09.11.23 — Diario

El otoño en Williston

Nuestro viaje sobre la frontera de los Estados Unidos desde Canadá no nos había dejado en Vermont, el estado adonde nos dirigíamos, sino en el estado de Nueva York. Por desgracia, no iba a visitar Nueva York ni Búfalo como hice el año pasado, así que tendríamos que dirigirnos hacia el este ahora que andábamos en tierras estadounidenses.

Pero esa parte del viaje tendría que esperar hasta después de una parada para pillar picoteo y batidos. Megan y Mallory me llevó a Stuart’s Shop, un sitio mágico en donde podíamos pedir que convirtieran cualquier sabor de helado en un batido enorme. Yo me pedí uno de tarta de manzana y supo a gloria.

Con la mayoría de nuestras calorías diarias ya consumidas, los tres volvimos al coche y nos acercamos a la frontera de Vermont, un tramo que nos llevó sobre el agua del bonito Lago Champlain. Al cruzar la frontera, empecé a ver lo que había venido a ver: los colores otoñales increíbles que se encuentran por toda esta zona norteña de los Estados Unidos.

Enseguida pasamos por una señal que ponía “Leaf peepers: atentos a la carretera”. Pregunté por el significado de la palabra ‘leaf peeper’ (literalmente “espía de hojas”) y me contaron que se usa por esas partes para denominar a los que vienen a Vermont para ver las hojas de los árboles en otoño. ¡Yo era un leaf peeper!

Megan también me explicó que tienen que poner ese tipo de señales por las carreteras ya que la gente se distrae tanto por los colores impactantes de los árboles que se suele subir la taza de accidentes de tránsito durante esa época del año. A Megan no le iba a pasar eso, sin embargo, así que en nada ya llegamos a la casa de sus padres en Williston.

Leaf peepers: atentos a la carretera.

Me alegró mucho de volverles a ver a Maureen y Terry. Quiero darles las gracias desde ya por volverme a acoger en su casa encantadora. Ahí deshice la maleta, descansé un rato tras el finde en Montreal y en nada ya estuve abajo con Maureen ayudándole a hacer una ensaladilla antes de que llegaran los invitados a una cena esa noche.

Todos los amigos de Megan que conocí el año pasado llegaron y nos pusimos todos al día. Terry encendió la parrilla y nos preparó unas brochetas y perritos calientes muy ricos. Cenamos todos juntos en su jardín bajo el calor poco usual para la temporada. ¡Fue una noche maravillosa!


El día siguiente madrugué para conectarme al trabajo, pero gracias a esta misma diferencia horaria me tocó desconectarme a mediodía. Así pude bajar al jardín a charlar con Maureen mientras nos comíamos las sobras de la barbacoa de la noche anterior.

Al salir del trabajo, Megan se acercó con Mallory y los tres salimos a dar un paseo antes de las actividades de esa noche. Sacamos a Ellie, la perra de la familia, para un viaje hasta una tienda de productos agrícolas cercana mientras el sol empezó a ponerse lentamente.

Aquí están las tres chicas de camino a la tienda.

Esta vuelta resultó ser muy agradable a nivel estético. Llegamos a la pequeña tienda de madera para encontrarla rodeada por todo tipo de calabazas y otros productos de temporada. Había cientos de calabazas naranjas por todos lados y entre ellas figuraban estas verrugosas que resulta que las llaman ‘warty goblins’ (“duendes verrugosas”) directamente. ¡Que gracioso!

Me resultaba difícil sacar una foto mala al estar rodeado por estas vistas.

Cuando por fin Megan consiguió persuadirme que entrara en la tienda, eché unos minutos explorando los productos, desde piruletas de azúcar puro hasta un azúcar hecho de sirope de arce. Este último me lo compré para llevármelo de vuelta a Madrid. También me enseñaron otro capricho en la forma de una pajita de plástico llena de miel. Me compré uno de esas también y me la chupé mientras volvíamos a casa.

También pillamos una tarta de manzana a modo de postre para esa noche. Breen y Aaron nos habían invitado a cenar en su casa y luego a ver el primer capítulo de una serie llamada ‘The Bachelor’. No sé si este programa sobre un tipo mayor que buscaba pareja era mejor o peor que ‘The Bachelorette’, otra serie parecida que me obligaron a ver el año pasado

Me quedé encantado por las hojas otoñales que brillaban bajo el sol vespertino.

La cena fue una delicia: una lasaña de pavo acompañada por pan de ajo elaborado con mucho mimo por Megan. También picamos un poco de queso con galletas saladas caseras hechas por Breen. Aún estando muy embarazada ¡se le daba fenomenal en la cocina!

Fue una tarde de diversión y risas mientras cada uno opinábamos sobre las decisiones hechas por dicho señor mayor al buscar el amor en The Bachelor. Se agradecía mucho también la compañía de Libby, la perra de Breen y Aaron, además de la de su gato, cuyo nombre hasta lo que he podido averiguar es simplemente ‘Gato’.

Ya lleno de comida y cansado tras un día largo, me dormí nada más acostarme. Menos mal también, ya que el día siguiente habían organizado un plan bastante intenso: ¡pero os contaré más sobre eso en breve!