31.05.19 — Diario

San Isidro y la visita de mis padres

Tras una semana ajetreada en la boda de Soyoung y Pablo en Alicante, otra semana en la oficina siguió. Otra vez más, sin embargo, había un finde lleno ¡porque mis padres venían a visitarme!

Los tres nos reunimos el viernes en mi barrio, y subimos a mi piso para que pudiesen deshacer la maleta y preparase, y luego salimos para cenar. Lo que hicimos fue lo que seguíamos haciendo durante el finde entero. En vez de cruzar la ciudad viendo todo, decidí sacarles para que vivieran la vida madrileña de tomar, tapear y terraceo. 

Para cenar, fuimos a mi bar local a un par de bloques de mi casa, y compartimos unas raciones y cañas. Una vez contentos y llenos bajamos al río porque había pensado que sería un buen sitio para tumbarnos en el césped y mirar el mundo pasar. .

Me encanta vivir tan cerca del río y su parque.

Trees below the sky.

Lo que había olvidado fue que ese finde empezó las fiestas de San Isidro, y por eso habían metido vallas para que la gente no se siéntese en el césped y habían construido un escenario. Encontramos, sin embargo, un barco en que sentarnos, y tomamos las cervezas hasta que empezó la música.

El día siguiente fuimos a la única cosa que reservamos durante todo el finde, y subimos al Jardín Secreto de Salvador Bachiller para comer tras ir de compras un rato. Un drama sucedió después cuando, durante el camino de vuelta a casa, ¡nos dimos cuenta de que habíamos dejado una bolsa en el restaurante!

My mum and dad.
My mum with her food.

Afortunadamente, sin embargo, la habían encontrado y nos lo guardaron cuando les llamamos, así que seguimos con el día y decidimos volver a cogerla el día siguiente.

Había organizado que el domingo íbamos a pasear por las zonas verdes de Madrid, y por eso fuimos a Retiro para comer un picnic. Después de un rato mirando los pros y tomándonos el sol, nos sentamos a las orillas del lago y nos comimos pan con tomate rallado y alioli.

A duck swims across a lake.
My mum, my dad, and I sit in the park in front of the Crystal Palace.

Para llegar al próximo destino cogimos el bus, parando para recoger la bolsa perdida, y bajamos al lago de la Casa de Campo. Pasamos un rato allí relajándonos, compartiendo una jarra de sangria durante el atardecer.

My mum and dad on a bench by the lake.

Durante la última noche que pasamos juntos, elaboré unas quesadillas en casa, y luego salimos para una última ronda de cañas en un bar local. Aquí os dejo con la cara de mi madre, que se vio algo confusa al llegar una panera a la mesa antes de unas raciones que habíamos pedido – ¡que alguien le informe que el pan en España es como otro cubierto más!

My mum stares at a bread basket.

Ese lunes por la mañana nosdespertamos muy temprano, mis padres tuvieron que coger un taxi al aeropuerto y tuve que levantarme para explicarle al conductor a donde iban. Con eso se concluyó un finde bonito con mis padres, y tengo que darles las gracias por haber venido y pagado casi todo. ¡Ahora tengo ganas de irme a visitarles en Murcia este verano!

Bueno, las semanas pasadas no solo han sido de diversión, también he trabajado bastante entre los findes caóticos. Como mencioné hace unas semanas, ya estamos en la nueva oficina, y llevamos un mes aprovechando al máximo el nuevo jardín…

Desayunar en el porche siempre es buen plan.

A breakfast pastry and coffee on a table on a porch. Garden and pool in the background.

Como consecuencia de la mudanza, me alegra contaros que la mesa de ping-pong – la cual estaba en las dos oficinas anteriores hasta removerse durante nuestra estancia en la segunda – ¡ha vuelto! Reconstruido después de estar en un almacén durante más que un año, ahora es la excusa perfecta para relajarnos cuando tengamos un momento libre.  

Entre los muchos proyectos en los cuales estoy currando, encontré una foto de un evento de networking del año pasado, y la cual se había nombrado en el servidor así: “Ollie con patata”. No sé por qué me hizo tanta gracia, pero abajo incluyo dicha foto de Elena y yo aprovechando de las patatas fritas gratuitas…

I stand eating a crisp.

La próxima aventura empezó el día después de la salida de mis padres, cuando Bogar y yo salimos a las fiestas de San Isidro. Fuimos al Parque de San Isidro, dónde iban a pinchar unos DJs cantar unos artistas famosos. 

Llegamos a tiempo para ver La Bien Querida, abriendo una lata y encontrando un hueco en el césped para sentarnos.

Una vez habíamos cantado y tomado unas cervezas más, los dos fuimos a la feria para coger algo de comida. Acabamos compartiendo un revuelto con patatas, un perrito caliente y un kebab, ¡todo acompañado por un mojito enorme!

I eat bread in a festival in front of a plate full of eggs and potatoes.
A festival catering scene full of fresh fruit.

Tras un par de horas más disfrutando la música, eventualmente decidimos irnos a casa. Después de haber visto el estado del metro durante la ida, elegimos ir andando por el río de vuelta a nuestro barrio.

Fue la manera perfecta de acabar unos findes muy ajetreados y una época muy atareada en la oficina, ¡pero había más por venir en la forma de unas vacaciones a Tenerife durante el finde siguiente! Todo eso, sin embargo, lo dejo para la próxima entrada.

Me gustaría acabar esta entrada de blog compartiendo una foto de mi hermana, Ellie, que acaba de finalizar su tesis (o sea, su TFG). Está en su tercer año universitario (el último en las universidades británicas), pero me ha obligado esperar 12 meses más para verla graduarse porque acaban de aprobarle un máster. ¡Felicidades, Ellie!

My sister holds her dissertation outside a building at Sheffield University.

¡Enhorabuena a mi hermana!

Y así concluimos otra entrada de blog escrita en mi móvil y durante varios momentos. La he escrito en autobuses, mientras esperando trenes, sentado en la lavandería y tumbado en la cama. ¡Me voy a convertir en todo un experto de escribir en esta pantalla pequeña!

29.05.19 — Diario

La boda de los Bentana-Cho

Hoy os vuelvo a escribir mientras viajo, pero esta vez no me encuentro en un tren de camino a la oficina, ¡sino estoy volando por la costa de África de camino a Tenerife! Voy a pasar un finde largo en la costa con mi amiga Cami, pero antes de contar eso, tengo otras novedades que compartir…

Como mencioné en la entrada anterior, mi compañera Soyoung nos había invitado a asistir a su boda. Respondí inmediatamente para informales a ella y Pablo (el marido) que iba, y al acercarse la fecha, organicé unos detalles finales como una camisa y un apartamento.

Sobre las 10am del viernes el 3 de mayo, fui al parking con mis tíos para ayudarles a recoger el coche y despedirme de ellos al comenzar su viaje hacia el norte. Luego tuve nada más que un par de horas para lavar la ropa, hacer la mochila y salir a ser recogido por Blanca. De alguna manera logré estar a tiempo, y desde Madrid empezamos bajando a Villajoyosa, un pueblo bonito en la costa cerca de Alicante.

Al llegar, cogimos las llaves del apartamento, un piso precioso con balcón y una azotea enorme con vistas sobre el mar. Una vez decidido quién cogería cada habitación, volvimos al coche y fuimos al Mercadona para pillar unas provisiones.

Mientras en el centro del pueblo, aprovechamos de la oportunidad de explorar el casco histórico, una colección de preciosos edificios multicolores en el paseo marítimo. No tan precioso, sin embargo, fue el tiempo – una capa densa de nubes amenazaba con quedarse hasta el día siguiente…

A row of colourful houses.
Me, Blanca and Helena on the beach.

Google informaba que las nubes oscuras iban a dispersarse durante la noche para dejar un día bueno para la boda, pero la densidad de las mismas y el viento frío nos dejaron convencidos que una tormenta iba a proyectar una sombra sobre la ceremonia…

No queriendo preocuparnos demasiado, continuamos nuestro paseo por la play, recogiendo unas conchas mientras Helena nos sacaba unas fotos.

Blanca and I walk down the beach.
Blanca and I walk down the beach.
Blanca and I walk down the beach.

Al cansarnos, subimos al coche y volvimos al apartamento, saliendo al balcón para cenar. La mejor parte de la cena tenía que ser el jamón que Helena había traído y el cual se fabrica por su padre. ¡Riquísimo!

Snacks on a balcony.

Luego nos fuimos a dormir bastante pronto como si fuéramos adultos sensatos, y el plan era que íbamos a levantarnos pronto para poder prepararnos tranquilamente para la boda.

La mañana empezó bastante tranquilamente. Cuando me levanté, Helena y Blanca ya habían salido para coger unas cosas más para el desayuno. Me desayuné la napolitana que había comprado el día anterior y subí a la azotea para disfrutar las vistas y tomar aire. Me alegró que Google había acertado en su predicción del tiempo, las nubes habían disipado y había salido el sol.

¡Así se empieza el día!

A pastry in front of a beachside hotel.

Solo fue cuando las dos habían vuelto, habíamos desayunado, y habíamos empezado a vestirnos que la hora se nos fue de las manos. Helena salió con que no sabía planchar, Blanca pasó un buen rato pintándose las uñas y yo rompí la pata de una mesa al sentarme encima. ¡Vaya banda!

Al final, sin embargo, llegamos al hotel a tiempo, bajando a la playa privada en la cual la ceremonia iba a celebrarse.

The wedding not he beach.

La playa era preciosa, la temperatura muy agradable y la música de fondo creaba un buen ambiento mientras hablábamos y esperábamos que nos llamasen para el comienzo de las celebraciones.

The wedding party seated on the beach platform.

La ceremonia luego empezó, pero no quiero compartir demasiado de ella – solo digo que fue muy personal y absolutamente preciosa. La llegada de Soyoung y Pablo hizo que unas lágrimas caieran, y el entorno espléndido fue el ambiente perfecto para escuchar unos discursos divertidos y gritar “¡viva la nueva pareja!”

Pablo and Soyoung meet on the beach.
Blanca, Pablo, Soyoung, Me, and Helena.

Tras sacar la foto de arriba con la nueva pareja, tocó convenirnos en una terraza para tomar un aperitivo y unas copas de vino. Luego fuimos a comer una selección riquísima de pescado, marisco y, por supuesto, un trozo de la tarta de boda. 

Después de la comida comenzó la música, se abrió la barra ¡y empezó la fiesta! Bailamos una selección de temazos y haste intenté bailar el vals – lo cual no salió bien después de unos gintonics…

Antes de volver al piso, aprovechamos de la ubicación mientras se ponía el sol, sentándonos en una roca para ver la puesta del sol sobre el mar.

Helena on the rock by the sea.

Me gustaría darles las gracias a Soyoung y Pablo por invitarnos a celebrar su día junto con ellos. Era todo un honor estar entre los invitados, lo pasamos genial, y su generosidad en invitarnos a una cena y las bebidas después no conocía límites.

Uno de los toques más especiales fue un regalo que dieron a todos los invitados, una pareja de patos. Nos dijeron que es costumbre coreano regalar estos patos durante una boda y ahora están viviendo encima de mi nevera.

Two Korean wedding ducks.

¡Vivan los Benta-Cho!

16.05.19 — Diario

Erretres se muda y mis tíos me visitan

Para empezar, estoy consciente que llevo casi un mes sin actualizar mi blog. La excusa estándar sería decir que he estado demasiado ocupado, ¡pero en este caso os prometo que eso sí que es verdad!

He encontrado, sin embargo, un hueco en mi calendario para ponerme a escribir esta entrada de blog, y por lo tanto hoy os escribo desde el tren que forma parte de mi nuevo viaje a la nueva oficina.

Os contaré más sobre la gran mudanza en un rato, pero por ahora empezamos con un finde que pasé en la cuidad, y una excursión para comer unos de los mejores tacos de Madrid con mi amigo Bogar. El sol ya ha empezado a atacarnos, y con temperaturas ya de más que 30°, puedo decir con confianza que el verano ya está comenzando – ¡pero esta vez de verdad!

Otra cosa que tuve que hacer hace unas semanas fue comprarme una camisa formal para la boda de mi amiga. No sé si ya lo he mencionado, pero da igual porque os cuento de todas formas: Soyoung (una ex-compañera) ¡nos regaló el honor de una invitación a su boda!

Bueno, os contaré más de la boda en breve, pero durante los momentos a los que me refiero solo había una prioridad: encontrarme una camisa bonita a un precio razonable.

La búsqueda me llevó a Las Rozas Outlet, un sitio que definitivamente solo se diseñó para la llegada en coche.

Tras llegar en la estación de Cercanías más cercana, me puse a caminar por el asfalto al lado de una carretera, pisar por una zona súper barrosa, saltar varias vallas y hasta empecé a pensar que iba a salir de Madrid y acabar en Castilla y León…

¿A dónde llevan estas escaleras mecánicas abandonadas?

Menos mal que no llegué en otra comunidad autónoma, sino llegué al centro comercial que tiene unas pintas tan extrañas que parece la entrada del parque Universal en Florida. Después de una búsqueda prolongada, elegí una camisa blanca de liso y volví a casa para prepararme para el día siguiente: ¡el primer día en la nueva oficina!

La mañana empezó con mi primer viaje a El Barrial, el cual ahora consiste en un viaje en Cercanías, un autobús y luego un camino de diez minutos. Es más largo que antes, pero ando esperando acostumbrarme y encontrar una ruta mejor para hacer el viaje más rápido.

Bueno, el primer día comenzó sin ningún problema grave, el mejor momento siendo la comida, ¡durante la cual nos invitaron a una deliciosa paella!

Paella, beers, and other food spread out on a table.
An arial shot of the team tucking into a paella lunch.

Una vez pasada una hora comiendo, charlando y tomando unas cañas, ya tocaba abrir unas botellas de vino. Aprovechamos al máximo el nuevo jardín, tumbándonos en el césped para tomar el sol y sentándonos en la terraza para cotillear un buen rato.

A bottle of wine on a table amongst foliage.

Una tarde tomando vino en la terraza fue muy bienvenida.

El segundo día en la nueva oficina y tocaba celebrar otra vez: ¡fue mi cumpleaños! Mis padres me habían mandado un paquete que abrí al despertarme, y el cual contuvo unas tarjetas y unos regalos de Ru Paul.

A Ru Paul card and Ru Paul Pocket Wisdom book.

Una vez llegado a la oficina, habían más celebraciones, y mis compañeros me regaló una visita a mi sitio favorito de toda España: Mercadona. Allí me compre unas provisiones para sobrevivir en la nueva oficina y una tarta de chocolate enorme para compartir entre todos después de comer.

Me stood outside Mercadona, holding a cake in one hand and a bag full of shopping in the other.

Esa misma tarde también había otro momento emocionante, ¡porque mis tíos venían a visitarme! Habíamos planificado que iban a quedarse en mi piso durante unas noches antes de seguir hacía Santander para coger la barca de vuelta a Inglaterra.

Ya que tienen coche, vinieron directamente a la nueva oficina. Una vez reunidos los tres, ellos se quedaron tomándose el sol en el jardín mientras yo tuve que volver a trabajar.

My auntie and uncle stood in the garden of my new office.

Esa noche salimos a comer y tomar unas copas en mi barrio para celebrar mis 24 años, pero volvimos a acostarnos bastante temprano después de su viaje largo.

El día siguiente fue el primer día de Semana Santa en Madrid, así que los tres nos fuimos a explorar por el centro. Había reservado una mesa en el Jardín Secreto de Salvador Bachiller, así que nos acercamos a Sol para comer en una terraza bonita entre los techos de terracota.

A bright pink flowering plant on a green roof terrace.
My auntie and uncle sit with their food at the Secret Garden.

Después de disfrutar una comida rica en la terraza, nos fuimos a tomarnos unas cervezas más y vagar por la ciudad durante un par de días.

Lo pasé fenomenal durante los días que pasé con mis tíos – no hay nada como relajar con mi familia en la ciudad que amo tanto. Me alegró mucho poder dejarles quedarse en mi casa y ser anfitrión un rato después de muchos años durante los cuales nos han dejado visitar su piso en Murcia.

Demasiado pronto, sin embargo, les tocó volver a su coche y continuar su viaje a Santander y el puerto, pero mis vacaciones no habían acabado todavía – ¡había una boda que asistir!

La cantidad de fotos y anécdotas que tengo para compartir de dicha boda me obliga a dejarlo todo para otra entrada de blog y otro día – pero espero no tardar mucho en traeros todas las novedades. ¡Supongo que mañana por la mañana volveré a pasar el viaje de tren escribiendo la próxima instalación!

18.04.19 — Diario

Vagando y cocinando

En la última entrada de blog prometí que intentaría publicar otra entrada antes del puente de semana santa, y mientras escribo esto, quedan unos 40 minutos hasta que empiezan oficialmente – ¡así que casi lo logré!

Bueno, no estoy para debatir la puntualidad de estas entradas sino para contaros las novedades con unas fotos y historias. Como he mencionado previamente, he estado un poco resfriado, pero ahora intentaré no acabar quejándome aquí como suelo hacer. En lugar de dichas quejas, os contaré la excursion que realicé para intentar recuperarme las fuerzas un poco.

Al final fue nada más que otra visita a IKEA, esta vez para pillar unas persianas, una maceta y unas toallas – ¡necesitaré cuatro para la visita de mis amigas de “Cake Club”! Son tres amigas que conocí aquí en Madrid el año pasado, pero ya han vuelto a vivir en sus países de origen, así que por primera vez en casi un año, nos vamos a volver a reunir en Madrid.

Stormy clouds gather over the south of Madrid.
The sun shines down a street, reflecting off the wet road surface and the facades of buildings.

El clima era bastante extraño durante esta excursión.

Como veis, el tiempo durante dicha excursion era bastante raro, con sol, viento y unos nubes casi negros a la vez. Evité la lluvia porque ocurrió mientras mi vuelta al centro en el metro, pero el clima luego hizo que no quisiera salir por la tarde, así que la pasé de relax en casa.

Durante la noche, preparé un plato delicioso (y bastante picante) de curry rojo con gambas, y luego hice dos pasteles de zanahoria. Hubiese hecho solo uno más grande, pero por causa de la magia negra matemática, acabé con muchísima masa y cada vez más frosting de queso fresco.

A bowl of red curry.
A carrot cake topped with cream cheese frosting, grated carrots, cinnamon, and walnuts.

Mientras esperaba que los pasteles se cocieran (y los tuve que hacer uno en uno por el tamaño minúsculo de mi horno), había un crisis de peluquería que acabó en una revelación. Vi que me había salido un grano en un espacio de mi frente no tapado por mi flequillo, y tuve la (quizás obvia) idea de cambiar su dirección para que lo tapeare.

Bueno, así había una revelación enorme, y aunque haya desaparecido el grano, he decidido mantener el flequillo en este otro lado a partir de ahora ya que estoy tan enamorado de la nueva configuración. Incluyo una selfie vanidosa, la cual justificaré por quejarme que nunca aparezco en ninguna foto en mi propio blog…

Una selfie porque esto es mi blog y puedo hacer lo que me dé la gana.

A photo of myself.

Bueno, volvamos al tema de los pasteles. Uno lo dejé aquí en casa para que mis amigos lo probasen, pero el otro me lo llevé al trabajo para las criticas de mis compañeros. Esta vez habían menos quejas sobre la cantidad de azúcar, así que puede que por fin haya modificado la receta para el gusto español – o quizás fue por la buena suerte que conllevó un arco iris que apareció en mi escritorio…

A rainbow is formed over my keyboard at work.

Otro día en la oficina y llegó el momento en que por fin tuve una hora libre para realizar un viaje emocionante, porque la historia se repita, ¡y Erretres vuelve a mudarse!

La primera vez que me uní al equipo de Erretres fue en 2016, y en aquel momento tuvimos sede en la emblemática Plaza de España. Unos meses después de mi incorporación, sin embargo, colocamos los iMacs en unas cajas de carton y nos mudamos a una nueva oficina situada a un bloque de la original.

Dentro de muy poco vamos a repetir este proceso, mudando la empresa entera a una nueva ubicación que no puedo revelar ahora. Es una oficina mucho más grande, pero esta vez tendremos el lujo de un jardín enorme y una sorpresa que dejaré para las fotos…

I sit in a chair on a porch in a house.
A large house.
I stand in a dry pool.

Sí, ¡tenemos una piscina!

Bueno, la piscina está seca ahora mismo, al jardín le falta un poco de mantenimiento y el interior está en obras mientras instalan la luz (y por eso la falta de fotos del interior), pero no iba a declinar la oportunidad de ver el nuevo espacio – ¡y no decepcionó!

Tengo muchas ganas de revelaros más detalles del nuevo espacio, pero no tendréis que esperar mucho, porque solo nos queda una semana desde el día de hoy hasta la mudanza. En breve volveré para compartir más fotos de la mudanza y cómo nos ajustamos al nuevo espacio, pero también me podéis seguir en Instagram, donde las stories que subo son la única manera con la cual comunico lo que estoy haciendo en tiempo real.

Ya que ahora estamos de puente, sin embargo, voy a dejar de hablar del curro. El finde pasado necesité salir de la casa para respirar un poco de aire fresco, ya que estoy tan cómodo en mi propio espacio que a veces me vuelvo muy perezoso y no salgo.

Por eso decidí pasear por el río hasta llegar al lago de la Casa de Campo, a una hora y media de mi piso. Bajé al Matadero (el espacio cultural madrileño) y el parque Madrid Río, y luego caminé hacía el oeste, siguiendo el río por el centro de la ciudad hasta llegar a la Casa de Campo.

A bridge over a river.

Me encanta un buen puente, y en Madrid Río hay muchos.

Una vez llegado al lago, el cual se ha llenado después de un buen rato en obras para rectificar sus orillas, cogí una botella de agua y me senté para bocetar unas ideas para unos proyectos personales.

Después de escuchar un trío de señoras discutir las elecciones generales y como se usan los mensajes de voz en WhatsApp, olí una barbacoa y me fui a buscar una comida más barata en el centro.

Concluí la semana con un vino y una pizza dominguera con un amigo, y luego solo he tenido que trabajar tres días esta semana. Ahora estoy disfrutando del puente, y pensando en ir a unas procesiones – pero con el clima en el que estamos, no me apetece mucho salir…

06.04.19 — Diario

Una visita breve a Barcelona

Hace bastante que no escribo en mi blog, y eso es debido a una combinación de razones: desde que Emily se fue he estado muy resfriado, y también he estado muy ocupado en un proyecto del trabajo. Los dos no me han dejado mucho tiempo para hacer nada, pero trabajar y vivir en Madrid en sí es muy divertido, así que os voy a contar las novedades…

Fuera de la oficina he podido hacer unas cositas con mis amigos, incluyendo un par de noches con Bogar. La primera fui a echar un vistazo a como iba con la decoración de su nuevo piso, y disfruté de una ración de tortilla que había elaborado. Otra noche nos reunimos en mi piso, y yo solo pude ofrecer queso y aceitunas – ¡al estar resfriado no me apetece cocinar nada!

An old hairdressers facade.

Se encuentra mucho diseño antiguo al pasear por mi barrio.

Una vez encontradas las fuerzas para cocinar algo, decidí que no había nada que me apetecía más que un buen plato de chorizo a la sidra.

A bottle of cider with a chorizo.

En fin me salió bastante bien, pero no estaba tan bueno como los que he probado en Asturias. Creo que el truco será pagar un poco más y permitirme un buen chorizo fresco – ¡os informaré la próxima vez que lo elaboro!

A veces vale la pena pasear por las calles pequeñas de la ciudad.

Hoy también es un día emocionante, porque ¡me han entregado el horno! Es un mini horno de esos que pones sobre la encimara, pero me vale para cocinar una pizza, un pollo asado o (por supuesto) un pastel o dos…

Hablando del pastel, el asunto nos lleva bien a mi proyecto actual en el trabajo. “Pero ¿cómo están relacionadas estas dos cosas?” os oigo preguntar, y ahora os contaré…

El proyecto consiste del rebranding de una compañía que tiene sede en Barcelona. Al investigar su cultura de oficina, vi que les gusta celebrar fiestas en su espacio, así que mientras montaba mockups de la propuesta para el nuevo logotipo en varias piezas, ¡se me ocurrió aplicar el logotipo en un pastel!

No encontré ninguna plantilla de mockup en Google Images con la que generar automáticamente un logo aplicado en un pastel. Por eso, el próximo día llegué a la oficina con una manga pastelera y un tupper lleno de crema de mantequilla, y me puse a dibujar el logotipo con dicha manga.

La prueba verdadera de un logotipo – ¿funciona en una tarta?

Tras fotografiar los logotipos hechos y realizar un poco de magia en Photoshop, teníamos dos mockups de tartas para presentar al cliente. Eso nos lleva muy bien a la siguiente parte de esta entrada de blog – ¡mi viajecito a Barcelona para presentar la propuesta al cliente!

Decir que era un viaje sería muy exagerado porque, tras un retraso de una hora en el AVE, no teníamos el tiempo para ver nada excepto el interior de dos taxis, las oficinas del cliente y una visita de cinco minutos a la tienda de Uniqlo para comprarnos unas prendas.

Lo pasé bien de todas formas, y era guay trabajar directamente con el cliente y ser encomendado a diseñar y presentar una presentación importante – ¡cada día me siento más adulto!

El único aspecto triste del trabajo recientemente ha sido la despedida de Manu, ¡pero nos aseguramos a despedirnos bien! Un grupo nos reunimos en la ciudad para tomar unas copas y reírnos hasta las horas pequeñas. Yo, sin embargo, llegué a casa bastante molesto por no había encontrado ningún kebab ni bazar abierto para coger un poco de comida. ¡Qué barbaridad!

Todo esto nos lleva al día de hoy, y como podréis ver, ha sido una semana muy ocupada. Por eso, esta tarde he bajado las luces, he cocinado una pizza para estrenar el horno, he puesto un poco de música y me he sentado para escribir esta entrada de blog.

Este finde y el que viene no tengo mucho organizado porque mi calendario está llenísimo a partir de semana santa, pero voy a intentar publicar otra entrada de blog antes de irme a algún lugar para pasar las vacaciones fuera de la ciudad. ¿Quién sabe dónde será?

20.03.19 — Diario

El verano comienza y Emily me visita

Tras mostraros mi nuevo piso en mi última entrada de blog, pensé que debería explorar un poco de lo que ha ocurrido fuera de dicho piso en esta entrada. Os aviso, sin embargo, que la mayoría de lo ocurrido consiste en sentarme en terrazas, tomar cañas y disfrutar las temperaturas crecientes…

The Puerta de Alcalá in Madrid by night

Hace un par de semanas, Napo me visitó para ponernos al día, y eventualmente salimos de mi piso y fuimos al río para aprovechar del sol dominguero. A solo 10 minutos de mi piso se encuentra Madrid Río, un parque lineal construido en las orillas del río Manzanares. Después de pasar entre familias y gente sacando a su perro – y esquivar a gente yendo a toda leche en patines – nos sentamos para tomarnos unas cañas en una terraza por ahí.

Trees against a blue sky.
I look to the left.

Después de una puesta del sol magnifica, volví a mi piso y empezó la semana laboral. Resultó ser una semana fría y lluviosa, pero eso no me molestó, ¡y no enfrió los espíritus de los que atendieron la manifestación del día internacional de la mujer!

A baroque building lit by the orange sun is reflected in a puddle on a grey pavement.
A blue sky above a graffiti-covered stairwell lit by the setting sun.

Me alegró ver que la manifestación fue un éxito total – me puse muy feliz al ver a mujeres de todas las edades en la calles y unidas contra la desigualdad. Me hubiese encantado poder unirme a ellas, pero en fin la devolución de unos productos en IKEA tardó mucho más que pensaba. La única parte que vi fue el caos en la estación de Atocha cuando intenté hacer un transbordo para llevar mis nuevas sabanas a casa. ¡No hace falta explicar el por qué en fin fui caminando!

A train station full of people.

El finde siguiente volví a bajar al río, esta vez para echar un vistazo a los puestos y comer un poco de comida callejera en el mercado de diseño del Matadero. Allí quedé con Bogar, Filip y Napo, y nos pusimos al día con unos nachos y unas cañas en la mano.

Otra semana laboral pasó, y el viernes que había esperado durante semanas y semanas por fin llegó: ¡el día de la visita de Emily! Tras el aterrizaje de su vuelo de Londres, le dije que viniese al centro, y en breve nos reunimos después de (lo que acabo de calcular por ver mis entradas de blog) 10 meses. La última vez que nos vimos fue durante una visita a Londres que realicé en mayo del año pasado. ¡Cómo vuela el tiempo!

Nos coincidimos en Plaza de España, y luego fuimos a la oficina de Erretres para echar un vistazo al espacio, conocer el equipo y para que Emily pudiese dejar su mochila. Luego volví a trabajar y ella se fue a explorar el palacio real y sus alrededores, pero en breve nos volvimos a reunir ya que salgo a las tres los viernes.

Después de un menú delicioso en un restaurante cerca de la oficina, subimos a un tren a mi piso para que dejase sus cosas y para usar el sofa cama por la primera vez…

Como podéis ver en la cara de la Bella Durmiente arriba, la cama se montó fácilmente y era bastante cómodo, ¡pero había más cosas que explorar antes de acostarnos!

Tras ver los techos de la ciudad desde una azotea, nos pusimos a vagar por el centro, parando para tomar churros, visitar el Mercado de San Miguel, pasar por la Plaza Mayor, tomarnos un buen jerez y cenar comida venezolana en uno de mis restaurantes favoritos. Una vez en casa, nos sentamos a charlar aún más con una caña en la mano – la cantidad de cosas que teníamos que compartir era inmensa – y luego en fin nos fuimos a dormir.

La mañana siguiente empezó por una visita al Matadero para explorar el centro de exposiciones y pasear por el río. Al abrir el apetito durante nuestro camino por las orillas (y tras parar para unas cañas, naturalmente) nos fuimos al norte y a Casa Dani, uno de mis sitios favoritos para comer.

Este neón rosa era uno de mis cosas favoritas. Quiero uno.

Una vez habíamos disfrutado una buena comida madrileña, empezamos a caminar hacía el sur otra vez y por las calles bonitas de Chueca y Malasaña. Cuando el sol alcanzó su cima durante la tarde, paramos para un vermut y unas copas de tinto de verano en la terraza del Mercado de San Antón, ¡aprovechando al máximo la oportunidad de quitarnos los abrigos!

Después de comprar unas tonterías y tomar unas copas más en el camino, acabamos nuestras aventuras en el Templo de Debod, dónde vimos la puesta del sol sobre el oeste de la ciudad. Luego pasamos a un lugar de tacos super guay pero el cual en fin estaba súper concurrido, así que hicimos unos planes alternativos espontáneos y bajamos por Lavapiés para tomar unas raciones en un restaurante por ahí.

La semana siguiente era el último día de su visita, pero aún así había hecho unos planes domingueros para mantenernos ocupados. Después de desayunar en casa, fuimos a coger unas bicis, y pasamos lo que quedaba de la mañana explorando el Parque del Retiro en bici.

Tomé esta foto sin caerme de la bici – ¡estoy mejorando!


Tras devolver las bicis comimos bao en uno de mis sitios favoritos, y luego tomamos un helado como postre. Bajando hacía Atocha, pasamos por sus jardines tropicales, y luego subimos al tren de vuelta a casa para recoger la mochila.

Llegamos al aeropuerto sin tardar – y menos mal que sí, porque el proceso de check-in que tuvo que completar Emily al llegar no era nada fácil. Una vez cogida la tarjeta de embarque, le dio un abrazo de despedida y me fui a casa.

No hace falta decir que lo pasé fenomenal con Emily en la ciudad, y las semanas pasadas de un clima cada vez mejor me han animado bastante. Lo tengo que decir – ¡estoy súper contento estar en Madrid de nuevo!

Bueno, ya estaría en cuanto a novedades – ¡volveré con más historias de esta ciudad polvorienta en cuanto tenga el tiempo!

12.03.19 — Diario

Casa Briggs

Después de la entrada de blog que nos llevó a Asturias para explorar una fábrica abandonada, ahora volvemos al punto en el que acabó la entrada anterior: mi misión para decorar mi piso antes de la visita de mi amiga Emily. ¡Ya solo faltan tres días!

Afortunadamente, ya tengo instalado todo lo esencial, y estoy preparado para recibir a visitantes como la maruja que secretamente soy. Ha sido un proceso bastante largo, sin embargo, y he tenido que dar muchas vueltas a IKEA, y luego más cuando me di cuenta que había comprado la cosa equivocada en dos ocasiones distintas. Dicen que IKEA es una prueba para las parejas, pero yo he logrado discutirme conmigo mismo más que una vez. ¿Un talento? Sí.

Bueno, ya que no tengo mucho más que compartir esta semana, he sacado unas fotos del piso para mostraros lo que he hecho con el poco dinero que tengo.

Empezamos en el salón/cocina, donde he mantenido el amarillo de una de las paredes, añadiendo un sofá cama gris y toques de blanco y negro. Soy muy estricto con los colores, pero he dejado que entre un toque de verde al poner unas plantas que le dan un poco de vida al espacio.

La única cosa que echo en falta aquí serían unos cojines más y una mesa de centro en que dejar bebidas. También me gustaría comprarme una almohada en algún momento, pero resulta que son mucho más caras que me imaginaba, así que eso tendrá que esperar un poco…

Ahora damos la vuelta y estamos de cara a la cocina. Estoy intentando mantenerla lo más ordenada posible, y está resultando ser muy fácil porque soy una persona sola y hay mucho espacio en que esconder todo lo que no estoy usando. Aquí solo me falta un horno, pero ya he visto un horno pequeño de sobremesa que compraré el mes que viene: ¡hay pasteles por venir!

Ésta es una de mis plantas favoritas. Se llama Leah.

Pasando por la puerta y por el pasillo hay un cuarto de baño y un espacio en que hacer la limpieza, pero no os voy a aburrir con eso: pasemos directamente al otro espacio principal, mi habitación. El piso ya disponía de la cabecera de madera y una lampara de techo negra, así que he mantenido los colores existentes otra vez. Puse unas sábanas blancas en la cama y compré una mesilla de noche negra en la que he puesto a Beatrice el Bambú.

Alineado con el look de texturas de madera, plantas y colores neutros, tuve un momento de inspiración al pasar por la frutería hace unas noches. Vi que el tío estaba apilando unas cajas de madera para que se recojan como basura, así que fui a por un par de ellas y las subí a mi piso. Usando ellas he hecho una mesilla gratuita y sostenible.

Encima de dicha mesilla he colocado a Alice el Aloe Vera, y luego otra vela, ¡y ahora diría que se ha convertido en mi detalle favorito del piso entero! Es un poco molesto que la cosa más bonita es la más barata, pero me alegra haber podido decorar un rincón vacío.

Ahora llegamos al final de las fotos de mi nueva casa, y al final de esta entrada de blog, pero la semana que viene volveré para compartir las novedades después de este finde de aventuras con Emily. Espero que este preparada para mucho terraceo y comida rica…

03.03.19 — Diario

La fábrica abandonada

El verano pasado fui de vacaciones con mi amigo Kevin, y en mi blog inglés hablé de un viaje a una fábrica abandonada en un pueblo asturiano, y por fin me he sentado para editar las fotos y escribir esta entrada de blog para contaros lo que pasó.

Llegamos en coche y luego pasamos por unos árboles para entrar, encontrándonos al lado del edificio principal. La fábrica no se vio nada extraordinario desde afuera, era un edificio industrial grande con las ventanas rotas y pintado en un tono de turquesa bastante feo.

Una vez dentro, las cosas se volvieron más interesantes. El techo falso se había caído, y sus paneles tapaban el suelo entre rocas, material de aislamiento, papeles, y una variedad de lo que reveló el uso anterior de la fábrica: cerámica.

The interior of an abandoned factory.

Giramos a la izquierda y entramos en el espacio cuyas paredes interiores fueron las últimas en quedarse sin derrumbarse. Parecía haberse renovado justo antes del cierre de la fábrica – si no fuera por el daño causado cuando se habían caído elementos del techo superior, se podría pensar que este espacio fuera nuevo. Pasamos por un contenedor enorme que, aunque roto, aún contenía bastante polvo blanco. No quise correr el riesgo de tocar el polvo no identificado, así que seguimos explorando.

A broken container full of white powder sits in an abandoned factory.

No me apetecía desordenar el polvo blanco y misterioso.

En el espacio siguiente tenía un aspecto mucho más industrial, y una vuelta por dos estructuras grandes en el centro de dicho espacio reveló que eran un par de hornos. En un rincón había un montón de cerámica media hecha, pero el aislamiento esponjoso de los hornos me asustaba: puede que sea el asbesto. Por eso seguimos al próximo espacio sin explorar mucho.

Furnaces in an abandoned factory.
A pile of unfinished ceramics sit in the corner of an abandoned factory.

La puerta nos llevó al espacio mayor de la fábrica, y imagino que una vez era un almacén. El espacio extenso contenía una colección variada de escombros, incluyendo cerámica rota, piezas de electrodomésticos y los restos mojados de unas carpetas que detallaban los pedidos y las facturas de los años pasados. Era bastante surrealista pensar que unos detalles tan íntimos pueden haberse dejado a podrirse en un espacio tan público.

An abandoned factory warehouse, with bricks in the foreground and decaying walls covered in graffiti.

Más al fondo del almacén, encontramos unas cajas llenas de cerámica media acabada y una pirámide que se había formado con platos en el suelo. Pienso que se hizo por alguien después del cierre de la fábrica: no veo utilidad ninguna en apilar un producto así.

An abandoned factory warehouse littered with debris.

Saliendo del almacén, nos encontramos de repente expuestos a los elementos al pasar por un espacio cuyo techo se había derrumbado totalmente. No queriendo quedarnos bajo la estructura precaria, saqué unas fotos de los escombros más interesantes y luego volvimos al almacén para explorar más.

The structural failure of the room in an abandoned factory. The roof has totally collapsed, allowing shrubbery to grow in the ruins.
Greenery is seen through a collapsed doorway.
An almost complete ceramic teapot sits on a rotting crate in front of some shrubbery.

Pasando por el espacio, llegamos al otro lado de la fábrica, y entramos en una área llena de oficinas. Pasamos por un café/zona de recreación y llegamos en un espacio que contenía unos generadores alrededor de una escalera central. Decidí que los escalones de concreta nos podían soportar, pero mi duda fue que si la planta de arriba nos soportaría – especialmente tras ver la falla estructural del otro lado de la fábrica.

A broken ceramic teapot sita atop a wooden palette.

En fin subimos a un ático usado para almacenamiento. Este espacio era uno de los más interesantes de la fábrica por la cantidad de moldes que se habían guardado en las vigas. Unas barras de metal se veían entre los moldes volcados, y así deduje que una vez los moldes se guardaban en estantes, aprovechando el espacio compacto.

A roofing panel collapses, allowing light in to reveal an abandoned factory room full of ceramic moulds.

Luego continuamos más por el laberinto de espacios más pequeños. Pasamos por unas bolsas de polvos no identificados, talleres destrozados y una cabina que contenía un calendario mostrando los primeros meses del 2003.

A wall shows a decaying calendar dated 2003.
A doorway through an abandoned factory leading to a room full of graffiti.
An abandoned workshop with shattered windows.

Pronto nos encontramos explorando la colección de edificios más pequeños en el fondo de la fábrica. Estos espacios eran más pequeños, más oscuros y más escalofriantes que la fábrica principal, y la inquietud que me provocaron hizo que se me olvidó sacar fotos. Tendrás que usar tu imaginación para visualizar los rincones oscuros de los vestuarios abandonados…

Por la inquietud y el hambre que sentíamos, decidimos poner fin a las exploraciones. Volviendo al coche, me recuerdo como hablábamos de lo que nos gusta pasar las vacaciones haciendo cosas así en vez de las actividades típicas que se hacen durante el verano. ¡Siempre me apunto a las experiencias alternativas!

24.02.19 — Diario

Como ser un adulto

Hace dos semanas ya que publico la última entrada de blog, y hace una que me mudo al nuevo piso, ¡y han sido entre las semanas más ocupadas de mi vida! Al cambiarme de piso en Madrid en el pasado, solo he tenido en cuanta las consideraciones logísticas, las que no solían causar dramas ya que todos mis pertenencias cabían en una maleta. Esta vez, sin embargo, he tenido que organizar mucho más…

Entre las cosas que he hecho esta semana quedan llamar a la compañía de luz para cambiar de contrato, contratar y organizar la instalación de fibra en casa, varios viajes a IKEA para coger lo esencial como un colchón y los cubiertos, y dar muchas vueltas al Mercadona para coger comida. Hasta logré empadronarme, lo cual fue un logro personal enrome porque he intentado muchas veces y siempre faltaba algo. ¡Es verdad que esta semana he aprendido justo como ser un adulto!

El cielo por el palacio real.

En fin el gran reto, la mudanza al nuevo piso, ha sido bastante fácil. Hice la maleta, discutí con el conductor del autobús porque dijo que la maleta era “demasiado grande” (aunque el bus estaba casi vacío) y eventualmente cogí el Metro a la nueva casa.

Ya había arreglado el nuevo apartamento para quitar el polvo y instalar el colchón, así que pude llegar y deshacer la maleta tranquilamente. Durante la tarde fui al Mercadona para coger comida, y luego di otra vuelta al IKEA a por toallas, sartenes y unas plantas para decorar.

El día siguiente estaba emocionado de preparar y desayunar avena usando mi nueva olla, pero cuando no funcionaba la vitro me di cuanta que había sido tonto y comprado un par de sartenes que no funcionaban con la vitro de inducción. Tuve que prepararme un desayuno un poco más pintoresco, pero luego tuve que irme al IKEA otra vez para devolver la olla y la sartén.

Un desayuno bonito arruinado por tener que volver otra vez al IKEA.

Una vez resuelto ese problema y después de comprarme otra planta para animarme un poco, empezó mi primera semana de viajar a la oficina desde el nuevo piso. Estamos muy ocupados en el trabajo, así que fuera de la oficina me he mantenido ocupado para distraerme de todos los proyectos.

Uno de los eventos más espectaculares de la semana ha sido un videomapping de 360° para celebrar 400 años de la Plaza Mayor. Fui con mi amigo Bogar para verlo, y nos reunimos en la plaza a las 7:30pm cuando se apagaron las farolas y ¡empezó el espectáculo!

La única foto que saqué no representa bien el viaje inmersivo por los 400 años de historia que se proyectaron en las cuatro fachadas de la plaza, y el cual fue acompañado por una banda sonara y unos efectos de iluminación que iluminaron el cielo. He incluido este vídeo hecho por el ayuntamiento que mejor te mostrará lo guay que fue:

Después fuimos al norte para escapar de la gente y cenar unos bocadillos y patatas fritas con cerdo desmenuzado en la Casa Tomada, el restaurante donde trabaja Bogar.

El jueves fue el día de mi cita previa para empadronarme, así que me fui a Barajas por la mañana ya que fue la única oficina de atención al ciudadano que tenía una cita que no fuera en abril o más tarde.

Al llegar en la parada de metro, pensé en Dani, mi director de arte anterior de cuando empecé por la primera vez en Erretres hace tres años. Él vive en la zona, y estaba pensando en sacar una foto de la estación y mandársela cuando ¡él apareció bajando por las escaleras mecánicas!

Después de subir los dos al vestíbulo, paramos un rato para ponernos al día. Fue genial saber lo que está haciendo hoy en día, pero pronto nos tuvimos que ir ya que tuve que ir a la cita y él a su trabajo. Tomé un cafe y una napolitana en un bar y luego fui vagando por las calles del barrio pintoresco para llegar a la oficina de atención al ciudadano.

Barajas
Príncipe Pío

Después de empadronarme exitosamente, volví al trabajo y inmediatamente me puse a diseñar en todos los proyectos que tienen que hacerse. Una pausa bienvenida se presentó, sin embargo, al llegar unos estudiantes de un instituto local. Luis y yo pasamos una hora presentando nuestro proyectos, contando justo como es trabajar en una agencia de diseño y respondiendo a una plétora de preguntas que tenían. Fue tan util para mí como para ellos porque me expuso a presentar en español – algo que hago cada vez más hoy en día. ¡Creo que mi profesora de español estaría orgullosa si pudiera verme ahora!

Ahora hemos llegado al fin de la semana laboral y hasta este finde. Ayer hice otro viaje al IKEA para coger unas cositas más y elegir el sofa que voy a comprar en cuanto cobro. Y eso no puede pasar lo suficiente pronto, ¡porque mi amiga Emily acaba de comprar los billetes para visitarme dentro de menos de un mes! ¡Debería hacer que este lugar parezca más a un hogar!

Hasta que este instalado el sofa y este bien decorado el piso, no voy a compartir ninguna foto más. Tengo una visión clara en mente de cómo debería verse, ¡y no quiero echar a perder la sorpresa! Dicho eso, esta semana seguro que será muy ocupada, así que no volveré con noticias hasta el finde que viene como temprano. ¡Hasta entonces!

10.02.19 — Diario

Ronda tres en Erretres

Si estás al día sabrás que ahora estoy en Madrid de nuevo. Hace una semana de esta noche llegué, y tanto ha pasado desde entonces que aún no lo he podido procesar. Dicho eso, no sé por donde empezar, así que voy a ponerme a escribir y ya veremos donde acabamos…

Llegar en la ciudad ya se ha hecho una rutina habitual que hago de la memoria muscular, así que en breve me llegué en la puerta del piso de Airbnb que había reservado durante las primeras dos semanas. Tras conversar con la pareja con la que viviré durante estas fechas, saqué lo esencial de la maleta y salí para hacer algo que llevo un buen rato queriendo hacer: ¡la compra en Mercadona!

No sé cómo, pero me contuve bien al hacer la compra y solo compré unas cosas esenciales. El domingo lo pasé haciendo casi nada, pero tuve el placer de reunirme con mi amigo Napo cuando salimos para cenar pizza y tomar unas cañas. Después de esto, volví a acostarme temprano en preparación para mi tercer primer día en Erretres.

Ir por las calles madrileñas en bici por la mañana es como estar en un sueño.

A street in the old centre of Madrid.

Dentro de poco mi alarma me despertó para empezar el primer día de vuelta a la oficina. Porque cogí un piso muy céntrico, había decidido que la manera más bonita y eficaz de llegar a la oficina sería en una bici, así que salí en la frescura de –4°c.

A fading facade reads "Bodega" in old handwritten letters.

Tras eludir la hipotermia en mis dedos de algún modo llegué en la oficina, ¡y sintió fantástico estar de vuelta! Después de saludar a todos, ¡me pusieron en marcha trabajando en el caos de proyectos y trabajos!

Seguro que ya no hace falta decirlo, pero claro que no puedo compartir nada de lo que estamos haciendo por la confidencialidad. Pero sí puedo hablar de lo que hago fuera de la oficina, ¡y está semana ha sido mucho!

La mayoría de dichas actividades han sido el vagar de un barrio a otro, junto con la realización de unas tareas administrativas bastante aburridas. No estuve tan aburrido, sin embargo, porque me encanta sacar una buena foto cuando surja la oportunidad, así que he salpicado esta entrada de blog con unas que muestran el ambiente de la ciudad.

Una noche tuve la oportunidad de ponerme al día con un amigo, Leo, al quien no había visto desde hace mucho. Durante la noche bebí bastante cerveza venezolana y me puse bien alegre, tanto que perdí mi parade en el Metro de vuelta a casa – ¡pero valió la pena por la comida rica y la compañía buena!

Otra mañana también surgió la oportunidad de un cambio de escena, porque Manu y yo fuimos a las nuevas oficinas de un cliente nuevo. Era un espacio muy chulo, y ya que Manu había traído su cámara me puse a sacar unas fotos de él mientras tomaba algunas de la oficina.

Un anuncio por que soy un sinvergüenza: dale a Erretres un like en Facebook si puedes.

Ha habido, sin embargo, una tarea enorme avecinándose durante esta semana divertida: la necesidad de encontrar un sitio en que vivir. Había decidido que quería mi propio piso, y que no quiero estar lejos del trabajo, pero me habían avisado que se puede tardar meses en encontrar un buen piso en el mercado madrileño.

Fui a visitar el primer piso el jueves, un estudio con un precio razonable que se encontraba en un barrio tranquilo un poco más lejos del centro que la oficina. Al llegar tuve que hacer cola para entrar, y cuando me tocó echar un vistazo al apartamento, estuve poco impresionado.

Aquella tarde me sentí muy desganado sobre la tarea por frente, y fue en ese momento en el cual Bogar me escribió con un contacto. Había estado buscando un piso también, y ya había encontrado uno cuando una agencia le contactó para informarle que habían bajado el precio de otro que vio. Me puse en contacto con ellos inmediatamente y organizamos una visita para el viernes.

Bueno, ¡el segundo piso era totalmente distinto al primero! Con todo a estrenar, quedó obvio que había sido reformado por alguien con un buen ojo para el diseño, y después de apenas cinco minutos supe que tenía que ser mío. Se lo dije a la tía de la agencia, y de repente estuve sentado con los dueños (uno de los cuales es diseñador, ¡lo sabía!) y firmé el contrato para entrar en una semana. Qué locura, ¡¿no?!

Bueno, contengo mi emoción y vuelvo al presente. Tras firmar el contrato el sábado por la mañana, fui al piso de Bogar para ayudarle con la mudanza a su nuevo piso. Después de un par de viajes en taxi con cajas llenas de sus pertenencias, esperé mientras él cogía unas prendas tendidas que quedaron, y luego volvimos a su nuevo piso a comer comida china en el suelo.

He encontrado a esta señora tendiendo sus cositas.

Él vive en la misma zona que mi nuevo piso, así que aproveché la oportunidad de vagar por lo que será mi nuevo bario. También di una vuelta por Mercadona otra vez – ¡hay que comenzar como se piensa continuar!

Eso ya es todo de la semana pasada, ¡pero ha sido muy ocupada! Estoy seguro de que todo se pondrá cada vez más rápido al comenzar esta segunda semana, la que acabará con mi mudanza al nuevo piso. Escribiré una entrada de blog con unas fotos del piso cuando me mudo y me ha dado tiempo colocar unas plantas para darle vida al espacio. ¡Hasta entonces!