17.07.19 — Diario

Fiestas y fotografía

Como mencioné en la entrada de blog anterior, ¡al volver a Madrid de Murcia ya tocaba celebrar el orgullo! Comenzó todo un poco antes, cuando salí para cenar en la Casa Tomada con un amigo. Él tiene la suerte de trabajar para el restaurante, así que utilizó su descuento para coger unos aros de cebolla y los mejores bocadillos de Madrid.

A bowl of onion rings and dip.

El evento siguiente en mi calendario fue el concierto de un artista asturiano. Ya que vivía mi amigo Kevin en el principado, ya llevo unos años subiendo mucho a Oviedo y Gijón, y la región me encanta.

Hace unos meses descubrí a Rodrigo Cuevas a través del Spotify, e inmediatamente me puse en contacto con Kevin. Kevin me contó todo: Cuevas es un artista que mezcla el folclore, bailes tradicionales, música asturiana, los temas de Tino Casal y unos sonidos muy modernos. Tras un rato obsesionado con sus canciones, ¡sabía que no me podía perder su concierto gratuito en el centro de Madrid!

Le mencioné a mi compañera María que iba a asistir, ya que pensé que conocía a Cuevas, porque ella también es de la región. Me dijo que no le sonaba, así que nos pusimos en YouTube para ver un videoclip suyo y enseguida ella dijo que iba conmigo. Unos días después nos reunimos en la plaza de Santa Ana y ¡tomamos unas cervezas mientras empezó el espectáculo!

A screen displays Rodrigo Cuevas, with the singer beneath on a stage adorned with flowers.

Bueno, solo queda decir que Cuevas, que en el pasado le han comparado con el genio de Freddie Mercury, ¡no nos decepcionó! Pasamos unas horas bailando y gritando mientras intentábamos cantar sus canciones y escuchábamos sus cuentos sobre Asturias, su idioma y su gente. También hubo un momento fabuloso cuando bajó del escenario para cantar en el centro de toda la gente, ¡un momento en el cual María y yo nos volvimos en el par de fans más gritones del sitio!

Rodrigo Cuevas singing in the crowd.

Todos me miren de llau, y dicen “neña, que guapa yes!”

Como veis, el concierto fue un evento muy gay, lo cual nos trae a los eventos del finde siguiente: ¡el orgullo! Ese finde, cogí unas cervezas con mi amigo Leo y bajamos por una Gran Vía vacía a la ruta del desfile, que iba a pasar por La Castellana.

A rare, deserted Gran Vía in Madrid, Spain.
A selfie of me and my friend Leo at Pride, Madrid.

Pronto se unieron unos amigos más, y nos quedamos de pie mientras pasaron las carrozas, reproduciendo música y lanzando espuma y confetis sobre el público. Lo pasamos fenomenal, acabando la noche con un bocadillo, después de lo cual mi di cuenta que iba a tener que volver a casa andando ya que se habían cancelado los búhos por motivo del desfile. Pero bueno, ¡valió la pena!

La semana laboral siguiente comenzó con un viaje al norte de la ciudad para sacar unas fotografías con un cliente y un fotógrafo. Vi unos ejemplos de arquitectura que nunca había visto antes, y también tuve la oportunidad de subir un edificio, sacando una foto de vista de pájaro sobre el sur de la cuidad que nunca hubiera visto si no fuera por el shooting.

A staircase leads up to a modern building in Madrid.
A Madrid office building with a wavy-shaped series of sun screens.

Esa misma semana también celebramos la verbena de Erretres, por la cual invitamos a ex compañeros, clientes y amigos que viniesen a inaugurar la nueva oficina y utilizar por primera vez la piscina. Me quedé tan ocupado charlando durante la fiesta que se me olvidó sacar una foto, sin embargo sí acordé sacar esta foto el día siguiente, cuando nos sentimos todos en el jardín para aprovechar de las sobras de pizza y cerveza…

Bueno, tengo que acabar esta entrada de blog con una idea de mi compañero Borja. Dijo que ya que soy el británico de la oficina debía de hacer balconing para empezar bien el verano. Os dejo la foto, ¡es brutal!

¡Viva Inglaterra!

10.07.19 — Diario

Otro viaje a Murcia

Al llegar a mi piso después de un viaje súper rápido a Barcelona, no tuve mucho tiempo para recuperarme, ya que sólo tuve unas pocas horas para deshacer y volver a hacer la mochila para otro viaje. El segundo tren del día era seis horas en vez de las meras tres que había aguantado por la mañana. Todo esto, sin embargo, valió la pena – ¡iba a Murcia a ver a mis padres!

Mi tía tiene un apartamento en la región, y mis padres suelen visitarlo para pasar las vacaciones, así que he estado muchas veces antes. Esta vez seguimos el mismo plan de siempre, yo cogí un tren a un pueblo cercano para coincidir con la llegada de mis padres en avión.

Una vez me habían recogido en el coche de alquiler y una vez llegados al apartamento, saqué lo que había preparado para cenar: unos bocadillos de queso fresco y pechuga de pavo. Los bocadillos comidos, fuimos directamente a dormir porque ya era casi la una de la mañana.

La mañana siguiente se empezó como las mañanas en el campo de golf suelen empezarse, con una visita al supermercado para coger algo de desayuno. Usualmente me gusta ir caminando tranquilamente a la tienda, pero nos habíamos despertado tarde y tuvimos mucho hambre, por lo cual realizamos dicho viaje en coche.

A tree in front of a white wall.

Después de desayunar, volvimos al coche y empezamos el primer (y mi único) día entero. Yendo a la costa, encontramos un mercado artesanal en el paseo marítimo, y me compré un candelero de madera para mi piso – ¡cómo me gusta una noche a solos con unas velas puestas!

A street market on the coast in Murcia.
The shadow of garland lights cast on the beach sand.
The beach on the coast in Murcia, Spain.

El calor pronto empezó a afectarnos bastante, así que subimos por una calle y nos sentamos en un bar pequeño que encontramos por ahí. Mi madre se acordó de la existencia de ensaladilla, así que pedí media ración y una ronda de cervezas. Nos quedamos ahí un par de horas, hablando de la vida.

An old building with the sign "Villa Cartagenera".
The facade of buildings near the coast in Murcia, Spain.

Sobre las cinco de tarde, sim embargo, tuvimos que irnos porque quería visitar una tienda de comida británica importada – ¡cómo en Tenerife hace un par de meses! Me alegro decir que mi gusto está cambiando: no encontré nada que me llamaba la atención.

Tras hacer la compra en Mercadona, volvimos al apartamento, donde nos vimos con los vecinos de mis tíos. Ya que habíamos puesto un aperitivo en la terraza, les invitamos a tomar algo con nosotros, sentándonos todo unas horas para charlar un rato.

Eventualmente tuvimos que irnos a prepáranos para salir, porque habíamos reservado una mesa en el restaurante dentro del complejo para poder cenar y tomar algo juntos. Subimos andando al sitio, donde hablé con las camareras un rato en español. ¡Tengo que dar las gracias al equipo de Erretres por enseñarme tanto español durante estos años!

A sunset over the golf complex in Murcia.

El día siguiente no hicimos mucho, yo me lancé a la piscina y vagué por el piso durante la mayoría de la mañana. Para comer, sin embargo, mis padres tenían un plan, y fuimos en el coche a un pueblo local para disfrutar un menú del día en un sitio que les gusta a mis tíos.

Nunca había visitado el sitio antes, pero al llegar se quedó obvio que era muy popular entre los locales – ¡lo que siempre es una buena señal! El personal andaba muy liado, pero disfrutamos una comida de ensalada, costillas y postres caseros.

A vibrant blue building in a town in Murcia.

Llenísimos, volvimos al coche y fuimos a la costa para una visita más antes de mi tren de vuelta a Madrid. Esta vez fuimos a otro pueblo, sentándonos en una terraza en el paseo marítimo en donde me di cuenta que había vuelto a perder mis gafas de sol – ¡por lo cual nunca gasto más que 10€ al comprarlas!

A graffitied wall in Murcia, Spain.

Más temprano que tarde, no obstante, me encontré en la terraza de un bar al lado de la estación de tren, disfrutando de la última cerveza antes de volver a Madrid. Me despedí de mis padres en el andén sin saber cuando les volveré a ver, pero volví a Madrid muy contento de haber podido relajarme.

Tengo que darles las gracias a mis padres por dejarme pasar unos días con ellos, pero también a mis tíos por déjanos quedarnos en su piso mientras pasan los meses veraneros en Inglaterra.

Ahora, por supuesto, estoy en Madrid, por lo cual la próxima entrada de blog hablará de las fiestas de orgullo que han pintado el ciudad de colores durante las últimas semanas. ¡No te lo pierdas!

05.07.19 — Diario

Los premios Laus

Después de las visitas de muchos amigos que me han hecho compañía aquí en Madrid durante el verano, eventualmente tocó irme a otra ciudad yo – ¡esta vez a Barcelona!

Fui a la ciudad con mi compañera Rocío, porque íbamos a recoger una seria de premios Laus que ha ganado Erretres. Si te quedas preguntándote que son, los premios Laus son los premios de diseño más conocidos de España, ¡y fuimos a recoger dos de plata y un bronce! Había trabajado yo en uno de aquellos proyectos, así que los dos subimos al tren en Madrid y subimos a Barcelona.

Me and Rocío on the train to Barcelona.

Al llegar, fuimos directamente a la Barceloneta, donde paseamos por la playa. Cuando se acercaba la hora de la ceremonia y con mucho hambre, volvimos al centro, parando para merendar en el camino al hotel.

Apenas media hora antes del comienzo de las celebraciones, los dos llegamos a la habitación, dejando las mochilas y duchándonos con prisa para el camino corto al Museu del Disseny. Al entrar en el edificio, nos encontramos con nuestro otro compañero Marco, quien había ganado un premio para uno de sus proyectos personales.

Eventualmente nos instruyeron que nos sentásemos en el auditorio, el cual tenía un techo que me mareó bastante – ¡no creo que tantas líneas paralelas sean una buena idea, especialmente en un museo de diseño! Mientras mis ojos se ajustaban al espacio, pasamos el rato charlando y mirando la gente entrar. 

The interior of the Museu del Disseny, with the presentation screen showing sponsors. Taken before the event.

La presentación siguiente se presentó en Catalán, que me hizo tener que hacer un esfuerzo extra para entenderlo. Disfruté de ver todos los proyectos premiados, sin embargo, y de escuchar unos discursos al largo de la noche.

Cuando se habían entregado todos los premios, salimos del espacio, recogiendo los premios pesados de acrílico al salir. Acabamos todos en una plaza exterior, donde había cerveza y pizza gratis, ¡así que naturalmente aprovechamos de eso!

Ya que Rocío y yo preferimos una noche tranquila de playa en vez de salir de fiesta, y también por el tren temprano de vuelta a Madrid el día siguiente, pasamos de ir a un club y volvimos a la Barceloneta. Una vez allí, nos sentamos en una terraza en la arena, charlando más y tomando la última cerveza de la noche.

La mañana siguiente nos madrugamos y salimos a buscar un bar local para desayunar. Después de tomar un café volvimos a la estación para coger el tren a las 9am – ¡el final de otro viaje corto después de estar en Barcelona hace un par de meses para una reunión con un cliente! Esta vez, no obstante, por lo menos tuve la oportunidad de ver la Sagrada Familia…

The Sagrada Familia in its unfinished state, with a Barcelona boulevard in the foreground.
The view from our hotel room in Barcelona. The sun rises, illuminating buildings in a warm glow. A lone man walks through a courtyard below.
The Laus Silver award.

El viaje de vuelta duró tres horas, pero eso no fue nada comparado al viaje que iba a hacer más tarde ese mismo día, cuando cogí un tren de seis horas a Murcia para pasar un finde allí con mis padres. Os cuento más de eso en la próxima entrada de blog…

01.07.19 — Diario

Los Hermanos Briggs en Madrid

Después de que Danni y Abi volvieron a Inglaterra, quedaba aún una persona para visitarme para concluir los findes de visitas sin parar. Esa persona fue mi hermana, que volvió por segunda vez tras visitarme el año pasado acompañada por su novio, Johann.

Esta vez, a los dos nos apetecía tomarlo con más calma, por lo que no había llenado los planes con tantas cosas como la última vez. Por eso, pasamos el viernes de su llegada comiendo en un bar local y caminando por el centro de la ciudad.

Al comenzar el finde, los dos decidimos salir a explorar unos de los barrios en los que no había estado Ellie durante su ultimo viaje a la ciudad. Primeramente fuimos a coger unos Manolitos, unos croissants pequeños y dulces que creo que son los mejores del mundo. Después de llegar y encontrar que no los había en la tienda, decidimos que íbamos a volver el día siguiente, y llevé a Ellie a probar la mejor palmera de Madrid en La Duquesita.

Después de almorzarla y pasar por unas de las tiendas más chulas de Chueca y Malasaña, llegamos al centro, y subimos a la azotea de El Corte Inglés. De allí disfrutamos las vistas de la ciudad, comimos unos trozos de la mejor pizza que hay y hicimos un shooting fotográfico.

Una cerveza en una azotea siempre es buen plan.

Ellie stands on the terrace of El Corte Inglés, the buildings of Gran Vía in the background.

De allí fuimos al Teleférico, repitiendo lo que hice con Danni y Abi apenas una semana antes. Esta vez, ya que no fuimos durante la noche, no había tanta prisa. Por eso nos quedamos un buen rato en la estación del otro lado, hablando de la vida y compartiendo unas patatas fritas.

The views of a Madrid neighbourhood from the cable car.
The mountains surrounding Madrid seen from the cable car over the Casa de Campo.
Ellie, with the skyline of Madrid in the background.

El resto de la tarde lo pasamos yendo de un barrio a otro, parando de vez en cuando para relajarnos en un banco o disfrutar una clara con limón – ¡la mejor bebida veranera!

Ellie with a drink sat in a plaza in Madrid.

Para cenar, volvimos a un sitio que les ha gustado a todos que han visitado (especialmente Luisa) – Buns & Bones. Allí cenamos el mejor bao vietnamita de la ciudad, y luego bajamos al barrio de Vallecas para ver la puesta de sol desde el parque.

Ellie in Vallecas, Madrid, with the city skyline in the background as the sun sets.

Allí y por fin se nos ocurrió sacar una selfie, la primera foto en la cual salimos los dos. Luego nos distrajo le llegada de dos perros, que se sentaron con sus humanos para ver la puesta de sol con nosotros. ¡Que monos fueron!

A selfie on me and Ellie as we watch the sun set, bathed in the warm glow of the setting sun.
Two dogs sit with two women and watch the sun set over Madrid.

Pasé más tiempo mirando a los perros que a la puesta de sol en el fondo.

A panorama of a Madrid sunset.

El domingo empezó con un brunch en Ojalá, otro restaurante que siempre gusta – y el cual siempre me lleva a pensar en la primera visita de mis padres o cuando Izzy me visitó cuando yo vivía cerca. ¡La decoración bonita y los platos pintorescos y deliciosos hacen que sea difícil no pasar todo el rato sacando fotos para Instagram!

Ellie in Ojalá.
The brunch at Ojalá.

Después de comer en Malasaña, cogimos el metro de vuelta a mi barrio, Arganzuela, y visitamos el invernadero enorme. Yo había pasado por el sitio unas veces en el pasado, pero nunca me había fijado en lo que contiene el edificio enorme de cristal – una frase bastante oximorónica, lo sé. También, ya que Ellie está estudiando un master en biología y la entrada al invernadero es gratis, hubiera sido una locura no haberle llevado a visitarlo.

Pasamos un buen rato dentro explorando las cuatro areas climatizadas, con las especímenes que van de cactuses del desierto a árboles de la selva. La humedad y el calor dentro del edificio, sin embargo, pronto nos afectó, y por eso pronto nos encontramos en una terraza, una cerveza en la mano.

Ellie in the Madrid City Greenhouse.

Una vez recuperados, bajamos al lago en la Casa de Campo, llevando una bolsa de comida y una caja de Manolitos (los croissants famosos) que al fin habíamos conseguido coger.

Luego pasamos bastante tiempo descansando y durmiendo en las orillas del lago, antes de subir a uno de los sitios favoritos de Ellie, el Templo de Debod. Desde allí vimos la puesta de sol sobe la sierra en la distancia, y volvimos a mi casa para prepararnos para la vuelta de Ellie a Inglaterra la mañana siguiente.

Another Madrid sun set, this time seen from the Debod Temple.

Lo pasé fenomenal con Ellie aquí en Madrid, y creo que encontramos el plan perfecto para que el finde fuese más como unas vacaciones que un recorro turístico de la ciudad. Otra cosa es que, después de llevar 20 años viviendo con una persona en la misma casa, ¡tenerla en casa unas noches es como nada!

Sé que Ellie también lo pasó bien, y espero que vuelva a visitarme pronto, ¡pero por ahora debería pasar a escribir la próxima entrada de blog! Puede que os guste saber que esta entrada será la última en la seria de visitas, y que la próxima tratará de un viaje a Barcelona y un montón de pizza gratis. Todo se revelará…

28.06.19 — Diario

La visita de Danni y Abi

Tras la vuelta de Em y Lincoln a Inglaterra, tuve uno de mis primeros findes libres desde hace bastante tiempo. No me apetecía hacer nada, prefería quedarme en casa para recuperar y ahorrar un poco. Bogar, sin embargo, logró sacarme de la casa para ir de picnic en el río.

I lie in the grass by the river in Madrid.

Después de un rato tomándonos el sol y poniéndonos al día, pasé otra semana trabajando hasta la siguiente actividad veranera – ¡la visita de Danni y Abi! Me visitaron en 2016, cuando pasaron unos días conmigo en Madrid mientras completaba mis prácticas en Erretres, así que me dio mucha ilusión estar con ellas de nuevo.

La visita empezó con una batalla épica en el aeropuerto, donde mucha gente había venido a la sala de llegadas para dar la bienvenida a no sé quien. Una vez logré encontrar y sacara a Abi y Danni de la multitud, fuimos directamente a mi piso para pasar el resto del día hablando y relajándonos.

Ya tocaba, sin embargo, que los tres saliésemos a tomarnos unas copas y bailar – ¡llevamos mucho sin salir juntos los tres! Fuimos a mi bar de karaoke favorito, y cantamos Queen, Bowie y clásicos españoles como Rocío Jurado.

Me, Danni, and Abi sit in a karaoke bar in Madrid.
Me and Danni sit in a karaoke bar in Madrid.

No volvimos a casa demasiado tarde, así que el día siguiente nos acostamos bastante temprano y llenos de energía. Fuimos al parque para hacer un picnic con la comida del Mercadona que habíamos pillado el día antes. Luego subimos a Malasaña para ver los artistas de Pinta Malasaña que pintaban las paredes y portales del barrio.

El día siguiente bajamos a Parquesur, pero nos perdimos al bajarnos del tren. Andando por una zona industrial un poco chunga, me di cuenta de que íbamos en un sentido equivocado, ¡así que tuvimos que dar la vuelta y volver a pasar por dicha zona! Al final, sin embargo, llegamos al centro comercial vivos.

Durante esa tarde, y una vez de vuelta al centro, decidí que debimos de hacer algo distinto. Por primera vez en un buen rato, subí al Teleférico con ellas para hacer el viaje sobre los árboles de la Casa de Campo, y para disfrutar las vistas de la ciudad.

Danni, me, and Abi take a selfie by the Casa de Campo Teleférico Station overlooking Madrid.
Danni, me, and Abi by the Casa de Campo Teleférico Station overlooking Madrid.

Después de una cena deliciosa para concluir su visita a Madrid, volvimos a mi piso para dormir – ellas, tal como los visitantes que he recibido durante estos meses, tenían que acostarse temprano para luego coger un taxi al aeropuerto por la mañana.

Lo pasé fenomenal durante esos días con un par de mis amigas más antiguas, y solo espero que no tarden en volver a visitarme en el futuro muy cercano. Si no pueden, sin embargo, voy a un concierto de Sigrid en Leeds en noviembre con Danni, ¡y ya ando emocionado!

24.06.19 — Diario

Em y Lincoln me visitan

Reflejando la realidad de cómo ha pasado todo durante estas últimas semanas, vamos directamente de una visita (la de las chicas de Cake Club) a otra – ¡la de Em y Lincoln!

Como mencioné al final de mi última entrada de blog, me despedí de Megan antes de irme yo al trabajo, ¡y al volver a casa encontré a dos intrusos en mi piso! Claro que todo esto se había organizado, habían llegado durante el día y recogieron las llaves de un amigo.

Em era la primera persona que conocí al mudarme a Leeds para estudiar, porque se estaba mudando al mismo piso que yo cuando llegamos. Conoció a Lincoln durante ese mismo año, y desde entonces han sido una pareja.

Recordamos de estos viejos tiempos cuando salimos para la primera tarde en la ciudad, cuando los saqué para enseñarles España por primera vez. Durante esta exploración, pasamos por unos sitios que visité durante mi primer viaje a Madrid, ¡y así empezaron tres días de rememorar el pasado!

Había cogido los dos días siguientes de vacaciones para pasar más tiempo con ellos, y tuvimos que empezar con una comida en Casa Dani para que probasen unos platos españoles bien ricos.

Our first course dishes at Casa Dani, a rice based dish.

Durante la tarde exploramos más sitios, uno de los más bonitos siendo los alrededores del Palacio de Cristal en Retiro.

An assortment of coloured trees in Retiro Park, Madrid, as the sun sets.
The Crystal Palace in Madrid as the sun sets, with a lake in the foreground.

El día siguiente decidimos subir a la sierra, ya que sabía que les iba a gustar ver la naturaleza que rodea la ciudad aislada…

A plaza in Manzanares, with celebration bunting and traditional lamps.

Tras un camino largo bajo el sol, llegamos al Río Manzanares, y nos sentamos un rato para hablar de los escándalos de la época universitaria.

Em, Lincoln, and me, up in the foliage of the mountains surrounding Madrid.

Una vez bajados a la ciudad, no nos quedaba mucho tiempo para dar más vueltas por Madrid, así que nos fuimos a casa y decidimos salir para cenar en un restaurante. Los llevé a uno de mis sitios favoritos para cenar comida venezolana, una cocina más o menos desconocida en Inglaterra.

La cena fue la conclusión perfecta a unos días de relax con Em y Lincoln. Mientras me sentaba en el sitio, llenísimo y alegre después de unas jarras de cerveza, me dio pena pensar en tener que despedirme de ellos la mañana siguiente.

Al decirles adiós estuve triste, pero me alegró haber podido ofrecerles una cama en que dormir – tras años de dormir en su casa, ¡ya tocaba que les ofreciese un sitio! Lo pasé fenomenal con los dos, y espero volver a verlos pronto en Leeds.

Ahora os aviso que la próxima entrada también tratará de otra visita de otras dos personas más, pero esta vez no os voy a contar quienes son aún – ¡tendréis que adivinar! Hasta luego…

Diario

La visita de Cake Club

Solo dos días después de volver a Madrid de Tenerife, ¡me esperaba un jueves emocionante!

Puede que algunos recordéis que pasé mucho tiempo el año pasado con mis amigas Heidi, Loredana y Megan. Los cuatro formamos un grupo que llamamos Cake Club (el club de tartas). El plan original era reunirnos para hacer pasteles y compartir recetas, pero este plan no se llevó a cabo porque al final se nos iba el tiempo comiendo tacos, escalando la sierra de Madrid o hablando durante muchas noches con unas cañas en la mano.

Normal, entonces, que me quedé triste el verano pasado cuando se iban de una en una de Madrid de vuelta a sus países de origen – Heidi a Noruega, Loredana a Austria y Megan a los EEUU. Aseguramos, sin embargo, de no perder el contacto, usando nuestro grupo de WhatsApp por lo menos una vez al día.

Como os imagináis por el párrafo anterior y el título de esta entrada, el finde pasado fue bastante especial, ¡ya que los cuatro nos volvimos a reunirnos en Madrid!

La primera en llegar fue Megan. Ya llevaba un rato en Europa, y voló a Madrid de Roma tras pasar unos días allí visitando a Loredana. Después de reunirnos y abrazarnos en mi piso, salimos a cenar pizza, volviendo temprano a casa porque yo trabajaba el día siguiente.

Esa siguiente tarde llegué a mi piso y mi dio la bienvenida Heidi, quien había llegado durante el día de Oslo, y los tres esperábamos ansiosamente la llegada de Loredana de Roma. Llegó a tiempo para que nos fuésemos a cenar en un restaurante mexicano, un sitio ubicado en la calle del antiguo piso de Loredana y Heidi.

The four of us sit waiting for our tacos to arrive.
Loredana and Heidi stand outside the door to their old flat.

Me obligaron a sacarles una foto en la puerta de su ex piso…

El día siguiente fue un viernes, así que salí temprano, dejando a las chicas que se quedasen en casa y hiciesen lo que querían durante el día. Sí que había, sin embargo, un plan. Justo antes de irnos todos de la oficina, ¡las chicas llegaron a echar un vistazo al nuevo espacio y aprovechar del jardín!

Heidi, Loredana, and Megan in my work's garden, ready to play ping pong.

Después de relejarnos en la oficina un rato y jugar unos partidos de ping-pong, volvimos al centro y a la Bodega de la Ardosa, uno de mis sitios favoritos para tomar un pincho de tortilla. Desde allí decidimos vagar por Malasaña un rato, donde las chicas decidieron que iban a volver el día siguiente para explorar más las tiendas.

Cured ham and garlic hangs from the wall in Bodega de la Ardosa.
Looking down a street in Malasaña.

Esa noche abrimos una botella de ginebra y pusimos unos temazos en mi piso – ¡era hora de salir! Tras mucha risa, unas danzas y unos selfies, subimos al metro y fuimos a uno de mis sitios favoritos – ¡un bar de karaoke super cutre!

Heidi, Me, Loredana, and Megan, all ready to go out.

Después de cantar y bailar más, los cuatro llegamos a casa sin problemas. La mañana siguiente no me apetecía moverme mucho, así que las chicas salieron a ver un partido de fútbol en el cual jugaba Loredana y volver a dichas tiendas por Malasaña. Al final me moví, sin embargo, y hice una tarta de zanahoria para celebrar mi “cumpleaños” falso.

La parte principal de dichas celebraciones fue una cena en Goiko Grill. Los cuatro más Bogar y Napo salimos a cenar en el sitio, y luego fuimos todos a Chueca para tomar una cañas en una terraza.

Napo holds a beer.
Loredana framed by a window late at night.

Ya que el día siguiente fue un domingo, decidimos realizar un plan que habíamos organizado antes, y fuimos al Retiro para hacer un picnic como el del año pasado. Nos sentamos allí comiendo y charlando unas horas hasta que, tal como el verano pasado, le tocó a Heidi irse al aeropuerto para coger su vuelo de vuelta a Oslo. Nos despedimos de ella, saludando con la mano y casi llorando al verla irse en el taxi.

Me, Megan, Loredana, and Heidi sat ready for our picnic.
Our picnic spread of a bowl of pasta salad, a fruit salad, and slices of carrot cake.

Los tres que quedábamos volvimos a casa para dejar las sobras del picnic, y luego bajamos a un sitio que no habíamos visitado como grupo antes – el lago de la Casa de Campo. Allí volvimos a sacar la manta de picnic, esta vez echando una siesta en las orillas – después de sacarnos unas fotos, por supuesto.

Megan stands by the lake in Casa de Campo.

Si hay una sesión de fotos, se puede presumir que habrá sido la idea de Megan.

Al atardecer, los tres subimos al Templo de Debod, cogiendo una cerveza en el camino y sentándonos para ver la puesta del sol desde uno de los sitios más pintorescos del centro. Otra vez nos acostamos temprano porque yo tuve que trabajar el día siguiente, y Loredana tuvo que madrugarse también para coger su vuelo de vuelta a Italia. Me despedí de ella esa noche, y luego solo éramos dos – Megan y yo – cuando volví del trabajo el lunes por la tarde.

The light of the sunset is seen through trees near the Templo de Debod, Madrid.
The rays of the sunset light up a wall of odd bricks.

Después de otra tarde relajando y charlando, los dos volvimos a acostarnos temprano, ya que la mañana siguiente le tocó a Megan irse temprano a coger su vuelo al siguiente destino – París. No había descanso para mí, sin embargo, porque el día siguiente volvía a casa para encontrar a otros dos visitantes ya en mi piso – ¡pero tendré que contároslo en la entrada siguiente!

Lo único que falta decirse es lo obvio: ¡espero que Heidi, Loredana y Megan lo pasaron tan bien como yo! Espero visitar a Loredana en Austria este verano, y tendré que cruzar el charco el año que viene para pasar unas semanas en los EEUU con Megan, Kevin y James cuando tenga el dinero…

19.06.19 — Diario

Tenerife

Como mencioné en la entrada anterior, el siguiente capítulo en mi serie de findes súper ajetreados fue un viaje a Tenerife para pasar unos días con mi amiga Camila y su familia. Técnicamente he estado en Tenerife una vez, pero tenía dos años en esos momentos, por lo cual no tengo ninguna recolección.

El viaje empezó el sábado por la mañana cuando cogí un tren al Terminal 4 del aeropuerto de Madrid. Este terminal se conoce por su diseño colorido, pero no tuve la oportunidad de sacarle ninguna foto buena por haberme perdido mientras buscaba mi puerta. Os dejo la única que logre sacar…

The departure lounge of Madrid Airport's Terminal 4.

El vuelo duró más que esperaba – siendo un europeo, me parecía extraño poder volar dos horas y media y aterrizar en el mismo país – pero me cerré los ojos y pronto me encontré en la sala de llegadas en Tenerife. Estuvo ahí Cami que me dio la bienvenida a la isla, y luego me condujo al sur de Tenerife y a la casa de sus padres. 

Tras conocer a su familia y una bienvenida ruidosa de su perro Luke, salimos a comer en un sitio local. Allí disfrutamos una comida riquísima en la cual probamos un rango de platos locales, uno de mis favoritos siendo un plato llamado “patatas arrugadas” con un cereal en polvo que se llama “gofio”. Tenía un sabor único que no puedo describir, ¡pero estuvo rico!

A plate of patatas arrugadas.

También tengo que alabar el vino que nos sirvieron, el cual fue uno de los más frescos y afrutado que he probado jamás. Me preguntaba si fue un vino único a la isla, pero Cami me informó que es un vino casero del restaurante. Tendrá que enviarme una botella en algún momento…

Bueno, después de la comida rica volvimos a reunirnos con Sam, el novio de Cami, que llevo mucho sin verle. Una vez reunidos, fuimos a la playa, pasando por un hotel elegante…

Me encanta caminar por hoteles que nunca podré permitirme.

A pink hotel surrounded by palm trees.

Tras un descenso peligroso por unas escaleras irregulares, un viaje que no fue ayudado por las sandalias que me había puesto, llegamos a la arena y pasamos unas horas de relax. Una vez cansados de bañarnos en el mar y tomar el sol, Sam cortésmente subió a coger el coche para recogernos a Cami y yo directamente de la playa.

Desde allí, bajamos más por la costa y a una heladería que les gusta a Cami y Sam. La compañía y las vistas fueron espectaculares, pero lo que me emocionó más que nada fue encontrar en la carta una cosa que llevo años sin comer: spaghetti eis (helado con forma de espaguetis).

A view over to the sea from an ice cream bar.
A bowl of spaghetti ice.

Helado de vainilla con forma de espaguetis, coco rallado, crema montada y salsa de fresa.

Once we were peckish, we headed to yet another coastal spot and tucked into a lovely meal of Lebanese food, with some of the most stellar hummus I have ever tried. The plan afterwards involved going for some drinks along with the rest of the British tourists, but now that we’re all boring old women, we decided to head home instead!

Una vez teníamos hambre, fuimos a otro sitio en la costa para cenar comida libanesa, y un plato del mejor humus que he comido jamás. El plan era salir a tomar con los demás turistas británicos, pero ya que somos unas viejas, ¡decidimos volver a casa!

La mañana siguiente sacamos a Luke, el perro de Cami. Durante este camino saqué unas fotos de la bonita zona alrededor de su casa.

Small palms line a road with the sky in the background.
A yellow wall looking up to the sky.

Tras dejar a Luke en casa y cuando empezamos a pasar hambre, Cami, su madre y yo salimos a desayunar justos. Fuimos a un pueblo costero y pedimos un desayuno compartido entre los tres. El desayuno se sirvió en una escultura de platos – como el té que tomé en Inglaterra justo antes de irme – ¡y sabía divino!

Desafortunadamente había dejado mi móvil en casa durante el desayuno así que no tengo fotos del desayuno – o igual sí. Saqué mi cámara de película, así que esperemos a ver si puedo desarrollar las fotos y como salen – ¡y eso solo si salen! Hasta aquel momento, os dejo con esta foto de Cami y yo que sacó su madre.

Me and Cami by the sea.

Luego Cami y yo volvimos a salir, yendo a otra playa para tomar el sol, charlar y mojarnos los pies en las orillas del mar. Sobre las dos, sin embargo, tuvimos que volver a casa, pero por una razón buena: ¡sus padres preparaban una barbacoa!

No tomé muchas fotos durante dicha barbacoa ya que nos importaba más disfrutar la comida, compañía y el vino delicioso. El padre de Cami había abierto una botella de tinto que su familia había enviado desde Chile, y era casi tan delicioso como las carnes que servía de la parrilla. No suele gustarme mucho el pollo, pero no puedo describir la suculencia de la pechuga de pollo que nos servía – ¡todo acompañado con una ensalada chilena y disfrutado entre mil bromas!

A BBQ spread of meat, potatoes, and salad.

Después de comer, hablaban de “subir al Teide”, el nombre del volcán que domina la isla. Con los estómagos llenísimos después de tanta comida, me preguntaba cómo íbamos a llegar al portón de la urbanización, ¡mucho menos cómo íbamos a subir por un volcán! Agradecidamente, dicho viaje íbamos a realizar en el coche de Sam, así que subimos al coche y empezamos la subida con el sol ya bajo en el cielo.

The sun sines down a curve on the side of a mountain.

El sol, bajo en el cielo, bañó a la zona con una luz cálida.

The tops of trees are bathed in yellow sunlight.

Dentro de poco, habíamos subido por las nubes y parado varias veces para admirar las vistas sobre la capa de ellas que se veía abajo.

I look over a sea of clouds, silhouetted by a low sun.
The vegetation and landscape of the Teide volcano on Tenerife.
My shadow against the cliffs of Teide, Tenerife.

Subiendo aún más por el volcán, llegamos a una meseta que tenía las pintas de un paisaje lunar. Parando para sacar unas fotos del entorno, encontramos una placa que reveló que la area se usó para probar un vehículo lunar por su semejanza a la faz de la luna.

Passing through a valley on the ascent up Teide, Tenerife.
The lunar-like surface of the Teide volcano, Tenerife.
The lunar-like surface of the Teide volcano, Tenerife.

Luego seguimos hacía la cima del volcán, llegando a la estación base de un teleférico donde decidimos dar la vuelta. Resulta que ese teleférico solo funciona a pedido, ya que hay que obtener un permiso para visitar el cráter.

A panorama from the base of the Teide volcano.

Dejando el teleférico, empezamos a bajar hacía el nivel del mar, y fue durante esta vuelta a casa que vimos una de las cosas más asombrosas que habíamos visto jamás. Mirando hacía lo que pensaba que era el mar, pregunté cual isla se veía en la distancia, y me respondieron con que lo que veía fue las cimas de las montañas de otra isla. En aquel momento, me di cuenta que no estaba mirando al mar, pero a una capa de nubes flotando bajo una puesta de solo colorida increíble.

Os dejo las fotos de abajo en formato grande y aisladas – ruego que paséis un momento echando un vistazo y apreciando cada detalle.

A sunset over the layer of clouds, taken from the side of the Teide volcano in Tenerife.
A sunset over the layer of clouds, taken from the side of the Teide volcano in Tenerife.
A sunset behind trees taken from the side of the Teide volcano, Tenerife.

Después de admirar las vistas durante lo que quedaba del viaje, dentro de poco nos encontramos en un restante pequeño para cenar, y luego nos fuimos a dormir.

Durante el día final, no hicimos mucho, la verdad. Nos sentamos en casa durante un apagón y comimos una pizza en otro sitio local. Tras comer, volvimos al aeropuerto, y cogí un vuelo de vuelta a Madrid que no parecía durar mucho.

Lo pasé fenomenal en Tenerife, y tengo que dar las gracias a Cami y Sam por mostrarme la isla, y también a los padres de Cami por acogerme en su casa y por ser tan hospitalarios. ¡Ya tengo muchísimas ganas de volver pronto!

Para acabar, tengo que admitir que otra vez más vuelvo a publicar esta entrada muy tarde – ya llevo un mes en Madrid. Durante este mes he disfrutado de tres visitas más de amigos de todo el mundo, y claro que volveré en breve para poneros al día con todas las noticias en cuando tengo un momento libre. ¡Hasta luego!

31.05.19 — Diario

San Isidro y la visita de mis padres

Tras una semana ajetreada en la boda de Soyoung y Pablo en Alicante, otra semana en la oficina siguió. Otra vez más, sin embargo, había un finde lleno ¡porque mis padres venían a visitarme!

Los tres nos reunimos el viernes en mi barrio, y subimos a mi piso para que pudiesen deshacer la maleta y preparase, y luego salimos para cenar. Lo que hicimos fue lo que seguíamos haciendo durante el finde entero. En vez de cruzar la ciudad viendo todo, decidí sacarles para que vivieran la vida madrileña de tomar, tapear y terraceo. 

Para cenar, fuimos a mi bar local a un par de bloques de mi casa, y compartimos unas raciones y cañas. Una vez contentos y llenos bajamos al río porque había pensado que sería un buen sitio para tumbarnos en el césped y mirar el mundo pasar. .

Me encanta vivir tan cerca del río y su parque.

Trees below the sky.

Lo que había olvidado fue que ese finde empezó las fiestas de San Isidro, y por eso habían metido vallas para que la gente no se siéntese en el césped y habían construido un escenario. Encontramos, sin embargo, un barco en que sentarnos, y tomamos las cervezas hasta que empezó la música.

El día siguiente fuimos a la única cosa que reservamos durante todo el finde, y subimos al Jardín Secreto de Salvador Bachiller para comer tras ir de compras un rato. Un drama sucedió después cuando, durante el camino de vuelta a casa, ¡nos dimos cuenta de que habíamos dejado una bolsa en el restaurante!

My mum and dad.
My mum with her food.

Afortunadamente, sin embargo, la habían encontrado y nos lo guardaron cuando les llamamos, así que seguimos con el día y decidimos volver a cogerla el día siguiente.

Había organizado que el domingo íbamos a pasear por las zonas verdes de Madrid, y por eso fuimos a Retiro para comer un picnic. Después de un rato mirando los pros y tomándonos el sol, nos sentamos a las orillas del lago y nos comimos pan con tomate rallado y alioli.

A duck swims across a lake.
My mum, my dad, and I sit in the park in front of the Crystal Palace.

Para llegar al próximo destino cogimos el bus, parando para recoger la bolsa perdida, y bajamos al lago de la Casa de Campo. Pasamos un rato allí relajándonos, compartiendo una jarra de sangria durante el atardecer.

My mum and dad on a bench by the lake.

Durante la última noche que pasamos juntos, elaboré unas quesadillas en casa, y luego salimos para una última ronda de cañas en un bar local. Aquí os dejo con la cara de mi madre, que se vio algo confusa al llegar una panera a la mesa antes de unas raciones que habíamos pedido – ¡que alguien le informe que el pan en España es como otro cubierto más!

My mum stares at a bread basket.

Ese lunes por la mañana nosdespertamos muy temprano, mis padres tuvieron que coger un taxi al aeropuerto y tuve que levantarme para explicarle al conductor a donde iban. Con eso se concluyó un finde bonito con mis padres, y tengo que darles las gracias por haber venido y pagado casi todo. ¡Ahora tengo ganas de irme a visitarles en Murcia este verano!

Bueno, las semanas pasadas no solo han sido de diversión, también he trabajado bastante entre los findes caóticos. Como mencioné hace unas semanas, ya estamos en la nueva oficina, y llevamos un mes aprovechando al máximo el nuevo jardín…

Desayunar en el porche siempre es buen plan.

A breakfast pastry and coffee on a table on a porch. Garden and pool in the background.

Como consecuencia de la mudanza, me alegra contaros que la mesa de ping-pong – la cual estaba en las dos oficinas anteriores hasta removerse durante nuestra estancia en la segunda – ¡ha vuelto! Reconstruido después de estar en un almacén durante más que un año, ahora es la excusa perfecta para relajarnos cuando tengamos un momento libre.  

Entre los muchos proyectos en los cuales estoy currando, encontré una foto de un evento de networking del año pasado, y la cual se había nombrado en el servidor así: “Ollie con patata”. No sé por qué me hizo tanta gracia, pero abajo incluyo dicha foto de Elena y yo aprovechando de las patatas fritas gratuitas…

I stand eating a crisp.

La próxima aventura empezó el día después de la salida de mis padres, cuando Bogar y yo salimos a las fiestas de San Isidro. Fuimos al Parque de San Isidro, dónde iban a pinchar unos DJs cantar unos artistas famosos. 

Llegamos a tiempo para ver La Bien Querida, abriendo una lata y encontrando un hueco en el césped para sentarnos.

Una vez habíamos cantado y tomado unas cervezas más, los dos fuimos a la feria para coger algo de comida. Acabamos compartiendo un revuelto con patatas, un perrito caliente y un kebab, ¡todo acompañado por un mojito enorme!

I eat bread in a festival in front of a plate full of eggs and potatoes.
A festival catering scene full of fresh fruit.

Tras un par de horas más disfrutando la música, eventualmente decidimos irnos a casa. Después de haber visto el estado del metro durante la ida, elegimos ir andando por el río de vuelta a nuestro barrio.

Fue la manera perfecta de acabar unos findes muy ajetreados y una época muy atareada en la oficina, ¡pero había más por venir en la forma de unas vacaciones a Tenerife durante el finde siguiente! Todo eso, sin embargo, lo dejo para la próxima entrada.

Me gustaría acabar esta entrada de blog compartiendo una foto de mi hermana, Ellie, que acaba de finalizar su tesis (o sea, su TFG). Está en su tercer año universitario (el último en las universidades británicas), pero me ha obligado esperar 12 meses más para verla graduarse porque acaban de aprobarle un máster. ¡Felicidades, Ellie!

My sister holds her dissertation outside a building at Sheffield University.

¡Enhorabuena a mi hermana!

Y así concluimos otra entrada de blog escrita en mi móvil y durante varios momentos. La he escrito en autobuses, mientras esperando trenes, sentado en la lavandería y tumbado en la cama. ¡Me voy a convertir en todo un experto de escribir en esta pantalla pequeña!

29.05.19 — Diario

La boda de los Bentana-Cho

Hoy os vuelvo a escribir mientras viajo, pero esta vez no me encuentro en un tren de camino a la oficina, ¡sino estoy volando por la costa de África de camino a Tenerife! Voy a pasar un finde largo en la costa con mi amiga Cami, pero antes de contar eso, tengo otras novedades que compartir…

Como mencioné en la entrada anterior, mi compañera Soyoung nos había invitado a asistir a su boda. Respondí inmediatamente para informales a ella y Pablo (el marido) que iba, y al acercarse la fecha, organicé unos detalles finales como una camisa y un apartamento.

Sobre las 10am del viernes el 3 de mayo, fui al parking con mis tíos para ayudarles a recoger el coche y despedirme de ellos al comenzar su viaje hacia el norte. Luego tuve nada más que un par de horas para lavar la ropa, hacer la mochila y salir a ser recogido por Blanca. De alguna manera logré estar a tiempo, y desde Madrid empezamos bajando a Villajoyosa, un pueblo bonito en la costa cerca de Alicante.

Al llegar, cogimos las llaves del apartamento, un piso precioso con balcón y una azotea enorme con vistas sobre el mar. Una vez decidido quién cogería cada habitación, volvimos al coche y fuimos al Mercadona para pillar unas provisiones.

Mientras en el centro del pueblo, aprovechamos de la oportunidad de explorar el casco histórico, una colección de preciosos edificios multicolores en el paseo marítimo. No tan precioso, sin embargo, fue el tiempo – una capa densa de nubes amenazaba con quedarse hasta el día siguiente…

A row of colourful houses.
Me, Blanca and Helena on the beach.

Google informaba que las nubes oscuras iban a dispersarse durante la noche para dejar un día bueno para la boda, pero la densidad de las mismas y el viento frío nos dejaron convencidos que una tormenta iba a proyectar una sombra sobre la ceremonia…

No queriendo preocuparnos demasiado, continuamos nuestro paseo por la play, recogiendo unas conchas mientras Helena nos sacaba unas fotos.

Blanca and I walk down the beach.
Blanca and I walk down the beach.
Blanca and I walk down the beach.

Al cansarnos, subimos al coche y volvimos al apartamento, saliendo al balcón para cenar. La mejor parte de la cena tenía que ser el jamón que Helena había traído y el cual se fabrica por su padre. ¡Riquísimo!

Snacks on a balcony.

Luego nos fuimos a dormir bastante pronto como si fuéramos adultos sensatos, y el plan era que íbamos a levantarnos pronto para poder prepararnos tranquilamente para la boda.

La mañana empezó bastante tranquilamente. Cuando me levanté, Helena y Blanca ya habían salido para coger unas cosas más para el desayuno. Me desayuné la napolitana que había comprado el día anterior y subí a la azotea para disfrutar las vistas y tomar aire. Me alegró que Google había acertado en su predicción del tiempo, las nubes habían disipado y había salido el sol.

¡Así se empieza el día!

A pastry in front of a beachside hotel.

Solo fue cuando las dos habían vuelto, habíamos desayunado, y habíamos empezado a vestirnos que la hora se nos fue de las manos. Helena salió con que no sabía planchar, Blanca pasó un buen rato pintándose las uñas y yo rompí la pata de una mesa al sentarme encima. ¡Vaya banda!

Al final, sin embargo, llegamos al hotel a tiempo, bajando a la playa privada en la cual la ceremonia iba a celebrarse.

The wedding not he beach.

La playa era preciosa, la temperatura muy agradable y la música de fondo creaba un buen ambiento mientras hablábamos y esperábamos que nos llamasen para el comienzo de las celebraciones.

The wedding party seated on the beach platform.

La ceremonia luego empezó, pero no quiero compartir demasiado de ella – solo digo que fue muy personal y absolutamente preciosa. La llegada de Soyoung y Pablo hizo que unas lágrimas caieran, y el entorno espléndido fue el ambiente perfecto para escuchar unos discursos divertidos y gritar “¡viva la nueva pareja!”

Pablo and Soyoung meet on the beach.
Blanca, Pablo, Soyoung, Me, and Helena.

Tras sacar la foto de arriba con la nueva pareja, tocó convenirnos en una terraza para tomar un aperitivo y unas copas de vino. Luego fuimos a comer una selección riquísima de pescado, marisco y, por supuesto, un trozo de la tarta de boda. 

Después de la comida comenzó la música, se abrió la barra ¡y empezó la fiesta! Bailamos una selección de temazos y haste intenté bailar el vals – lo cual no salió bien después de unos gintonics…

Antes de volver al piso, aprovechamos de la ubicación mientras se ponía el sol, sentándonos en una roca para ver la puesta del sol sobre el mar.

Helena on the rock by the sea.

Me gustaría darles las gracias a Soyoung y Pablo por invitarnos a celebrar su día junto con ellos. Era todo un honor estar entre los invitados, lo pasamos genial, y su generosidad en invitarnos a una cena y las bebidas después no conocía límites.

Uno de los toques más especiales fue un regalo que dieron a todos los invitados, una pareja de patos. Nos dijeron que es costumbre coreano regalar estos patos durante una boda y ahora están viviendo encima de mi nevera.

Two Korean wedding ducks.

¡Vivan los Benta-Cho!