22

Nov

2017

Una reunión asturiana

22nd noviembre 2017

El último finde pasé un par de días fantásticos con mi amigo Kevin, a quien no he visto desde la última vez que estuve en Oviedo (y otras ciudades) en julio. Eso consistió en ir de la oficina directamente a Madrid Chamartín – pero con una parada en el panadería famoso de La Mallorquina para coger un regalo en la forma de una napolitana de chocolate.

Llegué temprano en la estación (muy británico), pero logré perderme inmediatamente, orientándome justo a tiempo para entrar en el tren. Era bastante vacío, así que me encontré un par de asientos libres para relajar y disfrutar de las vistas. Me he dado cuenta de que las puestas del sol aquí en España suelen crean un cielo de tonos de rosa y morado. ¡Tengo una foto de este fenómeno más tarde en la entrada!

Cuatro horas de diseñar mi nueva web más tarde, llegué en la estación de trenes de Oviedo y me puse a encontrar a Kevin. Un abrazo le cogió por sorpresa pero su móvil casi sufrió una caída (nota: no sorprendas a nadie mientras están usando su móvil), pero pronto estábamos caminando por las calles de la cuidad preciosa, chismorreando y riéndonos como si nos hubiéramos visto justo ayer.

Ese viernes comimos pizza cerca de su casa, y decidimos acostarnos temprano para aprovechar el sábado al máximo, pero el costumbre que hicimos en Leeds de hablar hasta las horas pequeñas es un costumbre que no va a morir pronto, así que en fin nos despertamos a las 12 el sábado… ¡ups!

Una vez que nos habíamos duchado y salido, Kevin reveló que íbamos a coger un tren a la costa. Estaba muy emocionado porque hizo mucho tiempo que visito la playa, y pronto estábamos en un tren yendo cada vez más norte. Estuvo en ese tren que logré sacar una de las primeras fotos buenas del viaje…

On the train to the mystery beach

En el tren a la playa

Abandoned cargo

Un tren abandonado

The greenery of Asturias

Asturias es verde

Pronto llegamos en la parada, y al salir del tren todavía no tenía ni idea donde estábamos – y no pude ver la costa. Una consultación en Google Maps nos dirigió en una dirección norteña, y pronto empecé a darme cuenta del tipo de sitio en que habíamos llegado. Era una cuidad pequeña cerca de Avilés, una zona con una mezcla de industria enorme y casas costales pequeñas y bien bonitas. Pasamos por ellas, sobre un parking lleno de surfistas, y entonces escalamos unas dunas de arena para llegar en la playa.

An abandoned building

Un edificio abandonado

More rusting trains

Más trenes oxidados

The dunes

Las dunas

Spot the ship

¿Ves el barco?

Habíamos llegado en una parada llamada San Juan de Nieva, una zona industrial bastante fea, así que no me había imaginado que un paseo por una playa podría jamás ser tan precioso. De hecho, nunca he estado en una playa con una puesta del sol tan linda y con tan poca gente. La falta de ruida y movimiento nos permitió disfrutar de un camino muy relajado por la arena, mirando el sol poniéndose y el choque de las olas. Estoy intentando no ser demasiado poético, pero de verdad era como una cuenta de hadas o algo así.

The sun sets over the beach

El sol se pone sobre el mar

Some seaside typography

Un poco de tipografía costal

The troublesome twosome on the beach

Nosotros dos en la playa

Como siempre habíamos llegado tarde, pero estamos de acuerdo de que el tiempo nunca se malgasta cuando se pasa hablando sin parar horas y horas. Eventualmente llegamos en una cuidad precioso que se llama Salinas, donde exploramos un poco más. La falta de sol me preocupaba un poco por la calidad de las fotografías, pero la cámara de mi nuevo móvil logró sacar fotos buenas a pesar de la falta de luz.

The aforementioned pink and purple sky

El cielo rosa y morado

Dos minutos después, me encontré en un saliente muy estrecho de rocas, con una caída a plomo al suelo en un lado, y una caída casi vertical al mar en el otro lado. Si tuviera algo de juicio habría vuelto a la tierra solida, pero en vez de hacer eso pasé unos minutos sacando unas fotos, volviendo solo cuando Kevin actuó como madre y me dijo que yo baje ya.

The factory from the cliff

La fábrica

Una vez habíamos vuelto a la civilización, y después de un poco de drama en intentar orientarnos, embarcamos en un autobús con destino no a Oviedo sino a Gijón, ¡donde habíamos hecho planes para reunirnos con nuestra amiga Sara para tomar algo!

Llegar en Gijón era una maravilla, con las calles familiares de la última vez que visité viéndose igual de bonito en la oscuridad. Kevin y yo nos pusimos a vagar, parando solo para sacar una foto o bañarnos en una buena vista. Tuvimos un poco de tiempo libre antes de la llegada de Sara, así que fuimos a tomar unas de las tapas y bebidas más baratas que he visto jamás… ¡un vermut salió a 1€!

The docks of Gijón by night

El puerto de Gijón

An archway

Un paseo

Mientras disfrutábamos de calamares, patatas con alioli y croquetones, llegó Sara, y nos saludamos mucho antes de coger otra bebida y ir a otro bar. En camino a ese bar encontramos a unos amigos más de Kevin, y fuimos todos junto al bar para tomar un rato más y sacar una selfie…

The three reunited!

¡Reunidos los tres!

A la 1, y por ser viejos Kevin y yo, tuvimos que irnos y correr a la estación para coger uno de los autobuses nocturnales a Oviedo. Les prometí que volvería pronto para salir con todos, ¡y ahora estoy investigado una vuelta lo más temprano que sea posible!

A foggy morning from the flat

Una mañana brumosa

Looking up in Oviedo

Las calles ovetenses

El próximo día era domingo y eso señalizó mi último día corto en el norte, porque a las 4pm tuve que coger un tren de vuelta a Madrid. Aprovechamos nuestro tiempo al máximo de todas formas, saliendo para desayunar y luego reunirnos con una amiga de Kevin a que también me había conocido en Leeds. Los tres empezamos a subir una colina al lado de la cuidad, pero mereció la pena al llegar a la cima y al ver las vistas de la cuidad.

Looking over Oviedo

Sobre Oviedo

El tiempo corría sin embargo, así que tuvimos que bajar de las altitudes de dicha colina y ir a la cuidad para coger mi tren. Kevin tenía un plan más no obstante – ¡íbamos a comer un cachopo enorme con una sidra tradicional asturiana!

La descripción de “cachopo gigante” no era mentira: era grandísimo, ¡y solo éramos tres! Sin miedo, decidimos que lo comeríamos todo. Como dije, disfrutamos del cachopo con vasos de la sidra local, una variedad muy seca y sin gas que tiene que ser escanciado antes de ser bebido. Sin el espacio necesario para escanciar, el restaurante nos dio una maquina súper chulo que aérea la sidra. ¡Solo en Asturias!

The cider machine

La maquina de sidra

The cachopo was indeed huge

El cachopo enorme

Los tres logramos comer el cachopo entero (las patatas no, solo somos humanos), y hasta decidimos tomar un dulce y una chupeta del licor local. Pronto me encontré con prisa sin embargo, así que tuvimos que pagar la cuenta y irnos a la estación, donde logré encontrar mi tren tras un poco de confusión.

Walking above the train station

Sobre la estación

Decir chao es horrible siempre, pero sintió un poco más fácil esta vez, ahora que vivo en el mismo país que Kevin y el resto de los tíos a los que conocí en Leeds. Como prometí en Gijón, y como pensaba la primera vez que visité Oviedo en julio, ¡seguro que voy a volver muy muy pronto!

No te pierdas la próxima actualización de mi blog, en la que reuniré unas cosas más que he olvidado por estar tan ocupado, incluyendo un nuevo móvil y más tonterías de nuestra oficina de diseño…