20.09.20 — Diario

Más fotografía de Caudete

A modo de una continuación bastante tarde a una entrada de blog publicada hace casi un año en la cual compartí una serie de fotos de película de 35mm, hoy os traigo unas fotos más de mi viaje a Caudete de las Fuentes en 2019. Había olvidado que existían estas fotos del pueblo valenciano de la familia de mi amigo Roberto, así que supuso una sorpresa bonita encontrarlas con unas fotos de Tenerife después de dejar un carrete para que se revelase.

A series of pots, wicker jars, and glass bottles covered in dust in the corner of the loft of an old house.
An old chest of drawers is littered with empty glass bottled, boxes, and an old alarm clock, all covered in dust and perched below an old wooden roof.

Las fotos documentan unas escenas de la casa familiar antigua, y se sacaron en una cámara vieja de Samsung entre nuestras exploraciones del pueblo y la creación de un espectáculo de bombillas en su patio trasero. La calidez y imperfección de las fotos combinada con la naturaleza antigua de la ubicación han producido una serie especial de fotos: una que parece que podría provenir de otro siglo.

A series of old string lights hang from a series of bamboo rods in the worn old loft of an old house.
Chorizo sausages cook in a pan on an old gas stove.
Chorizo and fried potatoes on a plate.
Roberto sets up a series of coloured fairy lights in the corner of an old patio.
A series of coloured lights adorn the old entrance to an outdoor bathroom.
A series of fairy lights hang on an old wall behind a table covered in empty bottles and plates.

Como siempre, no he retocado ninguna de estas fotos, ya que creo fuertemente en dejar este tipo de fotos de película tan íntimas y misteriosas tal cual como salen. Esta segunda mitad concluye mi serie de fotos de este pueblo pequeño valenciano, y representa una contradicción que me llevé al finalizar la visita: hubo un aire melancólico en un pueblo en declive y que sufre tanto de la despoblación, pero el rato que pasé allí con Roberto fue relajante, y pasar las noches jugando con luces con otra persona que comparte mi pasión por la iluminación supuso mucha diversión.

Asegúrate de echar un vistazo a las otras tres entradas de blog de mi vista del año pasado: explorando el pueblo, montando las luces, y la primera mitad de fotos que salieron de otro carrete.

27.08.20 — Diario

De Madrid al cielo

Hace ya casi dos semanas que volví de vacaciones en Tenerife y Murcia, así que decidí que ya tocaba pasar por aquí y actualizaros sobre lo que he hecho desde entonces. Aparte del trabajo que sigo realizando desde mi piso, he aprovechado de las noches más frescas de este mes para visitar unos sitios interesantes por la cuidad y sacar unas fotos.

Una noche, Jhosef y sus amigos me invitaron a subir a la sierra para escapar de las luces de la cuidad, ver la lluvia de asteroides y sacar unas fotos de larga exposición del cielo nocturno. Decidí que era una oportunidad que no surgiría todos los días, así que me subí al coche y cruzamos la cuidad. Más que nada, yo esperaba ver mi primera estrella fugaz.

A group of friends lying on a rock in the dark.

Tras un viaje largo y bastante agitado por un camino de barro, llegamos en el centro de la nada a medianoche, y buscamos una roca donde echar unas mantas y sentarnos. Pasamos un rato picoteando y hablando, y luego unos decidimos tumbarnos mientras los demás sacaban fotos.

No me llevé la cámara, cosa que puede que fuese una mala decisión ahora que lo pienso, pero ya había sufriendo unas excursiones por la sierra en el pasado y no quería volver a tener que llevar la cámara pesada por sendas empinadas. Jhosef y sus amigos sacaron unas fotos preciosas del cielo, sin embargo, y hasta conseguí ver la forma de la Vía Láctea y conté un gran total de seis estrellas fugaces. ¡Era mágico!

I stand on a rock in the darkness.

No creo que haya visto nunca un fondo tan oscuro.

Después de llegar a casa sobre las cuatro de la mañana, luego tuve que pasar el resto del finde intentando reajustar mi reloj interno. Entre semana, sin embargo, descansé después de trabajar con unos viajes al Centro Cultural Matadero, sentándome en un banco en la sombra y escribiendo un poco de mi blog al aire libre.

The water tower at the Matadero, seen in the sunset.

Una noche cogí un bici y subí hasta el centro de la cuidad, donde me senté en una terraza en plena Madrid de los Austrias, el casco viejo de la capital. Después de escribir un poco más y tomarme una caña, decidí volver a casa andando ya que es todo cuesta abajo, y porque a esa hora la luz del atardecer ilumina todo espectacularmente.

The facade of a red brick building in the evening light.
A street in the ancient part of Madrid, lit in the warm sun of an evening.

Una vez que vi el cielo precioso sobre la cuidad, resolví que volvería a salir para sacar más fotos de los atardeceres madrileños tan maravillosos. Para eso, volví a bajar al Parque de las Delicias, un parque local que descubrí durante la desescalada.

Abandoned trains in an abandoned station, with a cat in the foreground.
A tree in the foreground with the Madrid skyline in the background.

Pasé por la estación de tren abandonada en la punta norteña del parque, que queda tapada por una red negra para que la gente no vea que lleva dentro, pero que no consigue frenarme a mí. Después de hacer que la gente me mirase raro por insertar mi móvil en cualquier hueco que encontraba en dicha red, bajé hacia el sur del parque, sacando más fotos al pasar sobre un puente ferroviario en el camino.

A sunset with orange clouds behind a large concrete structure over Madrid.

Este puente me dejó en un camino que sigue hasta el centro del parque, pero me puse curioso al ver que unas personas habían escalado las escaleras del planetario que se encuentra justo al lado del puente. Me acerqué para investigar si las plataformas de concreto de la estructura brutalista se podían subir por el público en general, y al final resulta que sí.

The concrete levels of the planetarium in Madrid.
A blue, pink and orange sunset behind concrete columns.
An evening sky with pink clouds over a black silhouette of trees.

Una vez encima del planetario, saqué estas fotos de la puesta de sol magnífica, y luego me perdí al buscar una bici pública para volverme a casa. Al final tuve que rendirme y pillar un bus de vuelta a casa, pero ya se hacía tarde y iba a trabajar el día siguiente, así que al final creo que fue buena idea.

The sunset over the south of Madrid, with a canopy of trees below in the foreground.
A pink sunset behind the dome of the planetarium in Madrid.

El finde pasado hacía bastante calor y tenía algunas tareas que quisiera hacer y unas cositas que quería comprarme, así que decidí que lo mejor sería aprovechar del aire acondicionado gratis de un centro comercial. En vez de bajar a los de siempre como Parquesur o La Gavia, elegí subir a uno en el norte que llevo queriendo visitar desde hace ya bastante tiempo.

El viaje a dicho sitio me acabó llevando mucho más que lo pensado, porque me perdí cada conexión sea tren o bus en todo el camino. Luego me perdí por completo en una urbanización enorme, pero al final logré encontrar el centro comercial.

A baseball court in between blocks of flats.

Otra actividad que nunca falla es un viajecito en bici por el parque del Río Manzanares al lado de mi casa, así que he pasado un par de noches esta semana haciendo justo eso. Los numerosos puentes que se encuentran por el camino son los sitios perfectos desde los que sacar unas fotos del cielo de Madrid, ¡y los atardeceres de esta semana no han decepcionado nada!

A pink sunset over the Madrid River.
A vivid orange sunset reflected in the water of the Madrid river.

También llevo un rato poniéndome al día con unos amigos desde mi vuelta de vacaciones. Esto ha incluido una noche de peli en casa, una cena rica de hamburguesas veganas con un amigo que llevaba tiempo sin verle y luego una noche de picnic en Retiro con Bogar y Hugo. Los tres, junto con el novio de Hugo, nos vimos en el parque emblemático y nos tomamos unas birras y algo de picoteo mientras que el sol se ponía a nuestro alrededor.

A blue and orange sunset behind the silhouette of trees in Retiro park, Madrid.
A blue sky between the canopies of trees in Retiro park, Madrid.

Y así concluyo este repaso de los eventos de las últimas pasadas, con todas las fotos de los atardeceres de esta cuidad que ya es mi hogar. El coronavirus sigue liando nuestros planes y sueños de viajar en este año terrible que es el 2020, pero cuando ya volvamos a tener la libertad para viajar, insisto que visitéis todos Madrid para ver el por qué los madrileños siempre dicen que “de Madrid al clielo”….

20.08.20 — Diario

En Murcia otra vez

Mi última entrada de blog acabó cuando cogí un avión después de unos días en Tenerife, pero tal avión no me llevó a Madrid, sino a Alicante. No iba a pasar mis días en Valencia como el año pasado, sin embargo, porque me recogieron mis tíos y me llevaron a Murcia para pasar le segunda semana de mis vacaciones en su casa.

Al llegar hacía mucho mejor tiempo que la última vez que visité, pero el sol ya se ponía cuando llegamos a su piso. No íbamos a desaprovechar de la noche, no obstante, porque mi tía había organizado una quedada con sus amigos en un restaurante local.

Después de comerme unas croquetas de bacalao y aprovechar de los descuentos en las bebidas antes de las diez, volvimos a casa para seguir conversando y descansar para el día siguiente.

A pool surrounded by palm trees.

Ya que había quedado en hacer una tarta de zanahoria para mi tía como regalo de cumpleaños, y porque quería coger unas cosas del supermercado, empezamos el día siguiente con una visita al Mercadona. También pasamos por el supermercado británico para comprar cordial (una bebida de Inglaterra que se mezcla con agua), y luego pasamos el resto del día bañándonos en la piscina.

En la tarde, bajamos a un pueblo costero y un restaurante que habían recomendado mis tíos, donde cenamos rico mientras vimos el atardecer sobre l mar. Después de un caos relacionado con la configuración de la mesa y la confusión de mis tíos al ver que había pedido un entrante de gulas, disfruté un plato delicioso de solomillo y luego un postre casero.

Madrugamos (más o menos) el día siguiente porque teníamos planeado un viaje a un convento en las montañas. Mis tíos habían hablado bastante de este sitio en el pasado, pero nunca había llegado a subir, así que tenía ganas de ver de que tanto hablaban.

An arch with a view over the city of Murcia in the background, flanked by trees.

Resulta que el conjunto de edificios en las montañas es absolutamente pintoresco, contando con vistas panorámicas sobre la cuidad de Murcia. Estas vistas se nos revelaron al pasar por el callejón entre dos edificios y por debajo de un arco, pero me habían hablado de una parroquia bonita que valía la pena visitar antes de explorar más. El interior del sitio está pintado de oro y con frescos, pero nos despidió el apagado de las luces ya que la misa iba a empezar.

A heavily gold-gilded church interior.

Luego paramos en la cafetería del convento para tomar unas cervezas y probar sus empanadas caseras, lo cual nos dejó con suficiente energía para escalar unas de las sendas que nos trajeron a las vistas sobre el convento, las montañas y los barrios de la cuidad debajo.

A view over the covenant on a green hillside.
An old lamppost in between a bunch of pink flowers.
An old house atop a hill.
A bush with pink flowers on the side of an old building.

Las vistas desde el convento eran tanto variadas como espectaculares.

Una vez cansados del calor, volvimos a subirnos al coche y nos pusimos a buscar un restaurante recomendado por los amigos de mis tíos. Nos dijeron que era un sitio modesto, al lado de una gasolinera, pero al entrar se hizo evidente que era muy popular entre los locales. Vi que un plato de cordero en la carta había ganado un premio, así que opté por él a pesar de no ser gran fan del cordero, pero menos mal que lo hice – ¡era delicioso!

El día siguiente decidimos pasar el rato relajando en el apartamento y la piscina, y decidí preparar dicha tarta de zanahoria ya que había mi tía invitado a sus amigos que pasasen a tomar algo con nosotros. Al final hice una tarta de dos capas, cosa no suelo hacer, pero quedó bastante rica al final.

A carrot cake with candles.

Pasamos la noche en un bar local tranquilo, donde compartimos una selección de raciones en la terraza, hablando de muchas cosas mientras el sol se ponía a nuestro alrededor. Dentro de nada ya había llegado mi tercer noche en Murcia, pero aún no había decidido cuál día iba a volver a Madrid, ya que aún estas esperando saber de mi hermana y si al final tuvo que cancelar su visita por la situación del coronavirus.

Caminar por las calles tranquilas de la España rural siempre supone una experience relajante.

The pale yellow walls of a house in rural Spain.

La mañana siguiente mi tía y yo nos subimos al coche juntos y bajamos a un restaurante en la cosa que solemos visitar. Cantamos unas canciones en el coche de camino, y luego disfrutamos un desayuno típico español y después un par de cañas con vistas sobre el Mar Menor.

A woman looking at the notice board of a church.
A selfie of me.

Después de esto vino otro día de relax por la piscina, y al final me avisó mi hermana que por desgracia no podría viajar a Madrid a visitarme, así que pillé el tren para el jueves para descansar unos días en mi piso antes de volver a trabajar.

Ahora que supimos exactamente cuanto tiempo me quedaba, hicimos un plan para el día siguiente, que consistió en coger un tren de un pueblo local a Cartagena. Esta fue otra experiencia de la que habían hablado mucho más tíos, pero que no había experimentado yo, así que me subí al vagón único del pequeño tren con ganas.

An old hand-painted sign.
Animated image of a car heading down a road.
A cliff with a house behind it.

Al llegar en Cartagena, andamos un rato por la muralla y hacia el centro, donde paramos para tomarnos una bebida y escapar del bochorno veraniego. Después de esto pegamos una visita a un bar local, donde volví a ponerme a hablar cone el dueño Ramón y disfrutamos una especialidad local, el café asiático.

Para comer, buscamos un restaurante que conocen mis tíos, y nos sentamos en una terraza para lo que no supimos que sería una experiencia loca de dos horas. Después de pedir nos dejaron una ración de bravas como “regalo por el retraso” y por eso empezamos a pensar que algo iba mal detrás de las escenas, ¡y resulto que acertamos!

Los entrantes salían a intervalos, y pronto se hizo evidente que un caos exponencial se había creado por el sistema de numeración de las mesas, que se había liado al meter más mesas en la terraza sin saber qué números tenían. Llegada la hora de pedir el postre, el camarero evidentemente estaba hasta las narices, y optó ponerse entre todas las mesas y gritar el listado de postres disponibles, pidiendo que la gente levantase la mano. ¡Que risa!

Una vez finalizada la comida, volvimos al puerto, pasando por el paseo marítimo y de vuelta a la estación de tren. Después de nuestra excursión, pasé la noche descansando en la piscina yo solo, llamando a mis amigos por todo el mundo y viendo el atardecer.

A panorama of the see seen from Cartagena, Murcia, Spain.
A sunset seen from a pool.

Demasiado pronto había llegado mi último día en Murcia, y después de una mañana en la piscina, mi tía y yo fuimos a vomer en un bar local mientras mi tío salía con sus amigos. El tío del bar nos puso una selección de platos locales que estuvieron todos muy ricos y luego volvimos a la piscina para descansar un rato más.

Quedaba una cosa que quisiera hacer antes de irme, sin embargo, así que aprovechamos de la última noche para hacerlo antes de mi vuelta a Madrid. Esto fue una visita a los baños de lodo de Lo Pagán, cosa que he hecho varias veces en el pasado pero que mi tía nunca ha experimentado. Consta en bañarse en una piscina poco honda, cubrirse del lodo muy sulfúrico, dejando que se seque al sol y luego volver a bañarse para quitárselo.

Palm trees line a pier in Lo Pagán.
A selfie of me at the mud baths.
The mud baths.
A streetlight and palm trees.
A first-aid building jutting out into the sea.
A bicycle tied to a wooden pier in the mud baths.
The sun set over the sea.

Después de ver la puesta del sol y cenar un kebab (me resulta muy difícil encontrar un buen kebab en Madrid, así que tuve que aprovechar), volvimos a casa y tomamos una última ronda de cervezas. La mañana siguiente se pasó por la piscina, antes de salir a comer en un restaurante que solemos visitar justo antes de coger yo el tren de vuelta a Madrid.

Esta vez, sin embargo, hubo un bus de sustitución para la primera media hora del viaje, así que tuvimos que despedir de mis tíos en el parking antes de un viaje algo aburrido de vuelta a la gran cuidad. A pesar de estar triste por tener que dejar a mis tíos y resignado al hecho que mis vacaciones veraniegas ya llegaban a su final, dio gusto volver a mi piso y encontrar mis plantas en buen estado gracias a un amigo que había pasado para regarlas durante mi ausencia.

Tal y como con Cami, Sam y familia, tengo que dar las gracias a mis tíos por recibirme en su casa y aguantarme durante una semana entera, que se alargó de cinco días a siete por la cancelación de la visita de mi hermana. Creo que tener la oportunidad de viajar ahora mismo supone un gran lujo, así que estoy muy agredecido por haber podido visitar Tenerife y Murcia.

Por ahora me toca volver a trabajar, pero bien sé que Ellie (mi hermana) y Johann (su novio) ¡estarán de vuelta a Madrid en cuanto puedan!

18.08.20 — Diario

Una escapada a Tenerife

Como revelé al final de una de mis últimas entradas de blog, ¡arranqué mis vacaciones veraniegas con un viaje a Tenerife! Después de pasarlo fenomenal la última vez que visité a mis amigos Cami y Sam el año pasado, y al decidir quedarme en España este año por el caos del coronavirus, pillé un vuelo a la isla con muchas ganas.

Una vez más me quedé con Cami, Sam y la familia de Cami, cosa que me apetecía mucho ya que el año pasado fueron los mejores anfitriones. Lo extraño de este año sería la experiencia de viajar bajo las nuevas restricciones y medidas implementadas por el coronavirus, ya que este vuelo representó la primera vez que había viajado después de la cuarentena.

El viaje empezó como la mayoría de mis vacaciones, con una vuelta frenética por el piso para asegurar que había regado las plantas, que estaba apagado todo y que las ventanas estaban cerradas. Luego subí al aeropuerto en un tren vacío, llegando al T4 con mucho tiempo extra por si había que esperar más por movidas con la distancia de seguridad. Aparte de una abundancia de gel hidroalcohólico y señales de distancia – de los que ya estamos acostumbrados – la experiencia fue más o menos normal. Pasé por el control de seguridad como siempre, me acerqué a la puerta y me puse a buscar algo de comer antes de mi vuelo a las 3pm.

En este momento logré cagarlo todo. Había visto que la oferta típica de restauración y tiendas estaba cerrada, y por eso había ido a la puerta con la esperanza de encontrar un puesto que me vendiese un sándwich. Resulta que esto implicaba coger un metro, porque el T4 está partido en el edificio principal y un “terminal satélite”.

Bueno, al llegar en dicho “terminal satélite” se me hizo evidente que no había ningún tipo de establecimiento así. No me preocupaba, sin embargo, ya que tenía bastante tiempo antes del comienzo del embarque, así que simplemente volvería al terminal principal para buscar otro sitio allí: estaba convencido que por lo menos podría encontrar un McDonalds. Por eso volví a subirme al metro de vuelta y llegó en el otro edificio para que me parasen dos guardias de seguridad.

Estas dos guardias empezaron a preguntarme de donde había volado, y respondí que solo había vuelto al terminal principal del otro edifico para buscar algo de comer. Eran muy comprensivos, pero me dijeron que tenía que volver a pasar por el control de seguridad que usualmente solo se utiliza para conexiones. Eso hice, pero al llegar al otro lado del control me encontré con dos guardias de seguridad más.

Estos dos me preguntaron de dónde había volado, así que les expliqué que no había volado de ningún lado, que era de aquí, de Madrid, y que todavía me quedaba pisar un avión. Mi historia se recibió con unas miradas sospechosas y un termómetro enfocado en mi frente, y una de las guardias me preguntaba sin parar si había volado de Marraquech. Les conté la historia de cómo había acabado atrapado en la zona de conexiones del aeropuerto solo porque quería un puñetero sándwich, y eventualmente me dejaron pasar, cuando decidí que nunca volvería a dar la vuelta en el aeropuerto nunca jamás.

Me quedé atrapado en una parte equivocada del aeropuerto solo por querer un sándwich.

Esta historia tiene final feliz, sin embargo, porque eventualmente encontré un quiosco y fui a la puerta. Allí me confundí con el nuevo proceso de embarque, que ahora se realiza fila por fila para mantener la distancia de seguridad. El sonido metálico del altavoz del aeropuerto me dejó entre la gente perdida que no sabía qué pasaba…

Bueno, corriendo el riesgo de transformar este blog en un cuento de mis desventuras en el aeropuerto, salto a la parte cuando llego en Tenerife, salgo del aeropuerto para tomar algo de sol, me encuentro con un viento frío inaguantable e intento volver a entrar en el terminal para que me dijesen que no podía entrar sin una tarjeta de embarque válida.

En breves me salvaron de este caos Cami y Sam, que llegaron en su coche para un reencuentro de abrazos y el viaje de media hora al sur de la isla. Después de enseñarme la habitación donde me iba a quedar (con baño propio y una azotea, ni tan mal), los tres salimos a pillar picoteo de la tienda británica y luego para cenar en un mercado de comida. Cenamos una mezcla de platos españoles, árabes y chinos – ¡todo muy rico!

El día siguiente me desperté a la notica que los padres de Cami iban a preparar una barbacoa, cosa que me emocionó bastante después de mi experiencia deliciosa la última vez que visité. Antes de comer, sin embargo, sus padres me llevaron a un mercado de segunda mano mientras Cami y Sam sacaban a sus perros, Luke y Nas.

Si lo que andabas buscando no se encontró en este mercado, simplemente no existe.

A selection of goods on the floor of a car boot sale.

Después de explorar los puestos infinitos de chismes, volvimos a casa y nos pusimos a preparar la barbacoa. Una vez más me llevé mi cámara de carrete, así que saqué muchas fotos con ella que tendré que esperar a ver dentro de unas semanas, ¡pero andaba demasiado ocupado en comer las carnes ricas y la ensalada fresca con salsas caseras como para detenerme y sacar ninguna foto de la comida!

A table is set and a BBQ is lit.

Una vez llenos de comida deliciosa y vino chileno, nos quedamos en casa para dejar que pasase el calor de la tarde, antes de volver a agruparnos y bajar a una playa al lado de La Montaña Roja, una roca interesante cuyo nombre viene de su matiz rojo. Nos bañamos un rato ene l mar antes de pasar por la arena para secarnos, pero luego nos volvimos a meter en el agua para experimentar la fuera de unas de las olas más grandes que he visto jamás.

The red mountain in Tenerife, a rock formation.

La Montaña Roja no es una montaña ni es tan roja.

Una ola en particular me dejó con la boca llena de agua y mis gafas de sol tiradas por la marea, así que lo tomé como señal de que debería volver a la tierra firme. Al volver a casa, los tres acabamos el día con unas copas y un juego de Scrabble en la casa de Cami y Sam – ¡todos andabamos demasiados llenos como para cenar!

A lifeguard's car and flags on a beach with fog in the background.

Los planes del día siguiente incluían un viaje a unas piscinas naturales, pero los planes tuvieron que cambiar por las olas enormes que obligaron que se cerrasen las piscinas. Menos mal que Cami conocía otro sitio, así que nos fuimos a otra piscina natural un poco más al sur.

A white wall, with leafy plants behind and mountains in the background.

No sabía que esperarme cuando me dijeron que íbamos a visitar unas piscinas naturales, pero al final el sitio consistió en una depresión en la base de un acantilado que se había llenado por el agua del mar por las olas. Dejamos nuestras cosas en una roca y bajamos a la piscina, descansando un rato en sus aguas tranquilas antes de acercarnos al borde donde chocaban las olas. Aquí podíamos sentarnos tranquilamente unos minutos hasta que una ola ocasional chocaba con la fuerza suficiente como para generar una columna enorme de agua que nos echaba de vuelta a la piscina.

A natural pool blends into the sea in Tenerife.

Las rocas negras volcanicas de Tenerife hace crean un contraste bonito con el mar azul.

The sea breaks over black volcanic rocks in Tenerife.

Una vez cansados de bañarnos en la piscina y después de quemarme el hombro (cosa que descubrí después), subimos a una pizzería donde Cami y Sam insistían que probase una pizza que llevaba patata. Estuve dudoso, pero después de probar la pizza de patata, salchicha, mozzarella y romero, digo con confianza que ¡es una receta ganadora! Estoy sentado ahora mismo aquí en Madrid escribiendo esto, y al pensar en aquella pizza, me está entrando bastante hambre.

Bueno, en estos momentos se hacía tarde, así que decidimos pasar otra noche tranquila en la casa de Sam y Cami, donde Cami preparó unos nuggets de pollo caseros y los tres llamamos a nuestro amigo Kevin en los EEUU. Fue Kevin que me presentó a Cami y Sam cuando los tres vivían en Asturias, y nos echamos unas cuentas risas en FaceTime, hablando de viejos tiempos y riéndonos de Kevin que había comprado un cobertizo para herramientas pensando que era un armario.

El día siguiente los tres, junto con la madre de Cami y un amigo de la familia, fuimos al norte de la isla. Visitamos uno de los pueblos más antiguos, La Orotrava, donde naturalmente pasé el rato sacándole fotos a todo.

A pink house in front of a manicured garden.
Two old wooden windows on a yellow plaster wall.
The spire of a church behind an old townhouse.
The sea and clouds between two old houses with wooden balconies.
Black and white photo of a house on wooden supports with the sea in the background.
Multiple layers of old houses with a church spire in the background, Tenerife.
A plant pot with red flowers in the foreground, with houses, the sea and sky in the background.

Una vez cansados de andar por las calles empinadas fuimos a un sitio especial para comer. En Tenerife, tienen una cultura de restaurantes independientes llamados “guachinches” qué son especiales porque nacen de una persona que vende comida y vinos caseros desde su casa. Si la comida está buena, y la gente habla bien del sitio, empiezan a expandir su operación, metiendo más mesas en garajes, jardines, sótanos y donde quepan.

El guachinche en el que comimos parecía una casa cualquiera desde fuera, pero una vez que nos dirigieron a nuestra mesa, el tamaño del sitio se hizo evidente. Dejé a Cami y su familia que eligiesen qué pedir, y en breves me encontré compartiendo raciones de champiñones al ajo, pulpo frito, carnes y un postre delicioso que llevaba meringue.

Una vez más estuve demasiado metido en conversación como para sacarle fotos a la comida, pero la cámara sí que la volví a sacar cuando fuimos a la segunda cuidad del día, La Laguna. Allí pasamos por las calles pintorescas del casco histórico, deteniéndonos para tomarnos una caña y recuperar de un día largo.

A blue house next to a white church.
A plant grows out of the crack in a yellow plaster wall.
Palm trees seen from below against a blue sky.
Brightly coloured facades line the street of La Laguna, Tenerife.

Después de volver a casa y recuperarnos de las aventuras del día, decidimos cenar en una hamburguesería local, donde me sirvieron una hamburguesa enorme y una montaña de patatas – ¡todo después de una comida enorme en el guachinche! No sé cómo pero logré acabar la cosa, y luego volvimos a casa a descansar antes de mi último día entero en la isla. ¡Como vuela el tiempo!

El último día se pasó de vagueo. Subí al piso de Cami y Sam para desayunar y luego bajamos todos a una piscina a la que tienen acceso en una urbanización cerca de su casa. Hubiéramos entrado en la piscina de su casa pero me dijeron que ésta sería mucho más tranquila, y se acertaron. Durante la mayoría de la tarde compartíamos la piscina solo con otra pareja, que no se les veía interesados en bañarse, así que nos sentimos que teníamos el sitio entero para nosotros solo.

A swimming pool with apartments in the background.

Después de nadar un rato, volvimos a subir a casa, donde paramos un rato para comer. Pasé un par de horas preparando una tarta de zanahoria para los padres de Cami como regalo de gracias, después de lo que nos preparamos para escalar La Montaña Roja que habíamos visto unos días antes.

The view over colourful facades and a tower, with an evening sky in the background.

Sam aparcó el coche cerca de la base de la “montaña” y empezamos a andar junto con Luke y Nas, sus dos perros. Una vez empezó la subida a ponerse difícil y me empecé a cansar (la cuarentena me ha dejado muy fuera de forma), Sam me dijo que cogiese la correa de Nas, el perro más grande, ¡que tenía suficiente fuerza como para tirarme por la cuesta!

The Montaña Roja (red mountain) in Tenerife.
Cami and Sam walk towards the Montaña Rusa in Tenerife.

Mientras escalábamos la roca el sol se ponía y las colinas y el volcán en el fondo se convirtieron en una silueta oscura. En el punto intermedio paramos un rato para recuperarnos, disfrutando las vistas y viendo un avión despegar del aeropuerto Tenerife Sur, que está al lado de la roca.

A panorama of Tenerife in the dark as seen from the top of the Montaña Roja.

Una vez ya recuperados hicimos el último esfuerzo para llegar a la cima de la “montaña”, donde descubrimos una jaula misteriosa cubierta por unas luces rojas que contenía nada más que un panel solar para alimentar dichas luces rojas. Pensé que sería algún tipo de faro, pero las luces eran demasiado apagadas como para servir para eso, pero nosotros nos centramos en aprovechar de la iluminación interesante y el sitio único para sacar unas fotos.

Cami is illuminated in red atop the red mountain in Tenerife.

La luz roja me queda bien porque oculta mucho del detalle horroroso.

A selfie taken with Tenerife by night in the background. I am illuminated in red.

Por supuesto no podía pasar de la oportunidad de subir hasta el punto más alto de la roca, así que dejé mi cámara con Cami y Sam mientras subía encima de la base de hormigón de un palo de metal que marca la cima absoluta. Agarrando para mi vida en el viento nocturno, me quedé impresionado por las vistas panorámicas del mar y la isla, y también por la sensación de estar completamente expuesto a los elementos en la oscuridad.

I stand atop the peak of the red mountain in Tenerife.

Tras sacar mis últimas fotos del viaje encima de la montaña, los tres bajamos al nivel del mar, casi cayéndonos al pisar las rocas sueltas de la cuesta y perdiéndonos en la oscuridad. Llegamos vivos a casa, sin embargo, y nos pusimos a descansar con unas cervezas antes de mi última mañana en Tenerife.

Dicha última mañana no consistió en mucho al final, porque me levanté de la cama bastante tarde, lo que me dejó con poco tiempo para hacer nada que no fuera hacer mi mochila, desayunar algo rápido y despedirme y dar las gracias a los padres de Cami que habían vuelto a ser los anfintriones más fantásticos. Luego bajé a la casa de Cami y Sam, donde me despedí de sus perros no nos subimos al coche para ir al aeropuerto.

En el camino nos dio tiempo parar una última vez en un bar bien conocido entre los vecinos por vender los mejores bocadillos. Cogí dos, uno para comer y otro por si me entrase hambre en el vuelo, y seguimos al aeropuerto.

Despedirse de alguien en el aeropuerto nunca supone una experiencia alegre, pero la despedida con Cami y Sam se hizo algo más fácil por el saber que mis vacaciones no terminaban allí, porque mi vuelo no tenía como destino Madrid sino Alicante. Allí me iban a recoger mis tíos para que pasase unos días más en la costa de Murcia, pero eso ya es otra historia para otro día…

Puedo decir con toda confianza que una ves más me la pase fenomenal en Tenerife con Cami, Sam y familia, que encontraron el equilibrio perfecto entre el descanso que tanto necesitaba y unos viajes a sitios interesantes que sabían que me gustarían. No puedo darles suficientes gracias por recibirme en casa, conducirme por la isla y generalmente hacerme sentir como miembro de su familia durante los días que estaba allí. Si tuviera que quejarme de algo, sería que el viaje era demasiado corto – ¡la próxima visita tendrá que ser de una semana como mínimo!

¡Hasta la próxima, Tenerife!

16.08.20 — Diario

El irlandés: un nuevo viaje

Entre mis entradas de blog típicas que cuentan mis viajes y aventuras cotidianas, a veces subo otras historias y observaciones. Estas entradas pueden incluir una exploración el proceso de diseño de mi nueva web o incluso unos cuentos tontos de experiencias que he vivido. Esta entrada habla de algo mucho menos visual, pero algo que espero que os sea interesante: un nuevo viaje en aprender un idioma.

Mi relación con idiomas que no sean el inglés (a pesar de mi fuerte acento nativo que cuesta entenderse, pero eso es otro cuento para otro momento) empezó hace mucho, cuando empecé a aprender algo de vocabulario francés a los 10 años antes de entrar en la secundaria. Esto fue como una especia de iniciativa que había implementado mi escuela, en la que una profesora externa nos visitaba una vez a la semana para enseñarnos unas palabras como ananas (piña), chat (gato), and garçon (chico).

Quizás hayas notado por mi tono apático que no me convencían estas clases, y no recuerdo que me acordase ninguna palabra ni frase al pasar de la primaria a la secundaria y las clases bisemanales de francés que tuve que aguantar: y digo “aguantar” por dos razones principales:

En primer lugar, realmente no creo que la manera en la que nos introdujeron al aprendizaje de idiomas fuera la mejor, con sus pruebas semanales de vocabulario y los casetes de una francesa monótona que repetía una serie de frases inútiles que ni nos obligaron a repetirlas.

En segundo lugar, y me tendréis que perdonar los francófonos, pero es que no me interesaba ni Francia ni el idioma francés. Hoy en día ya le tiene aprecio al idioma y sus facetas, pero mi manera de pensar a mis once años fue así: si nos van a obligar a aprender un idioma, y si mi familia y yo siempre vamos de vacaciones a España, ¿por qué no podemos aprender español? Por lo menos sería de alguna utilidad*.

* Fueron muchos años después que descubrí que el idioma principal de Mallorca, donde solíamos ir, es el catalán/mallorquín. Ups.

Durante un rato hasta me apunté a unas clases extracurriculares para aprender algo de alemán los jueves por la tarde, pero dentro de nada ya las dejé. La pronunciación me parecía dificilísima, la estructura una pesadilla y los tres géneros gramáticos un coñazo como una catedral. No estuve nada celoso de la mitad de mi escuela que tuvo que aprender alemán en vez de francés.

Una vez llegada la hora de hacer mis GCSEs (que son como el ESO), y después de estafar a mi profesora de francés durante muchas de las pruebas de vocabulario (mi amiga aprendía las palabras 1 a 10 y yo las 11 a 20, y luego nos copiábamos), por fin revelaron que iban a empezar a ofrecer el español como una asignatura siempre que hubiese una cantidad suficiente de estudiantes interesados. Supongo que la mayoría de la gente pensaba igual que yo, y que después de ser presionados a seguir estudiando un idioma, que decidieron que por lo menos fuera un idioma útil a la hora de pedir copas durante sus vacaciones.

Y así empezó mi experiencia de aprender el español. Después de dos años de aprender frases hechas y construir oraciones súper básicas en la secundario vinieron dos años de colegio en los que aprendimos la estructura y la fonología del idioma. Empecé a utilizar este conocimiento en 2016 al empezar trabajando en prácticas en Erretres, que consistió de seis meses de ser constantemente corregido todos los días, cosa que al final mejoró mucho mi fluidez y confianza. Desde graduarme y volver a España, he avanzado mi conocimiento más aún, hasta el día de hoy en el que ya creo que hablo el idioma con bastante fluidez. Por supuesto que se me nota el acento y el error puntual, pero ya no me cuesta entender de hacerme entender.

Durante estos años de vivir entre España e Inglaterra, también he pasado un par de veces por la cuidad preciosa de Lisboa. También fui de vacaciones un par de veces a un pueblo que se llama Lagos en el sur de Portugal con mi familia, pero fue en Lisboa y Madrid donde conocí a mucha gente de Brasil, y así empezó otra aventura en aprender un idioma: el portugués.

El portugués es parecido a idiomas como el español, rumano, italiano y francés (entre muchos otros más) en que forma parte de las lenguas romance, derivadas del latín vulgar, el idioma que se habló en el imperio romano. Por eso, estos idiomas comparten muchos elementos comunes y mucho vocabulario parecido, y naturalmente el español y el portugués son muy parecidos por la proximidad geográfica de los dos países. Con la ayuda de Duolingo y consejos de mis amigos lusofónos, aprendí rápidamente un nivel suficiente como para conversar, construyendo frases sobre una base de español y aplicando unas reglas generales y el vocabulario más importante (se dice que los dos idiomas comparten un 90% de su vocabulario, así que solo me toco aprender el otro 10%).

Todo esto me lleva a mi última aventura en el aprendizaje de idiomas, con un idioma que muchos no saben que existe: el irlandés.

Bueno, si yo pensaba que el alemán era una pesadilla con sus géneros y estructuras y orden léxico raro, es facilísimo comparado con el irlandés. Esta lengua anciana tiene la forma más extraña de expresar los conceptos más básicos (“tengo una bebida” se dice como “hay una bebida hacia mí”), su falta total de las palabras “sí” y “no” y su manera complejísima de escribir las palabras que incluso me da miedo (“beochaoineadh” suena “bei-o-kin-yu”). Luego hay las “mutaciones” que pueden afectar tanto el principio como el final de las palabras, y cambian completamente su pronunciación y significado. A veces las palabras se mutan solo para que suene mejor, (“pláta” se convierte en “bpláta”, que suena “blatə”), a veces cambian la relación entre una palabra y otro (se llaman “casos” pero es otro tema muy complejo que no voy a explorar ahora mismo) y a veces se mutan para conjugar los verbos (pero eso también pasa mucho en español así que eso lo aguanto).

Acabo de llevar un párrafo entero quejándome del idioma, así que puede que os estéis preguntando el por qué estoy dedicando mis ratos libres a aprenderlo.

Para empezar, hay la razón más básica, que es que me gusta un proyecto personal en el que mojarme en mi ocio. No creo que exista nada en este mundo que sea tan complejo ni interesante e como un idioma entero (incluyo los lenguajes de programación) y sé que siempre habrá más que aprender y mejorar con el paso de tiempo. También, como bien he explicado, ¡la complejidad del irlandés supone un reto bastante grande!

Luego existe la razón más personal, que son mis raíces irlandesas. Mi abuela nació y creció en un pueblo muy pequeño en Irlanda donde se enseña el irlandés en las escuelas, y ella me enseño unas frases cuando era pequeño. Siempre me ha interesado saber más del sitio, y creo que una de las mejores maneras de descubrir una cultura es a través de su idioma.

Por eso aquí estoy arrancando mi viaje en aprender la lengua irlandesa, utilizando Duolingo todos los días para empezar a construir una base. En mis ratos libres también estoy investigando las cosas que no entiendo, explorando las estructuras complejas y la gramática extraña, y también a veces me pongo a escuchar las noticias o algo de música en irlandés. Esto va a ser un viaje bastante largo y bien sé que no voy a estar ni cerca de dominar el idioma durante mucho tiempo, probablemente hasta estar en Irlanda e inmerso en él, pero creo que es un reto que vale la pena. Ya me tiene preguntando sobre como son las distintas maneras en las que funcionan los idiomas, y como es que existen tantas maneras de expresarnos – el irlandés es de los idiomas vivos más antiguos ¡y se nota mucho!

Mientras sigo en mi viaje, estoy esperando lanzar mi nueva web con la opción de leer todo en irlandés cuando ya la tenga más o menos diseñada (mi web actual solo está s disponible en español, inglés y portugués), pero hasta entonces os dejo con una canción irlandesa super bonita que he encontrado.

Slán!

01.08.20 — Diario

Noches de descanso

Antes de las vacaciones veraniegas de agosto, el mes de julio siempre se vuelve algo complicado. Todas las empresas quieren ir cerrando proyectos antes de irse de vacaciones, así que llevamos un rato trabajando a tope para poder descansar tranquilamente durante el verano.

Eso ha implicado muchos días largos de trabajo, que hace que uno busque aprovechar al máximo los ratos que tenga libre aunque sea muy poco tiempo. Con el fin de descansar y desconectar un rato, hace dos semanas Hugo, Jhosef y yo subimos a mi oficina ¡para aprovechar de la piscina en el calor cada vez más insoportable!

The swimming pool of my office with trees in the background.

Se estaba muy a gusto en los espacios bonitos de la oficina.

Jhosef sits on a chair in my office.

Los tres nos subimos a un bus en el centro, llevándonos unas bolsas llenas de picoteo y bebidas para la noche. Llegando en la oficina en Pozuelo, dimos una vuelta por la oficina y luego nos pusimos los bañadores y así empezó una noche de picar, nadar y compartir cuentos y chismes.

A pesar de estar más interesado en los gintonics y las patatas, es verdad que me gusta bastante nadar, así que dije a Hugo que me sacase unas fotos mientras me bañaba. De eso se produjo un accidente feliz, porque dio al botón en el momento exacto en el que subía emergiendo del agua y la tensión superficial del mismo no había cedido. Es una foto horrorosa de mí, ¡pero la veo muy graciosa e interesante!

Surface tension of the water above my head.
An up-close shot of vegetation.
The sun shines through an ivy covered tree and house.

Una vez empezó a ponerse el sol, el aire se enfrió y decidimos pasar el resto de la noche en la terraza de la planta superior. Allí nos tomamos las últimas cervezas, vimos el atardecer y compartimos una tarrina enorme de helado. Los tres somos inmigrantes de distintos países, así que era interesante escuchar otras perspectivas y comparar experiencias compartidas.

Una vez de vuelta a casa, me quedó otra semana ocupada, así que dediqué mis horas libres a echar la siesta, cocinar y montar mi propio spa allí en casa. Estas noches de spa consisten en encender las nuevas luces de color, tomar un vasito de vino, ponerme una mascarilla y tumbarme en el sofá escuchando música relajante. A veces me hace sentir que he llegado a una crisis de la edad madura, ¡pero es un mimo que me permito para descansar después de un día atareado!

My house is illuminated in blue.
My house is illuminated in blue.
My house is illuminated in blue.

Fuera del piso, sigue muy en vigor mi obsesión de las bicicletas de la ciudad (las Bicimad, si eres de aquí), y he estado explorando más rincones del parque de Madrid Río que pasa por mi barrio. Hace unas noches salí a explorar sobre las 10pm, cuando el calor ya ha bajado a un nivel algo soportable, y descubrí unas escenas bonitas en el camino, entre ellas la estación de Príncipe Pío y unos árboles que lucían iluminados por unos focos de color.

A tree lit in a purple and yellow light.
The arch next to a train station in Madrid lit up at night.

EL finde pasado, Jhosef y yo quedamos en el centro, ya que él tenía ganas de sacar unas fotos de exposición prolongada de la Catedral de la Almudena y las carreteras al lado de las cuatro torres. Tal y como siempre, subí a la catedral en bici, y mientras estábamos allí saqué unas fotos casuales en mi móvil.

A skyscraper is seen illuminated by the evening sun, with the Royal Palace and a line of trees in the foreground.
Madrid's cathedral is seen in the evening light of the sunset.

Tuvimos la suerte de ver un atardecer naranja espectacular sobre el palacio y la catedral.

A panorama of a sunset over the royal palace and cathedral of Madrid.

Mientras el sol se ponía, Jhosef sacó muchas fotos bonitas (echad un vistazo a su Instagram), pero yo me fijaba más en las vistas y la bolsa de algas crujientes que llevaba. Habíamos subido a una calle encima de una cuesta pequeña al lado del palacio, un sitio que ofrece unas vistas fantásticas (como bien veis en las fotos) sobre la catedral. Todo esto me recordaba de la primera vez que visité Madrid hace cinco años, y es flipante pensar que ahora vivo a unos diez minutos del monumento en bici.

I look over the sunset by the royal palace.
Madrid Cathedral lit up in the latter stages of a sunset.

Una vez se puso el sol, subimos al norte de la ciudad, pero en el camino decidimos espontáneamente pasar por el restaurante peruano para cenar corazón de vaca – lo cual, después de mis dudas iniciales, estuvo muy rico. Por coincidencia, aquel día fue el 28 de julio, que son las fiestas patrias del Perú, así que deseo a todos los peruanos ¡unas felices fiestas patrias!

El viaje que pegamos al norte para sacar las fotos de exposición prolongada al final no sirvió para nada, llegamos muy tarde y a esas horas ya no circulaban muchos coches. Aprovechamos de la noche, sin embargo, y caminamos por el centro de vuelta a casa después de encontrarnos con un grupo de conspiracionistas en el metro. Andaban proclamando a todo el mundo que el coronavirus ha sido una idea del gobierno y se negaban a ponerse la mascarilla. Mirad, podéis creer en cualquiera teoría como te dé la gana, pero por dios ponte la mascarilla. No es tan difícil.

Podéis divagar sobre las conspiraciones como os salga de las narices, solo que os pongáis una mascarilla mientras lo hacéis

Ahora que he soltado esa frustración, llegamos a la semana actual y ¡mis últimos días en Madrid antes de pasar una semana en Tenerife y Murcia! Hace unas noches bajé al parque para tomar unas cervezas y despedirme de mis amigos, y por supuesto una cerveza se volvió en tres, y por eso llegué a casa algo contento y con hambre. Al llegar a mi piso eché unas tostadas al horno, y me quedé contento y admirando los calentadores que brillaban en la oscuridad…

The sunset over the park in Madrid.
The red-hot heating elements of my oven in the dark.

Como ya he mencionado, ya toca que deje esta entrada de blog, que cierre mi portátil y que me desconecto lo más posible durante esta próxima semana mientras visito a mis amigos Cami y Sam en el sur de Tenerife. Naturalmente me llevo la cámara, así que habrá muchas fotos y historias que contar a la vuelta. ¡Solo espero que sobreviva el calor!

¡Felices vacaciones a todos!

22.07.20 — Diario

Un verano despacio

Hace ya más que dos semanas que publiqué mi última entrada de blog, pero sigo intentando salir de mi piso lo más posible. O sea para recoger más luces coloridas de IKEA o para quedar con amigos a comer, poco a poco he ido reclamando las calles mientras llegamos a las alturas del verano español.

Como te puedes imaginar, sin embargo, este calor a veces se vuelve insoportable, así que he pasado la mayoría de mis tardes en mi casa durmiendo la siesta, preparando comida o limpiando en el confort del aire acondicionado. Parece que mis vecinos están haciendo lo mismo durante el finde, ya que un sábado me desperté para encontrar mi piso bañado en el resplandor de una luz cálida reflejada de una toalla rosa que habían colgado en el patio.

My kitchen is bathed in a pink glow.

Hasta la planta que había dejado fuera creaba un resplandor rosa y verde.

A pink glow and a green light from a leaf are shown through the frosted glass of my bathroom window.

Ese mismo finde quedé con mi amigo Jhosef y su hermana para visitar IKEA, porque los tres necesitábamos pillar unas cosillas que habíamos echado en falta durante la larga cuarentena. Yo principalmente quise ir por las albondigas ricas, pero también decidí que iba a darme el gusto de comprarme unas nuevas luces ya que se pasa mucho tiempo en casa hoy en esta nueva normalidad.

Después de un viaje agotador en el metro al centro comercial, nos guiaron por los pasos de preparación para entrar en las tiendas: lecturas de temperatura corporal, gel hidroalcohólico y un aviso que no debíamos ni sentarnos en los bancos ni acercarnos a los demás. Aparte de las zonas restringidas, las colas para entrar en unas tiendas y la vuelta enorme que tuvimos que dar en el color inaguantable del exterior para entrar en el IKEA, todo me parecía bastante normal.

Me outside of the IKEA sign.

Se puede sentir el calor en esta foto que sacó Jhosef de mi en el parking.

La compra en IKEA fue bastante normal, excepto el sistema de única vía que habían implementado junto con las señales que nos pedían que solo tocásemos lo que íbamos a comprar. Por el otro lado, la experiencia en la cafetería fue muy extraña, ya que tuvimos que esperar a ser sentados, que nos sirviera las bebidas el personal y ni nos pudieron facilitar servilletas.

Tras llegar en casa muy tarde esa noche, pegajoso y exhausto después de tanto viajar en el calor del día, estuve bastante molesto al descubrir que una de las bombillas que había pillado era el modelo equivocado. No sabía que hacer, pero al final decidí volver a hacer el viaje de una hora el día siguiente para que me la sustituyeran – yo me conozco, y sé que si no hago algo al instante, ¡lo más probable es que nunca se haga!

Ese domingo por la noche se dedicó a la instalación de estas nuevas luces que me había comprado junto con otras que llevaban un rato en mi armario sin utilizarse. Jhosef pasó por mi casa esa misma tarde para echar un vistazo a lo que había creado con todas las luces que me vio comprar y sacamos unas fotos por la casa. Más luego realizaré otro shooting nocturno en el piso para compartiros como se ve (como hice al mudarme a este piso), pero por ahora os dejo con un par de fotos iniciales…

A plant is bathed in the glow of both a red and blue light.
Jhosef stands in a doorway, bathed in the glow of both a red and blue light.

Algo que he estado trabajando (y algo que casi nunca dejo de trabajar) es el diseño de mi nueva web. Siempre tengo cuidado con mencionar el tema, ya que me conocen por cambiar el diseño mil veces antes de lanzar, pero creo que no hará daño compartir una vista previa…

My laptop screen shows my new website design.

Como bien digo, sin embargo, tómate esto con precaución, ya que la última vez que compartí el diseño de mi nueva web (la que estás usando ahora, de hecho) escribí una entrada de blog para compartirlo – y luego acabé cambiando la tipografía, la composición y muchos otros detalles antes de lanzar la cosa. ¡No mienten mis amigos al decir que mi web es un proyecto eterno!

En fin, cuando no estoy en casa, he intentando visitar las zonas más verdes de la cuidad, ya que suelo echar de menos el campo y la naturaleza en la que crecí. Tales sitios incluyen el río al lado de mi casa, otra zona verde donde los ferrocarriles de Delicias y hasta un viaje al oeste de la ciudad y el Templo de Debod.

Pasé por allí con Jhosef después de que me sacó a comer una comida peruana en un sitio autentico, donde comimos pollo asado, ceviche, papa rellena y mejillones (que ahora me matará porque me explicó que estos platos tienen nombre distinto en Perú, pero se me han olvidado los nombres). Todo esto lo tomamos con chicha, una bebida deliciosa hecha a base de maíz moreno y especias. Era todo riquísimo, ¡y la verdad es que hacía falta el paseo por el templo y el parque para bajar la comida!

Stairs lead up through a blanket of trees at the Parque del Oeste in Madrid, Spain.
The "Building of Spain" hotel seen through one of the arches of the Debod Temple in Madrid, Spain.

La falta de gente por allí me permitió sacar esta foto de lo antiguo y lo nuevo.

Otra tarde me fui un poco menos lejos de casa, eligiendo bajar al río un par de horas para llamar a unos amigos de Inglaterra. Se sentó bastante bien esta pequeña excursión, y pasé unas horas viendo el mundo pasar y descansando en la sombra de unos árboles.

A canopy of trees seen from below.
A selfie of me in the evening sunlight.

Un problema que siempre se me presenta en este mundo de la nueva normalidad es la lucha mental de desear escapar e irme lo más lejos del piso que sea posible contrastado con la aversión de usar el transporte público menos que sea absolutamente necesario. Creo que ya tengo la solución, que consiste en alquilar una bicicleta de BiciMad e irme lo más lejos posible antes de tener que dar la vuelta para volver a casa.

A view over the centre of Madrid, with the royal palace and cathedral on the skyline, illuminated by the evening sun.

Esta aventura me llevó a la zona de Moncloa, que llegué alcanzar al cruzar un puente antes de llegar al fin del parque de Madrid Río. Este desvío me dejó en una serie de calles estrechas y tranquilas que luego me llevaran por una urbanización donde vivía un rato durante mis prácticas en Erretres hace más de cuatro años.

A red railway overpass is lit in the warm glow of the evening sun in Madrid, Spain.

Después de una noche bonita montada en bici, el finde siguiente salimos Jhosef y yo para celebrar el fin de su curso universitario. Subimos a Chueca, donde nos tomamos unos cócteles en la azotea de un mercado, antes de bajar a un restaurante local donde acabamos saliendo rodando después de unas raciones enromes de croquetas y calamares. Fue una noche preciosa, ¡y los cócteles sentaron muy bien después de muchas semanas de trabajo duro!

The streets of Chueca in Madrid, Spain.

Eso no lo es todo, sin embargo, pero hasta aquí he llegado con la organización de mis fotos para subirlas al blog. Jhosef, Hugo y yo pasamos unas horas este finde pasado de relax en la piscina de mi oficina, y por supuesto sacamos muchas fotos, ¡pero eso para la próxima!

Por ahora, puedo contar que he pillado unos vuelos para pasar unos días en Tenerife y luego Murcia durante mis vacaciones, así que crucemos los dedos que se mantenga bajo control la situación del coronavirus aquí en España para que pueda visitar mis amigos en la isla y mis tíos en el sur de la peninsula. Seguro que todo irá bien, y claro que luego volveré con muchas fotos más y unos cuentos graciosos. ¡Hasta entonces!

02.07.20 — Diario

La ciudad fantasma

Ahora que nos encontramos en esta época gloriosa de la nueva normalidad, he aprovechado de cada oportunidad de volver a las calles de la ciudad que me enamoró en mi primera visita hace ya casi cinco años. La llegada del verano también ha servido para sacarme de mi piso, aunque mi primera salida me dejó sudando al subir las temperaturas hasta unos 35°C durante el día.

Este primero viaje al centro se produjo por las ganas que tenía de pillarme unas cosas que me recuerdan a Inglaterra, porque ya llevo unos meses queriendo una bebida que se llama cordial (o squash a veces), que se mezcla con agua para crear una bebida de frutas instante. Esta búsqueda me llevó a Dealz, una tienda que ofrece un rango de productos importados del Reino Unido.

No me gusta hacer transbordo pero es un sitio bonito en el que hacerlo.

The roundabout at the Puerta de Toledo in Madrid, with a bus in the background between green trees and red flowers.

Con una selección de patatas fritas y chocolate británico en la mano, me volví a casa, que luego tardé unos días más en volver a salir a las calles soleadas de Madrid. En esta ocasión me alejé menos de mi casa y bajé al Matadero, un centro cultural que se encuentra a solo diez minutos de mi casa.

One of the buildings of the Matadero in Madrid in the evening sun.

Aquí es donde el titulo de esta entrada de blog empieza a coger sentido. El espacio exterior enorme, que suele encontrarse lleno de gente pasando el rato a estas horas de la noche, se encontraba más o menos vacío. Esta paz me venía bien, sin embargo, porque había quedado con llamar a Rhea, ¡que llevo sin verla desde mi último viaje a Inglaterra el año pasado!

One of the buildings of the Matadero in Madrid in the evening sun with a terrace in the foreground.
A multicoloured bar in a hut at the Matadero in Madrid.
The plaza in the centre of the Matadero in Madrid is empty whilst bathed in the evening sun.

Después de cruzar el complejo entero a las orillas del río que se encuentran al otro lado, busqué en vano un sitio en la sombra en el que sentarme mientas manteniendo el protocolo correcto de distancia interpersonal. Al final volví al Matadero y un rincón detrás de su cantina preciosa.

A redbrick building bearing the name "Cantina" (Canteen) at the Matadero cultural centre in the south of Madrid, Spain.

El finde siguiente subí al centro comercial de Madrid, la puerta del sol, para echar un vistazo a un nuevo portátil y subir al Club Gourmet de El Corte Inglés para realizar unas investigaciones informales para un nuevo proyecto laboral.

The puerta del sol in the centre of Madrid.

Allí me emocioné al encontrar un pastel de cabracho, algo que me encanta y que siempre me trae recuerdos de la primera vez que subí a visitar a Kevin en Oviedo. Me lo pillé aunque me costó 7€ – ¡nada de chollos en tal Club Gourmet!

De camino a casa me encontré con mi compañera y su familia y me detuve un rato para hablar con ellos antes de pasar por La Mallorquina para coger una napolitana de chocolate. Solía desayunar una antes de la cuarentena, así que fue un bonito recuerdo de la antigua normalidad.

Energizado por el azúcar, decidí caminar por la Plaza Mayor y por el barrio bonito de La Latina, donde alquilé una bici y dejé que el viento me refrescase al bajar sin pedalear por las cuestas del sur de la ciudad.

La Latina se veía resplandeciente en la luz del atardecer.

El día siguiente volví a montarme en bici, pero esta vez me atreví a intentar subir la cuesta ascendiente a la zona del palacio real, donde había quedado con mi amigo Hugo para dar una vuelta y tomarnos un helado. Pensé que molaría grabar el viaje en mi móvil para compartir el viaje pintoresco con mi familia en Inglaterra, ¡pero resulta que las capacidades de estabilización de vídeo de mi móvil no sirven para nada al encontrarse frente las calles desniveladas madrileñas y la vibración furiosa de la bicicleta eléctrica!

Una vez encontré a Hugo, que andaba por el centro de compras, bajamos a la Plaza del Oriente al lado del palacio real. Esta plaza, y sus jardines verdes y terrazas bonitas, suele verse inundada de gente, pero nos encontramos casi solos al dar una vuelta en el calor del mediodía. El nombre de esta entrada de blog, de hecho, viene de un mensaje que le envié a Hugo al esperarle por Ópera.

The east facade of the royal palace in Madrid with no people around at all.

Nunca he visto esta son con tan poca gente dando vueltas.

The royal palace of Madrid is visible through the trees of the Plaza del Oriente.

Los dos pillamos un helado de Zúccaru, una heladería siciliana que ofrece sabores caseros deliciosos, y nos sentamos en la sombra de unos árboles para ponernos al día con los eventos de la semana anterior. Después de caminar por la zona un rato más (durante el cual me quemé los brazos, algo de que solo me di cuenta al llegar a casa), acabamos en la plaza entre el palacio y la Catedral de la Almudena. En un domingo así, usualmente estaría petada de gente, pero ya veréis que no se ve ni un alma en la foto.

Así concluimos mis aventuras recientes, que han sido intercaladas por unos días intensivos ahora que cambiamos a la jornada intensiva. Esto, junto con el arranque de unos nuevos proyectos grandes y emocionantes, me deja con poco tiempo para salir entre semana, pero aprovecharé para escapar de mi piso este finde y ¡os contaré que tal!

21.06.20 — Diario

La nueva normalidad

Después de aguantar más que tres meses de una España en cuarentena, durante estas últimas semanas la comunidad de Madrid ha pasado por las cuatro fases de la desescalada. Mi última entrada de blog incluyó varias salidas que pude realizar, pero estas vueltas las tuve que dar sin compañía.

Ahora, con la reapertura del transporte público, la restauración y la flexibilización de otras medidas de confinamiento, ¡las quedadas ya se pueden hacer! Todo esto fue muy emocionante, pero mi primera “quedada” no fue tan espectacular, ya que consistió en viajar a una clínica en el norte de la cuidad para que me realizasen una prueba de COVID-19.

Looking up to the sky from the entrance to Delicias metro station in Madrid, Spain.

Al recibir los resultados, estaba molesto al descubrir que no tenía los anticuerpos, así que lo más probable es que no haya pasado el virus todavía. Yo quería que el resultado diese positivo, ya que habría significado que ya lo hubiese pasado de manera muy leve y no me tendría que preocuparme tanto con cara al futuro. Pero bueno, ¡es lo que hay!

Después de otro viaje fascinante al dentista en las tierras exóticas al norte de mi barrio, por fin tocaba quedar con unos amigos tras meses sin contacto humano. Naturalmente había quedado con Bogar y Hugo en el río, donde montamos un picnic, durante el cual mantuvimos la distancia y hablamos hasta tarde.

Me, Bogar, and Hugo have a picnic by Madrid Río.

Unos pocos días después Hugo y yo nos volvimos a ver, pasando nuevamente por las sendas del Parque Madrid Río. Durante el camino, pasamos por el Calderón, que ya se encuentra en un estado casi totalmente demolido.

The remains of the Vicente Calderón Stadium in Madrid during its demolition.
The rear facade of the Matadero in Madrid.

Nos entró bastante hambre durante el paseo, así que eventualmente acabamos descubriendo una hamburguesería que se encuentra a media manzana de mi casa. Después de unas horas de cañas y hablando de la vida, quedamos en hacer otro picnic el día siguiente con unos amigos de Hugo.

The brick facade of a building near the Atocha Train Station in Madrid. A streetlight lights up part of the dark facade by night.

Había prometido que llevaría una de mis famosas tartas de zanahoria, así que pasé medio día horneando, solo para que luego me diese la bienvenida unos truenos fuertes y lluvia al salir de mi casa. Me quedé en mi piso durante otra media hora más (ya iba dos horas tarde), pero lo que no sabía fue que esto marcó solo el comienzo de una cadena de desastres.

Una vez pasada la lluvia, decidí que la manera más rápida de llegar al parque donde habíamos quedado fue en patinete eléctrico, así que colgué mi bolsa llena de tuppers en el manillar y fui bajando por el río a toda velocidad. A mediados del viaje, juzgué mal la altura de un escalón que se veía muy pequeño, así que en un instante me encontré comiendo el asfalto al caerme de manera espectacular al suelo.

Sin daños menos un tupper roto, unos trozos de pastel algo revueltos y unas rallas nuevas en mis vaqueros, me volví a montar en el patinete y seguía al parque. Eventualmente llegué y me presenté a los amigos de Hugo, pero enseguida mi llegada fue marcada por unos truenos más y una lluvia ligera que no tardó en convertirse en una lluvia torrencial.

Cogiendo los platos, las mantas de picnic y los restos de comida y latas sin abrir que se pudiese salvar, mi primera reunión con el grupo se cortó antes de tiempo, y todos fuimos al refugio de una parada de bus al lado del parque. Uno de los amigos de Hugo amablemente nos ofreció una vuelta en su coche a la puerta de mi casa, donde una bolsa de comida se cayó y chocó con un vaso de vino tinto que acabó manchando mi alfombra. Como dije, ¡realmente fue una serie de eventos desafortunados!

Para animarme un poco, el día siguiente hice unas magdalenas de zanahoria con la masa que me había sobrado, y dejé unas con mi amigo Jhosef para que me dijera que tal, porque él me regaló un bizcocho de plátano buenísimo para mi cumpleaños.

A plate full of seven carrot cake buns topped with walnuts and cinnamon.

Con tanto trabajo que hacer en casa, voy aprovechando cada vez más de estas nuevas libertades para visitar el parque del río y caminar, montarme en patinete o ir en bici durante una hora o así para despejarme la cabeza después de los estreses del día. Saliendo o solo o acompañado por Josef, ya he visto una buena cantidad de atardeceres y he podido seguir la demolición del estadio, que ahora se encuentra casi desaparecido.

The evening sky full of various cloud formations seen from a bridge over the river in Madrid.
The skeletal remains of the Vicente Calderón stadium in Madrid.
The sunset in Madrid colours a cloud formation in orange in contrast with the blue sky.
The silhouette of the nearly demolished Vicente Calderón stadium in Madrid, against a sunset.

Otro pequeño subidón llegó en la forma de una carta y regalo que me mandó Kevin de los Estados Unidos. Me envió una copia del “The Waste Land” (La tierra baldía) de T. S. Eliot, que no he llegado a leerlo todavía, pero tengo muchísimas ganas porque Kevin ha hablado tan bien de la obra en el pasado.

A card addressed to me which came from the US.

Aparte de tantos viajes por el río, también he salido a ver a otros amigos, pero durante estas quedadas, ¡la emoción de volver a ver a mis amigos hizo que me olvidase sacar ninguna foto!

Una noche quedé con Luis, un ex-compañero, y un grupo de compañeros de Erretres para tomarnos unas birras y echarnos unas risas en Sala Equis. Otra noche volví a quedar en mi terraza local favorita con Bogar y Hugo, y la semana pasada me vi con Blanca, Jesús y Pablo para cenar y tomar algo en un sitio cerca de la oficina.

Mi barrio luce bastante bien sin tantos coches en la calle.

A street in Delicias, Madrid, covered by a sky with cloud formations.

Con eso, concluyo este cuento sobre cómo ha sido la transición gradual de vuelta a esta nueva normalidad (en las palabras del gobierno). Este finde, vuelven a abrir las fronteras entre comunidades y entramos en una nueva etapa de esta locura de año que se llama 2020, así que seguro que en breve volveré con más noticias y cotilleo. ¡Hasta entonces!

23.05.20 — Diario

Parques abiertos y estaciones cerradas

Destaqué al final de mi última entrada de blog mi deseo de estar libre, y gracias a la cooperación del pueblo español y el plan para la desescalada creado por el gobierno, esa libertad pronto vendrá. El gobierno acaba de anunciar que Madrid entrará en la fase 1 el lunes, lo cual significa que podré visitar a amigos, vagar por donde quiera y muchas cosas más a partir de la semana que viene.

Por ahora, no obstante, tengo que quedarme dentro del límite de 1km, pero ahora no está tan mal gracias a mi hallazgo de un parque local que ya está abierto. Este parque es bastante interesante, porque contiene unas vías ferroviarias, arquitectura loca y una colina enorme que ofrece unas vistas maravillosas sobre el sur de la ciudad.

The evening sun illuminates the facade of a redbrick building in Madrid, Spain.

Estos paseos diarios me mantienen la energía y el optimismo.

Clouds and blue sky over the city of Madrid as seen from a park in the south.

Lo más destacado del parque consiste en una estructura enorme de concreto y una chimenea de metal que marcan el punto central de un puente que cruza una de las vías ferroviarias. Desde este punto, se puede disfrutar de unas vistas hacia el norte de la ciudad, como en la foto de arriba. Al este de aquella estructura, que también sirve como un muro de escalada enorme, está situado el planetario. Llevo bastante queriendo visitar el planetario, pero nunca he llegado a ir, así que supongo que es algo que tendrá que esperar hasta la vuelta a la nueva normalidad.

Madrid's planetarium seen from a bridge nearby.

De camino de vuelta a casa desde, vi que unas vías ferroviarias en el pavimento llegaban a unas puertas de hierro enormes que quedaban bien cerradas y cubiertas en redes oscuras para ocultar lo que quedase detrás de las mismas. Al alcanzar a ver una estructura que parecía una estación de tren, sabía que había una oportunidad de ver unos trenes abandonadas en una estación cerrada, así que me puse a investigar.

Siguiendo la línea de la reja, buscaba puntos donde la red estuviera dañada o abierta, pero parecía que habían hecho un buen trabajo en asegurar que la gente curiosa (como yo) no pudiéramos ver nada. No lo lograron del todo, sin embargo, porque eventualmente encontré un par de huecos y saqué estas fotos de esta estación abandonada y los trenes oxidados que quedan dentro.

An abandoned train half-covered by black netting lies abandoned in a train station overrun by nature.
Two old railway cars sit abandoned facing each other. One if more futuristic in its styling, the other much more classical.

Después de investigar más luego, resulta que estos andenes antes formaban parte de la estación antigua de Delicias, cuya nueva encarnación es la estación en la cual cogía el Cercanías a la oficina antes de la cuarentena. La antigua estación de Delicias ahora se encuentra parcialmente utilizada por el Museo del Ferrocarril y parcialmente como espacio para almacenar trenes antiguos.

Durante estas idas y vueltas al parque, también encontré un par de maravillas arquitectónicas entre los bloques genéricos de pisos que forman la gran parte de mi barrio. Como molaría vivir en un edificio tan bonito de solo dos plantas en pleno centro de Madrid, o tener un balcón en una fachada tan bonita e intrincada…

The corner of a two-storey building, with a plant-filled balcony.
A red facade intricately detailed with geometric ornaments and black iron railings.

En otra ocasión volví al parque algo más tarde en la noche, lo cual me presentaba con una iluminación muy bonita para sacar unas fotos más. Fotografié la estructura grande de concreto y un panorama de las vistas sobre el sur de la ciudad.

Trees and sky are seen through a circular hole in a concrete wall, with a streetlamp in the foreground.
Looking up at the angular forms of a concrete structure in Parque de las Delicias, Madrid, Spain.
A panorama over the south of Madrid during sunset.

En otros paseos por allí, volví a subir a la estación de Atocha, y en otra ocasión paseé por más de las calles históricas de Madrid. Me gusta mucho mi barrio, pero siempre da gusto pasar por la majestad vieja del centro.

A sign reading "Escuela de artes" (Art School) on a facade in the historic centre of Madrid, Spain.
The facade of Atocha Train Station, currently out of use due to the coronavirus pandemic, in Madrid, Spain.

Cuando no estoy de paseo, siguen mis experimentos culinarios en casa, y esta semana ha toca un pan italiano con mozzarella, pesto, tomate seco, aceitunas y parmesano. Me recordaba de una pizza blanca, o quizás el plato alemán llamado flammkuchen, pero de todos modos estuvo bien rico.

An Italian-style flatbread covered in mozzarella, pesto, dried tomato, olives, and parmesan.

Con esta pequeña actualización os tengo que dejar hasta la próxima, porque este finde tengo que hacer un poco de papeleo y preparar una cena rica de un filete de ternera con verduras. Para mantener el costumbre de mis dos últimas entradas, sin embargo, os dejaré con una canción que llevo escuchando toda la semana…

Este temazo te tiene que poner los pelos de punta.