18.02.21 — Diario

El día de las tortitas

Cómo quizás sepas ya estoy de vuelta a Madrid y al trabajo, donde hemos arrancado fuerte el año con mucho trabajo. Desde que volví de Inglaterra hace unas tres semanas, no he parado, pero sí que he estado llenando mis ratos libres con mini aventuras.

Arranqué el primer finde con una vuelta por el centro de la cuidad, pasando por las calles que me dieron la bienvenida cuando visité Madrid por primera vez hace unos cuantos años ya. Tras pasar por la Puerta del Sol en el centro, subí a un bar mexicano en Malasaña, donde tomé un par de margaritas y unos platos deliciosos y bien picantes con un par de amigos.

Se me olvidó sacar fotos a los tres o a la comida, pero me gustó mucho esta lámpara.

Acabe el finde con una noche de peli y manta tumbado en mi cama, después de haber traído mi TV a la habitación como un profe aburrido del instituto que deja de dar clases en las semanas antes de las navidades y que pone una película en cambio. Pero fuera de coña, ¡ponerle ruedas al soporte de la televisión ha sido una de las mejores ideas que he tenido!

Entre semana, pasé una noche intentando hacer pan por primera vez en mi vida. No fue ninguna barra de masa madre ni mucho menos, pero después de no haberme apuntado a la moda de hornear pan durante la primera cuarentena, al final encontré una receta de pan turco que me apetecía intentarla. Los bolsillos de pan rellenos de queso feta y espinacas me salieron bastante bien, pero hice demasiados, y no pensé en cómo se deshacerían al ser dejados sin hornear en la nevera… ups.

Dejando de lado aquel desastre de la masa líquida que se montó en mi nevera, el finde siguiente llegó dentro de nada, y con él un plan que me apetecía mucho: una excursión al IKEA con Luis. Ya que se ha mudado a un nuevo piso muy bonito a solo diez minutos andando del mío, los dos nos subimos a su coche y fuimos a buscar unas nuevas bombillas inteligentes. ¡Parece que mi obsesión con llenar mi piso con luces coloridas se está contagiando!

¿A quien no le va a gustar que su casa parezca una atracción de Disney?

Luego llegó otra semana laboral, y con ella el cierre de un proyecto de embalaje muy emocionante que pronto desvelaremos al mundo – ha sido un buen reto ¡pero el resultado final va a valer la pena! Dentro de nada, sin embargo, volvió a llegar otro finde, y con él muchas vueltas por la cuidad en bici.

El primer viaje fue con Jhosef para que recogiera unos cascos que había dejado en su oficina, y después del cual aprovechamos para pasar por el centro y comprarnos unas cositas. Me autoregalé un Chromecast para mi tele y una nueva manta super suave para el sofá. ¡Ahora sí que me identifico como adulto ya que tengo más que una manta para mis momentos de pereza en el sofá!

El día siguiente salí a dar una vuelta yo solo, durante la cual fui bastante lejos. Bajé la asistencia eléctrica de la bici y me subí al centro, tomando una pausa por el Palacio Real para beber algo y empaparme en el ambiente soleado. Luego volví a montarme y subí al norte del centro, encontrándome en una senda ciclable que sigue el camino del río.

Allí fui a mi ritmo, manteniendo un ojo en la batería resistente de la bici ya que sabía que me quedaba por subir una cuesta tocha a la vuelta al centro. Paré unas cuentas veces. durante esta aventura por el río, explorando unos puentecitos de madera e isletas que se encuentran en medio del corriente rápido del Río Manzanares.

Luego llegué al final de la senda, que me dejó en un puente que cruza una de las autopistas principales del norte de Madrid. Sorprendido por esta transición tan repentina, me quedé un momento sacando fotos de la cuidad y la sierra que se veía a lo lejos. De repente alguien me llamó por nombre, y me encontré con Pablo, un fotógrafo que ha trabajado conmigo en algunos proyectos. ¡Que casualidad que nos encontrásemos un domingo por la tarde en un puente sobre la autopista!

Después de esta sorpresa feliz, volví al centro y subí lentamente por la cuesta que me llevó a Moncloa, donde pasé a comprar unos sellos y dejar un paquete con destino a Murcia. Realizado este recado, luego pasé por el centro tranquilamente, llegando a casa justo a tiempo para comprar una barra de pan con 30% de descuento para hacerme una bocata de tortilla.

Con eso ya llegamos a esta semana, que ha sido una semana corta de tan solo tres días laborales, ya que me quedaban un par de días de vacaciones por coger del año pasado. Eso no quiere decir que no he estado ocupado, sin embargo, ya que el martes para nosotros británicos supuso un día muy especial: ¡el día de las tortitas! (Pancake Day en inglés).

Es un día que celebramos cenando tortitas con zumo de limón y azúcar, y que tiene raíz religiosa, un día para agotar los ingredientes como mantequilla y harina que eran prohibidos durante la Cuaresma. Invité a Jhosef a casa para que lo experimentase por primera vez, y pasamos la noche comiendo tortitas acompañados por una copa de pacharán: ¡una fusión anglo-española!

¡Tenía muy buena técnica a la hora de darle la vuelta a la tortita aunque fue su primera vez en hacerlo!

Hoy es el primer día de mi finde de cuatro días, y he quedado en comer con mi amigo Napo y luego salir a comprar una nueva sartén – las tortitas, al parecer, eran la gota que colmó el vaso y acabaron destrozando la capa de teflon de mi pobre sartén actual. También aprovecharé de estos días para currar en el nuevo diseño para mi web y otras cosas emocionantes – ¡más detalles por venir!

03.02.21 — Diario

Un ratito en Inglaterra

Como sabrás si leíste mi última entrada de blog, en la cual revelé mi ubicación actual hacia el final, acabo de realizar un viaje a Inglaterra. El premiso de este viaje no fue muy feliz, ya que fue principalmente para asistir al funeral de mi abuela, pero me alegré poder ir y ¡los días extra pasados con la familia eran un bonus!

El viaje empezó cuando madrugué a las 5am y me puse a preocuparme sobre si el vuelo iba a prestar servicio o no, ya que Madrid todavía se encontraba debajo de montones de nieve y capas de hielo de la Borrasca Filomena. Me recordaba de la última vez que viajé a Inglaterra, cuando también existía la duda de si la nueva cepa iba a interrumpir los vuelos procedentes y con destino al Reino Unido. Me llegó el taxi, sin embargo, y me encontré tropezando cansadamente en el frío fuera del Terminal 4 después de comprobar que el vuelo seguía en marcha.

Andaba cansado, con frío y bastante perdido mientras buscaba una entrada abierta.

Después de hacer un amigo en la forma de un pájaro que había entrado en el terminal, me subí al primer avión. Digo que era el primero porque este viaje supuso la primera vez que tuve que hacer una conexión, que era un transbordo de cinco horas en Londres Heathrow. Esto convirtió el viaje en unas ocho horas, un salta bastante tocho de las dos que suelen ser cuando hay vuelos directos de Madrid a Mánchester.

Pasé el rato en Heathrow buscando todas las tiendas que me pudieran ofrecer el mejor de todos los inventos británicos, algo que se llama un “meal deal”. Es como un menú que suele valer unos £3 que incluye un sándwich frío, una bolsa de patatas y una bebida. Solo tuve dos opciones al final, así que pasé un buen tiempo eligiendo que combinación de patatas, sándwich y bebida más me apetecía. Una vez comprada mi comida, me busqué un rincón tranquilo para sentarme y esperar el segundo vuelo.

El rato en Inglaterra empezó con el funeral que celebró la vida de mi abuela, y que fue triste como te puedes imaginar, pero me gustó por ser una despedida bonita, íntima y perfecta para una gran mujer.

Montamos un servicio que era colorido y alegre como le hubiera gustado.

El finde siguiente llegó una nevada bien bonita, así que mis padres y yo salimos a dar una vuelta por el campo. Saqué bastantes fotos durante este paseo de dos horas, durante el cual nos encontramos un rebaño de ovejas muy inquisitivas que estaban convencidas de que les habíamos traído algo de comer.

Me sentí mal por no llevar nada para darles a mis nuevos amigos.

Como ves, tomé la mayoría de las fotos del viaje durante este paseo nevado. Eso no solo fue porque representó el momento más bonito de la visita a Inglaterra, sino también porque pasé la semana siguiente conectado al trabajo durante unos días atrojados y algo largos. ¡Era todo un lujo, sin embargo, tener las cenas caseras de mi madre cada noche al desconectarme.

Después de desconectarme del trabajo el viernes, tuve que hacer la maleta lo más rápido posible para madrugar el sábado. El viaje de vuelta consistió de dos vuelos, pero con tan solo una hora para realizar la conexión en Londres. Esa hora se cortó a media hora por un retraso en despegar de Mánchester, y acabé teniendo que correr a toda leche por el Terminal 5 de Heathrow para llegar a tiempo a la puerta – ¡al pasar por el control de pasaportes, las pantallas ya ponían que el vuelo se cerraba!

Llegué ayer en Madrid, después de un control de COVID-19 y de inmigración muy riguroso en la frontera. A pesar del propósito triste del viaje, aprecié mucho el tiempo pasado con la familia y estoy contando mis estrellas afortunadas por poder haberlo realizado durante el caos que están causando las nuevas oleadas del virus. ¡Parece que no voy a poder volver a hacerlo durante bastante tiempo! Hasta entonces…

23.01.21 — Diario

Borrasca Filomena

Ya llevamos tres semanas viviendo en 2021, y el año ya ha arrancado fuerte, desde el drama en los EEUU, la borrasca que ha pasado por Madrid y el fallecimiento de mi abuela. Llevo casi tres semanas de vuelta en España, ¡y mucho ha pasado en tan poco tiempo!

En el trabajo, el año ha empezado con bastantes cosas por hacer, con muchos proyectos y retos nuevos para abordar. Erretres nos ha dado mucha flexibilidad a la hora de decidir si trabajar desde casa o ir a la oficina, cosa que ha sido maravillosa, pero suelo optar por la opción de viajar todos los días a la oficina. Como mencioné al empezar la primera cuarentena, la separación mental entre mi lugar de trabajo y mi espacio de descanso me es bastante importante, y así estoy consiguiendo que mi piso se vuelva en un sitio cómodo y relajante para que pueda descansar.

Las tardes de relajación tienen que iluminarse por una paleta cromática así.

La gran noticia estas semanas, sin embargo, fue la borrasca que pasó por Madrid y que causó un desorden sin restricciones desde entonces. Me sorprendió aprender que dicha borrasca se había denominado “Filomena”, ya que mi difunta abuela se llama “Philomena” (la “ph” suena “f”). ¡Ya bien sabía que no se iba a ir de este mundo sin causar un buen caos!

Y bueno, fue un caos de verdad que causó. Empecé el finde sin ni saber que Madrid se estaba preparando para afrontarse con la borrasca, por lo caul casualmente bajé al IKEA en el sur de la cuidad para comprarme una nueva mesa tras sentarme encima de la anterior y romperla. Ya nevaba cuando salí de la casa, pero suponía que iban a caer unos diez copos que luego durarían en el suelo unos cinco minutos…

Bueno, llegué a la parada de Metro en el sur para encontrarme con una capita de nieva que sí que estaba cuajando, y tuve que avanzar por un viento cada vez más potente que estaba salpicando cada superficie con nieve. Luego llegué al centro comercial y me encontré con una extraña falta de gente y la mitad de las tiendas o ya cerradas o bajando frenéticamente sus cortinas, cosa que me parecía muy rara dado que eran las 7pm de un viernes.

Algunos entraron en pánico, otros pidieron tranquilamente un cono de churros recién fritos.

Continué caminando por el centro comercial y hasta IKEA situado en el otro lado, y que se encontraba también bastante vacío. Al principio suponía una experiencia bastante buena: ya que no había ni dios, pude probar todos los sofás y mesas que me diera la gana sin tener que preocuparme de la distancia social – ¡tal como en los viejos tiempos!

Más luego, alrededor de la zona de las cocinas, el ambiente cambió algo y me empecé a sentirme raro. Ya andaba por una exposición bastante vacía – al parecer hasta había desaparecido el personal. En breves sonó el anuncio inevitable: ya iban a cerrar la tienda por la situación meteorológica. Me acerqué a la salida, abandonando la búsqueda de la mesa y optando por unas plantas pequeñas que serían más fácil de llevar conmigo.

Fue entonces, al pisar el exterior, que la gravedad de la situación se me pegó. Solo había estado confinado dentro de la caja de acero que es IKEA durante una hora o así, pero las condiciones fuera habían empeorado dramáticamente. Una capa de nieve de unos 5cm ya cubría todo, y no había señal de que la tormenta polar se fuera a detener. El parking se encontraba casi vacío, los coches que quedaron iban resbalando hacia las salidas. Me fui hacia el Metro con bastante prisa, esperando que su naturaleza subterránea lo hubiera protegido de la nieve, pero tan solo llegar me era difícil por los vientos fuertes y la caída de nieve casi horizontal que insistía en pegarme directamente en la cara.

Luché contra los vientos fuertes y la caída de nieve casi horizontal que insistía en pegarme directamente en la cara.

Afortunadamente logré volver a mi parada de Metro local, Delicias, pero me esperaba una sorpresa al volver al nivel de la calle. Durante el viaje estaba preguntándome si solo la zona alrededor de IKEA se veía afectada desproporcionadamente por su ubicación fuera de la zona densa del centro. Mi teoría se tumbó, no obstante, el encontrarme con una calle que lucía igual que el parking de IKEA. Con cuidado me acerqué a casa, deteniéndome solo para pillar una pita de pollo de un bar libanés local. Una vez en casa encendí la calefacción, puse unas velas y me fui a la cama preguntándome cómo sería el día siguiente.

Ya que vivo en un interior, me desperté sin saber muy bien cómo sería la situación en las calles. La única pista que tenía fueron los ventisqueros que se habían acumulado en las ventanas de mis vecinos. Después de una mañana de vaguear (era un domingo), decidí salir a ver que tal el tema de la dichosa nevada.

Como bien ves, las escenas que se presentaron eran algo apocalípticas. Ramas enromes habían caído por el peso inmenso de la nieve y se encontraban tumbadas encima de coches y en plena carretera. Algunas familias habían salido a construir muñecos de nieve o lanzar pelotas de nieve, pero la mayoría de la gente en la calla andaba como yo: dando vueltas por su barrio para ver estas escenas tan extrañas.

Dentro de poco el frío se me hacía demasiado, y luego casi me caí por una depresión en el superficie que no se veía por estar tapada por medio metro de nieve. Esta caída me dejó con la bota mojada y de mal humor, así que volví a casa para secarme antes de salir al supermercado. Eso al final fue otra vuelta poco productiva, ya que se había cerrado antes el Mercadona por la nieva, así que regresé a casa y me apañé con una lata de crema de champiñones.

Estar mojado y con frío se arregla fácilmente en casa con unas velas encendidas.

Una vez acabado el finde tan nevado, pensé que la nieve tardaría poco en derretirse y que el caos se iba a relegar a un recuerdo, pero me equivocaba. El viaje a la oficina supuso un ejercicio en intentar no caerme patas arriba en la cuesta helada que era la calle de la oficina. Las condiciones se empeoraron con el paso de la semana, ya que se acumulaban bolsas de basura en las calles y caían trozos peligrosos de nieve e hielo desde las cornisas.

Más luego, y con una semana laboral ya acabada, tocó descansar y disfrutar un finde bien tranquilo. Arranqué todo el viernes, al salir a comer unas tapas catalanas con mi compañero Jesús. El día siguiente bajé a visitar el nuevo piso de mi excompañero Luis, donde andaba colocando sus plantas justo antes de la gran mudanza al barrio la semana siguiente.

Después de unas copas de vino y picar un poco de chosco de tineo (que cosa más rica, por favor) en una vinoteca local, dejé a Luis para quedar con Napo en Five Guys. Habíamos quedado en cenar una hamburguesa y ponernos al día después de vernos la última vez justo antes de mi viaja a Inglaterra para pasar la Navidad. El domingo salí a comer fuera una vez más, tomando unos pinchos y cañas con Sara en la azotea del El Corte Inglés de Callao.

Este finde bonito luego dio paso a una semana que ha resultado ser algo de una aventura, pero ya tendré que dejar esa historia para la siguiente entrada de blog. Con decir que ando en Inglaterra escribiendo esta, ¡creo que os da bastante pista con respeto a lo alterada que ha sido! Hasta entonces…

14.01.21 — Diario

Un Año Nuevo sombrío

Mi última entrada de blog, como mencioné al concluirla, era la primera de una serie de dos partes que habla de mi vuelta a Inglaterra para Navidad y el Año Nuevo. Dejamos la historia durante una Navidad muy movida, pero después del 25, nuestras actividades se volvían algo más tranquilas por causa de unas noticias que recibimos el día 26.

Nos contactaron ese día para avisarnos que mi abuela había dado positivo por la COVID-19. Mis padres fueron a visitarle, pero mi hermana y yo no podíamos por el estado de la situación del virus en el Reino Unido. Los siguientes días fueron bastantes apagados mientras mis padres seguían visitándole, y solo existía el camino diario por el prado para mantenernos la mente ocupada.

Aunque teníamos los ánimos muy bajos, debo decir que nunca he visto jamás escenas tan bonitas en el pueblo en el que crecí, Worsthorne. Nevó durante unos días y disfrutamos una serie de atardeceres de invierno gloriosos, dos factores que combinaban para ofrecer unas vistas impresionantes por el campo.

Ya que estos días antes del Año Nuevo se pasaron en familia, y porque saqué tantas fotos a estos momentos al aire libre, ahora compartiré estas fotos de manera ininterrumpida antes de hablar del Año Nuevo al final de esta entrada de blog.

Como bien se ve, tuvimos la suerte de ver unas vistas flipantes durante estos últimos días del año 2020. Todos los planes que pudiéramos haber tenido al final se tuvieron que dejar de lado, sin embargo, cuando nos avisaron que la salud de mi abuela había empeorado. Mis padres volvieron a visitarle, así que di la bienvenida al Año Nuevo viendo los fuegos artificiales de Londres en la tele antes de irme a dormir.

El día siguiente, el primero del 2021, me desperté a la noticia que mi abuela había fallecido.

En vez de hablar de los siguientes días de mi estancia en Inglaterra, me gustaría hablar un poco de mi Abuela Mena (se pronuncia “mina”). Pocos habréis tenido la suerte de conocerla, pero los que sí tendrán muchos buenos recuerdos y historias graciosas, así que esto lo mantengo breve. 

Puede que mi abuela fuera de las personas más influéncialas en mi vida. Desde una obsesión con las bombillas a un odio hacia las bananas, tuvo un papel enorme en determinar la persona que soy hoy — ¡pasé tanto tiempo con ella de pequeño que era imposible que no lo hiciera! 

Cuando era un bebé, mi abuela solía apagar y encender las luces de la sala, diciendo “light, light!” (“¡luz!”) mientras lo hacía. La primera palabra que dije entonces fue “light” en vez de lo típico de “mamá” o “papá”. A partir de estos comienzos tontos, desarrollé un aprecio y obsesión con todo lo relacionado a la iluminación – algo con lo que me he quedado hasta el día de hoy. Es el por qué uso una bombilla como logotipo personal — un logotipo que hoy en día tiene una presencia mínima en mi web, pero que voy a utilizar para firmar esta entrada de blog.

Debería también explicar la anécdota de la banana. Cuando no estaba intentando saltar los plomos de mi casa, mi abuela estaba volviéndole loca a mi madre con su insistencia que comiese yo una banana cada cinco minutos. Mi madre me dejaría con mi abuela durante cinco minutos, y al volver descubriría que tenía yo el delantal manchado con pulpa de banana. Luego mi made le cuestionaría si me había dado otra banana, y mi abuela respondería siempre con un “¡no!” incrédulo. 

Estas son dos anécdotas que creo que ilustran perfectamente lo que quiero compartir con el mundo de mi abuela: su gran influencia en mi en todos los mejores sentidos, y su personalidad cálida, cariñosa y traviesa.

Todo el mundo la conocía como una irlandesa tenaz que te ofrecería un mordisco de lo que estaba comiendo igual que se detendría por la calle para hablar con todo el mundo, fuera quien fuera. Cierto que se encontró con dificultades durante su vida, desde su inmigración a Inglaterra siendo sólo una niña a perder a su marido cuando solo tenia 46 años, y más luego la debilitación de su vista y luego su memoria. A pesar de todo esto, sin embargo, su sentido de humor y naturaleza cariñosa perseveró hasta el final, y estarán siempre presentes en los buenos recuerdos y las frases graciosas que nos regaló con el paso de los años. 

No soy una persona religiosa, así que creo que ya se ha ido de este mundo, pero me conforta mucho el saber que su legado perdurará por las generaciones. Como dije al principio – y siéndolo una obsesión con las bombillas o una aversión hacia las bananas – su impacto seguirá vivo a través de mí, y seguro que a través de muchos mass.

Quisiera concluir esta celebración breve de su vida en la manera en la que siempre firmó todo lo que me escribió:

God bless. (Que Dios te bendiga)

09.01.21 — Diario

Una Navidad a prueba del virus

En mi última entrada de blog antes de volar a Inglaterra a pasar las Navidades, dije que iba a tener que pasar el rato en el “Nivel 3” de la cuarentena británica. ¡No podía haber sido más equivocado!

Mientras me preparaba para irme de vacaciones, nunca podía imaginarme el chaos que estaba al punto de montarse, con las noticias sobre la nueva cepa del virus que se descubrió en Londres y, como secuencia, la introducción del nuevo “Nivel 4” de la cuarentena. El día que volé, intenté leer las noticias lo menos posible, ya que el listado de países que prohibían vuelos procedentes del Reino Unido iba creciendo mientras me acercaba al aeropuerto. Sabía que iba a poder volar a Inglaterra, pero la duda fue que si luego podría volver a España…

Os tengo que dejar en esta situación de suspenso, porque me he pasado: ¡primero tenemos que hablar de las festividades que disfruté en Madrid antes de irme!

La última semana del trabajo llegó, y con ella una cesta sorpresa de productos lujosos que nos regaló Erretres. Esta sorpresa feliz arrancó unos días de tomar y comer con amigos, empezando con unas cañas con Bogar y Hugo en un bar bonito de Malasaña.

La noche continuó con una cena de pizza con ex-compañera Helena, que sufrió un cambio de último momento al descubrir que la pizzería que habíamos elegido tenía el aforo completo. Al final acabamos en un bar castizo, donde por suerte me encontré con Sofía, otra ex-compañera que visitaba Madrid durante unos pocos días.

No hay nada como una buena cerveza después del último día de trabajo.

Llegó el día siguiente y no había descanso, ya que había quedado con Sara y Jhosef para montar una cena al estilo de un bufé en casa. Preparé una selección de sándwiches al estilo británico, junto con unas patatas, chuches y bolas de turrón. Con una copa de vermú en la mano, los tres luego pasamos la noche conversando, compartiendo luego un roscón con chocolate a la taza.

El despertador luego me obligó a madrugar el domingo, ya que tuve que estar listo para coger una llamada de mi hermana para asistir virtualmente una sorpresa que habían montado para la jubilación de mi madre. Una vez vista su salida del trabajo a un ramo de globos, tuve que levantarme porque tuve un montón que hacer ese mismo día.

Tras una mañana pasada lavando la ropa, secando las sábanas, haciendo las mochilas y limpiando el piso entero, me merecía una buena comida fuera. Luego hice justo eso, reuniéndome con Napo en NAP Pizza en Lavapiés, donde una espera para ser sentados resultó ser una bendición, ya que me permitió dar una vuelta a sacar unas fotos bonitas.

Una vez sentados, los dos disfrutamos la mejor y más auténtica pizza de Madrid mientras nos poníamos al día con el cotilleo durante unas horas. Pedí mi pizza blanca favorita (una pizza sin base de tomate), la especial de la casa, y luego me acerqué nerviosamente a casa para acabar el equipaje.

Una pizza con Napo fue una buena manera de acabar el último finde del 2020.

Como mencioné antes, nunca iba a encontrarme con problemas en llegar a Inglaterra, era la vuelta que me tenía preocupado. La ida era un vuelo “normal” (lo más normal posible dada la situación mundial actual), y ya que había cogido un par de vuelos en verano, no me sorprendió mucho la nueva normalidad en el aeropuerto y a bordo el avión.

Aterricé en el RU justo después de la medianoche, y fui recibido por mis padres y mi hermana. Sobra decir que no nos quedamos despiertos durante mucho tiempo, nos fuimos a dormir temprano para descansar ¡antes de las preparaciones para la Navidad!

El primer momento de espíritu navideño era un intercambio de regalos con medidas de distancia de seguridad que realicé con Abi y Danni. Nos vimos en las alturas ventosas de una aldea que se llama Hurstwood, y aproveché para sacar unas fotos del embalse durante la tarde nubosa…

El siguiente camino tomó lugar en mi pueblo en Nochebuena, y nos llevó por una carretera de barro que sube por la sierra detrás de mi casa. Aunque me quejaba de no estar lo suficiente en forma como para andar tanto, mi pueblo pequeño y los prados expansivos se veían resplandecientes en el sol bajo del invierno.

La iglesia de Worsthorne siempre supone una vista acogedora al llegar a casa.

Volvimos a casa con ganas de un pastel y tazas de té después del camino, y por suerte pudimos hacer justo eso, ya que mi madre había pillado una selección de magdalenas caseras de una pastelería local. Estuvieron riquísimas y nos vino bastante bien la energía, ¡porque el siguiente evento en nuestro calendario de Nochebuena era un concierto de villancicos en la plaza del pueblo!

Naturalmente llegamos tarde a dicho concierto, así que al llegar ya estuvo pasando Santa Claus por la plaza en su trineo (que se parecía sospechosamente a un remolque, pero Papá Noel sí que es mágico al fin y al cabo…). Nos quedamos para cantar una de las últimas canciones, pero la alegría vino principalmente del ver a tanta gente junta – aunque mantienendo la distancia de seguridad – para celebrar la Navidad.

Al volver a casa disfrutamos otro capricho de Nochebuena, que tomó la forma de una nueva costumbre familiar que ha montado mi madre de regalar unas cositas pequeñas en Nochebuena. Este año se superó, nos encontramos con unas bolsas de papel llenas de todo tipo de regalitos encima del mantel de papel rojo: una necesidad tomando en cuenta la otra costumbre de la familia Briggs en Nochebuena: ¡una cena india!

Las decoraciones junto con las bolsas navideñas crearon una escena muy festiva.

Después de abrir los regalitos y cenar distintos tipos de curry, tocaba irnos a dormir y esperar que nos trajese Papá Noel unos reglaos el día siguiente. Eso mismo hizo, y pasamos una hora o así abriendo los regalos y tragando las chocolatinas que se nos habían regalado: el desayuno típico en nuestra casa en Navidad.

Para comer hubo otra costumbre de las Navidades Briggs: una crema deliciosa de coliflor. Esta comida clave de nuestro menú navideño usualmente la prepara una amiga de la familia, pero este año se encontraba regular, así que le tocó a mi madre prepararla. Era todo un éxito, pero nos dejó algo hinchados, así que salimos a hacer algo de lo que en el pasado me hubiera quejado mucho: un paseo.

Resultó que este camino no suponía tanto caminar como suponía sacarle fotos al cielo, ya que el atardecer que apareció encima del embalse era espectacular. Pasé unos treinta minutos en las orillas del agua sacándoles fotos a los colores que salían en el cielo, que era suficiente tiempo para que mi hermana y madre caminasen el perímetro entero del embalse.

Estoy algo acostumbrado a ver colores bonitos en el cielo, pero nunca en un lugar tan abierto y pintoresco.

Una vez de vuelta a casa, tocó la cena de Navidad tradicional, completa con todos los clásicos británicos: pavo, verduras, patatas y salchichas enrolladas en beicon. El postre era uno de los mejores trifles (un bizcocho borracho con frutas, gelatina de fresa, crema y natillas) que había hecho mi madre jamás. ¡Este año le echamos bastante jerez!

Todo esto nos llevó al final de la Navidad y el final de la primera parte de mis crónicas de las dos semanas que pasé en el Reino Unido. Hay más fotos que compartir de las escenas nevadas que se montaron después del día 25, pero tendrán que esperar hasta la próxima…

02.01.21 — Diario

Carrete de bloopers: 2020

En un año que ha parecido un error gigante, aún he podido encontrar unas fotos tontas de los últimos doce meses, aunque ha habido pocos viajes y unos dos meses pasados en cuarentena. Pero venga, vamos a por ello con las fotos del primer mes…


Enero

Pirata Briggs

Meses antes de la época de taparnos la boca y la nariz, me regalaron un parche mientras estábamos todavía en nuestra oficina anterior.

El borracho del bingo

Mientras visitaba Murcia, publiqué un par de fotos de un evento de bingo que disfruté en el centro de mayores local. Lo que no mencioné fue que hubo un aperitivo en medio, durante el cual me pusieron un vasito de vino…

Abre

Ahora que vivo en España y tengo que ir a un dentista privado (en Inglaterra es todo público), nunca me habían tratado tanto los dientes. Esto supone el uso de un aparato extraño que nunca me habían colocado, así que naturalmente tuve que hacerme un selfie.


Febrero

Reina de los memes

Durante el discurso que di en el Prisma Design Fest, hablé de mi cuidad natal (Burnley) y enseñé algo de los últimos trabajos de Erretres, pero también presenté un par de memes…

Yin Yang

Un día en la oficina, mi compañera María y yo vimos que habíamos venido vestidos uno como el inverso del otro…

La emoción de Ámsterdam

En la entrada de blog de mi viaje a Ámsterdam con mi compañera Zoe, no salí en ninguna foto. Esto suele pasar en estas entradas ya que soy el que está tomando las fotos, pero Zoe luego me pasó algunas de las suyas. Al final no publiqué ni una ya que salgo algo picado en todas…


Marzo

Las locas

Una de las últimas quedadas antes de la llegada del virus fue para ver el espectáculo de La jaula de las locas con Bogar y Hugo…

Una pata coja

Justo antes de ser encerrados en nuestras casas por la pandemia, salí con Luis y sus amigos para celebrar su cumpleaños. Uno de sus amigos incluyó un pie falso en una caja de nuevas zapatillas, un pie que luego nos acompañó durante toda la noche…

No salga

Una vez encerrado en mi piso aquel jueves por la noche, pensé que vendría bien apoyar una silla contra la puerta y dejarme una nota que me recordase de no salir…


Abril

La vida en cuarentena

Abril, el mes de mi cumpleaños, también fue el mes que nos encontramos completamente encerrados. El cambio supuso el inicio del teletrabajo, así que muchas reuniones virtuales se pasaron comiendo en secreto…

Pantallazos guapísimos

Además del trabajo, tuvimos que hacer nuestra vida social online también, cosa que nos obligó a estar hablando constantemente por FaceTime/Zoom/Skype/Hangout. Sacamos unos pantallazos durante los meses, pero unos salieron más guapos que otros…


Mayo

Es Carole Baskin

Uno de los mejores momentos de la cuarentena tuvo que ser el quiz que hicimos Danni, Abi y yo mientras disfrazados. Me vestí de la famosa Carole Baskin, cosa que publiqué, pero nunca publiqué una foto de la sesión extensa de maquillaje…

Parece legítimo

Todos recordamos la locura del papel higiénico y el caos cuando la gente empezó a almacenar comida, pero nadie ha hablado de la falta de guantes desechables en mi supermercado local. Intentaron engañarnos con esta sustitución patética, pero a mí no me tenían engañado…

Somos libres

En mayo, por fin nos dejaron pisar la calle, y para celebrar la ocasión el ayuntamiento de Madrid peatonalizó una serie de calles por el centro. Dentro de poco se convirtieron en ríos de gente caminando mientras manteniendo la distancia de seguridad.

El shooting

Poco después, nos dejaron visitar a grupos de amigos, así que Jhosef vino a casa a grabar unos vídeos para su TFG…


Junio

Mi ordenador profesional

Como parte de uno de mis proyectos del trabajo, tuve que preparar un documento en un formato que no funciona con Mac, así que me enviaron un ordenador anciano de Windows para realizar la tarea…

Mensajes ominosos

Tengo que compartir esta nota informativa que encontré en la puerta del Retiro, que la entendí como “ya verás como se te cae un árbol encima”…

La fiesta del coche

Una vez finalizada la cuarentena, en la oficina montamos una “fiesta” respetando la distancia de seguridad, y para ir allá volvimos a hacer la “lanzadera mañanera” que hacíamos en viejos tiempos…


Julio

Explorando Madrid

El mes de julio empezamos a volver a algún tipo de normalidad, así que Jhosef y yo exploramos unos rincones de Madrid que nos gustan. Esta vuelta nos llevó al Templo de Debod, donde aprovechamos de la falta de gente para montar un shooting…

Selfies descartados

También queríamos comer fuera lo más posible por si nos volvían a confinar, y durante estas comidas sacamos unos selfies poco bonitos. No sé que está pasando en este…

Rata de la calle

Jhosef también encontró unos muebles excelentes por las calles en el camino e insistió que le sacase unas fotos, así que supongo que quisiera que las publicase yo aquí…


Agosto

Bolas sorpresas

En agosto tuve la suerte de visitar Murcia y Tenerife, donde vi estas sospechosas bolsas de sorpresas en un mercado pequeño. Pensé que, para que montase una sorpresa de verdad, podría comprarme una y pasar por el control de seguridad del aeropuerto sin abrirla antes…

El mejor modelo

A finales de mi viaje a Tenerife, intenté sacarme unas fotos encima de un cabo al lado de una luz roja, pero creo que el perrito de Cami salió mejor que yo al final…

Un nuevo cortecito

El aire marino también me arruinó algo el pelo, pero consideraba que este nuevo estilo igual me podría quedar bien…

Mi nueva banda de amigos

Después del viaje a Tenerife fui a Murcia, donde pasé una semana con mis tíos. También disfruté de pasar tiempo con sus amigos allí, así que nos saqué este selfie a todos en la piscina…


Septiembre

Hon Hon Hon

Me hizo mucha ilusión volver a ver a mi compañera María después de tantos meses de teletrabajo, pero también me hizo ilusión conocer por fin a su gatito Kiwi…

Noches de spa

Si no podía ir a un spa, tendría que traerme el spa a casa, así que pasé muchas noches durante la cuarentena con mi pelo recogido y mi cara cubierta por una mascarilla de Lush…


Octubre

Excursiones

Jhosef y yo seguíamos saliendo de excursión durante el mes de octubre, cuando decidí que quería ver como pintaba el Retiro después de tanto viento otoñal…

Jalogüín

No soy muy fan de esta fiesta estadounidense, pero claro que aprovecharé de cualquier excusa para comprar contenedores llenos de chuches…


Noviembre

Más María, menos pelo

María ha logrado volver a salir en esta entrada de blog, con este selfie que nos sacamos con su nuevo cabello en la mejor hamburguesería de Madrid, El Toril

Una vuelta otoñal

Una vez llegado bien el otoño y mi nuevo móvil, Jhosef y yo salimos a hacer un shooting en una zona de árboles al lado del río. Sé bien que la foto típica lanzando hojas al aire es muy cliché, pero la incluyo…

Píntame como una de tus chicas francesas

También saqué esta foto a Jhosef, que se había echado al suelo al lado de una de las bicicletas que habíamos alquilado…


Diciembre

Noches de vino

Justo antes de salir a cenar con Sara, los dos pasamos un buen rato en casa compartiendo una botella de vino y hablando, durante el que insistió en sacarme esta foto, en la cual salgo como una señorita…

Las alturas de mi edificio

Vivo en un tercero, así que te puedes imaginar el susto que me llevé al bajar un hombre con un cepillo de pintar por fuera de mi ventana mientras andaba yo tumbado en la cama. Resulta que estaban utilizando cuerdas y poleas para pintar las paredes del edificio…

Copas prenavideñas

Justo antes de volver a Inglaterra, me reuní con unos amigos para tomar unas cañas de última hora. Una noche me tomé bastante y me vi con muchos amigos, entre ellos mi ex-compañera Helena…


Así se concluye este repaso de los momentos graciosos de un año que muchos esperamos que nunca hubiera existido. Ha sido un reto, eso sin duda, pero al repasar las fotos en mi biblioteca me he dado cuenta que ha habido unos cuantos buenos momentos entre los difíciles.

Espero que vuestra Navidad haya sido lo mejor posible – dadas las circunstancias – y a seguir trabajando juntos para asegurar que este nuevo año es el mejor y el más libre de virus que sea posible. Aunque no soy fan de los impares y soy bien consciente que a las pandemias globales no les importa el calendario gregoriano, ¡consigamos que el 2021 sea mejor que el 2020!

16.12.20 — Diario

Puente de diciembre

Concluí la última entrada de blog diciendo que esperaba traeros otra antes de irme de España para pasar las navidades, así que aquí estoy solo cinco días antes de volar a Inglaterra. Naturalmente he pasado este último mes del 2020 descansando y disfrutando los festivos aquí en Madrid (preparaos para ver bastantes fotos de los árboles de navidad de LED que salpican Madrid) y preparándome para despedirme de este año – uno que, seamos francos, ¡no ha sido el mejor!

Arranqué el mes como el resto del mundo: saliendo de compras navideñas. Después de unas cuentas visitas al centro y unas colas largas en Correos, ya tenía casi todo comprado y organizado, así que ya tocaba salir a ver las luces de navidad que se han colgado por todo Madrid.

Un finde Napo y yo quedamos para ponernos al día, y ya que llevábamos un buen rato sin vernos, decidimos que habría que hacer de la quedada una celebración. Nos vimos en el centro para dar un paseo que nos llevó a Goiko Grill, una de mis hamburgueserías favoritas. Allí por fin probé su hamburguesa más grande y rica: ¡una hamburguesa con carne de costillas!

La hamburguesa estuvo riquísima, y los dos pasamos muy buena noche, una que acabé montándome en bici para volver a casa – una decisión que, en retrospectiva, igual fue errónea. Andaba tan hinchado tras la hamburguesa enorme y un poster muy dulce que tuve que pararme un rato a medio viaje para descansar y bajar la comida…

Hablando de descansar, Jhosef y yo fuimos el día suficiente a pasar una tarde relajante en los baños árabes de Hammam Al Ándalus. La última vez que fui era el finde justo antes del comienzo de la cuarentena en Madrid, así que me hacía mucha ilusión volver a disfrutar de sus baños y un mensaje relajante.

Pasadas dos horas de zen total, a los dos nos apetecía seguir con el rollo tranquilo, así que nos sentamos en la Plaza Mayor para comer unos bocadillos de calamares y una ración de morcilla.

El día después se arrancó otra semana en la oficina, pero entre mis ratos en la oficina tuve también que realizar unos recados por el centro, cosa que me llevó por unas calles por las cuales no solería pasar. Una de ellas fue la zona recién renovada al este de la Puerta del Sol que se había decorado de manera muy bonita.

También pasé por la Gran Vía y unas de las calles pequeñas perpendiculares que nunca había visto. Esta diversión me llevó a encontrar unas joyas de tiendas, cosa que me animó tanto que decidí seguir pasando por el centro para ver qué tal las decoraciones en algunas de las plazas y zonas más icónicas.

Madrid sigue sorprendiéndome de vez en cuando.

Hay un árbol cónico de colores variados en cada plaza que cruzas.

Esa misma tarde Sara y yo fuimos a un sitio que había marcado en mi mapa hace un rato, un restaurante asturiano que se encuentra a tan solo diez minutos andando desde mi casa. Cenamos un cachopo delicioso y una ración de chopitos – todo acompañado, por supuesto, por unas botellas de sidra asturiana.

Esta cena señaló el inicio del puente de diciembre, que consistió en dos días festivos, días que aprovechamos al máximo. Jhosef y yo, después de una noche viendo películas en casa, visitamos otro restaurante de barrio que me parecía interesante, un local italiano con unas pintas bastante modernas.

Allí comimos como reyes, empezando con un plato de fritos italianos y luego pizza y pasta, todo lo que venía recomendado por la camarera maja que nos explicó la mitad de la carta. Subestimamos sin embargo el tamaño de las raciones, así que al final tuve que pedir una caja para llevar la mitad de mi pizza a casa.

El finde pasado volví a salir con Sara, que me llevó a tomar unas copas y picar algo por Lavapiés. Allí la cosa se nos fue algo de las manos, pero la culpa no la teníamos nosotros, es que el camarero me ponía a mí unos de los gin tonics más cargados que he tomado jamás. Nos encontramos con Jhosef, su hermana y el novio de ella, que pasaban a saludarse, y luego Sara y yo pasamos a una terraza a tomarnos una última copa antes de volvernos a casa.

Después de pasar una mañana recuperando de la resaca, bajé a la zona alrededor del río para pillar los últimos regalos. Hacía bueno pero fresco, así que me detuve un rato para probar las distintas lentes de mi nuevo móvil.

A pesar de tener que desviarme para evitar los olores fuertes que venían de un puesto de queso en un mercadillo navideño dentro del centro comercial, conseguí recoger las cosillas que me faltaban. Esto me llevó a esta semana, la última que voy a trabajar antes de la Navidad, que me emociona tanto como me agobia: ¡se ve la luz al final del túnel pero queda mucho por cerrar antes de irnos de vacaciones!

Pongo fin a esta entrada de blog con una noticia tonta pero que me ha hecho mucha ilusión: después de unos tres años y medio de vivir en España, por fin he conseguido sacar un documento de residencia en funciones en la forma de una nueva tarjeta, una TIE (Tarjeta de Identidad de Extranjero). Fui justo ayer a recoger la tarjeta, y luego celebré la ocasión con un desayuno bastante castizo: una tostada con tomate y jamón ibérico.

Pero bueno, por ahora os deseo unas felices fiestas hasta la próxima vez que paso por aquí, que ahora seguro que será desde la cuarentena obligatoria que voy a pasar en Inglaterra. Hasta entonces: ¡Feliz Navidad!

26.11.20 — Diario

La Navidad se acerca

Nos quedan unos pocos días para estar ya en diciembre, y ya he empezado a organizar mi viaje de vuelta a Inglaterra para pasar las navidades, así intentando mantener una ilusión de normalidad y repetir mis vacaciones del año pasado. Queda claro que ahora nos encontramos en las últimas semanas de otoño por aquí, con un cielo gris constante y lluvias molestosas suponiendo un contraste brutal con las alturas de calor insufrible del verano madrileño.

Este año los reyes magos me han visitado un mes y pico temprano, sin embargo, porque me permití el lujo de comprarme un nuevo móvil que llegó hace quince días. Pagué un poco más para pillar uno con una cámara potente, así que esta entrada de blog será salpicada por una serie de fotos que he ido sacando estos días. A ver si esta cámara supone un cambio drástico como cuando llegó mi iPhone X hace tres años…

Entre los días de trabajo, durante los cuales he sacado unas cuantas fotos desde las ventanas de la oficina, Jhosef me visitó en casa para ver mi nuevo juguete y obligarme a mover mis datos al mismo. Tras una tarde de beber té, montar un spa en casa y pasar por la oficina para recoger una cosa, por fin realicé el cambio al nuevo dispositivo, y me fui para disfrutar de las actividades del finde con las tres nuevas cámaras en el bolsillo.

La semana siguiente fue tan ajetreada como siempre, trabajando duro y jugando duro. Con la incorporación de un nuevo perfil en el equipo de Erretres, aprovechamos de la oportunidad de montar una comida de equipo, y en casa me aseguraba de relajarme tras unos días largos en la oficina. Esta relajación se hace más zen todavía por las luces coloridas, a las que he añadido aún más estos días.

No hay nada más relajante que una noche en casa con la música de Lorde.

Estas tardes en la oficina conllevan sus ventajas, sin embargo, ya que en nuevo espacio se llena de una luz bonita por la tarde y ofrece unas vistas de pájaro preciosas sobre el bulevar debajo. La nueva ubicación está muy bien también para hacer planes espontáneos después del curro, cosa que me vino perfecto cuando Jhosef y yo decidimos vernos a tomar algo un viernes después del trabajo.

El otoño tiene que ser la mejor época para estar empezando con una nueva cámara.

Saliendo de la oficina aquel día, baje a la estación de bicis que se encuentra justo al lado del Parque del Oeste, que lucía magníficamente en la luz de la tarde como se ve arriba. En vez de coger una bici e ir directo para casa, llamé a Jhosef a ver si le apetecía subir a una azotea a tomarnos unas cañas y picar algo, y así se hizo el plan.

Comimos con esta vista preciosa de la Gran Vía antes de salir a la terraza exterior para sacarnos unas fotos mientras mirábamos el atardecer sobre el oeste de la cuidad. Desde aquí, convencí a Jhosef que se montase en bici conmigo de vuelta a casa, así que los dos bajamos a toda leche por las calles del sur del centro mientras el día se volvió en noche.

Arranqué el finde con una mañana de decorar el piso para las navidades. Alineado con mi filosofía minimalista, opté intentar decorar el piso entero con lo mínimo, decorando las plantas existentes con luces y decoraciones que compré el año pasado.

Estoy bastante contento con mis árboles de navidad, aunque no son pinos como deberían de ser.

Para aprovechar de este nuevo ambiente en casa, dije a Sara y Jhosef que se acercasen para pasar la tarde, y al final llamamos a Kevin para ponernos todos al día. Sara, Kevin y yo solíamos salir juntos en mi año final de estudios en la Universidad de Leeds, donde los dos estudiaban su Erasmus. Desde entonces he pasado muchas noches con los dos en Asturias, eso antes de la salida de Kevin de España para los Estados Unidos hace unos dos años ya.

El día después – y aprovechando de haber convertido a Jhosef en un fan de las bicis – insistí que diéramos una vuelta en bici por las sendas ciclables de las orillas del río, una actividad que ayudó a mantenerme cuerdo durante la época inmediatamente después de la cuarentena. Una vez conseguidas dos bicicletas que no hacían ruidos extraños ni agitaban al ir algo rápido, pasamos la tarde pasando por el parque Madrid Río, acabando el viaje en un restaurante peruano que nos gusta mucho a los dos.

Una vez devorado medio pollo asado y un montón de patatas, los dos subimos por la Gran Vía para cogernos otra bici y volver a casa. Al llegar en mi piso cogí mi portátil y me puse a hacer unas cosillas que había olvidado hacer durante el resto del finde – tomar con Sara y salir con Jhosef me había distraído mucho – antes de acostarme temprano para prepararme por la semana por venir.

Ahora mismo ando disfrutando de un par de días que he cogido de vacaciones para convertir este finde en unas mini vacaciones de cuatro días, pero a pesar de eso los tres días que he trabajado han sido tan llenos de acción como siempre. Esto se hizo más leve por una noche bonita que pasamos en la casa de Hugo, donde nos preparó un plato delicioso de enchiladas suizas a mí y a unos amigos más. ¡Las tomamos acompañadas por un licor ruso muy fuerte que había llevado su novio!

Así se concluye esta vista general de estas últimas semanas de quedadas y salidas por Madrid. Como comenté, espero pasar tanto la Navidad como Nochevieja en Inglaterra con mi familia, pero en estos tiempos raros vamos a tener que ver que tal. Pase lo que pase, mi idea es publicar otra entrada aquí en mi blog antes de finales de Diciembre, así que volveré en breves…

10.11.20 — Diario

Paseos y festines

Otros quince días han pasado y mucho ha acontecido, tanto en mi vida personal como en todo el mundo. Desde la mudanza a la nueva oficina al final esperado de la era de Trump, han sido un par de semanas ajetreadas que han pasado volando otra vez, ¡así que me toca poneros al día!

Como mencioné, la mudanza ha marcado los primeros días en la nueva oficina de Erretres, que ha supuesto una mezcla de trabajo manteniendo la distancia social, videollamadas desde todos los rincones de cada sala y bastante tiempo pasado intentando localizar los platos grandes en la nueva cocina. Con dos nuevas incorporaciones en el equipo, también he tenido la oportunidad para socializar, comiendo en la oficina y también en los restaurantes que la rodean.

Además de estos nuevos restaurantes, la nueva ubicación también ofrece unos cuantos beneficios más, uno de mis favoritos siendo la posibilidad de coger una bici de BiciMad (la red de bicis de Madrid) de la estación que se encuentra al lado. El paseo a la estación también me lleva a la entrada del Parque del Oeste, que ofrece vistas preciosas sobre el oeste de la cuidad.

El finde pasado consistió en un puente de tres días gracias a la celebración del Día de todos los Santos que luego dio paso a Halloween. Para celebrar esta fiesta estadounidense este año nos tuvimos que poner creativos, así que Danni, Abi y yo revivimos un concepto que creamos durante la cuarentena: ¡un quiz de disfraces virtual! Una vez más nos conectamos a la videollamada totalmente disfrazados, ¡y el resultado fue tan gracioso como la última vez!

Después de acabar en último lugar en el quiz, pasé el domingo siguiente pasando por el centro de la cuidad en bici. Mi ruta me llevó al norte de la cuidad y a la tienda británica para comprar más Vimto, una bebida de frutas que casi se me había gastado. ¡Desastre evitado!

Como comenté, el lunes siguiente fue festivo así que pensé descansar, pero Sara no me iba a dejar, y me sacó de la casa y a un barrio en el norte para comer. Tras reunirme con ella fuera de la sede enorme de las fuerzas áreas, vagamos por las calles de un barrio que nunca había visitado, y acabamos tomándonos un vermú con unos rollitos de primavera y unos huevos rotos con pollo y cebolla caramelizada en una terraza por allí.

Me hubiera acercado más si no fuera por los avisos pegados por toda la reja.

Tras unos vermús con Sara, que naturalmente se convirtieron en una tarde entera de picar y beber, empezó la semana laboral. Fue una semana ajetreada para el equipo, pero hizo que el viernes sentase mucho mejor y nos llevó a otro finde de tres días.

Arranqué el puente con una cena con Jhosef, su hermana y el novio de ella el viernes por la noche. Los cuatro acabamos en un restaurante en Chueca que habíamos visitado Jhosef y yo hace unos meses, y allí nos hinchamos de una tortilla de patatas llena de gambas al ajillo y un plato de morcilla con pimientos y huevos de codorniz.

Daba gusto ver que el neón de Schweppes de la Gran Vía había vuelto.

El sábado siguiente fue un día bastante tranquilo, y aproveché para hacer la compra semanal y realizar una limpieza profunda del piso – un par de tareas mundanas que en realidad me gustan bastante. Una vuelta por mi Mercadona local siempre da gusto ¡y no me importa nada pasar un rato limpiando mi ducha si lo puedo hacer mientras escucho Lorde a todo volumen!

El domingo fue un día mucho más animado, sin embargo, ya que había quedado en poner una comida en mi casa. Al principio solo había invitado a Sara, que dijo que llevaría una botella de vermú, pero al ver la cantidad de comida que había preparado ¡decidí que mejor invitar a Jhosef también!

El problema del exceso de comida no se resolvió al final, ya que Jhosef llevó una lasaña deliciosa que compartimos entre los tres junto con toda la comida que sale en la foto de arriba. Después de un buen rato hablando y picando en el festín, el vermú empezó a tener su efecto, y acabamos cantando una lista de Spotify mía de temazos españoles de los 70 y 80.

Cuando Jhosef se tuvo que ir, Sara y yo encendimos las luces de color y pasamos un rato gastando nuestra energía al bailar las canciones míticas de los Vengaboys, lo que nos recordaba de las noches que pasamos en Leeds bailando semejantes temazos con nuestro amigo Kevin. Al acabar mi playlist de canciones de mi infancia, los dos acabamos tumbados en el sofa, zampando las sobras de comida y viendo un par de capítulos de Derry Girls.

Luego había pensado en pasar el lunes avanzando el diseño de mi nueva web y escribiendo (y traduciendo) esta entrada de blog, pero al final me vi obligado a pasar por IKEA para comprarme una lámpara de escritorio y gastar cada vez más pasta en llenar mi piso de plantas. Dicha travesura se logró, así que ahora mi escritorio se ve completo ¡y he dado la bienvenida a ocho nuevas adiciones a mi familia de plantas!

Así concluyo una vez más otra actualización sobre las tonterías de los últimos quince días, y estoy seguro que habrá muchas más ahora que vamos contando los días hasta Navidad. Sigo esperando volver a Inglaterra para pasar las fechas con mi familia, pero con la entrada de Inglaterra en una segunda cuarentena, tengo que ir mirando la situación de un día al otro.

No poder asistir a ninguna celebración de Bonfire Night (una celebración británica en la que montamos hogueras enormes y lanzamos fuegos artificiales por todos lados) me dejó un poco de bajón, ya que tengo buenos recuerdos de acercarme a multiples hogueras tanto con mi familia como con mis amigos en Leeds. También la veo como la única fiesta cien por cien británica que se celebra que no tiene nada que ver con las fechas claves de la monarquía actual. Pero bueno, como bien dijo mi padre: ¡tendremos que duplicar el tamaño de las hogueras el año que viene!

Para concluir: Halloween se acabó, Bonfire Night se pasó sin celebrarse y Trump se va de nuestras vidas. Con su salida de la Casa Blanca y lo poco que queda para Navidades, las cosas al parecer ya van mejorando poco a poco. Aunque tengo que reconocer que he tenido bastante suerte comparada con muchos, ¡creo que ya andamos deseando todos que este año llegue a su fin ya!

25.10.20 — Diario

El otoño madrileño

Me niego a aceptar que la última vez que publiqué en este blog fue hace solo dos semanas, ya que parece que he hecho tanto en los últimos quince días ¡que podría ser ya el final del año! Sea una visita rápida a la oficina o un paseo por el centro, he aprovechado al máximo de estos últimos días de buen tiempo antes de la llegada del frío invernal.

Un evento que ha dominado mi tiempo recientemente ha sida la mudanza que estamos realizando en Erretres a nuestro nuevo espacio. Esta vez volvemos al centro, con una nueva oficina que se encuentra en Argüelles en el norte de la cuidad.

Para prepararme para la mudanza, fui por última vez a la oficina anterior para recoger mis cosas y organizar mi escritorio, y también para llevar mi iMac a casa. Eso lo hice porque quisiera comprarme un monitor pero no sabía qué tamaño pillar, así que me fui con el iMac de 27 pulgadas guardado en una bolsa de IKEA que había encontrado en un armario, con la intención de ver cómo quedaría una pantalla de ese tamaño en mi casa. Debe haber parecido super extraño cuando salí con un ordenador enrome – enrollado en una toalla y guardado en una bolsa de plástico – y lo subí a un taxi al salir de un chalet grande en las afueras de Madrid.

Después de elegir el tamaño de pantalla que quería y pedir un monitor de LG, tocaba celebrar la incorporación de Jhosef en su nuevo trabajo. Subimos al centro para que se comprase un nuevo traje y luego fuimos a Takos para compartir un plato enorme de tacos con horchata.

La próxima salida fue con Sara, que me llevó a un italiano fabuloso cerca de su casa – que se encuentra también en Argüelles – donde cenamos una pizza deliciosa preparada en un horno de leña. Luego pasamos por su casa para conocer a sus compañeros de piso y tomar una buena cantidad de vermú, lo cual me dejó con la cabeza un poco pesada el día después…

Dicha resaca no podía detenerme, sin embargo, ya que tenía que preparar un poste. Había quedado con un par de compañeras para comer en la casa de una de ellas, que había preparado una comida enorme de cocido. A mí me tocó traer el postre, ¡así que preparé una cantidad bestial de torrijas!

Una vez hechas las torrijas, salí para disfrutar de una cocida riquísima acompañada por unas copas de vino tinto. Pasamos un buen rato hablando, pasando la tarde picando una selección de quesos y tomándonos un gintonic.

Una vez de vuelta a mi piso, e instalada la nueva pantalla, empecé la siguiente semana laboral con mi nuevo escritorio configurado. ¡Me ha dejado con el cuello mejor y ha facilitado mucho mi trabajo!

Después de pasar un sábado jugando con este nuevo sistema, decidí salir de mi piso y caminar por la cuidad para explorar antes de la llegada del invierno. Este paseo me llevó al barrio de las letras, donde tomé un café y un trocito de tarta antes de explorar una serie de tiendas independientes que se encuentran por allí.

Después de mi vuelta solitaria, volví al centro y al barrio de Chueca para tomar un cóctel con Hugo y Sergei. Mientras buscaba unas bombillas antiguas para empezar una colección personal aquí en España (es una obsesión mía), encontré unas tiendas de interiorismo que nunca había visto, y al final logré encontrar unas incandescentes coloridas.

Pasear por la zona norte de Chueca me llevó a unas tiendas interesantes.

El finde terminó con una noche dominguera pasada en Retiro, el parque más mítico de Madrid. Jhosef y yo subimos al sitio idílico en autobús, y al llegar dimos una vuelta por el lago, pasamos por el Palacio de Cristal y caminamos por sus otras zonas bonitas. Después del atardecer, salimos para casa, pasando por una churrería para merendar unas porras frescas con chocolate – ¡riquísimas!

Jhosef el churrero.

La seguinte semana empezó con una visita a Argüelles para mi primer día trabajando en la nueva oficina. El nuevo espacio es muy agradable, con sus balcones sobre la calle debajo y una plétora de salas espaciosas para trabajar. A pesar de estar solo en una sala debido al aforo limitado, me gustó estar en otro entorno, y salir a comer con mis compañeros supuso una vuelta a algún tipo de normalidad.

No volvemos a la oficina al 100% todavía, sin embargo, así que seguiré trabajando desde casa durante un buen rato todavía. Para no perder el gusto que da salir de la casa, he pasado las mañanas y tardes dando vueltas por mi barrio, sacando unas fotos en la luz mañanera o del atardecer.

Este finde se ha arrancado con un sábado ajetreado. Subí al mercado de Chamberí con Jhosef, Sara y mi compañera Blanca. Allí habíamos quedado con otro compañero, Jesús, que es dueño de una hamburguesería en el mercado. Sara y yo habíamos oído hablar del sitio, El Toril Gourmet, y no nos decepcionó nada – ¡disfrutamos unos de los mejores tequeños y hamburguesas en Madrid!

Sara, Jhosef y yo bajamos luego por las calles de Madrid, tomando unas copas en una terraza en Madrid. Luego llevé a los dos a una tienda por que me quería comprar una bata, y después nos fuimos todos a casa para pasar una noche tranquila en casa.

Ahora ando en casa en mi bata esponjosa y es hora de concluir esta entrada de blog. Espero tener noticias durante estas siguientes semanas, ¡ahora que tenemos dos puentes bien merecidos en noviembre!