace crean un contraste bonito con el mar azul.

The sea breaks over black volcanic rocks in Tenerife.

Una vez cansados de bañarnos en la piscina y después de quemarme el hombro (cosa que descubrí después), subimos a una pizzería donde Cami y Sam insistían que probase una pizza que llevaba patata. Estuve dudoso, pero después de probar la pizza de patata, salchicha, mozzarella y romero, digo con confianza que ¡es una receta ganadora! Estoy sentado ahora mismo aquí en Madrid escribiendo esto, y al pensar en aquella pizza, me está entrando bastante hambre.

Bueno, en estos momentos se hacía tarde, así que decidimos pasar otra noche tranquila en la casa de Sam y Cami, donde Cami preparó unos nuggets de pollo caseros y los tres llamamos a nuestro amigo Kevin en los EEUU. Fue Kevin que me presentó a Cami y Sam cuando los tres vivían en Asturias, y nos echamos unas cuentas risas en FaceTime, hablando de viejos tiempos y riéndonos de Kevin que había comprado un cobertizo para herramientas pensando que era un armario.

El día siguiente los tres, junto con la madre de Cami y un amigo de la familia, fuimos al norte de la isla. Visitamos uno de los pueblos más antiguos, La Orotrava, donde naturalmente pasé el rato sacándole fotos a todo.

A pink house in front of a manicured garden.
Two old wooden windows on a yellow plaster wall.
The spire of a church behind an old townhouse.
The sea and clouds between two old houses with wooden balconies.
Black and white photo of a house on wooden supports with the sea in the background.
Multiple layers of old houses with a church spire in the background, Tenerife.
A plant pot with red flowers in the foreground, with houses, the sea and sky in the background.

Una vez cansados de andar por las calles empinadas fuimos a un sitio especial para comer. En Tenerife, tienen una cultura de restaurantes independientes llamados “guachinches” qué son especiales porque nacen de una persona que vende comida y vinos caseros desde su casa. Si la comida está buena, y la gente habla bien del sitio, empiezan a expandir su operación, metiendo más mesas en garajes, jardines, sótanos y donde quepan.

El guachinche en el que comimos parecía una casa cualquiera desde fuera, pero una vez que nos dirigieron a nuestra mesa, el tamaño del sitio se hizo evidente. Dejé a Cami y su familia que eligiesen qué pedir, y en breves me encontré compartiendo raciones de champiñones al ajo, pulpo frito, carnes y un postre delicioso que llevaba meringue.

Una vez más estuve demasiado metido en conversación como para sacarle fotos a la comida, pero la cámara sí que la volví a sacar cuando fuimos a la segunda cuidad del día, La Laguna. Allí pasamos por las calles pintorescas del casco histórico, deteniéndonos para tomarnos una caña y recuperar de un día largo.

A blue house next to a white church.
A plant grows out of the crack in a yellow plaster wall.
Palm trees seen from below against a blue sky.
Brightly coloured facades line the street of La Laguna, Tenerife.

Después de volver a casa y recuperarnos de las aventuras del día, decidimos cenar en una hamburguesería local, donde me sirvieron una hamburguesa enorme y una montaña de patatas – ¡todo después de una comida enorme en el guachinche! No sé cómo pero logré acabar la cosa, y luego volvimos a casa a descansar antes de mi último día entero en la isla. ¡Como vuela el tiempo!

El último día se pasó de vagueo. Subí al piso de Cami y Sam para desayunar y luego bajamos todos a una piscina a la que tienen acceso en una urbanización cerca de su casa. Hubiéramos entrado en la piscina de su casa pero me dijeron que ésta sería mucho más tranquila, y se acertaron. Durante la mayoría de la tarde compartíamos la piscina solo con otra pareja, que no se les veía interesados en bañarse, así que nos sentimos que teníamos el sitio entero para nosotros solo.

A swimming pool with apartments in the background.

Después de nadar un rato, volvimos a subir a casa, donde paramos un rato para comer. Pasé un par de horas preparando una tarta de zanahoria para los padres de Cami como regalo de gracias, después de lo que nos preparamos para escalar La Montaña Roja que habíamos visto unos días antes.

The view over colourful facades and a tower, with an evening sky in the background.

Sam aparcó el coche cerca de la base de la “montaña” y empezamos a andar junto con Luke y Nas, sus dos perros. Una vez empezó la subida a ponerse difícil y me empecé a cansar (la cuarentena me ha dejado muy fuera de forma), Sam me dijo que cogiese la correa de Nas, el perro más grande, ¡que tenía suficiente fuerza como para tirarme por la cuesta!

The Montaña Roja (red mountain) in Tenerife.
Cami and Sam walk towards the Montaña Rusa in Tenerife.

Mientras escalábamos la roca el sol se ponía y las colinas y el volcán en el fondo se convirtieron en una silueta oscura. En el punto intermedio paramos un rato para recuperarnos, disfrutando las vistas y viendo un avión despegar del aeropuerto Tenerife Sur, que está al lado de la roca.

A panorama of Tenerife in the dark as seen from the top of the Montaña Roja.

Una vez ya recuperados hicimos el último esfuerzo para llegar a la cima de la “montaña”, donde descubrimos una jaula misteriosa cubierta por unas luces rojas que contenía nada más que un panel solar para alimentar dichas luces rojas. Pensé que sería algún tipo de faro, pero las luces eran demasiado apagadas como para servir para eso, pero nosotros nos centramos en aprovechar de la iluminación interesante y el sitio único para sacar unas fotos.

Cami is illuminated in red atop the red mountain in Tenerife.

La luz roja me queda bien porque oculta mucho del detalle horroroso.

A selfie taken with Tenerife by night in the background. I am illuminated in red.

Por supuesto no podía pasar de la oportunidad de subir hasta el punto más alto de la roca, así que dejé mi cámara con Cami y Sam mientras subía encima de la base de hormigón de un palo de metal que marca la cima absoluta. Agarrando para mi vida en el viento nocturno, me quedé impresionado por las vistas panorámicas del mar y la isla, y también por la sensación de estar completamente expuesto a los elementos en la oscuridad.

I stand atop the peak of the red mountain in Tenerife.

Tras sacar mis últimas fotos del viaje encima de la montaña, los tres bajamos al nivel del mar, casi cayéndonos al pisar las rocas sueltas de la cuesta y perdiéndonos en la oscuridad. Llegamos vivos a casa, sin embargo, y nos pusimos a descansar con unas cervezas antes de mi última mañana en Tenerife.

Dicha última mañana no consistió en mucho al final, porque me levanté de la cama bastante tarde, lo que me dejó con poco tiempo para hacer nada que no fuera hacer mi mochila, desayunar algo rápido y despedirme y dar las gracias a los padres de Cami que habían vuelto a ser los anfintriones más fantásticos. Luego bajé a la casa de Cami y Sam, donde me despedí de sus perros no nos subimos al coche para ir al aeropuerto.

En el camino nos dio tiempo parar una última vez en un bar bien conocido entre los vecinos por vender los mejores bocadillos. Cogí dos, uno para comer y otro por si me entrase hambre en el vuelo, y seguimos al aeropuerto.

Despedirse de alguien en el aeropuerto nunca supone una experiencia alegre, pero la despedida con Cami y Sam se hizo algo más fácil por el saber que mis vacaciones no terminaban allí, porque mi vuelo no tenía como destino Madrid sino Alicante. Allí me iban a recoger mis tíos para que pasase unos días más en la costa de Murcia, pero eso ya es otra historia para otro día…

Puedo decir con toda confianza que una ves más me la pase fenomenal en Tenerife con Cami, Sam y familia, que encontraron el equilibrio perfecto entre el descanso que tanto necesitaba y unos viajes a sitios interesantes que sabían que me gustarían. No puedo darles suficientes gracias por recibirme en casa, conducirme por la isla y generalmente hacerme sentir como miembro de su familia durante los días que estaba allí. Si tuviera que quejarme de algo, sería que el viaje era demasiado corto – ¡la próxima visita tendrá que ser de una semana como mínimo!

¡Hasta la próxima, Tenerife!