Soy director de diseño en Erretres, y me gusta diseñar marcas, jugar con la tipografía y hornear pasteles. Echa un vistazo a mi blog para ver lo que hago.

14.09.21 — Diario

Coronavirus: 2 × 1

Tras un poco de presagio en mi última entrada de blog, estoy seguro que el título de esta aclarará cualquier duda con respeto a lo que me ha pasado: pillé el COVID, y no una vez sino dos.

Antes de explicar como logré matar el tiempo en mi piso solo, debería abordar el misterio que seguro que te tiene algo rayado: ¿cómo conseguí pillar COVID dos veces? ¿Y cómo acabé haciéndolo en tan solo dos meses?

La respuesta sincera es que nadie lo sabe. Tanto mi médica de cabecera como los del servicio COVID de la comunidad me han ayudado mucho durante estas dos infecciones, llamándome periódicamente para ver qué tal estaba y guiándome por los próximos pasos en cada momento. En una de estas llamadas, mi médica admitió que ella tampoco sabía como había conseguido dar positivo por el virus dos veces. Una teoría es que la primera vez supuso un falso positivo, que puede ser, pero nunca lo sabremos definitivamente.

Lo importante es que ahora estoy sano y totalmente recuperado de la COVID – bueno, menos el tema del gusto y el olfato, que me siguen faltando. Como mencioné, tengo que agradecer a los servicios de salud madrileños por el contacto que mantuvieron conmigo durante estas fechas, y también a mi familia y amigos que me mantuvieron entretenido durante las tardes largas confinado en mi piso.

Ahora sigamos con la historia. La primera infección que sufrí se manifestó tras el viaje de Kevin y Cami a Madrid, gracias a una PCR que me hice en una clínica privada para poder viajar a Inglaterra a visitar a mi familia. Me sorprendí mucho al recibir el resultado positivo porque no tenía ningún síntoma, pero aún así me encerré en casa como era mi deber y empecé los diez días de cuarentena.

La iluminación bonita hizo el encierre algo menos díficil.

El primer encierra no se me hizo tan pegado, solo que estuve algo triste por haber perdido la oportunidad de visitar a mi familia o bien salir a aprovechar del buen tiempo por Madrid. Cambié algunos de mis días de vacaciones para poder teletrabajar y así mantenerme ocupado, con la idea de luego disfrutar estos días en otro momento cuando realmente podría aprovechar de ellos.

Como digo, estuve completamente sano, salvo una tos muy ligera, así que me entretenía cocinando y montando noches de spa para mimarme. Un día hasta llegué a hornear pan de plátano por primera vez, pero no me esperaba que me saliera tan grande ni tan rico – ¡tardé bastante en acabarlo!

Tuve que hacer el pan de plátano en un molde de tartas gracias al encierre.

Cuando se me quitó la tos y cuando ya había pasado los diez días de cuarentena, me liberaron, y mi vida volvió a la normalidad durante un rato. Tras la emoción de mi viaje a Suecia, empecé a sentirme un poco regular.

Una noche estuve acostado y noté que me sentía con algo de fiebre, así que me medí la temperatura y descubrí que estaba algo elevada. No me preocupaba mucho, ya que me había comido un salmorejo un poco pocho más temprano en el día, así que supuse que mi cuerpo estaba reaccionado a eso. Fue una conclusión razonable dado que había pasado COVID unas semanas antes – pensé que sería imposible que se me volviera a contagiar tan enseguida.

Como precaución, me quedé en casa. Me tomé un paracetamol el día siguiente y seguí trabajando. El día después, me levanté con algo de perdida de olfato y gusto, y a mediodía ya habían desaparecido por completo. Bien sabiendo que esto supone una señal típica del virus, llamé a mi centro médico y organicé a que me hicieran un test esa misma tarde.

Como era de esperar, el test salió positivo. De vuelta a otra cuarentena de diez días, me vi obligado a buscar otras maneras de entretenerme que no involucrasen hacer comida rica. Jugué un poco con la iluminación de mi piso durante un rato, me puse a practicar caligrafía y empecé a experimentar con la creación y degustación de las creaciones culinarias más asquerosas que me podía inventar…

Con dos viajes cancelados (uno a Oslo para reunirme con Heidi y otro a Tenerife a ver a Cami), este segundo encierre se me hacía más desalentador al principio. Esto, junto con el malestar provocado por el virus, la falta de gusto que me impedía disfrutar la comida y el estar encerrado durante la segunda parte de mis vacaciones veraniegas, hicieron que esta segunda ronda fuera particularmente dura.

Tras algunos días de vivir apoyado por el paracetamol, me llamó mi médica para ver si me podían ya liberar. Gracias a una tos leve que no se me iba, me dijo que me quedara dentro de mi casa tres días más, así que me encontré con la prisión extendida hasta la segunda semana de mis vacaciones.

Esta prolongación de mi cuarentena supuso algo de molestia, pero por lo menos no fastidió los planes que tenía para el finde siguiente: recibir a Izzy y su novio Alex en mi casa. Eso, sin embargo, lo tendré que dejar para otra entrada de blog.

Y así llegamos a la conclusión de una entrada quizá algo aburrida, pero voy a acabar con un tono algo más optimista. Desde que pasé la segunda ronda de COVID, he podido disfrutar de unos días con Izzy y Alex y hay más por venir en este mes y el siguiente, porque tengo pendientes muchas visitas y otras pequeñas aventuras. Ya sabes que os contaré todo en cuanto pueda – ¡hasta entonces!