14.09.19 — Diario

Un viaje más a Murcia

Parece que fue ayer la última vez que bajé a Murcia a ver a mis padres, pero la entrada de blog sobre aquel viaje me recuerda que visité la region hace solo dos meses. Esta vez me quedé allí cuatro días, dos más que lo usual, ¡y me encantó la oportunidad de relajarme y ponerme al día con mis padres!

Tras salir del trabajo el viernes pasado, empecé con la rutina conocida de coger el tren en Atocha y bajar a Murcia. Me reuní con mis padres en la estación y desde allí fuimos al piso de mi tía. Llegamos sobre la medianoche, por lo cual era demasiado tarde como para ponernos a buscar restaurante, así que cenamos unos bocadillos que había preparado en Madrid.

El sábado por la mañana lo pasamos vagueando por el apartamento, y luego fuimos a la costa del Mar Menor. Comimos en un sitio donde habíamos estado previamente en nuestra última visita y que le gustaba a mi madre. Luego dimos un paseo por la playa y paramos a tomar algo con vistas al mar. 

Three faded white shutters on a sun-bleached house.
Palm trees and sun-bleached houses on the Murcian coast.

Después, y con unos ingredientes que habíamos cogido durante el viaje de vuelta, pasé la tarde preparando una receta que siempre gusta: quesadillas de pollo con ensalada de pico de gallo y yogur natural. No obstante, la cena se amargó cuando vimos que el pronóstico fue que el tiempo nos amenazaba con la cancelación de la excursión que teníamos planificada para el día siguiente – ¡como si no hubiera yo aguantado suficiente lluvia en Madrid!

Las nubes tormentosas empezaron a apartarse al avanzar la mañana y dejaron pasar los rayos de sol – ¡y con él la esperanza de que la excursión podría ocurrir! Al final tuvimos suerte, y fuimos al pueblo costero de Cabo de Palos.

La última vez que visité su costa fue con mi tía en enero de 2018, sin embargo para mis padres era su primera visita. Para enseñarles un poco el pueblo, paseamos por el puerto y dimos una vuelta por el paseo marítimo y sus restaurantes. Después los llevé a un bar en un callejón pequeño para que probaran la cocina local.

A row of blue boats in a harbour.
A handwritten sign on the side of a building.
The sea is seen between two houses, which is all seen through a portal window.

Después de comer, bajamos por otro callejón estrecho entre unas casas, y nos encontramos en a otro paseo marítimo que va hasta el faro en la punta del cabo. Fuimos subiendo a nuestro ritmo, pero aún así el calor nos atacaba, por lo cual el paseo terminó en un bar callejero para tomar unas cervezas y un café.

A rock just out of the sea.

Alguien decidió realizar un ajuste de muy buen gusto a esta señal.

A sign warning of the risk of falling off a cliff.

Con las energías recargadas, continuamos hacía el otro lado del pueblo, disfrutando las vistas del mar y mirando las cuevas y casas antiguas al caminar. Mientras bajábamos, las nubes empezaron a volver, así que pensamos que era mejor volver al coche para estar en el piso cuando para cuando empezase a caer.

Red shutters and yellow walls.
A colourful rock juts out into the sea.
A sea-bleached blue house.
An abandoned garden with pink chairs.

Cenando unos espaguetis que preparé, conversamos de los planes para los dos días siguientes. El lunes era mi último día entero en Murcia, por lo tanto decidimos que íbamos a cenar fuera para celebrar mi última noche, pero quedaba la cuestión de qué haríamos durante el día.

La respuesta fue bastante obvia: ¡unos baños de barro!

Me bañé en dichos baños en San Pedro del Pinatar la última vez hace un año ya, pero esa vez no logré sacar ni una foto de la experiencia. Esta vez, sin embargo, y mientras me cubría con una capa gruesa el barro sulfúrico apestoso, ¡estaba mi madre para sacarme unas fotos!

Me, covered in mud.

Tras quitarme el barro a través de un baño rápido en el mar, los tres fuimos a una terraza en la playa para tomarnos un par de cervezas en el sol. Allí pasamos unas horas de la tarde, y luego volvimos al coche con un pan en la mano y nuestra piel realmente brillando.

Una vez en casa comimos, echamos una siesta y pasamos un rato por el piso y la piscina. Luego nos subimos al coche y fuimos a un restaurante italiano local para cenar. No había estado antes, pero me sorprendió lo majos que eran los camareros y la calidad de la comida. Cené un plato de solomillo y champiñones en una salsa cremosa, ¡y estuvo delicioso!

A block of apartments is lit up by the warm evening sunlight.
A blue and pink sunset is silhouetted by a tree and a block of apartments.

Luego llegó el martes, siendo mi último día en Murcia. Optando por otro día relajado, pasamos la mañana en la costa y luego fuimos a otro pueblo pequeño para comer.

A jetty is seen in the sea, with mountains in the background.

El restaurante al que fuimos era el mismo sitio en el cual comí la última vez justo antes de volver a Madrid – ¡se está convirtiendo en una costumbre familiar! Igual que la última vez, nos hinchamos comiendo plato tras plato de comida deliciosa, ¡después de los cuales tuvimos que tumbarnos una hora para hacer la digestión!

Poco después, sin embargo, me tocó hacer la mochila, ducharme y volverme a la estación de tren. Después de estar atascados detrás de un tractor en el camino, no nos quedó mucho tiempo al llegar, así que tuve que despedirme rápido de mis padres. ¡Esos cuatro días pasaron en cuatro minutos!

Estoy seguro de que volveré a Murcia dentro de poco, a los principios del año que viene como tarde. Antes de eso, sin embargo, tengo un viaje rápido a Inglaterra en noviembre, y muchas cosas que hacer aquí en Madrid…

08.09.19 — Diario

Tormentas veraniegas

Desde volver de Valencia, he estado con la rutina diaria de trabajo, casa y terraceo. Dicha rutina se ha interrumpido unas veces, sin embargo, ¡tanto por yo como por el clima otoñal que me ha afectado todos los planes!

Hace un par de semanas, Bogar y yo fuimos al cine porque nos interesaba ver la nueva versión de uno de los clásicos de Disney: El Rey León. Debo admitir que me gustó bastante la película, a pesar de no ser nada novela: es básicamente la misma película pero con “acción real” (spoiler obvio: es todo CGI). Lo destacado para mi era la interpretación de Timbón por Billy Eichner – ese personaje solo hizo que valiese la pena ver la película.

Interesantemente, el cine pequeño en el cual vimos la película fue de los edificios bonitos que vi la primera vez que visité Madrid. Me acuerdo de imaginarme cómo sería el interior, y ahora que lo he visto, ¡debo decir que no parece nada a lo que me imaginaba! Además de ser mucho más grande de lo que se espera, el interior es muy moderno, ¡y por suerte dispone de aire acondicionado! 

The yellow facade of "Cine Ideal" in Madrid.

Otra tarde me fui a ponerme al día con un amigo que no había visto durante bastante, lo cual supuso unas copas en una terraza. Después fui de compras en el Mercadona, y vi una puesta del sol bonita mientras volvía a casa con un pollo entero en la mochila.

Glasses on an outdoor terrace table.
A low sun casts long shadows and illuminates the street in a warm glow.

Dicho pollo no se mencionó por nada, sin embargo: ¡ha sido uno de los mayores dramas de la semana! Había visto que comprar el pollo entero renta más que comprar bandejas de piezas, y mi amigo Leo (un cocinero) me dio trucos de como asarlo bien, así que me llevé uno a casa y así empezó el desastre.

No sé cómo logré dejar carne, huesos y caldo por todos lados, pero mi piso parecía un campo de batalla después de tan solo cinco minutos de intentar cortarlo. El resultado ha valido la pena, sin embargo, porque ya tengo una montaña de pollo delicioso guardado en la nevera. El problema ahora será comerlo todo antes del viernes…

Tiene que comerse todo antes del viernes porque voy directamente del trabajo a Murcia, en donde estaré reunido con mis padres durante unas vacaciones breves de cuatro días. Os cuento más sobre eso luego, sin embargo, porque me queda una semana en la oficina con jornada no intensiva por trabajar. Por lo menos, el horror del cambio de horario se hizo más agradable por una bonita salida del sol que vi mientras esperaba mi tren por la mañana…

A pink, purple, and orange sunrise over the train lines of a station.

Que no te engañe el clima, sin embargo, porque recientemente no ha hecho el mejor tiempo. La semana pasada he tenido que aguantar la tristeza de un concierto cancelado de Rodrigo Cuevas, un viaje a IKEA también abandonado, y una visita a une exhibición de la cual salí para que me dase la bienvenida una tormenta.

La llueva nos dejaba en paz durante en día laboral pero atacaba por las noches.

Droplets of rain on a window.

Aún así me disfruté mucho en dicha exhibición, la cual trató de un asunto bastante raro: era una colección de biblias. Quienes me conozcáis sabréis que la religión me interesa cero, pero lo interesante fue que eran de la colección de un hombre que llevó años intentando conseguir una copia de la Biblia en todos los idiomas escritos del mundo.

Engraved text on the facade of a building in Madrid.
Pages of a bible in the Bhutanese Dzongkha script.

Ya que aprecio mucho los idiomas, la comunicación visual y los sistemas de escritura, me fascinó ver una variedad tan grande de idiomas y alfabetos en un solo sitio. Desde el alfabeto latino que usamos nosotros hasta el alfabeto Dzongkha de Bután, pasé un bueno rato inspeccionando cada sistema y exposición.

Incluso había unas biblias que me llamaron la atención por otras razones. La exposición final mostraba unas biblias ilustradas de dibujos japoneses, Biblias de Braille, la Biblia interpretada en lengua de signos y incluso una Biblia ilustrada con pantallazos de Minecraft. Otra era escrito en coreano pero tenía la portada en blanco, lo cual hizo que fuera bastante obvio saber de donde había venido: Corea del Norte.

A bible with a blank cover and Korean text.

Así más o menos he contado lo que ha pasado estas semanas aquí en Madrid, lo cual acabará con una tarde de tacos con mi amigo Bogar y mi tren a Murcia mañana. Una vez de vuelta a Madrid, volveré con más noticias, pero hasta entonces voy a intentar desconectar y relajarme durante unos días.

31.08.19 — Diario

Iluminando Valencia

Según mencioné mil veces en mi última entrada de blog, uno de los mejores momentos de mi viaje a Valencia fue la segunda noche que pasé con mi amigo Roberto, ¡durante la cual instalamos y jugamos con muchas guirnaldas! Montamos el espectáculo en el patio de la casa de sus abuelos, y me aseguré de sacar muchas fotos – ¡preparaos para una entrada bastante visual!

Previamente hablé de que a Roberto también le fascina la iluminación desde pequeño, por lo cual él también ha reunido una collection inmensa de luces con el paso de los años. A pesar de la semejanza entre su pasión y la mía, los dos tenemos un enfoque un poco distinto: siempre me ha intrigado el acto de diseñar el ‘espectáculo’, y por eso he coleccionado un rango de luces de teatro/disco, mientras que a Roberto le interesa más las guirnaldas navideñas y el lado técnico de todo.

Eso significa que, para empezar las actividades de la noche, me esperó algo muy emocionante: ¡cajas y cajas de bombillas! Algunas eran muy antiguas y sin duda muy raras, y casi no pude contener mi emoción al asumir el trabajo de abrir las cajas, probar las bombillas y organizarlas para ser usadas.

Four rows of lightbulbs atop a table are sorted into their respective colours: green, yellow, red, and blue.
A box of lightbulbs of various colours.

Esta caja de bombillas multicolores espléndidas me emocionó bastante.

A vintage box of lightbulbs.

Mientas pasé el rato alegremente probando las bombillas en un rincón, Roberto montó los últimos alambres que luego usaríamos para colgar las guirnaldas, y luego nos pusimos a instalar el sistema que había creado. Esto consistía en un par de guirnaldas que eran muy estándares a primera vista, pero había un diferencia: un atenuador de luz en medio de cada una.

Me encantaría explorar los detalles técnicos de cómo funcionaba la cosa, pero en esta entrada de blog voy a resumir diciendo que pudimos controlar cada cuarta bombilla. Eso nos dejaba utilizar cuatro colores de bombilla y controlar cada color individualmente en la guirnalda, algo que hicimos a través de un sistema de DMX.

A blue lightbulb sits against an old plaster wall.

Unas de las guirnaldas habían venido de los EEUU.

Una vez montadas las luces y conectado todo, freímos un poco de chorizo y patata que habíamos comprado, inventándonos el plato en el acto. Cenamos mientras esperamos que el cielo se oscureciese, disfrutando de unas canciones y una copa de vino mientras se puso el sol.

A frying pan full of chorizo and potato.
A green lightbulb.
A red lightbulb.

La noche se volvió interesante una vez llegada la oscuridad total, con tan solo la luz de la luna que iluminó parte del patio cuando se apagaron todas las luces. Fue en ese momento que pudimos apreciar los frutos de la esfuerza que habíamos hecho – bueno, después de un problema con los transformadores que usamos para alimentar las bombillas estadounidenses de 110 voltios (en Europa usamos 240 voltios).

A patio at night illuminated by a web of multicoloured string lights which decorate the walls.

La red de luces iluminaron los restos de nuestra cena.

A web of lights on a wall sits behind a table littered with bottles and leftover food.
A string of red, green, yellow, and blue lights runs diagonally up a wall.
A red lightbulb against an old plaster wall and above an open doorway.
An old frosted-white lightbulb with cracks and holes appearing in the white paint used to create the frosted effect.

Los que me conocéis bien sabréis, después de ver las fotos presentadas hasta ahora, que yo estuve en mi elemento. Los que no me conozcáis tan personalmente, creedme cuando digo que sueño en hacer esto durante todos los días del resto de mi vida, ¡da igual lo extraño y nicho que sea!

Quedan muchas fotos más por ver, sin embargo, así que continuemos. Verás en la foto de abajo que también instalamos un par de focos de LED en el sistema, los cuales están ubicados en frente del hueco negro que es la puerta de acceso al desván que exploré en mi última entrada de blog.

The corner of the patio decorated with lights.

Una foto sacada mirando hacía el desván, otra foto sacada mirando desde el desván.

Looking down on the illuminated patio from above.
My silhouette showing the halo effect of having three colours of light (red, green, and blue) projected from slightly different angles.
A translucent green bulb is illuminated by a purple light.
A speaker on a chair, with walls full of fairy lights in the background.

Al seguir adelante la noche, Roberto fue a ducharse, así que tuve media hora para jugar con las luces a solos. Me senté detrás de la mesa de control, puse unas canciones atmosféricas y empece mi actividad favorita: el diseño de iluminación. Esto consistió en mezclar colores para crear ambientes, hacer que las bombillas ‘bailasen’ con la música y tonterías como hacer que todas las luces parpadeasen todo a la vez. Fue maravilloso.

A panoramic shot of the patio decorated with lights.

No puedo enfatizar suficientemente lo bonito que fue estar con buena compañía, desconectado del mundo y rodeado por luces.

A closeup of an orange bulb, with various out-of-focus multicolour lights in the background.

No puedo enfatizar suficientemente lo bonito que fue estar con buena compañía, desconectado del mundo y rodeado por luces. La noche, junto con las otras tonterías que hicimos durante mi estancia corta en Valencia y Caudete de las Fuentes, crearon unas vacaciones perfectas para contemplar y relajarse.

Una vez más, entonces, tengo que dar las gracias a Roberto y su familia por ser tan generosos como para dejar que me quedase en su piso y casa familiar. Habíamos hablado de reunirnos en Valencia para hacer esto durante mucho tiempo, pero realmente estar en la mitad de la nada y volver a conectar con una pasión de mi infancia hizo que los cuatro días fuesen más divertidos que lo que me podía imaginar.

Dicho eso, espero que os hayan gustado las fotos, y tengo ganas de volver pronto para poneros al días con más noticias de otro verano loco de mi vida ocupada – ¡hasta luego!

26.08.19 — Diario

Caudete de las Fuentes

Al concluir mi última entrada de blog, mencioné que tenía pensado ir a algún sitio para pasar el puente, pero también dije que no había concretado los planes aún. Al final, sin embargo, logré organizar un BlaBlaCar y hice el viaje a mi destinación: ¡Valencia!

Visité la ciudad solo el año pasado, pero esta vez me recibió mi amigo Roberto, que está viviendo en su ciudad natal hasta que vuelve a Madrid el mes que viene para empezar un nuevo trabajo. Por eso me podía acoger en el piso de su familia durante un par de noches, y luego en su casa de campo, porque habíamos decidido pasar unos días en el campo también.

Los primeros dos días que pasamos en Valencia se pueden describir muy fácilmente: no hicimos nada.

Los primeros dos días que pasamos en Valencia se pueden describir muy fácilmente: ¡no hicimos nada! Menos una excursión a la farmacia, un paseo por el centro para coger un regalo y un intento de encontrar el horario del autobús al pueblo, pasamos los primeros 48 horas cocinando, vagueando por el barrio y quedando con unos amigos que nos visitaron en casa.

Después de mucho drama al intentar encontrar la hora de salida del autobús al pueblo, eventualmente (es decir, después de casi correr por la humedad horrorosa valenciana) subimos al bus que nos llevó al pueblo en el cual pasamos los dos días siguientes: Caudete de las Fuentes. Nos quedamos en la casa antigua de los abuelos de Roberto, la cual ahora se utiliza a veces por su familia para escapar un rato de la ciudad.

The centre of Caudete de las Fuentes, including a shop some palm trees, and the corner of a church.
The church spire in the centre of Caudete de las Fuentes.

Llegando al pueblo pequeño, nuestra preocupación principal era comprar un poco de comida para hacer la cena, así que vagamos por las calles estrechas y a la tienda en la plaza central. Nos preocupada porque si salieras caminando de Caudete de las Fuentes, ¡no encontrarías a nada durante unas horas! Me recordaba bastante de mi pueblo natal

Al volver a casa – la cual era preciosa – sacamos unas altavoces, nos servimos un vaso de vino y pasamos la tarde escuchando música en el patio. Fue una noche muy agradable y relajada porque había decidido dejar el modo avión activado en mi móvil para que no me molestasen nada.

The golden sunlight of the evening illuminates the old walls of the buildings surrounding a courtyard.

Se puso el sol mientras escuchábamos una selección de jazz, música acústica y incluso Édith Piaf.

The spire of the village church, visible and illuminated by the evening light over the rooftops of the old buildings of the village.
A lantern casts long shadows on one of the exterior walls in the courtyard.

Mientras pasaba la tarde, la naturaleza del clima veraniego valenciano empezó a notarse, y el calor del día se volvió en un frío desagradable. Afortunadamente, estos extremos no afectaban el interior de la casa, ¡ya que sus paredes de piedra miden casi un metro de anchura! Eso significaba que pudimos terminar tranquilamente las bebidas dentro, después del que los dos nos fuimos a dormir.

The living room of the house.

Para día siguiente habíamos quedado en hacer dos actividades: explorar unas casas abandonadas en las afueras del pueblo y montar un sistema de luces en el patio. Esa última actividad me interesaba mucho – los que me conocéis sabréis que llevo toda mi vida obsesionado con las luces y la iluminación.

Durante los últimos años, sin embargo, no he podido explorar dicho amor por la iluminación por causa de mis estudios y trabajo. Entonces ya podéis imaginaros la ilusión que me hacía al descubrir que ¡Roberto también lleva toda su vida experimentando con las luces!

Voy a dejar el tema del espectáculo de luces que montamos para otra entrada de blog – ¡creedme si os digo que hay suficientes fotos para justificarlo! Por ahora, no obstante, sigo contando lo que hicimos durante el día…

Para preparar por el espectáculo nocturno de luces, subimos al desván donde guarda Roberto todas sus cosas para colgar las luces. No íbamos a sacar ninguna cosa del desván hasta la tarde, pero era un sitio increíble en qué estar, y pasé un buen rato explorando entre las cajas y cajas de bombillas, componentes eléctricos y una plétora de herramientas antiguas.

An old chest topped with glass knickknacks and hidden under the rafters of an old roof.
A selection of old tools and objects hung off the wall in an old loft.
An old incandescent lightbulb burns in the loft of an old house.
An arrangement of Christian crosses on the column of an old loft.

Esta colección de cruces en el centro del desván era bastante pertubador.

A collection of ancient objects and tools in the rafters of a loft.

Una vez que saqué muchas fotos (existen muchas más que sólo las que he dejado aquí), volvimos a la planta baja y hicimos unos bocadillos para la comida. Después volvimos a salir de la casa, y fuimos a explorar un barrio entero de casas abandonadas.

Roberto me explicó que las casas empezaron a construirse en los años 2000, y que era una urbanización creada con la esperanza que los ingleses comprarían las casas. Me explicó que su construcción empezó en los años justo antes de la crisis del 2008, una época en la cual cualquier propiedad construida se compraba dentro de muy poco.

Desafortunadamente, ninguna de las propiedades se finalizó nunca, y las obras quedaron abandonadas cuando España sufrió el choque de la crisis. También comentábamos que la idea de construir una urbanización tan extensiva y lujosa en un pueblo tan pequeño nos parecía bastante extraña y quizás estúpida.

An abandoned billboard's various layers are exposed after it has been left unused for a long time.
An abandoned house can be seen through the missing window of another abandoned house.
The Spanish word "vergüenza", meaning shame, is graffitied onto the blocked-up entrance to the subterranean garage of an abandoned house.

Mientras caminábamos por una de las fases de la urbanización, un grafiti nos llamó la atención, el de la foto de arriba. Nos pareció interesante que el artista había respetado la ortografía española mientras pintaba la pared de un edificio abandonado.

Desde allí, bajamos una colina y llegamos a la segunda parte del barrio abandonado, la cual consistía en un grupo de viviendas mucho más expansivas y completas. Muchas de ellas casi se habían completado, y pensamos que algunas hubieran estado completas si no fuera por los vándalos que habían robado cualquier objeto de valor.

A row of bricked-up and semi-compete houses.

La parte más pertubadora se encontraba entra las filas de viviendas, donde una calle daba acceso al garajes subterráneos de las casas individuales. La calle ya servía como un vertedero enorme, salpicado con colchones abandonados y los restos de cerámicos que se habían lanzado de las casas arriba.

The garage area between two rows of abandoned properties, with construction and abandoned ephemera littering the ground.
The rear of a row of abandoned houses, and the ground bellow littered with construction and abandoned rubbish.
A tree grows in the front garden of an abandoned house, seen from inside the doorway.

Cuando el calor del día empezó a molestarnos, volvimos a la casa, en donde nos esperó una tarde de colgar y conectar el sistema de luces. Tuvimos que esperar un rato más, sin embargo, porque nos dimos cuenta de que tuvimos que ir a la tienda a por comida: ¡no queríamos quedar sin provisiones durante la noche y el día siguiente! (Era un sábado, y resulta que en los pueblos nada se abre los domingos).

Como dije antes, voy a dejar el cuento de las aventuras de las luces para otra entrada de blog (no os preocupéis, será la próxima), y una vez hecho eso, dejaré el enlace aquí…

Ya que hemos saltado el sábado por la noche, retomamos la historia el domingo por la mañana, y el drama de cómo volvíamos a Valencia para que cogiera mi BlaBlaCar de vuelta a Madrid. Habíamos organizado con un amigo de Roberto para que nos recogiera de la casa para dejarnos en la ciudad, pero andábamos muy justos de tiempo y yo tenía miedo de perder el coche a las 5pm ¡ya que volvía al trabajo el día siguiente a las 8am!

Por suerte, sin embargo, resultó que el conductor del BlaBlaCar iba a recoger a otra pasajera de un pueblo de al lado (a 15 minutos en coche, pero sobre una hora en pie). Con un suspiro de alivio, quedé con el conducir para que me recogiese de allí, y luego Roberto y yo salimos para dar una vuelta final por el pueblo. Lo más interesante que encontré fue este ejemplo de tipografía – ¡ya sabréis que me encanta la tipografía hecha a mano!

A handwritten sign reads "Restaurante Cris".

Una vez que volvimos a casa, el amigo de Roberto llegó preparado para dejarme en la gasolinera en la cual el conductor del BlaBlaCar iba a recogerme. Los tres subimos a su coche, nos despedimos de Caudete de las Fuente y nos enfrentamos con el segundo drama del día: ¿cómo entrar en la gasolinera?

No lo has leído mal, lo complicado no fue encontrar la gasolinera – seguíamos las direcciones de Google Maps sin ningún problema – lo difícil fue entrar en el sitio. Llegamos a la gasolinera vía una calle rural y vimos que el complejo entero era vallado con dos vallas bastante altas. Sin problema, pensamos, solo había que explorar hasta encontrar la entrada.

Bueno, resulta que estas gasolineras que se encuentran al lado de la autopista no quieren que entrase cualquier persona que no haya entrado directamente desde la autopista – no existía ninguna manera de entrar desde la calle de al lado. ¡Genial!

Sin embargo, habíamos logrado entrar en el espacio entre las dos valles, y por lo tanto sólo quedaba una barrera entre yo y mi destinación. ¿Qué hace uno entonces? ¡Saltar la valla, por supuesto!

I climb on top of a red car in order to try and jump over the fence to access the service station.

El intento que veis arriba, a pesar de ser gracioso, no resultó ser exitoso, y eventualmente encontramos otra sección de la valla donde se había bajado el alambre un poco y donde podía saltarla.

Una vez que entré exitosamente en el perímetro de la gasolinera, me despedí de Roberto y di muchas gracias a su amigo Pablo por conducir su coche sobre la tierra peligrosa y por dejarme subirme encima del capó de su coche – ¡le debo mucho!

Concluyendo mi viaje, entré en el restaurante del gasolinera esperando que nadie me hubiese visto tropezando por la broza al lado de la vía de acceso para llegar hasta allí. Me senté en el bar, pedí una cerveza bien merecida y desactivé el modo avión en mi móvil para volver a conectarme con el mundo y contar a todo el mundo las horas finales dramáticas en Valencia.

Para concluir – y en contraste con el viaje de vuelta a Madrid – disfruté mucho de unos días desconectando y relajando en Valencia y Caudete de las Fuentes, y tengo que darles las gracias a Pablo, Roberto y su familia. ¡Espero volver pronto!

12.08.19 — Diario

Trabajo, fiestas y comida

Desde mi vuelta de Alemania hace casi un mes ya, he pasado por unas semanas muy ocupadas en el curro. Entre la salida de mis compañeros para las vacaciones y las últimas entregas de cosas ya que que los clientes se van para el verano, hemos estado todos trabajando mucho, y por eso no he tenido un momento para sentarme y actualizar mi blog.

The Madrid Regional Archives

Estos días de mucho trabajo me han obligado a salir tarde de la oficina, pero eso sí que ha tenido sus beneficios. Los alrededores de mi oficina son un sitio bonito en el cual ver la puesta del sol, podía ir con mi compañero a casa en su coche y estar en la oficina tarde me inspiró…

A smattering of pink flowers in the evening light at my office.

Una ventaja de salir tarde de la oficina es ver la zona en la luz vespertina.

The sun sets as seen from my office entrance.

Al terminarse una de las semanas más ocupadas, se me ocurrió invitar a mi amigo Bogar que vengase a la oficina para pasar el viernes por la tarde relajándonos en la piscina. Así podíamos ponernos al día y sentir como sí fuésemos de vacaciones después de una semana dura.

The pool at my office.

Después de despedirme de mis compañeros, acabar unas cositas y apagar mi iMac, llego Bogar a la oficina, y abrimos unas cervezas y aperitivos que había comprado más temprano en el día. Le dio el tour de la oficina, incluyendo de las salas subterráneas que quedan sin usar aún, y luego volvimos al jardín para pasar unas horas comiendo, cotilleando y nadando.

A view from the waterline of the pool.
Bogar looks out of the window of our office.

También compramos una pizza, pero no saqué una foto porque quedamos demasiado ocupado comiéndola.

Our beers by the pool.

La fiesta en la piscina supuso una manera muy buena de relajarnos y darle la bienvenida al finde, pero después de coger el autobús de vuelta al centro, ya era la hora de pasar dicho finde a solos en casa. Una cosa que me encanta hacer para relajarme es cocinar, y por curiosidad tenía una caja de champiñones en casa y muchas ganas de comerme un risotto. Quedó muy claro lo que hubo que hacer, y me puse a preparar el primer risotto que había hecho jamás.

Cuidado, éste se cree un gimnasta.

Bogar stretching a leg up on the bus.
A mushroom risotto dish that I cooked.

Tengo que decir que estaba muy orgulloso del resultado, aún más porque fue la primera vez que había preparado el plato. No soy muy fan del arroz, y no es un plato que usualmente consideraría, pero salió bien y me gustó mucho.

El día siguiente, decidí salir de mi casa, y me reuní con mi amigo Leo en el centro para tomar algo. Enfrentándonos al calor madrileño veraniego, nos pusimos al día en una terraza bonita, después de lo cual me invitó a cenar unas hamburguesas deliciosas en un sitio de al lado. Es tan majo, ¡y siempre sabe en dónde mejor se come!

Me and Leo's burgers.
A sunset as seen looking down Gran Vía, Madrid.

El finde pasado ha sido igual de tranquilo, durante el cual cociné, charlé con amigos y di un paseo por el lago de la Casa de Campo para relajarme aún más. Ese plan tranquilo refleja bien lo que va a pasar durante esta semana laboral, ya que solo voy a trabajar tres días por haber cogido el puente.

Looking over the lake at El Lago de la Casa de Campo, Madrid.

Claro que intentaré aprovechar al máximo los cinco días libres, pero no tengo los planes 100% confirmados aún, así que no comparto nada aquí el día de hoy. Tranquilos, sin embargo, porque por supuesto que volveré para poneros al día sobre lo que sea que acabo haciendo…

21.07.19 — Diario

Herzo y Kerwa

Puede que las palabras extrañas que forman el título de esta entrada de blog te hayan dejado pensando en de que irá la misma. Creo que no lo mencioné antes de irme, pero las dos palabras alemanas se refieren al hecho de que ¡pasé el finde pasado en Alemania!

Supe que mi amiga Luisa iba a pasar el verano en su ciudad natal, Herzogenaurach (Herzo para abreviar), y un grupo de nosotros habíamos hablado de ir para asistir al festival de cerveza que sucede en el pueblo. Fui con un grupo de amigas hace cuatro años, y lo pasamos fenomenal, bailando y cantando todos los temas alemanes y internacionales. Por eso, tenía muchísimas ganas de volver al Sommerkirchweih (el festival de cerveza, Kerwa para abreviar) y tener una jarra enorme de cerveza en la mano.

¿A quien no le va a gustar una fiesta en la cual todo el mundo baila a las canciones más populares de los últimos diez años?

Tras dejar la organización de la visita hasta la ultima hora, por suerte encontré unos vuelos baratos a Nuremberg, así que embarqué hace una semana, y aterricé en la noche para que me recogieran Luisa y su familia del aeropuerto.

Bueno, llegamos a Alemania con las noticias que, debido a una tormenta local y lluvia intensa, no pudieron desembarcarnos del avión. Por eso pasamos media hora sentados y muy incomodos en el avión, pero una vez desembarcado, no tardé mucho en salir del terminal para ser recibido en abrazos por Luisa, sus padres y su hermana Evie.

Cuando llegamos a su casa en Herzo, hicimos una sesión de probar unas bebidas que habían comprado, incluyendo un vodka de lima y fresa y una bebida con sabor a Waltmeister, una hierba alemana que me gusta mucho. Por qué ya era tarde, sin embargo, no tardamos mucho en acostarnos, y yo me fui a dormir después de unas bebidas y un plato delicioso de pollo casero hecho por Luisa.

A view over the rooftops of a German village.

La mañana siguiente se pasó vagueando por la casa, durante la que disfrutamos un desayuno delicioso puesto por los padres de Luisa. Una vez habíamos comido pan, pretzeles y carnes curadas, subimos al coche y fuimos a su heladería favorita. Una vez allí tuve que pedir un Spaghettieis (un helado con forma de espaguetis), ¡un plato favorito mío desde que lo probé durante mi primera vez en Herzo y luego otra vez en Tenerife!

Me, Luisa, and Evie enjoy ice cream.

¡Esta vez, pedí un Spaghettieis de pistacho!

Una vez devorado el helado delicioso, volvimos a su casa, en donde pasamos lo que quedaba de la tarde hablando, viendo mi árbol familiar online y acariciando sus dos gatos preciosos. Sobre las seis, sin embargo, tocaba empezar a prepararnos para salir al evento principal – ¡el festival de cerveza!

Después de una cena deliciosa de salchichas alemanas y vestirnos para la noche, salimos debajo de unas nubes tormentosas y hacia el bosque en el que se ubica la gran fiesta.

Nos recibieron los sonidos de un grupo local tocando una selección de música internacional, el olor exquisito de salchichas y un aguacero ¡para el cual no andábamos preparados! En breve dejó de llover, así que encontramos un sitio en que sentarnos y fuimos a coger la primera ronda de cervezas.

Me and the Smith family begin drinking at the beer festival in Germany.

Bueno, parece que enfadamos a los dioses de la lluvia al beber la primera cerveza, porque volvieron a abrirse los cielos, decididos a calarnos. Bastante contentos en este momento, sin embargo, no nos perturbaba este segundo aguacero. Evie y yo nos quedamos en la mesa, ¡bailando durante los peores momentos de la lluvia!

No hay lluvia que nos detenga a bailar al ritmo de Cher.

A video of me and Evie dancing in the rain at the beer festival.

Menos mal que la lluvia no duró mucho, y después un tío con una escobilla de goma pasó por las mesas, quitando el agua de las mesas y los bancos – ¡qué nivel de organización! Tras bailar durante la lluvia, ya era hora de empezar a sacar unas selfies, en las cuales salimos todos fatales…

Luisa and I look terrible at the beer festival.
Evie holds two jars of beer at the beer festival.

Mientras todo el mundo seguía tomando y el sol se ponía, el ambiente empezó a levantarse, y dentro de poco todo el mundo se levantó para bailar en los bancos. Cantamos unos clásicos de Robbie Williams y Cher, y saqué muchas fotos que documentan la tarde, pero me quedaré con ellos para mantener la dignidad de todos…

The stage at the beer festival in Herzogenaurach, Germany.

La noche, que ya era muy divertida, luego entró en su fase más entretenida. No puedo describir la hilaridad de bailar encima de los bancos, una cerveza en la mano y intentar usar el poco de alemán que me sé al hablar con un grupo de compañeros que bailaban en el banco al lado de nosotros. ¡Es realmente una experiencia única que tiene que vivirse para apreciarse!

Dicho eso, os dejo una de las ultimas fotos de la noche, que saqué al caerme del banco mientras intentando sacar una foto de Luisa y Evie…

A blurred photo, taken whilst falling of a bench at the beer festival.

Cuando la banda terminó su actuación, era hora de que todos empezasen a irse a casa, y eso hicimos. A Luisa, Evie y yo, sin embargo, no nos apetecía terminar la noche tan temprano, así que fuimos a un restaurante y club para seguir bailando.

No hace falta decir que el día siguiente no tuvimos prisa de despertarnos, pero una vez levantados, pasamos el día vagueando por la casa y jardín, disfrutando el tiempo agradable y una comida deliciosa.

A view out of Luisa's house in Herzogenaurach, Bavaria, Germany.

Ya que subía la temperatura durante la tarde, sugerí que saliésemos a pasear por el centro bonito del pueblo, un paseo que terminaría en otra heladería. El camino sirvió para aclarar mi cabeza un poco, y también me dio la oportunidad de sacar mas fotos de Herzogenaurach.

One of the two towers which stands in the centre of Herzogenaurach, Germany.
A gold sign reading "Paul Belker Fleischer" stands over a door.
An example of the old architecture in Herzogenaurach, Germany.
An example of the old architecture in Herzogenaurach, Germany.

Pedí otro Spaghettieis al llegar a la heladería, el cual disfruté en la terraza mientras esperábamos los tres la llegada de una amiga que llevo mucho sin ver – ¡Tina! La ultima vez que la vi fue durante mi segundo año universitario, cuando vino a quedarse en nuestra casa.

Después de su llegada y ponernos al día, nos llamaron los padres de Luisa para decirnos que volviésemos a casa ¡porque habían preparado una barbacoa! Tras volver en el coche de Tina, desafortunadamente tuvo que irse pronto, así que nos despedimos de ella y luego disfrutamos de una selección de carnes y ensaladas caseras.

Luisa waits for the BBQ to begin.

Aquella noche habíamos quedado para volver al festival de cerveza, por lo cual nos pusimos a prepararnos para otra noche en el bosque. Era la ultima noche del festival, así que nos dijeron que habría un espectáculo de fuegos artificiales, así que no tuvimos prisa en salir de la casa.

I make a 'peace' sign in the sunlight.
The sunset creates a pink sky over Herzogenaurach, Germany.
Luisa, Evie, and I take a group photo in the mirror before the beer festival.

Llegamos a la fiesta y nos recibió un grupo de amigos de la familia de Luisa. Después de coger la primera cerveza de la noche, ¡me presentaron a un tío que también estaba visitando de Madrid! Nos pusimos a charlar en español, pero fuimos interrumpidos por la noticia que el espectáculo de fuegos artificiales era inminente.

Todo el mundo se unió en la feria del festival para ver el espectáculo sobre los árboles, después del cual yo suponía que habría más música y festividades. Ya se había cantado la canción “Angels” por Robbie Williams, sin embargo, yo todo bueno asistente al festival sabe que eso señala el fin de la noche.

No se acaba la cosa hasta que la banda y la gente se unen en cantar una rendición cacofónica de Angels por Robbie Williams.

Saliendo del festival nos encontramos con unos amigos de Luisa, así que al final nos quedamos un buen rato charlando y acabando nuestras cervezas. No llegamos a casa tarde, así que tomamos una pausa para tomar otra copa antes de irnos a dormir.

El día siguiente fue mi último en Alemania, y ya que volaba desde Nuremberg, tenia sentido pasar el día explorando la ciudad. Eso hicimos, parando en unas tiendas de arte, en otra heladería y en un puesto en un mercado en donde ¡comí uno de los mejores kebabes que he comido jamás!

Looking over the water in Nuremberg.
Looking over the main square in Nuremberg.
Evie and I take a selfie with our kebabs.

Demasiado pronto, sin embargo, me tocó volver al aeropuerto, así que los tres subimos al metro que nos llevó al terminal pequeñísimo. Allí me despedí de Luisa y Evie al pasar por el control de seguridad, y luego tuve que esperar dos horas en el terminal vacío.

The view over Germany as the plane takes off.

Como mencioné antes, es imposible describir cuánto se divierte con Luisa y su familia en el festival, así que no hay porque seguir hablando del tema – pero que sepáis que ¡lo pasé fenomenal!

Tengo que dar muchísimas gracias a los padres de Luisa, quienes me acogieron en su casa, me recogieron del aeropuerto, me conducían a todos lados, me invitaron a comer y mucho más. Entre la emoción de las fiestas y la visita a Nuremberg, también pude relajarme cuanto quería, lo que necesitaba después de una semana ocupada, y lo caul fue fácil de hacer ya que me sentía tan bienvenido.

Ahora estoy en Madrid, pasando el sábado haciendo actividades mucho menos divertidas como deshelar mi congelador y fregando mi piso, pero aún tengo los vídeos graciosos en mi móvil y unos buenos recuerdos de un finde fabuloso. Espero volver a Alemania pronto, y espero también ver a la familia Smith en Madrid dentro de poco – ¡pasé el finde diciendo a Luisa que volviese a Madrid!

A ver qué pasa durante las próximas semanas del verano madrileño – ¡hasta la próxima entrada!

17.07.19 — Diario

Fiestas y fotografía

Como mencioné en la entrada de blog anterior, ¡al volver a Madrid de Murcia ya tocaba celebrar el orgullo! Comenzó todo un poco antes, cuando salí para cenar en la Casa Tomada con un amigo. Él tiene la suerte de trabajar para el restaurante, así que utilizó su descuento para coger unos aros de cebolla y los mejores bocadillos de Madrid.

A bowl of onion rings and dip.

El evento siguiente en mi calendario fue el concierto de un artista asturiano. Ya que vivía mi amigo Kevin en el principado, ya llevo unos años subiendo mucho a Oviedo y Gijón, y la región me encanta.

Hace unos meses descubrí a Rodrigo Cuevas a través del Spotify, e inmediatamente me puse en contacto con Kevin. Kevin me contó todo: Cuevas es un artista que mezcla el folclore, bailes tradicionales, música asturiana, los temas de Tino Casal y unos sonidos muy modernos. Tras un rato obsesionado con sus canciones, ¡sabía que no me podía perder su concierto gratuito en el centro de Madrid!

Le mencioné a mi compañera María que iba a asistir, ya que pensé que conocía a Cuevas, porque ella también es de la región. Me dijo que no le sonaba, así que nos pusimos en YouTube para ver un videoclip suyo y enseguida ella dijo que iba conmigo. Unos días después nos reunimos en la plaza de Santa Ana y ¡tomamos unas cervezas mientras empezó el espectáculo!

A screen displays Rodrigo Cuevas, with the singer beneath on a stage adorned with flowers.

Bueno, solo queda decir que Cuevas, que en el pasado le han comparado con el genio de Freddie Mercury, ¡no nos decepcionó! Pasamos unas horas bailando y gritando mientras intentábamos cantar sus canciones y escuchábamos sus cuentos sobre Asturias, su idioma y su gente. También hubo un momento fabuloso cuando bajó del escenario para cantar en el centro de toda la gente, ¡un momento en el cual María y yo nos volvimos en el par de fans más gritones del sitio!

Rodrigo Cuevas singing in the crowd.

Todos me miren de llau, y dicen “neña, que guapa yes!”

Como veis, el concierto fue un evento muy gay, lo cual nos trae a los eventos del finde siguiente: ¡el orgullo! Ese finde, cogí unas cervezas con mi amigo Leo y bajamos por una Gran Vía vacía a la ruta del desfile, que iba a pasar por La Castellana.

A rare, deserted Gran Vía in Madrid, Spain.
A selfie of me and my friend Leo at Pride, Madrid.

Pronto se unieron unos amigos más, y nos quedamos de pie mientras pasaron las carrozas, reproduciendo música y lanzando espuma y confetis sobre el público. Lo pasamos fenomenal, acabando la noche con un bocadillo, después de lo cual mi di cuenta que iba a tener que volver a casa andando ya que se habían cancelado los búhos por motivo del desfile. Pero bueno, ¡valió la pena!

La semana laboral siguiente comenzó con un viaje al norte de la ciudad para sacar unas fotografías con un cliente y un fotógrafo. Vi unos ejemplos de arquitectura que nunca había visto antes, y también tuve la oportunidad de subir un edificio, sacando una foto de vista de pájaro sobre el sur de la cuidad que nunca hubiera visto si no fuera por el shooting.

A staircase leads up to a modern building in Madrid.
A Madrid office building with a wavy-shaped series of sun screens.

Esa misma semana también celebramos la verbena de Erretres, por la cual invitamos a ex compañeros, clientes y amigos que viniesen a inaugurar la nueva oficina y utilizar por primera vez la piscina. Me quedé tan ocupado charlando durante la fiesta que se me olvidó sacar una foto, sin embargo sí acordé sacar esta foto el día siguiente, cuando nos sentimos todos en el jardín para aprovechar de las sobras de pizza y cerveza…

Bueno, tengo que acabar esta entrada de blog con una idea de mi compañero Borja. Dijo que ya que soy el británico de la oficina debía de hacer balconing para empezar bien el verano. Os dejo la foto, ¡es brutal!

¡Viva Inglaterra!

10.07.19 — Diario

Otro viaje a Murcia

Al llegar a mi piso después de un viaje súper rápido a Barcelona, no tuve mucho tiempo para recuperarme, ya que sólo tuve unas pocas horas para deshacer y volver a hacer la mochila para otro viaje. El segundo tren del día era seis horas en vez de las meras tres que había aguantado por la mañana. Todo esto, sin embargo, valió la pena – ¡iba a Murcia a ver a mis padres!

Mi tía tiene un apartamento en la región, y mis padres suelen visitarlo para pasar las vacaciones, así que he estado muchas veces antes. Esta vez seguimos el mismo plan de siempre, yo cogí un tren a un pueblo cercano para coincidir con la llegada de mis padres en avión.

Una vez me habían recogido en el coche de alquiler y una vez llegados al apartamento, saqué lo que había preparado para cenar: unos bocadillos de queso fresco y pechuga de pavo. Los bocadillos comidos, fuimos directamente a dormir porque ya era casi la una de la mañana.

La mañana siguiente se empezó como las mañanas en el campo de golf suelen empezarse, con una visita al supermercado para coger algo de desayuno. Usualmente me gusta ir caminando tranquilamente a la tienda, pero nos habíamos despertado tarde y tuvimos mucho hambre, por lo cual realizamos dicho viaje en coche.

A tree in front of a white wall.

Después de desayunar, volvimos al coche y empezamos el primer (y mi único) día entero. Yendo a la costa, encontramos un mercado artesanal en el paseo marítimo, y me compré un candelero de madera para mi piso – ¡cómo me gusta una noche a solos con unas velas puestas!

A street market on the coast in Murcia.
The shadow of garland lights cast on the beach sand.
The beach on the coast in Murcia, Spain.

El calor pronto empezó a afectarnos bastante, así que subimos por una calle y nos sentamos en un bar pequeño que encontramos por ahí. Mi madre se acordó de la existencia de ensaladilla, así que pedí media ración y una ronda de cervezas. Nos quedamos ahí un par de horas, hablando de la vida.

An old building with the sign "Villa Cartagenera".
The facade of buildings near the coast in Murcia, Spain.

Sobre las cinco de tarde, sim embargo, tuvimos que irnos porque quería visitar una tienda de comida británica importada – ¡cómo en Tenerife hace un par de meses! Me alegro decir que mi gusto está cambiando: no encontré nada que me llamaba la atención.

Tras hacer la compra en Mercadona, volvimos al apartamento, donde nos vimos con los vecinos de mis tíos. Ya que habíamos puesto un aperitivo en la terraza, les invitamos a tomar algo con nosotros, sentándonos todo unas horas para charlar un rato.

Eventualmente tuvimos que irnos a prepáranos para salir, porque habíamos reservado una mesa en el restaurante dentro del complejo para poder cenar y tomar algo juntos. Subimos andando al sitio, donde hablé con las camareras un rato en español. ¡Tengo que dar las gracias al equipo de Erretres por enseñarme tanto español durante estos años!

A sunset over the golf complex in Murcia.

El día siguiente no hicimos mucho, yo me lancé a la piscina y vagué por el piso durante la mayoría de la mañana. Para comer, sin embargo, mis padres tenían un plan, y fuimos en el coche a un pueblo local para disfrutar un menú del día en un sitio que les gusta a mis tíos.

Nunca había visitado el sitio antes, pero al llegar se quedó obvio que era muy popular entre los locales – ¡lo que siempre es una buena señal! El personal andaba muy liado, pero disfrutamos una comida de ensalada, costillas y postres caseros.

A vibrant blue building in a town in Murcia.

Llenísimos, volvimos al coche y fuimos a la costa para una visita más antes de mi tren de vuelta a Madrid. Esta vez fuimos a otro pueblo, sentándonos en una terraza en el paseo marítimo en donde me di cuenta que había vuelto a perder mis gafas de sol – ¡por lo cual nunca gasto más que 10€ al comprarlas!

A graffitied wall in Murcia, Spain.

Más temprano que tarde, no obstante, me encontré en la terraza de un bar al lado de la estación de tren, disfrutando de la última cerveza antes de volver a Madrid. Me despedí de mis padres en el andén sin saber cuando les volveré a ver, pero volví a Madrid muy contento de haber podido relajarme.

Tengo que darles las gracias a mis padres por dejarme pasar unos días con ellos, pero también a mis tíos por déjanos quedarnos en su piso mientras pasan los meses veraneros en Inglaterra.

Ahora, por supuesto, estoy en Madrid, por lo cual la próxima entrada de blog hablará de las fiestas de orgullo que han pintado el ciudad de colores durante las últimas semanas. ¡No te lo pierdas!

05.07.19 — Diario

Los premios Laus

Después de las visitas de muchos amigos que me han hecho compañía aquí en Madrid durante el verano, eventualmente tocó irme a otra ciudad yo – ¡esta vez a Barcelona!

Fui a la ciudad con mi compañera Rocío, porque íbamos a recoger una seria de premios Laus que ha ganado Erretres. Si te quedas preguntándote que son, los premios Laus son los premios de diseño más conocidos de España, ¡y fuimos a recoger dos de plata y un bronce! Había trabajado yo en uno de aquellos proyectos, así que los dos subimos al tren en Madrid y subimos a Barcelona.

Me and Rocío on the train to Barcelona.

Al llegar, fuimos directamente a la Barceloneta, donde paseamos por la playa. Cuando se acercaba la hora de la ceremonia y con mucho hambre, volvimos al centro, parando para merendar en el camino al hotel.

Apenas media hora antes del comienzo de las celebraciones, los dos llegamos a la habitación, dejando las mochilas y duchándonos con prisa para el camino corto al Museu del Disseny. Al entrar en el edificio, nos encontramos con nuestro otro compañero Marco, quien había ganado un premio para uno de sus proyectos personales.

Eventualmente nos instruyeron que nos sentásemos en el auditorio, el cual tenía un techo que me mareó bastante – ¡no creo que tantas líneas paralelas sean una buena idea, especialmente en un museo de diseño! Mientras mis ojos se ajustaban al espacio, pasamos el rato charlando y mirando la gente entrar. 

The interior of the Museu del Disseny, with the presentation screen showing sponsors. Taken before the event.

La presentación siguiente se presentó en Catalán, que me hizo tener que hacer un esfuerzo extra para entenderlo. Disfruté de ver todos los proyectos premiados, sin embargo, y de escuchar unos discursos al largo de la noche.

Cuando se habían entregado todos los premios, salimos del espacio, recogiendo los premios pesados de acrílico al salir. Acabamos todos en una plaza exterior, donde había cerveza y pizza gratis, ¡así que naturalmente aprovechamos de eso!

Ya que Rocío y yo preferimos una noche tranquila de playa en vez de salir de fiesta, y también por el tren temprano de vuelta a Madrid el día siguiente, pasamos de ir a un club y volvimos a la Barceloneta. Una vez allí, nos sentamos en una terraza en la arena, charlando más y tomando la última cerveza de la noche.

La mañana siguiente nos madrugamos y salimos a buscar un bar local para desayunar. Después de tomar un café volvimos a la estación para coger el tren a las 9am – ¡el final de otro viaje corto después de estar en Barcelona hace un par de meses para una reunión con un cliente! Esta vez, no obstante, por lo menos tuve la oportunidad de ver la Sagrada Familia…

The Sagrada Familia in its unfinished state, with a Barcelona boulevard in the foreground.
The view from our hotel room in Barcelona. The sun rises, illuminating buildings in a warm glow. A lone man walks through a courtyard below.
The Laus Silver award.

El viaje de vuelta duró tres horas, pero eso no fue nada comparado al viaje que iba a hacer más tarde ese mismo día, cuando cogí un tren de seis horas a Murcia para pasar un finde allí con mis padres. Os cuento más de eso en la próxima entrada de blog…

01.07.19 — Diario

Los Hermanos Briggs en Madrid

Después de que Danni y Abi volvieron a Inglaterra, quedaba aún una persona para visitarme para concluir los findes de visitas sin parar. Esa persona fue mi hermana, que volvió por segunda vez tras visitarme el año pasado acompañada por su novio, Johann.

Esta vez, a los dos nos apetecía tomarlo con más calma, por lo que no había llenado los planes con tantas cosas como la última vez. Por eso, pasamos el viernes de su llegada comiendo en un bar local y caminando por el centro de la ciudad.

Al comenzar el finde, los dos decidimos salir a explorar unos de los barrios en los que no había estado Ellie durante su ultimo viaje a la ciudad. Primeramente fuimos a coger unos Manolitos, unos croissants pequeños y dulces que creo que son los mejores del mundo. Después de llegar y encontrar que no los había en la tienda, decidimos que íbamos a volver el día siguiente, y llevé a Ellie a probar la mejor palmera de Madrid en La Duquesita.

Después de almorzarla y pasar por unas de las tiendas más chulas de Chueca y Malasaña, llegamos al centro, y subimos a la azotea de El Corte Inglés. De allí disfrutamos las vistas de la ciudad, comimos unos trozos de la mejor pizza que hay y hicimos un shooting fotográfico.

Una cerveza en una azotea siempre es buen plan.

Ellie stands on the terrace of El Corte Inglés, the buildings of Gran Vía in the background.

De allí fuimos al Teleférico, repitiendo lo que hice con Danni y Abi apenas una semana antes. Esta vez, ya que no fuimos durante la noche, no había tanta prisa. Por eso nos quedamos un buen rato en la estación del otro lado, hablando de la vida y compartiendo unas patatas fritas.

The views of a Madrid neighbourhood from the cable car.
The mountains surrounding Madrid seen from the cable car over the Casa de Campo.
Ellie, with the skyline of Madrid in the background.

El resto de la tarde lo pasamos yendo de un barrio a otro, parando de vez en cuando para relajarnos en un banco o disfrutar una clara con limón – ¡la mejor bebida veranera!

Ellie with a drink sat in a plaza in Madrid.

Para cenar, volvimos a un sitio que les ha gustado a todos que han visitado (especialmente Luisa) – Buns & Bones. Allí cenamos el mejor bao vietnamita de la ciudad, y luego bajamos al barrio de Vallecas para ver la puesta de sol desde el parque.

Ellie in Vallecas, Madrid, with the city skyline in the background as the sun sets.

Allí y por fin se nos ocurrió sacar una selfie, la primera foto en la cual salimos los dos. Luego nos distrajo le llegada de dos perros, que se sentaron con sus humanos para ver la puesta de sol con nosotros. ¡Que monos fueron!

A selfie on me and Ellie as we watch the sun set, bathed in the warm glow of the setting sun.
Two dogs sit with two women and watch the sun set over Madrid.

Pasé más tiempo mirando a los perros que a la puesta de sol en el fondo.

A panorama of a Madrid sunset.

El domingo empezó con un brunch en Ojalá, otro restaurante que siempre gusta – y el cual siempre me lleva a pensar en la primera visita de mis padres o cuando Izzy me visitó cuando yo vivía cerca. ¡La decoración bonita y los platos pintorescos y deliciosos hacen que sea difícil no pasar todo el rato sacando fotos para Instagram!

Ellie in Ojalá.
The brunch at Ojalá.

Después de comer en Malasaña, cogimos el metro de vuelta a mi barrio, Arganzuela, y visitamos el invernadero enorme. Yo había pasado por el sitio unas veces en el pasado, pero nunca me había fijado en lo que contiene el edificio enorme de cristal – una frase bastante oximorónica, lo sé. También, ya que Ellie está estudiando un master en biología y la entrada al invernadero es gratis, hubiera sido una locura no haberle llevado a visitarlo.

Pasamos un buen rato dentro explorando las cuatro areas climatizadas, con las especímenes que van de cactuses del desierto a árboles de la selva. La humedad y el calor dentro del edificio, sin embargo, pronto nos afectó, y por eso pronto nos encontramos en una terraza, una cerveza en la mano.

Ellie in the Madrid City Greenhouse.

Una vez recuperados, bajamos al lago en la Casa de Campo, llevando una bolsa de comida y una caja de Manolitos (los croissants famosos) que al fin habíamos conseguido coger.

Luego pasamos bastante tiempo descansando y durmiendo en las orillas del lago, antes de subir a uno de los sitios favoritos de Ellie, el Templo de Debod. Desde allí vimos la puesta de sol sobe la sierra en la distancia, y volvimos a mi casa para prepararnos para la vuelta de Ellie a Inglaterra la mañana siguiente.

Another Madrid sun set, this time seen from the Debod Temple.

Lo pasé fenomenal con Ellie aquí en Madrid, y creo que encontramos el plan perfecto para que el finde fuese más como unas vacaciones que un recorro turístico de la ciudad. Otra cosa es que, después de llevar 20 años viviendo con una persona en la misma casa, ¡tenerla en casa unas noches es como nada!

Sé que Ellie también lo pasó bien, y espero que vuelva a visitarme pronto, ¡pero por ahora debería pasar a escribir la próxima entrada de blog! Puede que os guste saber que esta entrada será la última en la seria de visitas, y que la próxima tratará de un viaje a Barcelona y un montón de pizza gratis. Todo se revelará…